Este trágico incidente, además de ilustrar lo dura que es la vida del agricultor de maceta, me supone un quebranto considerable, ya que he perdido la mitad de la cosecha esperada. Me parece que los veinte comensales que degustarán en agosto el delicioso potaje garbanzos (una de las mejores comidas para ahuyentar el calor, por cierto), van a pasar un poquito de hambre. Pero yo no tengo la culpa de que la naturaleza sea tan cruel.
Como homenaje al pobre garbanzuelo, os pongo este vídeo, que le pega mucho cambiando "canario" por "garbanzo", ya que, en sus últimas horas de vida, la planta se había vuelto amarilla del todo. A él le habría gustado.