<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049</id><updated>2012-02-01T13:10:59.076+01:00</updated><category term='Personal'/><category term='Empresas inscritas en BOINC'/><category term='Libros'/><category term='Kindle'/><category term='Memes'/><category term='Cuentacuentos'/><category term='Literatura'/><category term='Amazon'/><category term='I Torneo de Go'/><category term='Programación'/><category term='AJAX'/><category term='Rumbas curiosas'/><category term='Bailes de salón'/><category term='Lulu.com'/><category term='Aviso legal de Google Analytics'/><category term='Lingüística'/><category term='Juegos de Rol'/><category term='Anime'/><category term='Internacional'/><category term='Matemáticas'/><category term='Crónica de unas vacaciones'/><category term='Citas'/><category term='Editorial'/><category term='Olimpiadas 2008'/><category term='Bachata'/><category term='Política.'/><category term='La ciencia española no necesita tijeras'/><category term='Viaje al cantábrico y el mediterráneo'/><category term='Justicia'/><category term='Viajes'/><category term='Humor'/><category term='Autoedición'/><category term='Valses curiosos'/><category term='Concursos Literarios'/><category term='Economía Social'/><category term='Proyecto Euler'/><category term='Economía y exploración espacial'/><category term='Lecturas'/><category term='Esgrima'/><category term='Cine'/><category term='Crisis'/><category term='Historias populares'/><category term='Mucho Humor'/><category term='Historia.'/><category term='Premios'/><category term='La Rosa de Tralee'/><category term='Go'/><category term='Portal de Medio Ambiente'/><category term='Esperanto'/><category term='Internet'/><category term='BOINC'/><category term='Física'/><category term='Personal.'/><category term='Política'/><category term='Fantasía'/><category term='Ciencia'/><category term='Astronomía'/><category term='Eurovisión'/><category term='Música'/><category term='Empresa'/><category term='Princesas'/><category term='Mundo de cenizas'/><category term='Destreza Verdadera'/><category term='Taller Literario de Crónicas de mi antifaz'/><category term='Economía'/><category term='Videojuegos'/><category term='Juegos de Mesa'/><category term='Proyecto Siveace'/><category term='First Go Tournament'/><title type='text'>La bitácora de Sinciforma</title><subtitle type='html'>Una bitácora empresarial en la que, apenas, el 5% del contenido es de corte empresarial. Contradicciones de la vida moderna.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>372</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-7691531323341932942</id><published>2012-01-31T01:07:00.003+01:00</published><updated>2012-01-31T01:16:39.974+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentacuentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>(Cuentacuentos) No pienses que te voy a pedir perdón, porque no lo haré.</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Este relato es continuación de &lt;a href="http://sinciforma.blogspot.com/2012/01/cuentacuentos-hay-verguenzas-que-un.html"&gt;el cuentacuentos de la semana pasada&lt;/a&gt;. Y como me está quedando muy largo, tampoco conseguiré acabarlo en esta ocasión. Veré si la nueva frase encaja con la continuación (que tengo enterita, pero en mi mente) y si no encaja, publicaré cuando pueda la última parte.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;*****************************&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;NO PIENSES QUE TE VOY A PEDIR PERDÓN, PORQUE NO LO HARÉ.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;-No pienses que te voy a pedir perdón, porque no lo haré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dejó helado oír aquella impertinencia por parte de aquel campesino. Ni siquiera el terror de tener junto a su garganta el filo de la espada de don Carlos, que comandaba aquella expedición para hallar la Posada Maldita del Lanyur, me pareció que justificase una respuesta así. Don Carlos repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Cómo osas hablarme en ese tono! ¡Y no es a mí a quién debes pedir perdón sino a Dios! Nuestro clérigo ha determinado, sin la menor duda, tus tratos con seres demoníacos, ¿y aún te niegas a ayudarnos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me matarás de todas formas. Tu clérigo ya me ha condenado a muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vi al jefe de la expedición dudar unos instantes. Finalmente, declaró:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Juro que si me dices cómo encontrar la Posada Maldita del Lanyur, te perdonaré la vida y volverás a tu hogar libre de toda culpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El campesino alzó la cabeza, mostrando un asombro que yo compartía, y tras un rato de silencio, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi señor... perdóneme. Yo... yo he actuado así a causa del pánico. Le conduciré al lugar que me pide.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras ello, don Carlos le retiró la espada de la garganta y le hizo levantarse. A mí me pareció un poco raro que el campesino cambiase de actitud con un simple juramento, pero confiaba en el buen criterio de nuestro cabecilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El campesino nos guió por un camino tortuoso, que atravesaba, en su mayor parte, bosques sombríos de aspecto siniestro. Los claros no me resultaban menos intranquilizadores, por lo vacíos. Atardecía cuando llegamos a un edificio muy grande que, efectivamente, era una posada. Según el letrero de la entrada, se trataba de la Posada del Bosque Viejo de Mencea. Eso no significaba nada; los monstruos que la gobernasen no iban a rotularla como Posada Maldita del Lanyur. Don Carlos dio una serie de instrucciones a los caballeros e, incluso, a mis compañeros y a mí, a pesar de ser escuderos, nos dieron mazas y nos ordenaron luchar si era necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los caballeros irrumpieron en la posada y se desplegaron con rapidez ocupando los puestos supuestamente vitales de lo que parecía la taberna típica de las posadas que acogen a viajeros. Desde el principio tuve la sensación de que algo marchaba mal. Había muchas personas, de aspecto humilde, que habían dejado de prestar atención a sus cenas y miraban aterrados a los caballeros y a los escuderos que, de puro asombro, nos habíamos quedado apiñados en las puertas. El que parecía el tabernero dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mis señores... ¿Qué sucede?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Carlos no respondió. Hizo llamar al clérigo y, por lo que le vi hacer, me alegré de tener a un jefe inteligente. El clérigo utilizó sus poderes para buscar rastros de maldad. Transcurrió un intervalo largo y tenso, en el que, realmente, no sabía qué hacer. Temía verme atacado por seres de pesadilla que surgieran de cualquier rendija, o que el campesino con cara de miedo que me miraba, saltara hacia mí y acabara conmigo. Al fin, el clérigo terminó su trabajo y, aunque no oí lo que le dijo a don Carlos, sí percibí claramente lo que dijo el caballero, dirigiéndose a nuestro guía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esto es una posada normal. Nos has mentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz del campesino sonó como un chillido histérico:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi señor, no le miento. Aquí hice tratos con seres del averno... Tiene que ser aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El clérigo fue quien replicó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es cierto que la maldad puede engañar a un clérigo, pero hasta cierto punto. Ningún edificio que hunda sus cimientos en la tierra puede ocultar la maldad del hechizo que he empleado. Puede que esto esté lleno de demonios, y todos ellos han podido engañarme, pero no las piedras ni la madera de esta posada. Este edificio no está maldito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El campesino lloró y suplicó, sin que don Carlos dijera nada. Y de pronto, uno de los caballeros, tras proferir un par de insultos terribles, se adelantó y atravesó con su acero el pecho del campesino, que cayó muerto. Don Carlos hizo caso omiso de lo que acababa de suceder, y se limitó a decirle al tabernero:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Como habéis podido comprobar, amigo tabernero, hemos sido víctimas de un engaño infame. Como compensación, os ruego que, si tenéis habitaciones libres para seis caballeros y sus escuderos, y lugar en los establos para nuestros caballos, nos permitáis alojarnos aquí esta noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me alegró oír aquello. Y me alegré aún más cuando el tabernero, con exquisita cortesía, repuso que no habría el menor problema. Dormir en una posada implicaba que no tendría que deslomarme montando las tiendas ni ayudando a mis compañeros a preparar la cena. Mientras nos dedicábamos a retirar el cuerpo del campesino muerto, a limpiar lo mejor que pudimos el suelo de sangre, y a conducir los caballos al establo, guiados por un sirviente de rostro sombrío, el tabernero sentó a los caballeros a la mejor mesa que tenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A nosotros nos sentaron en una mesa mucho más discreta, próxima a la de nuestros señores, pero lo bastante alejada de ellos como para que no pudiéramos distinguir sus voces entre el gentío del local. Y lo bastante separada como para que quedasen claras las diferencias entre caballeros y escuderos. Otra diferencia, bastante extraña, que encontré entre la mesa de los caballeros y la nuestra fue que mientras que a ellos les servían hombres de modales elegantes, a nosotros nos traían la comida dos muchachas muy atractivas, una de pelo castaño y otra con el pelo negro, que a mí me parecía particularmente hermosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había una diferencia entre ambas mesas que a mí me apenó. Mientras los caballeros se conducían con gran educación, mis compañeros no dejaban de molestar a las dos muchachas. Pedían todo a gritos, se impacientaban en seguida, y cuando las sufridas jóvenes se acercaban a servir, les tocaban los muslos, o más arriba si podían. Sentí mucha vergüenza, aunque fui lo bastante listo como para no protestar, porque habría sido peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo malo de ser algo más tranquilo que el resto era que te hacían menos caso. Me cansé pronto del vino y quise una jarra de cerveza, esa bebida traída hacía poco del norte a la que me había aficionado. Se la pedí a muchacha de pelo negro, que me dijo que sí, que la traía. Y no lo hizo. Reconozco que no me enfadé, porque aparte de atendernos a nosotros, tenía que lidiar con otras mesas, y la nuestra era, con mucho, la más revoltosa. Finalmente, la tomé suavemente de la manga y le dije:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Disculpe vuestra merced. Creo que se ha olvidado de traerme cerveza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al haberla tomado de la manga, se había vuelto hacia mí, y yo me había girado, así que quedamos frente a frente. La chica me miró algo sorprendida hasta que el compañero que se sentaba a mi derecha, envalentonado por el vino, le dio una palmada en el trasero a la que respondió con un tortazo en el hombro que le hizo encogerse muerto de risa. Me miró con intensidad y repuso, seria:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y me lo pides con tanta educación?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era bellísima, y vestía una falda clara y un corpiño con un escote pronunciado. De pronto, se rió tapándose la boca con una mano, en un gesto lleno de coquetería y me dijo que volvía en seguida. Así lo hizo, con una jarra de cerveza de buen tamaño que dejó delante de mí mientras apoyaba el brazo izquierdo en mis hombros. Volvió el rostro hacia mí, de manera que me miró desde cerca, y me dijo sonriente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se me había olvidado, cielo, ¿me perdonas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acerté a decirle que sí con una sonrisa un tanto tímida, y ella se rió, dijo que era muy simpático y, para mi sorpresa, me agachó ligeramente la cabeza con ambas manos para darme un beso en la frente. De manera que, sin quererlo, quedó ante mis ojos su escote, y me ruboricé ligeramente porque en la postura que tenía pude verle muy bien sus encantos, al límite de lo que resultaría indecoroso. Se alzó y sin retirar un brazo de mi hombro, les reprochó a mis compañeros:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡A ver si aprendéis un poco de él!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se marchó haciéndome una caricia ligera en la mejilla. A partir de aquel momento, mi atención estuvo fija casi todo el tiempo en ella, y me pareció que a ella también le llamaba yo la atención. Se me acercaba a menudo, me decía que si quería algo, y me sonreía mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra cena se alargó bastante, aunque solamente media hora más que la de los caballeros. Cuando llegó la hora de retirarnos, sólo había otra mesa, alejada, con comensales. Mis compañeros estaban muy bebidos, y se dirigieron al cuarto que íbamos a compartir entre bromas, canciones absurdas y andares torpes. Yo me quedé algo atrasado por si tenía la suerte de ver a la muchacha morena. No sabía que aquella iba a ser la noche más afortunada de mi vida. Vi a aquella belleza acercarse a mí con una lámpara de aceite y decirme con timidez:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Podrías acompañarme a la bodega? Tengo que subirme un barril y necesito ayuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No vi maldad en aquello, así que la acompañé por unas escaleras oscuras que me impresionaron. La bodega resultaba un lugar aún más inquietante y tétrico. Clarissa, que así se llamaba la muchacha, avanzó hasta el rincón más oscuro de la bodega, donde hacía un frío incomprensible. Luego, me dio la lámpara y me pidió que alumbrara. Y arrodilló a cuatro patas frente a mí y estuvo un rato moviendo cosas. No pude evitar que se me fueran los ojos a sus caderas, que su falda, algo tirante, marcaba mucho. Clarissa encontró lo que buscaba y tiró de un barril pequeño, de no más de diez litros de capacidad. Entonces, volvió la cabeza para mirarme, sonriendo, y me dijo algo que me descolocó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estamos tan dentro del sótano, que si quisieras poseerme nadie se enteraría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas había tenido tratos con mujeres, más allá de unos besos y unas caricias con una adolescente de mi aldea natal. Pero incluso para mi inexperiencia, me di cuenta de que aquello era una proposición en toda regla. Y, a pesar de la belleza de la muchacha, me entró miedo. ¿Y si se enteraba alguno de los escuderos, o de los caballeros? Me podía caer un castigo muy severo . Y sobre todo, tenía miedo de no dar la talla, de decepcionar con mi impericia a Clarissa. Así que guardé silencio. Tras arrastrar el barril hasta interponerlo entre ambos, se quedó arrodillada, sonriendo con picardía, con los brazos apoyados en el barril, y me dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;-¿Te gustaría besarme y tocarme, o preferirías que fuese un muchacho?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Sentí que algo tenía que decirle. Ardía de ganas de yacer con ella, pero mis miedos eran demasiado fuertes. Por eso se me hacía imposible tanto rechazar su oferta como aceptarla. Dije lo primero que se me pasó por la cabeza:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;-No, no, vus.. tú eres perfecta... es que... no haré nada sin tu permiso. No estaría bien.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Clarissa empezó a reír de buena gana y repuso, entre carcajadas:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;-¡Nada sin mi permiso! ¡Eres todo un caballero! ¡Qué gracioso!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Cuando dejó de reír, alzó el barril, se mordió suavamente el labio, y en un arranque, me besó en la mejilla y añadió:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;-¿De dónde habrás salido? Sígueme bien cerca y alúmbrame el camino.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;No volvimos a cruzar palabra durante el trayecto que nos llevó de regreso al comedor, ahora vacío y en penumbra. Comprendí durante el ascenso que, por miedo y, también, por cuestiones de seriedad, había perdido mi oportunidad. Y sentí una desazón muy profunda, que me llevó a estar todo el rato fantaseando con tener a Clarissa entre mis brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Continuará)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;Juan Cuquejo Mira&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-7691531323341932942?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/7691531323341932942/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=7691531323341932942' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7691531323341932942'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7691531323341932942'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2012/01/cuentacuentos-no-pienses-que-te-voy.html' title='(Cuentacuentos) No pienses que te voy a pedir perdón, porque no lo haré.'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-505060629593020120</id><published>2012-01-24T21:00:00.002+01:00</published><updated>2012-01-24T21:04:33.978+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentacuentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>(Cuentacuentos) Hay vergüenzas que un hombre debería llevarse a la tumba</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Esta semana no he llegado a tiempo, pero sí conseguí empezar la historia. Aún a sabiendas de que me quedan muchos comentarios por responder, me animo a poner lo que escribí hasta ahora. Lo que haré es que la segunda parte de la historia la empezaré con la frase de hoy. Ando realmente atareado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***************************************&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;HAY VERGÜENZAS QUE UN HOMBRE DEBERÍA LLEVARSE A LA TUMBA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;-Hay vergüenzas que un hombre debería llevarse a la tumba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo oyó decir aquello a su señor un tanto sorprendido. Ya estaba acostumbrado a aquellas rarezas, a comentarios amargos sin motivo, a que, un par de veces a la semana, se mostrara melancólico. Pero en aquel día tan señalado, no se lo esperaba. Después de muchos años, se había conseguido localizar y destruir la Posada Maldita del Lanyur. Y en aquellos instantes, se procedía a ajusticiar a los monstruos, brujas y demonios que la habían habitado. Para su señor tenía que ser el día más extraordinario de su vida, pero no parecía estar siéndolo., porque añadió, en tono amargo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero vivir con ciertos secretos puede ser una tarea insoportable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Posada Maldita del Lanyur había sido un lugar maligno que había robado la vida de innumerables viajeros. Confundía a los que recorrían la zona del curso medio del Lanyur, entre las ciudades de Mencea y Yarte, que se alojaban en lo que se consideraba una posada normal y, casi siempre, ya no se volvía a saber de ellos. A veces, escapaban viajeros solitarios, que contaban cómo sus demás compañeros habían terminado devorados por los seres que habitaban el lugar. Uno de aquellos viajeros había sido su propio señor, hacía bastante tiempo, cuando aún servía como escudero. La información que dio su señor acerca de las características de la posada, fue, junto a otros testimonios, parte importante del éxito de la última expedición para destruir el lugar. Y para su señor, le supuso reconocimiento por la valentía demostrada al huir de aquel sitio detestable.&lt;br /&gt;Por todo ello, Pablo no entendía el aire melancólico de su señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los preparativos terminaron pronto. La plaza central de Burna estaba atestada de gente que, de pie, contemplaba las doce piras que se alzaban en su centro. Lo único que le inquetaba un poco a Pablo eran las tres brujas, que tenían el aspecto de ser mujeres jóvenes y hermosas, una imagen que no se correspondía con su naturaleza impía. El resto eran hombres de rasgos simiescos y un ser monstruoso. A todos, uno a uno, se les conminó a arrepentirse de sus pecados, se rezó por sus almas y se leyeron en alto sus crímenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se leyeron los crímenes del último reo, el verdugo aplicó una antorcha a la pira y ésta empezó a arder, para terror del condenado. Fueron encendiendo las piras una a una, en orden inverso. Los condenados llenaron la plaza con sus gritos, de tonos graves hasta que empezaron a arder las brujas, que añadieron notas agudas a la melodía siniestra que interpretaban. Pablo comprobó que cuando la última bruja se vio envuelta en llamas, su señor, que había bajado la vista, se había dado la vuelta y se marchaba. Decidió seguirle y caminaron por las calles, prácticamente vacías, de Burna con lentitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La expresión de su señor era sombría. Pablo terminó achacándoselo a que haber visto de nuevo a los monstruos le traía recuerdos traumáticos. Esa sensación se intensificó cuando entraron en una taberna y su señor pidió una jarra de vino, tras haberse sentado en una esquina muy discreta de la taberna. Pablo le vio beber un par de copas con avidez y mantenerse en silencio largo tiempo. Finalmente, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Debería llevarme mi deshonra a la tumba, pero necesito contárselo a alguien. Lo único que te pido, amigo Pablo, es que guardes celosamente el secreto de lo que voy a contarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tiene mi palabra, señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y su señor empezó a relatar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Continuará)&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-505060629593020120?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/505060629593020120/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=505060629593020120' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/505060629593020120'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/505060629593020120'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2012/01/cuentacuentos-hay-verguenzas-que-un.html' title='(Cuentacuentos) Hay vergüenzas que un hombre debería llevarse a la tumba'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-6866417146079544442</id><published>2012-01-03T01:44:00.003+01:00</published><updated>2012-01-03T02:00:33.572+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentacuentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>(Cuentacuentos) Ese gato tiene razón</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;ESE GATO TIENE RAZÓN&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;-Ese gato tiene razón, mi señora.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;La bruja se enfureció cuando oyó de labios de Gwêr, al que tenía por su consejero más fiel, aquella réplica abierta a sus planes. Parecían no entender que había que expulsar a los humanos del valle a cualquier precio. Si se les dejaba seguir colonizando la zona, reducirían los bosques y el resto de espacios naturales al mínimo y todos los animales, los propios gatos monteses incluidos, tendrían que huir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gwêr prosiguió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es propio de nosotros emplear esas tácticas, mi señora. No seríamos mejores que los humanos si empezáramos con ese tipo de cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El emisario de los gatos monteses esperó la respuesta de la bruja, que intentaba tragarse la cólera por la insubordinación de Gwêr, que tenía el agravante de haberse producido en una reunión celebrada en su propia cabaña. Dejó que pasaran unos instantes, y con calma, le dijo al gato, pero pensando más que nada en su consejero:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cuando cualquiera de vosotros descubre un nido de pájaros, ¿no os coméis a los polluelos? ¿Y se atreve tu señor a insultarme diciendo que mi propuesta es horrible cuando vosotros hacéis lo mismo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gato repuso mentalmente, de la forma en que sólo seres como Gwêr o la bruja pueden comprender:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso no es lo mismo, mi señora. Los gatos hacemos eso para comer. Pero somos incapaces de comer carne de bebé humano, así que les mataríamos para dejar que sus cadáveres se pudrieran, para conseguir un objetivo. Eso es lo que hacen ellos. Nosotros no somos así, y por eso mi señor se niega a seguir ayudándola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sólo he pedido que acabéis con cinco de ellos. Sólo cinco de los cientos que viven en su ciudad infernal. Ya lo hemos intentado todo, pero no atienden a razones, así que tenemos que atacarles en lo que más les duela. ¿Es incapaz tu señor de entenderlo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi señor sólo sabe que romperá la alianza con usted si pretende llevar a cabo un plan así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bruja no fue capaz de ocultar su frustración. Muy molesta, dio fin a la reunión, pidiéndole al emisario que le dijera a su señor que la alianza con él había terminado. Cuando el gato montés se hubo marchado, la emprendió con Gwêr. Le echó una reprimenda dura y amarga, que el duende afrontó en completo silencio, sin levantar la vista ni una vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;* * * * *&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, puesto que no había tiempo que perder, la bruja partió de su cabaña acompañado de Gwêr. Todos los señores de las fieras tenían la deferencia de enviar emisarios a su cabaña. Todos con la excepción del señor de los lobos, tan orgulloso e independiente como el resto de su especie. Tan solo media hora después de haber partido, la bruja empezó a sentirse mal, así que su aspecto cuando llegó al punto de reunión con el señor de los lobos, cuatro horas de trayecto después, era lamentable. Tras los saludos, la bruja dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vengo a solicitar la ayuda de su pueblo para combatir a los humanos que están invadiendo el valle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lobo repuso, con seriedad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sabía que iba a pedirme eso, señora, cuando llegó a mis oídos la ruptura de la alianza con la ralea de los gatos. Como ya sabrá, está hablando de combatir contra un enemigo formidable. La Tierra es muy grande, hay cientos de valles vírgenes mejores que el suyo. ¿No ha considerado nunca la posibilidad de dejarle este a los humanos y buscarse usted otro? Es algo que siempre me he preguntado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel animal astuto había dado en el clavo. A pesar de sentirse muy mal, la bruja había captado la forma en que le había mirado cuando, incapaz de seguir de pie sin descansar, se había sentado con la ayuda de Gwêr. Y había notado con curiosidad cómo el duende no le soltaba la mano izquierda. No creyó que supiera que Gwêr utilizaba su magia para darle fuerzas. Y sabía que ignoraba que la bruja estaba ligada a un roble centenario junto a cuyas raíces, bien disimulada, había edificado su cabaña. Dos días alejada de aquel árbol la matarían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bruja supo que hacía mal confesando su debilidad, pero entre que su mente estaba nublada por la distancia que la separaba de su árbol madre, y por la desesperación que sentía a causa del avance cada vez más rápido de los humanos, no ocultó nada:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi madre me vinculó, al nacer, a un roble del valle, como es natural en mi especie. Si me separo de él, enfermaré y terminaré por morir. Cerca de mi roble soy invencible, como saben bien los humanos, pero si destrozan el valle, matarán a todos los animales, construirán un muro alrededor de mi árbol y me quedaré encerrada en su ciudad infecta toda mi vida. Por eso lucho. Por eso suplico la ayuda de su pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso no es bueno, señora. Para mí es preferible la muerte a vivir encadenado. Siendo así, comprendo su necesidad de luchar, y estoy dispuesto a ayudarla si me complacen las condiciones. ¿Qué tendríamos que hacer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bruja sintió un gran alivio, pero se cuidó mucho de manifestarlo. Repuso en tono neutro:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo primero que le pido a su pueblo es fácil. Deberán colarse en las casas de los humanos y matar, al menos, a cinco bebés para que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una oleada de cólera la hizo callarse. Los lobos y su señor rugieron enseñando los colmillos, y la ferocidad que había en la respuesta la impresionaron:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué clase de cobardes nos ha tomado? Somos un pueblo de cazadores que no conoce el miedo. Envíenos a luchar contra los humanos, o a destruir sus máquinas, pero matar a seres indefensos, como si nos diera miedo combatir... Pídale eso a las ratas y no se le ocurra volver por aquí jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los lobos desaparecieron de inmediato, y la bruja, sorprendida y desesperada, emprendió el camino de vuelta. No comprendió por qué algo tan natural como matar cachorros humanos les resultara tan repulsivo a los animales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;* * * * *&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La bruja tardó tres días en recuperarse de su excursión inútil a las tierras de los lobos. Una vez repuesta, envió un mensajero a convocar a una de las pocas especies que le quedaban por intentar atraerse a su bando: las ratas. Y, al fin, encontró unos aliados que quisieran poner en marcha su plan contra la invasión humana, si bien, fue a costa de un precio más alto del que había pagado anteriormente a los gatos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ataque contra los niños humanos fue un éxito rotundo. Lo único que aprendió por las malas la bruja fue que las ratas no eran tan obedientes, o prácticas si se prefiere, como los gatos. Cuando a los gatos se les ordenaba hacer un número de cosas, hacían ese número exactamente. Las ratas se dejaron llevar por el entusiasmo y, en vez de matar a cinco bebés, acabaron con diez veces más. Y le exigieron un pago en consecuencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo peor, sin embargo, vino una semana después. La respuesta de los humanos fue brutal y se dedicaron a echar abajo áreas enormes de bosque, en una destrucción que dejaba, en comparación, a sus expolios anteriores en talas testimoniales. Le llegaron a la bruja tantas peticiones de auxilio, que se vio obligada a intervenir en persona. Nuevamente, Gwêr la irritó diciéndole:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi señora, las máquinas de los humanos tienen cualidades que se nos escapan. Sería mejor que no se dejara ver y sólo acudiese al campo de batalla si la situación fuera desesperada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bruja no se contuvo, y ante la comitiva de refugiados, le gritó al duende:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Cállate de una vez! Las máquinas son herramientas que utilizan los hombres. Y yo puedo destruir el cerebro de cualquier ser humano con un simple acto de voluntad. Para ellos, soy invencible, soy una pesadilla, y no dejaré que tu miedo se me contagie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como siempre, Gwêr agachó la cabeza y se hizo la voluntad de la bruja. Sin más preámbulos, fueron hacia el grupo de humanos y máquinas más activo. El duende se escondió tras unos matorrales y contempló la batalla. El combate fue muy breve. La bruja era capaz de percibir la posición y presencia de los humanos a cientos de metros a su alrededor. Allí había exactamente diez. Comenzó a matarlos uno a uno, empezando por los que iban armados, y cuando los supervivientes quisieron subirse a sus vehículos, se dejó ver y sembró el pánico entre los humanos. La última en morir fue una hembra joven, que pereció acurrucada contra un árbol mientras la bruja se le aproximaba. Cuando todo hubo terminado, Gwêr salió de su escondite y se quedó mirando las máquinas abandonadas fijamente. Y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me fío de esas máquinas. Regresemos por otro camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Que no te fías de esas máquinas? Sin humanos que las manejen no son más que trozos de metal. No les tengo ningún miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;* * * * *&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Dos días después, los humanos atacaban la zona donde se erguía la cabaña de la bruja. Fue un ataque tan extraño y tan repentino, que le pareció que quizá Gwêr hubiera tenido razón. Dejó al duende bien escondido y salió a combatir. Y sintió una pizca de miedo cuando sus sentidos le dijeron que había cientos de humanos en las inmediaciones. A escondidas, consiguió ver a varios de ellos y observó que todos eran soldados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con toda precaución, empezó a atacarles, pero tras haber abatido a solamente dos de ellos, el resto comenzó a disparar en todas direcciones, destrozando matorrales y troncos de árboles. La bruja no tuvo más remedio que correr escondida e ir matando a alguno que otro en los breves respiros que les daban sus disparos. Llegó a tener la sensación de que siempre que mataba a un humano, el fuego se concentraba hacia sus alrededores, lo que no era posible, ya que no les oía gritar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba agotada de tanto correr, pero como la bruja les percibía de lejos, los humanos no podían verla, ya que al notar que alguno se acercaba sabía por donde venía y se ocultaba de inmediato. Se sentó un rato a descansar y fue consciente de que, aunque la victoria estaba de su lado, iba a ser un día difícil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, de pronto, oyó a algo enorme caminar, y se llevó la sorpresa de ver un monstruo de metal que corría directamente hacia ella. Se levantó de un salto y le llevó un instante fatal darse cuenta de que aquella cosa le había sorprendido porque no había ningún humano dentro. Era imposible que una máquina se moviera sola. El monstruo tenía seis patas y un cuerpo de acero rectangular. Quiso huir, pero aquello la alcanzó, la derribó y volvió a alzarla sujetándola con las dos patas delanteras. Empezó a apretar con tal fuerza, que la bruja gritó mientras golpeaba inútilmente aquellas patas. No tenía poder sobre el metal... estaba perdida. Otra máquina, por la espalda, la rodeó con sus patas y apretó a su vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo último que oyó la bruja antes de perecer fue el ruido de sus huesos al quebrarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;* * * * *&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando los humanos se retiraron a celebrar su gran victoria, Gwêr no tuvo ninguna dificultad para encontrar el cadaver de la bruja. Y ver su cuerpo destrozado le hizo llorar. Se acurrucó a su lado y quiso tomarle la mano izquierda, pero tan dañada la tenía, que prefirió asirle la derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había querido a aquella bruja con toda su alma, y no halló ningún consuelo en aceptar que para ella no cabía otro final. Llevaba largos años advirtiéndola, tratando de convencerla de que no debía enfrentarse a los humanos. Él les conocía bien, porque era un duende urbano, un pueblo que medraba en sus ciudades y al que le interesaba la derrota de la naturaleza. Por eso, Gwêr se había infiltrado en el bosque y había conseguido el puesto de consejero ayudado por los aliados de su pueblo que vivían en el bosque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tuvo la desgracia de enamorarse. Aquella bruja, tan alta como un humano, a la que él le llegaba, apenas, a las rodillas, tan bella, tan valiente, de carácter indómito... aquella bruja le había robado su corazón de habitante de las ciudades. Un corazón tan gris como la piedra y las losas de las aceras, hecho a una vida que transcurría entre paredes y luz artificial. Del todo opuesto al de aquella bruja que yacía ante él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su misión había sido aconsejarla mal, asegurarse de que aceptase cuanto antes un combate abierto contra los humanos. Una batalla que el presidente de los duendes urbanos y sus servicios de información sabían que la bruja no podía ganar. Pero si el plan había tenido éxito había sido porque la bruja no había hecho caso de ninguno de sus consejos. Sólo aceptaba los consejos repletos de peligro, de valor... Despreció los suyos, que hablaban de evitar el conflicto, de resistir pasivamente, de entorpecer el avance de los humanos sin que estos se dieran cuenta para que el bosque se mantuviera virgen muchos años más... Pero, ese proceder no era el que iba con su naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó algún tiempo allí, despidiéndose de ella, recordándola. Y, entonces, vibró su teléfono. Era el mismísimo presidente, que tras los saludos de rigor, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Les hemos oído a los humanos que la bruja del bosque ha caído. ¿Puedes confirmarlo, Gwêr?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tono más neutro que pudo usar, repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, señor. De hecho, estoy junto a su cadáver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces, recibe mi enhorabuena. Cuando vuelvas a la ciudad recibirás el dinero suficiente para que no tengas que trabajar el resto de tu vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pudo reprimir cierta pena cuando dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias, señor presidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente no debió de haberlo advertido, ya que dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nuevamente, queda demostrado que el progreso es imparable. Sin el terror causado por esa bruja, los humanos conquistarán el bosque entero en pocos años. Los señores de la naturaleza no tienen cabida en el mundo del progreso. Su tiempo ha pasado, lo quieran comprender o no y la naturaleza pervivirá, pero gobernada por los humanos... y por nosotros. Vuelve de inmediato al punto de reunión, Gwêr. Hasta pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y colgó sin más. Gwêr halló las fuerzas para levantarse y se despidió de la bruja dándole un beso en la mejilla ensangrentada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y pensó en que su presidente tenía razón. No había forma de detener a los humanos, y los señores de la naturaleza, tarde o temprano, tendrían que someterse o morir. La naturaleza no podía defenderse de la humanidad yendo a la guerra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Simplemente, porque la guerra es un invento humano.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-6866417146079544442?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/6866417146079544442/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=6866417146079544442' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/6866417146079544442'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/6866417146079544442'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2012/01/cuentacuentos-ese-gato-tiene-razon.html' title='(Cuentacuentos) Ese gato tiene razón'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-3807632005780449701</id><published>2011-12-31T18:19:00.002+01:00</published><updated>2011-12-31T18:30:44.933+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Personal'/><title type='text'>Feliz 2012</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pues creo que por primera vez en mucho tiempo, voy a despedir en año en mi bitácora. Desde hace varios años, el final de año no ha supuesto la fecha límite para acabar proyectos muy trabajosos, y no tengo que dedicarme ya a mi tesis, así que he arañado unos minutos para escribir algo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Por supuesto, Feliz Año Nuevo a todos los que me leen en esta bitácora. Y voy a listar una serie de deseos que tengo para el año próximo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Espero que el 2012 no sea económicamente tan sumamente malo como no dejan de repetirnos.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Espero que quien no tenga trabajo, lo encuentre el año que viene.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A todos los visitantes que aman la escritura y aún no han publicado, que publiquen en 2012.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A los que ya han publicado, que lo sigan haciendo y que vendan muchos, pero muchos ejemplares.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A los cuentacuentos, que no dejen de regalarnos sus historias cada lunes.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A El Señor de las Historias y a Eolande, que sigan publicando una nueva frase cada martes.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A los que estudian, suerte en sus carreras.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A los proyectos de doctores, o doctorandos, que lean sus tesis.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A mis compañeros de los bailes de salón, a todos todos, que bailemos mucho más durante 2012.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En particular, para mí, que aprenda de una vez a bailar bachata bien y que avance algo más rápido en la salsa en línea.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Para los compañeros de empresas de Economía Social, o bien, para tantas Pymes como hay por ahí afanándose por no desfallecer, muchos ánimos.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A alguien, que los cambios que ha tenido en su trabajo sean para mejor. Seguro que sí, que, a veces, mejor solo que mal acompañado.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y a todos aquellos a los que haya olvidado, mis mejores deseos.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y en general, que lo paséis todos bien esta noche.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Abrazos y besos (a repartir según corresponda).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-3807632005780449701?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/3807632005780449701/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=3807632005780449701' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3807632005780449701'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3807632005780449701'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/12/feliz-2012.html' title='Feliz 2012'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-7362905997832773594</id><published>2011-12-30T21:37:00.003+01:00</published><updated>2011-12-30T22:00:54.896+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Amazon'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Libros'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Kindle'/><title type='text'>Mis experiencias con la tienda de Kindle en España.</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Hará unos días hice un par de compras de libros electrónicos, en formato Kindle, en la tienda de amazon de España. Y como tengo un rato ahora, mientras espero a una visita, voy a contaros mis experiencias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lo primero a destacar es que no tengo el aparato ese tan mono que vale 99 euros, porque me regalaron hace unos años ya un lector y estoy viendo si puedo convertir los libros que me interesen a formato ePub para poder leerlos en mi lector. En todo caso, los libros que se compran en Kindle se pueden visualizar, con muy buena calidad, en una aplicación para Windows que se puede uno descargar de forma gratuita. También hay equivalentes para el iPad, el iPhone, Mac (si no recuerdo mal) y quizá se me escape algún dispositivo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Reconozco que apenas compro por Internet. Me inicié en ello por cuestiones de la empresa, ya que teníamos un proveedor de alojamiento que, al principio, sólo aceptaba ese medio de pago. También, para ciertas cosas, como la renovación de un antivirus, el pago por tarjeta supone mejores precios que otros sistemas. Uso una tarjeta virtual recargable, que me gusta porque para comprar algo hay que recargarla con saldo (como los teléfonos móviles) y si te falta dinero, la operación no se puede realizar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lo que tengo que reconocer es que comprar en la tienda de kindle es rápido, sencillo y cómodo. Me ha dejado bastante sorprendido, ya que estoy acostumbrado a tener que pasar por un proceso largo, ventanas que se quedan pensando minutos... Era cierto que ya tenía abierta una cuenta en amazon, por el experimento de publicación que hice allí, pero no había comprado aún nada. Aún así, funciona con tanta agilidad como trabajar con iTunes. El único "peligro" es que al ser tan fácil comprar, pues puedes acabar comprando más, aunque eso no me ha pasado aún.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Por cierto, los libros que he comprado allí han sido:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://www.amazon.es/gp/product/B005HFDHXU/ref=s9_ri_gw_g351_ir02?pf_rd_m=A1AT7YVPFBWXBL&amp;amp;pf_rd_s=center-2&amp;amp;pf_rd_r=1TD38J254C2638X0PXEY&amp;amp;pf_rd_t=101&amp;amp;pf_rd_p=244301747&amp;amp;pf_rd_i=602357031"&gt;El Manuscrito 1&lt;/a&gt;. Se trata de un libro de Blanca Miosi, que se está vendiendo muy bien en versión Kindle. Ya conozco a esta escritora de otras obras, así que pienso que este libro me va a gustar seguro.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://www.amazon.es/vencidos-Promoci%C3%B3n-especial-NAVIDAD-ebook/dp/B0063ZTTK8/ref=pd_sim_kinc_2"&gt;El enigma de los vencidos&lt;/a&gt;. Es un libro de Armando Rodera, que también está en la lista de los más vendidos. Será la primera obra suya que lea. Ya iré contando.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Tengo que reconocer que a ambos autores les seguía la pista con motivo de la llegada de Amazon a España, de ahí que haya empezado por estos libros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;También me ha dado a mí por subir algo escrito por mí a Kindle, concretamente, &lt;a href="http://www.amazon.es/Solemastelo-La-estrella-solitaria-ebook/dp/B005GGSSBG/ref=sr_1_1?s=digital-text&amp;amp;ie=UTF8&amp;amp;qid=1325278546&amp;amp;sr=1-1"&gt;esta cosilla.&lt;/a&gt; Lo que me ha sorprendido es la velocidad con que el catálogo de amazon.com (que fue donde lo "publiqué" originalmente) se ha traspasado al resto de tiendas europeas. Doy fe de que yo no he participado en nada; todo lo ha hecho Amazon sin que yo me enterase.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sobre mis experiencias publicando, hablaré en otro momento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-7362905997832773594?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/7362905997832773594/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=7362905997832773594' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7362905997832773594'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7362905997832773594'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/12/mis-experiencias-con-la-tienda-de.html' title='Mis experiencias con la tienda de Kindle en España.'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-589642597400526018</id><published>2011-12-29T21:33:00.002+01:00</published><updated>2011-12-29T22:25:08.901+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Descripción de los personajes e inciso</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Voy a publicar hoy un texto que escribí hace meses para esta novelita por entregas que voy publicando en la bitácora. Trata de dos temas fundamentales.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La primera trata sobre los personajes de la historia. No tengo la suerte saber escribir y dibujar, como le pasa a &lt;a href="http://tierras-de-alquimia.blogspot.com/"&gt;Luisa&lt;/a&gt;, y a falta de un ilustrador que les ponga cara a los personajes, lo que hice fue describirlos con palabras. Son aputes tanto físicos como, en cierta medida, de personalidad. En este inciso os voy a poner la descripción de los personajes, por orden de aparición:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Juan&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Tiene 20 años recién cumplidos. Mide 1,74 y podríamos considerar que es apuesto, aunque no llegue a la condición de galán. Simplemente, tiene un cuerpo atlético y bien proporcionado, modelado por las sesiones de entrenamiento propias de la profesión que le ha elegido, y un rostro que resulta atractivo. Su cabello, que lleva corto, es castaño oscuro y tiene los ojos marrones. No luce barba ni bigote y, salvo que no tenga tiempo para acicalarse, suele ir muy bien afeitado. Tiene un tono de piel mediterráneo; la piel blanca aunque no tanto como la de un nórdico.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A destacar que controla bastante bien su fuerza, y aunque tiene la suficiente para ser firme, suele ser muy cuidadoso. Por ejemplo, si tiene que agarrar a alguien de un brazo, lo hace sin apretar, y no da tirones bruscos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Raquel&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Es una chica de 19 años. Mide 1,68, lo que la hace ser de las más altas de su grupo de amigas. Tiene un rostro bastante normal tirando a poco atractivo, aunque goza de una figura espléndida. Es elegante, muy bien proporcionada, como Juan, y tiene unas piernas muy bonitas, aunque no deja que nadie se las vea porque es muy tímida y algo recatada. Como ya he comentado, está muy bien equilibrada: no tiene ni demasiado ni demasiado poco pecho, tiene la curva justa en las caderas para resultar atractiva…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Tiene unos ojos castaños claros que llaman la atención cuando se habla con ella, pero lo que más destaca es su cabello. Luce una melena larga y ondulada, de color castaño oscuro, que se deja crecer hasta unos diez centímetros bajo los hombros y que cuida con mucho esmero. Es muy raro verla con el pelo revuelto. Se ruboriza con mucha facilidad. Por último, tiene el mismo tono de piel que Juan.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Christine&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Es una muchacha de 19 años de aspecto nórdico. Su piel es muy blanca y si luce el sol con fuerza, se quema con facilidad. Tiene el cabello de color rubio dorado y liso, pero no lo lleva demasiado largo, apenas hasta la mitad del cuello, para que no le estorbe al atender a enfermos o luchar con la espada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mide 1,79, lo que la hace más alta que la mayoría de los hombres de su entorno. No obstante, no es una chica muy agraciada. Es muy delgada por constitución y bastante huesuda, lo que no quita que sea fuerte para tratarse de una mujer. Tiene un rostro de rasgos angulosos y muy marcados, poco atractivos. La excepción son sus ojos, de mirada serena y de color azul oscuro, que son muy bonitos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Es un tanto desgarbada; se mueve sin mucha gracia, si bien, a la hora de combatir sus movimientos poseen bastante seguridad y, sobre todo, velocidad. Es buena corredora y goza de una resistencia física elevada, en parte por constitución y en parte por su autodisciplina y su capacidad de aguantar el dolor o el cansancio, pero sólo es buena corriendo en llano, no tanto a campo traviesa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Adriana&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Es bastante joven, ya que tiene 17 años, a punto de cumplir los 18. No levanta demasiado del suelo, puesto que mide 1,58. Sin embargo, es una mujer extraordinariamente atractiva, no sólo por su cuerpo sino por sus gestos y su actitud. Es de ese tipo de mujeres que cuando habla con alguien sabe inclinar la cabeza con gracia, de las que toda la ropa que se ponen les queda bien, de esas chicas a las que el cabello les cae siempre sobre los hombros de la forma más atractiva posible…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Tiene el pelo largo, muy negro, y se lo deja crecer hasta la mitad del pecho. Su cabello posee una ondulación natural suave, aunque se va rizando más hacia las puntas. Tiene los ojos negros y un rostro bellísimo de facciones delicadas. Cuando sonríe, enseña unos dientes perfectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una seductora natural, con muy poco recato, que sabe bien cómo lucir el cuerpo que tiene. Es de ese tipo de chicas que si tienen que ponerse un buen escote o enseñar una pierna, lo hacen sin el menor remilgo y, además, se exhibe con tanta naturalidad que suele descolocar a cualquier hombre que hable con ella. De hecho, le divierte bastante darse cuenta que el hombre que tiene delante se ve en serias dificultades para impedir que se le vayan los ojos adonde no deben.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pablo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Es un joven de 22 años que, sin embargo, aparenta menos. Mide 1,68 y es un muchacho de constitución delgada, si bien, su aspecto es algo engañoso, ya que tiene bastante fuerza. De hecho, si enseñara el torso, se le vería una musculatura bien desarrollada y sorprendente en quien parecía un joven delgado y no muy alto. Tiene un rostro bastante normal, que no resulta ni atractivo ni feo. Suele dejarse algo de barba y bigote, aunque nunca deja que le crezca más de un par de centímetros. El propósito de llevar barba es que, si comete algún “error”, se afeitará para despistar a las autoridades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiene el pelo negro, habitualmente corto aunque algo más largo de lo usual en Nêmehe, y los ojos de color marrón oscuro. Su piel es ligeramente aceitunada, un poco más tostada que la de Juan o Raquel, pero muy poco más. Algo muy característico de él es que es muy expresivo y, al hablar, hace muchos gestos con los brazos y las manos. Muy ágil y de movimientos veloces, es capaz de moverse con mucha elegancia y es bueno en actividades acrobáticas y baile. Si tuviera más larga la zancada, sería un corredor excelente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La segunda parte de este inciso tiene ver con que cada uno de los personajes tiene su ficha correspondiente de acuerdo con un sistema de juego concreto. Como en la mayoría de juegos de rol, cada personaje va ganando experiencia, va subiendo niveles y se va haciendo más poderoso a medida que avanza el relato. Pues voy a poner ahora los puntos de experiencia que ha ido ganando cada uno. Tienen que llegar a 5000 para tener un pequeño avance en algunas características, y a 10.000 para pasar a nivel 2. Ahora todos son de nivel 1, que es por donde deben empezar los personajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los puntos que tienen hasta este momento (hasta la mitad más o menos del capítulo XXXI) son:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan: 3.508&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo: 2.088&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Raquel: 663&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adriana: 424&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine: 134&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como veis, aún les falta mucho hasta los 10.000, aunque Juan ya no está muy lejos de los 5.000. Le vendrá bien hacerse una mijita más fuerte.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-589642597400526018?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/589642597400526018/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=589642597400526018' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/589642597400526018'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/589642597400526018'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/12/mundo-de-cenizas-descripcion-de-los.html' title='Mundo de cenizas. Descripción de los personajes e inciso'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-7121988923774959328</id><published>2011-12-28T00:09:00.009+01:00</published><updated>2011-12-29T12:10:19.421+01:00</updated><title type='text'>¡¡¡He ganado el concurso de Belenes artísticos!!</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;¡¡¡¡INOCENTES!!!!! &lt;/strong&gt;Esta entrada, como confío en que más de uno se haya dado cuenta, era una inocentada. Hice este belén en un cuarto de hora, poniendo las figuras como se me antojaba, y tan "bonito" me salió que me dije: ya tengo inocentada para este año. Y así fue.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;-----------------------------------------------------&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;No dejan de lloverme alegrías en estas navidades. Hay una faceta de mí que no conocéis, soy un belenista consumado. Se entiende por belenista todo aquel especialista en hacer belenes navideños. Pues bien, he participado en el concurso provincial de belenes y... ¡¡he ganado el primer premio!! Son nada menos que 2000 eurillos que van a venirme de escándalo para Fin de Año y para los Reyes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Empiezo poniéndoos una foto global de mi pequeña obra de arte:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5690955451845799074" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-9tYQzzgVdxQ/TvpV1NvXbKI/AAAAAAAAAKw/E8ZoXHfsCJc/s400/Global.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;¿A que es precioso? El jurado ha dicho de él maravillas. Os plasmo un ejemplo aquí: "Este belén representa fielmente los valores tradicionales judeo-cristianos que son el alma de las fiestas navideñas y, a la vez, en una síntesis integradora de las culturas musulmana y nórdica, los distintos elementos crean una sinergia poderosa que alza a este belén a la categoría de obra maestra". Además, han dicho de este belén que ayuda en la lucha contra la discriminación racial y el patriarcado, con lo que resulta ser el más políticamente correcto presentado desde hace muchos años.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Voy ahora a mostraros una serie de puntos fuertes de mi belén que han gustado mucho a los organizadores. En palabras del jurado: "en la esquina derecha de la obra, puede contemplarse un bosque denso y feraz, trasunto de los antiguos bosques célticos y escandinavos, que traslada a un mundo de mitos y leyendas sin más que mirarlo". Así que, internáos en ese mundo de mitos y leyendas:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5690952533693984210" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 389px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-zPufS0BE-Ps/TvpTLWxwbdI/AAAAAAAAAKA/meNF4asF5Pc/s400/Bosque.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Otra cosa destacada por el jurado: "el carácter integrador y multicultural de este belén queda fielmente reflejado en las figuras que se agolpan frente al Misterio. Puede verse en posición destacada a un migrante subsahariano, amén de numerosos migrantes magrebíes compartiendo puestos relevantes con personas no migrantes, un bello ejemplo del ideal de no discriminación por razón de lugar de nacimiento". He aquí un detalle de lo dicho por el jurado:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5690953512784980914" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-uvWJf83g9-M/TvpUEWLPa7I/AAAAAAAAAKM/RRjAvi-WKfE/s400/Detalle.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Uno de los muchos puntos fuertes del belén ha sido la inclusión de personajes novedosos, tales como "el tío la bandurria", que os pongo en primer plano aquí, mientras ameniza la estancia de migrantes, no migrantes y del niño Jesús:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5690954126386746626" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 365px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-Xigb4_TW6jA/TvpUoEBTVQI/AAAAAAAAAKY/hnMaIzvGGRY/s400/TioBandurria.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Finalmente, las mujeres en este belén tienen posiciones destacadas como empresarias del textil, de lo que da fe la última foto&lt;/span&gt;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5690954778993808466" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-C_hx_SLupY0/TvpVODK81FI/AAAAAAAAAKk/9Tb386XFj8M/s400/Mujeres.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y ya está. Sólo deciros que estoy muy emocionado y contento por este premio que ya no me esperaba y que confío que, el año que viene, gane el concurso de adorno de abetos, al que me presentaré sin dudas. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-7121988923774959328?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/7121988923774959328/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=7121988923774959328' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7121988923774959328'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7121988923774959328'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/12/he-ganado-el-concurso-de-belenes.html' title='¡¡¡He ganado el concurso de Belenes artísticos!!'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-9tYQzzgVdxQ/TvpV1NvXbKI/AAAAAAAAAKw/E8ZoXHfsCJc/s72-c/Global.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-7686620104687660080</id><published>2011-12-27T12:38:00.003+01:00</published><updated>2011-12-27T14:52:54.019+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Música'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Personal'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Videojuegos'/><title type='text'>Eternal Sonata</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En esta ocasión voy a hablar de algo diferente. Me gusta cierto tipo de videojuegos, aunque he de reconocer dos cosas: que juego poco y que soy muy malo. Sobre esto último, en un juego de guerra (de estilo Call of Duty, no recuerdo cual era) me liquidaron en el tutorial. Se supone que eso no pasa, pero a mí me pasó. Me lié con los mandos y mi personaje se lanzó a la carrera contra la posición enemiga. Y pensé que era mejor seguir avanzando a tener al enemigo a mis espaldas. Me acribillaron, claro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mis preferidos son los de "rol" (para mí el rol es un juego de mesa, los videojuegos son tristes sustitutos) y los de estrategia. Los videojuegos de "rol", normalmente, suponen ir avanzando en una historia dirigiendo a personajes que tienen sus fichas de personaje. En toda mi vida de "jugón" sólo he terminado dos juegos de "rol": uno de 1992-1994, el Shining Force II (aunque ese tenía bastante de estrategia) y este del que hablo hoy, Eternal Sonata.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pero no voy a deciros mucho acerca de este juego. No esperéis una opinión sobre la técnica, la historia y todo eso. Bueno, sí, diré sólo un poquito, pero lo que quiero compartir hoy es la música. Sobre técnica, narración y demás, comentar que la trama tiene un par de giros muy sorprendentes (el rival del último combate me dejó de piedra... bien por los guionistas). Los decorados son bellísimos, los más elaborados y más hermosos que he visto en ningún videojuego. Es un juego fácil de jugar (claro... recordad que lo acabé yo) aunque largo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y la música es extraordinaria. El juego gira en torno a la vida de Chopin, conocidísimo compositor de origen polaco. Y la banda sonora del juego es una auténtica delicia. Así que os voy a dejar un par de muestras. El videojuego ofrece intermedios en los que se habla de la vida del compositor y se interpretan piezas de su autoría de las manos de Stanislav Bunin, que es un pianista ruso que goza de cierta fama en Japón, de donde es originario el videojuego. En uno de tales intermedios suena esto:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://www.goear.com/listen/011b818/chopin-stanislav-bunin-eternal-sonata-bso-tristeza-op10-n3-en-mi-frederic-francois-chopin-stansial"&gt;Tristeza&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Que un videojuego incluya esto en su banda sonora promete. Y, efectivamente. Todas las canciones que aparecen en el juego dejan por los suelos la mayoría de las bandas sonoras de otros títulos. Hasta las típicas canciones ambientales, como las que ambientan los combates (que tiene el nombre curioso de "Leap the precipice"), o las que suenan cuando los personajes están en las ciudades o viajando (la que más recuerdo tiene otro nombre curioso: "The mediocrity sought out by everyone"), que en otros juegos son sonsonetes sin importancia, aquí son espléndidas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Podría recomendar muchas de las canciones de esta banda sonora, pero voy a poner un vínculo a esta de aquí:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://www.goear.com/listen/8f45fa3/eternal-sonata-kojiro"&gt;Tema de la banda sonora&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;que suena en un momento muy emotivo del juego.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Yo creo que acabé este juego para poder oír la banda sonora al completo (que se va desbloqueando a la par que vas avanzando). Y porque es facilito (je, je).&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-7686620104687660080?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/7686620104687660080/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=7686620104687660080' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7686620104687660080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7686620104687660080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/12/eternal-sonata.html' title='Eternal Sonata'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-3152794132794542783</id><published>2011-12-19T13:47:00.003+01:00</published><updated>2011-12-19T14:47:07.495+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentacuentos'/><title type='text'>(Cuentacuentos) Tenía la sensación de haber escuchado tantas veces esa canción</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Dicen que la música tiene el poder de evocar recuerdos. De esto va mi relato de esta semana. Estas notas vienen a cuento porque las canciones que aparecen aquí tienen nombre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En un momento dado, se dice que suena una polca. Se trata de &lt;a href="http://www.goear.com/listen/cbefbe3/con-polkas-y-a-lo-loco-celtas-cortos"&gt;esta polca&lt;/a&gt;. El vestuario de los bailarines se basa en el que yo mismo llevé cuando bailé en público esa misma polca en una exhibición de bailes de salón. La pieza que interpreta uno de los personajes &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?feature=endscreen&amp;amp;NR=1&amp;amp;v=HNFiNRfY0J0"&gt;es esta otra&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Espero que os guste.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;*********************************************************************************************&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;TENÍA LA SENSACIÓN DE HABER ESCUCHADO TANTAS VECES ESA CANCIÓN&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Tenía la sensación de haber escuchado tantas veces esa canción, que pensaba que iba a ser capaz de adivinar en qué momento exacto iba a empezar el estribillo de nuevo. Y es que era una de tantas cosas que tenía que aguantarle a Pedro, uno de los ancianos a los que cuidaba. Todas las mañanas, cuando iba a adecentarle la habitación de la residencia y a ayudarle a asearse, se terminaba sentando junto a la ventana y no dejaba de poner música de 2020 para abajo en su arcaico reproductor multimedia. Música de la misma época que la que estaba oyendo en aquellos instantes, en el concierto benéfico al que asistían Pedro y ella. O más bien, al que asistía Pedro ayudado por Julia, porque malditas las ganas que tenía ella de oír música tan antigua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como buena parte de los jóvenes en la década de los cincuenta, a Julia le caían muy mal los ancianos. Por su culpa, España era un país pobre y sin futuro. Su generación había gastado a espuertas, había endeudado el país de tal forma que ahora no se podían pagar aquellos excesos. Y, para colmo, las pensiones de los viejos se llevaban un dinero que no se tenía. Con su sueldo en el geriátrico, Julia daba de comer a sus padres y hermanos, todos en paro, por supuesto. Y no le bastaba con tener que limpiarles y atenderles, tenía que sacarlos para que se divirtieran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julia miró a Pedro y se dio cuenta de que miraba embelesado el escenario. Su felicidad era directamente proporcional al hastío de ella. Ya pensaba que nada podía ser peor que oír esas canciones que se sabía de memoria por oírselas al viejo, cuando el grupo musical anunció que iban a tocar una polca, que iba a bailar un grupo de danza. Y cumplieron la amenaza medio minuto después. Sonó una canción con un ritmo machacón de percusión acompañada por violines y otros instrumentos que no le importaban en absoluto. Cuatro chicos y cuatro chicas, ellos vestidos con camisa blanca remangada y pantalones oscuros, y ellas con falda marrón, camisa clara y pañuelos en la cabeza, ejecutaron un baile desenfrenado, dando saltos continuamente, agarrándose y bailando en círculo, dando vueltas... Julia se dio cuenta de que Pedro, sonriente, batía palmas siguiendo aquel ritmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de un tiempo, demasiado en opinión de Julia, tras haber tenido los músicos que salir de nuevo para interpretar una última pieza, el concierto terminó. Esperaron los dos un poco, a que el grueso del público se hubiera marchado, y, al fin, se levantaron. Pedro se encaminó hacia el escenario, y Julia le siguió de lejos, pensando que querría ir al servicio. El anciano tenía ya el andar torpe, aunque aún se valía sin bastón. Y para exasperación de Julia, subió con torpeza unos escalones que daban acceso a la tarima y tras felicitar a los músicos, que guardaban sus instrumentos ayudados por algunos operarios, se puso a hablar con la chica que había tocado el violín durante la polca, que le respondía amablemente. Julia llegó a tiempo para oírle decir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Me dejarías un poco el violín? Hace mucho tiempo que no veo ninguno. Hace años, yo tocaba...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julia no dejó a la violinista responder. Interrumpió, con tono seco:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Discúlpele, no es más que un anciano-. Y dirigiéndose a él, añadió-: Vámonos, que se le hace tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La intérprete le lanzó una mirada indignada a Julia y repuso, sonriendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me molesta-. Y extrayendo el violín de su estuche, se lo tendió a Pedro diciéndole-: siéntese allí si lo desea. Si le apetece tocar algo mientras recogemos, no me importa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julia replicó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero a mí sí. Tengo que llevarle de vuelta a su cuarto ya... ¿No ha tenido bastante música por hoy, Pedro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni la violinista ni Pedro le hicieron caso, y el anciano acabó sentado. Con timidez, le dijo a la dueña del instrumento:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hace tanto que no toco... ¿De verdad que no te importa? Es que... al oírte tocar me han venido muchos recuerdos. ¿No te importa que toque? No creo que lo haga bien... no sé si me acuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La aludida le tranquilizaba con mucha amabilidad, le decía que adelante, que si hacía falta ella le recordaba lo básico. Pedro terminó por animarse, y se colocó el violín sujeto entre la mano y el hombro. Tomó el arco con la mano derecha y se preparó para tocar. La violinista, que le había mirado con interés, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Muy bien. Lo sujeta perfectamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emitió unas primeras notas entrecortadas, muy torpes. Entonces, sonrió con una expresión soñadora y empezó a tocar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y las dos mujeres se quedaron muy quietas, sin atreverse ni a respirar para no interferir lo más mínimo con lo que estaban oyendo. Pedro tocaba de una forma maravillosa, y Julia no podía creerse que de unos trozos de madera y unas cuerdas pudiera extraerse una melodía de aquella clase. Observó que varios de los presentes se habían acercado a oírle, y que otros seguían con sus tareas pero atendiendo, a la vez, a la pieza que interpretaba el anciano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Pedro dejó de tocar, la violinista se frotó el párpado inferior con un dedo, para secárselo, y con la voz quebrada, en un susurro, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ha sido maravilloso...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedro suspiró con tristeza y repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cuando Marta me acompañaba con el piano... entonces sí era maravilloso. Sin ella no suena tan bien-. Volvió la expresión soñadora a sus ojos y añadió-: aún la sé tocar... la practicamos tanto. Con esta pieza quedamos finalistas en el concurso europeo de música clásica, en Viena... ¡qué ciudad tan bonita!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedro le dio las gracias, con una expresión que dejaba claro que, en aquel momento, volvía a recordar los paseos con Marta por las calles de Viena, y le tendió el violín. Su dueña, al recogerlo le preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién era Marta? ¿Era su esposa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí. Se la llevó el Alzheimer. Eramos ya muy mayores cuando enfermó. Se le fue olvidando todo... y un día los servicios sociales se la llevaron, porque yo no podía cuidar de ella; ni siquiera podía cuidar de mí mismo-. Suspiró y prosiguió-. No sé qué fue de ella. ¿Para qué iban a decírmelo? Total, si no soy más que un viejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras la violinista le expresaba su indigación por ese trato, Julia se dio cuenta de que, en el año que llevaba atendiendo a Pedro, nunca se había preocupado de averiguar nada de él. Le resultaba difícil creer que, años atrás, hubiera sido uno de los mejores violinistas de Europa; para ella, era otro anciano más de aquellos que arruinaban al país cobrando la pensión. Nunca le había preguntado y, si alguna vez él le había contado algo de su vida antes de que le internaran, ella no le había prestado la menor atención. Y se lo imaginó con muchos años menos, vestido de gala, tocando el violín con una mujer muy bella que le acompañaba sentada a un piano. Se imaginó el amor que se habían profesado tras toda una vida juntos, compartiendo la pasión por la música. Le vio alimentando y vistiendo a esa misma mujer, ausente ya por su enfermedad, fiel a la vida que habían recorrido sin separarse el uno del otro. Julia había tenido varios novios, y no valían para mucho más que para irse de copas. Ninguno de ellos habría compartido con ella nada, no le habrían durado más que unos años. Por supuesto, cuando ella fuera una anciana, ninguno habría tenido el menor interés de cuidar de ella cuando no pudiera valerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedro se despidió de la violinista y se alejó sin siquiera mirarla. Por primera vez, le miró con otros ojos, y se dio cuenta de que era consciente de que a ella no le caía bien. Julia siempre había pensado que, como todos los viejos, ya no reparaba en nada. Y no era cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando le vio pararse frente a la escalera, y bajar torpemente un escalón, de repente, le dio miedo que se cayera. Antes le habría dado lo mismo, pero supo que Pedro, para ella, no sería nunca más otro de tantos vejestorios. De modo que fue con rapidez hacia él, le asió de un brazo y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenga cuidado con estos escalones, Pedro.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-3152794132794542783?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/3152794132794542783/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=3152794132794542783' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3152794132794542783'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3152794132794542783'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/12/cuentacuentos-tenia-la-sensacion-de.html' title='(Cuentacuentos) Tenía la sensación de haber escuchado tantas veces esa canción'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-5056733607180598194</id><published>2011-12-12T15:43:00.006+01:00</published><updated>2011-12-12T16:16:15.732+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentacuentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>(Cuentacuentos) No sabía que en la guerra hay monstruos más terribles que el hombre</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;-No sabía que en la guerra hay monstruos más terribles que el hombre-, observó el caballero con voz grave al contemplar aquella carnicería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El regidor de la ciudad, que había solicitado el auxilio de don Nuño, caballero de la Orden, tras haber llegado a su casa un soldado del castillo de don Martín, el conde, ensangrentado y aterrorizado, no fue capaz de responder. Don Nuño había participado en varias guerras, había visto decenas de castillos y ciudades arrasados por un ejército enemigo. Tras aquellas visiones de muerte y devastación había llegado a la conclusión de que el hombre, cuando se dejaba llevar por el odio, era un ser mil veces peor que un demonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo que estaba contemplando en aquel momento no podía ser obra ni del hombre más desalmado del mundo. Aquel horror excedía con mucho la capacidad humana para ejercer el mal. No le hacía falta usar su habilidad para percibir la maldad, que le advertía constantemente de la presencia de los seres impíos, para saber que aquello era cosa de demonios. Allí no había muertes debidas al combate, ni muertes que obedecieran a las ansias de desquite del vencedor por la tensión y el miedo sufridos durante la pelea. Allí era perceptible la voluntad expresa de matar a todo quien tuviera la mala suerte de estar allí, y de matarlo de la forma más cruel y sangrienta posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todo el patio de armas de la fortaleza había cadáveres y un puñado de valientes que intentaban retirar los cuerpos para darles sepultura, luchando contra las nauseas y obteniendo alguna que otra derrota. Algunos de los cuerpos estaban despellejados, otros partidos en varios trozos. A su derecha, algo similar a un fuego voraz había descarnado la mitad superior de un combatiente, mientras la inferior aún mantenía la carne carbonizada. El primer horror estaba en cuatro cadáveres abrasados hasta casi los huesos que se apretaban contra una poterna, en un intento desesperado de huir de lo que hubiese aparecido. Pero había cosas peores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Nuño se aproximó hacia la puerta principal de la torre del homenaje, y siguiendo dos rastros de sangre que discurrían uno a cada lado de la puerta, se encontró dos cuerpos clavados a la pared por multitud de púas de acero, a unos buenos treinta pies de altura. El caballero se dirigió a un hombre empeñado en despegar un cuerpo del suelo y le preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Deberíais bajar esos dos cuerpos primeros. Se podrían ver desde fuera del castillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aludido, con el rostro de un pálido enfermizo, dijo con agotamiento:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sin el menor animo de ofender a vuestra merced, no podemos bajarlos porque aún están vivos. Cuatro soldados han ido a buscar herramientas para intentar sacarlos de ahí enteros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello sólo podía haber sido a propósito, para dar a aquellos desgraciados una muerte lenta y dolorosa. Dado que no tenía sentido prolongar todo más de lo debido, dio media vuelta y regresó al portón de la fortaleza, esquivando cuando podía las manchas de sangre que llenaban casi todo el suelo del patio de armas. Evitó mirar demasiado las paredes, tintadas con restos de sangre y, de vez en cuando, con trozos de carne. El regidor de la ciudad le seguía respetuosamente. Una vez bajo el rastrillo, dedicó una mirada breve a los dos cuerpos descuartizados que yacían ante el portón, pegó una mano a la pared y se concentró para liberar sus poderes. Como caballero de la Orden, era especialista en todo lo referente al trato con seres diabólicos y era capaz de leer los rastros que dejan los actos maléficos de los demonios. Por eso, acudieron a su mente las imágenes de lo que había sucedido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada parecía tener sentido. Vio a una muchacha acercarse al portón. Los dos guardias de la puerta le dieron el alto y, de alguna forma, ambos acabaron despedazados. La muchacha adquirió la forma de un monstruo de color negro que se entregó a una orgía de sangre y de muerte. La resistencia de la guarnición del castillo fue breve, pero aquel ente no tuvo piedad ni dio cuartel. Seis valientes se atrincheraron frente a la puerta de acceso a la torre del homenaje, y pagaron su osadía siendo abatidos de la manera más cruel. Los dos últimos en caer fueron los que acabaron colgados para que murieran muy despacio. La visión terminó cuando el ser reventó la puerta de la torre del homenaje y entró a toda prisa. Don Nuño sintió mucha pena. Don Martín había sido un buen compañero en la batalla e, incluso, un amigo. Había sido un hombre piadoso, muy entregado a la causa del bien y había luchado con honor contra los aliados del mal. Por ello, se temía lo peor y, posiblemente, fueran esa bondad y ese valor los que hubieran atraído a aquel monstruo contra él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el ánimo sombrío le dijo al regidor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces, vuestra señoría, tenga la bondad de confirmármelo. Lo que sea que ha provocado esto me espera en los aposentos de don Martín. Y si no accedo a entrevistarme con él, atacará la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El regidor asintió, demasiado conmocionado para hablar. Sin embargo, don Nuño tuvo que obligarle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y cómo se llega a los aposentos de don Martín?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con evidente esfuerzo, el regidor contestó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dijo que siguiera vuestra merced su rastro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin muchas ganas, don Nuño se encaminó hacia la torre del homenaje, y cuando cruzó la puerta, desenvainó su espada de hoja bendita, y buscó en ella las fuerzas para adentrarse en el pasillo que ascendía. El rastro del demonio era muy claro. Tan concentrado estaba en seguirlo que tropezó con un bulto y cayó hacia delante. La armadura le impidió que se hiciera daño, pero no pudo evitarle el horror de ver que había caído encima de los restos de un defensor. Cuando llegó al pasillo que daba a los aposentos del conde y su familia, comprobó que se había librado allí una última batalla. Había cuatro cuerpos despedazados y sangre tiñiendo el suelo y las paredes. El corazón se le embargó de tristeza cuando, frente a la puerta de la alcoba de don Martín yacía el cadaver de una muchacha, la joven esposa del conde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El corazón le empezó a latir con furia a don Nuño. Se sabía protegido por Dios, pero aquel monstruo parecía tener una fuerza descomunal. No cabía, empero, más solución que encomendarse a la divinidad, hacer acopio de coraje, y afrontar lo que le esperase ahí dentro. En un arranque de valor, se puso en la puerta de la alcoba y la cruzó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le sorprendió ver la estancia con los muebles destrozados. Y ver a una joven sentada en la única silla que quedaba intacta. La maldad infinita que reflejaba aquel rostro, que le sonrió en un gesto que la hacía aún más terrorífica, centró toda su atención hasta que un gemido le hizo mirar hacia su izquierda y hacia arriba. Y lo que vio le provocó unas nauseas que apenas pudo reprimir. Don Martín, despellejado, convertido en una masa sanguinolenta, estaba a ocho pies de altura, pegado a la pared. Con voz débil y desesperada, lloró:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por favor... mátame ya... por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con una furia impropia de lo que parecía ser una muchacha, lo que fuera aquello repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Llevas un día entero repitiendo lo mismo! ¡Cállate de una vez! ¡Morirás cuando a mí se me antoje!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Nuño no pudo soportarlo más y dijo, muy tenso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Basta! ¡Por Dios, no le torturéis más! ¡Dejadle!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha le miró con una sonrisa siniestra, con unos ojos donde bullían el dolor y el odio, que herían el corazón de don Nuño sólo con mirarlos. Y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quiere vuestra merced liberarle? ¿Quiere luchar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, de improviso, sintió que una mente impía intentaba entrar en la suya. Haciendo gala de su entrenamiento y sus conocimientos, levantó las defensas mentales más fuertes de que disponía. Y aquel monstruo las abatió con la misma facilidad con que alguien alzaría en brazos a un bebé que no quisiera que le cogiesen. Llegó hasta las zonas más delicadas de su mente y sintió un dolor muy fuerte, pero muy fugaz. Aquella demostración de poder le desarmó; le habría bastado profundizar una pizca más y habría muerto de inmediato. La advertencia había sido muy clara y, por primera vez en muchos años, don Nuño estaba aterrorizado. La muchacha sondeó entre sus conocimientos y salió de su mente, para alivio de don Nuño. Sin dejar pasar más tiempo, el demonio le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Perfecto. Tiene vuestra merced las capacidades que necesito-. Y tras una pausa, prosiguió-: escúcheme bien. Voy a permitirle que me lea unos recuerdos, de manera que quedará convencido de que son reales. Preste mucha atención, que para eso le he dicho que venga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando su interlocutora se calló y le miró con expresión serena, don Nuño, bastante asustado, se concentró y entró en la mente de aquel monstruo. No encontró resistencia. Y, entonces, todo cambió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;* * * * * *&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Había una sartén grande y muy bruñida en la pared. Se reflejaban en ella una niña de unos ocho años y la misma muchacha que le había permitido entrar en su mente. La joven la peinaba con delicadeza, y, cuando acabó le preguntó que si le gustaba el peinado. Aquella niña respondía alegremente que sí. Entonces, la chica le decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tengo que lavar unas cosas en el río. Vendrás conmigo para que no te quedes sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha avanzaba por las calles de una aldea, desde donde se podía ver el castillo de don Martín, dominando el valle. Llevaba a aquella niña de la mano. Llegaron al río, donde había varias mujeres más y unos cuantos niños. Los recuerdos del monstruo no eran otra cosa que los de ella misma lavando la ropa en el río, echando vistazos de vez en cuando para vigilar a la niña, y comentando cosas intrascendentes con las otras mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de un rato volvía con la niña que, al parecer, cuidaba, y veía a otra niña sentada, muy sola y muy triste, y quiso confortarla. Entonces, observaba extrañada que a aquella chiquilla se quejaba de dolores y picores en la entrepierna. Con mucha delicadeza, se la llevaba tras unos matorrales. Al levantarle la falda, la niña se resistía, le golpeaba los antebrazos. Conseguía examinarla y descubría estupefacta los rastros de una enfermedad venérea. Con rapidez, sujetaba la cabeza de la niña...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todo cambió. La niña estaba en una habitación iluminada por un par de antorchas, sentada en una cama. Don Martín estaba desnudo delante de ella. La chiquilla lloraba asustada, y don Martín le decía que no se preocupara, que lo iban a pasar muy bien...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;* * * * * *&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Y entonces, don Nuño revivió los recuerdos de la niña. Vio y sintió como don Martín la violaba. Fue la visión más espantosa que había presenciado nunca, porque las muertes causadas por la guerra, en su mayoría, tenían algún sentido para él. Pero destrozar de por vida a una niña de ocho años por unos instantes de un placer perverso, depravado... Era peor que matarla. Don Nuño no lo aguantó; quiso salir de la mente del ser que le obligaba a revivirlo, pero éste no le dejó. Impotente, empezó a suplicar que parara, que no podía soportarlo más. Y arrancó a llorar, como si fuera un niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue en ese momento cuando la muchacha que tenía delante le expulsó de su mente. Y con una cólera infinita, gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Puedo comprender cualquier forma de mal. Sé lo grande que se siente una cuando le quita la vida a alguien, cuando le tortura, cuando destruye... ¡Pero a los niños no! ¡Nadie tiene derecho a hacer sufrir a los niños!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apretó un puño con una expresión salvaje en la mirada y don Martín ensordeció al caballero con sus gritos. Aullaba y se retorcía presa, al parecer, de dolores terribles. Hasta que se calló y la muchacha abrió la mano. Y los restos ensangrentados de don Martín cayeron pesadamente. Mientras don Nuño se secaba las lágrimas, el monstruo que tenía en frente le sorprendió con una frase:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es afortunado por saber llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Nuño se atrevió a mirar a la muchacha a los ojos y descubrió que su cólera había disminuido. La maldad de su mirada dejaba paso a la tristeza. Para acabar con el silencio que había invadido la sala, don Nuño preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces... ¿Esa ha sido la causa de todo esto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero... si le queríais a él, ¿por qué matastéis a sus hombres? Ellos no tenían la culpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tuvieron la mala fortuna de interponerse en mi camino. Cuando me enfado de verdad mato a todo lo que me encuentro. No crea vuestra merced que me siento orgullosa de ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Nuño no tuvo arrestos para preguntar de nuevo, pero no le hicieron falta. La muchacha dejó escapar una risa maléfica y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se lo explicaré. Cuando tuve a eso que llamaban conde a mi merced, después de torturarle, me di cuenta de que le había castigado, pero, a la vez, le había convertido en una víctima. Es lo malo de dejarse llevar por el odio, no reparas en los detalles. Me repugnaba la idea de que cuando llegaran vuestras mercedes, le enterraran con todos los honores, y que se extendiera la tristeza por la muerte horrible de tan noble y piadoso caballero. Sólo yo conocía la razón por la que merecía morir. Necesitaba poder contárselo a alguien, y que esa persona me creyera. Eso sólo podía conseguirlo por medio de un caballero de la Orden, de uno de los que aprende a convertir su mente en un foco de poder. Uno capaz de leer recuerdos y distinguir los reales de los falsos... Alguien como vuestra merced.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué queréis que haga?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Querría que contara por todo el reino las aficiones de su amado conde, pero sería inútil. ¿Quién iba a creerle? Ojalá la justicia humana obrara mejor. Si hubiera creído que los jueces humanos fueran capaces de juzgar y condenar estos crímenes, después de torturarle, le habría puesto en sus manos, pero, ¿con qué pruebas? ¿Con la única palabra de un demonio que, además, sería la única acusación? En vez de escucharme, todo el mundo intentaría matarme-. La muchacha suspiró-. Tan malo era dejarle vivir, para que siguiera haciendo lo mismo, como matarle para convertirlo en un mártir de la lucha contra el mal. ¿Qué habría hecho vuestra merced en mi lugar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Nuño no tuvo coraje para contestar. Él habría llevado al violador ante la justicia. Pero tenía que estar de acuerdo en que era un caso que no se sostendría sólo con la declaración de don Nuño, y tratándose de procesar a un conde de reputación excelente, sería un caso perdido. Y siempre habría podido don Martín recurrir al dinero para lograr una sentencia exculpatoria. El caballero fue consciente de que, en esas circunstancias, se habría visto tentado a tomarse la justicia por su mano, algo del todo en contra de su entrenamiento e ideales. La joven no esperó una respuesta, y añadió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Simplemente, quería compartir con alguien lo que había pasado, la razón de todo esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo unos momentos de silencio que a don Nuño le pusieron muy nervioso. No tenía ganas de pronunciar tales frases, pero era un paladín del bien, así que se puso en guardia y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sabréis bien que mi obligación es luchar contra vos. Rendíos o preparaos para combatir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La risa de la muchacha le dio escalofríos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-He matado a gente por mucho menos. Le salvará que le vi llorar al contemplar cómo violaban a una niña. Ya conoce la verdad; haga con ella lo que le plazca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin más despedida, apareció alrededor de la muchacha demoníaca un halo de oscuridad. Y, tras un instante, don Nuño se quedó solo en la estancia. Intentó asimilar lo que había presenciado; un demonio que ajusticiaba a un hombre respetable porque sus crímenes eran demasiado incluso para un monstruo. Parecía una locura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y un pensamiento inundó su mente: "Ahora sé que, en la guerra o en la paz, no hay monstruos más terribles que el hombre".&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-5056733607180598194?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/5056733607180598194/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=5056733607180598194' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/5056733607180598194'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/5056733607180598194'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/12/cuentacuentos-no-sabia-que-en-la-guerra.html' title='(Cuentacuentos) No sabía que en la guerra hay monstruos más terribles que el hombre'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-1102476878838912054</id><published>2011-12-09T10:56:00.003+01:00</published><updated>2011-12-09T19:14:48.573+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Libros'/><title type='text'>Leído: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Tengo pendientes aún dos reseñas más, de dos libros de relatos que son lo último que he leído. Hoy toca uno que no es habitual que reseñe. Si habéis seguido las reseñas que he ido poniendo en mi bitácora, ya sea en la categoría de &lt;a href="http://sinciforma.blogspot.com/search/label/Libros"&gt;libros&lt;/a&gt; o en la de &lt;a href="http://sinciforma.blogspot.com/search/label/Lecturas"&gt;lecturas&lt;/a&gt;, habréis visto que, mayoritariamente, reseño obras de literatura fantástica o de ciencia-ficción. Eso no significa que sean el único género literario que leo o me gusta. Y esta reseña es un ejemplo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La soledad de los números primos es una obra escrita por Paolo Giordano que, resulta, es colega mío de profesión, ya que es licenciado en física y se dedica a la investigación en cuestiones de física de partículas. O sea, como yo, es físico teórico. Por ello, no es de extrañar que use un símil matemático para describir la relación entre los dos personajes principales del libro. Usa el concepto de los números primos gemelos. Dos números primos (que son aquellos que sólo son divisibles entre ellos mismos y la unidad, por ejemplo, el 7) son gemelos si entre ellos sólo existe un número, o, equivalentemente, si uno es dos unidades mayor que otro. Este número que está entre los primos gemelos es siempre par (de hecho, salvo el 2, todos los números primos son impares, ya que los pares se dividen entre 2). Son ejemplos de primos gemelos el 11 y el 13, el 17 y el 19, etc...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Centrándonos ya en la obra, es una novela corta pero escrita con una belleza y una sensibilidad sorprendentes. Es un libro de una gran sencillez, que narra una historia sin giros argumentales extraños, ni sorpresas, ni misterios, pero que te engancha hasta el final. El tema central del libro es la soledad. Los dos personajes principales están muy solos. Son personas muy particulares, que no acaban de encajar del todo en nuestro mundo. El libro narra, principalmente, su evolución y la curiosa relación que mantendrán a lo largo del tiempo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El estilo es muy bueno, hay escenas que derrochan una sensibilidad y una nostalgia muy bellas. Los personajes están muy bien caracterizados y tanto a protagonistas como a secundarios se les acaba cogiendo cariño. Y se siente cierta lástima por lo solos que están todos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Un libro que se lee muy rápido, porque es breve, pero que te deja una buena sensación. Por algo ganó el Premio Strega, que es el premio más importante que existe en lengua italiana.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-1102476878838912054?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/1102476878838912054/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=1102476878838912054' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/1102476878838912054'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/1102476878838912054'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/12/leido-la-soledad-de-los-numeros-primos.html' title='Leído: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-5034324232122105683</id><published>2011-12-05T19:38:00.005+01:00</published><updated>2011-12-05T19:56:45.531+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentacuentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>(Cuentacuentos) Deseaba que fueras tú. Lo deseaba con toda mi alma</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pues esta entrada es una sorpresa. Creía que &lt;a href="http://www.elcuentacuentos.com/"&gt;el cuentacuentos&lt;/a&gt; había desaparecido definitivamente. Pero el martes pasado, volvió a la vida con esta frase: "Deseaba que fueras tú. Lo deseaba con toda mi alma". Pensé que nunca volvería a escribir un cuento con una frase inicial decidida por otros, pero aquí está el mío. Espero que os guste.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;--------------------------------------------------------------------------------------&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;DESEABA QUE FUERAS TÚ. LO DESEABA CON TODA MI ALMA.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;-Deseaba que fueras tú. Lo deseaba con toda mi alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La aludida sonrió con maldad tras haber pronunciado Jorge la frase. Volver a verla le provocó al hombre una leve opresión en el pecho. Seguía pareciéndole tan atractiva como cuando le traicionó, y comprendió que, muy en el fondo de su corazón, continuaba queriéndola. Por su respuesta, fue consciente, también, de que ella sentía lo mismo que siempre había sentido por él: nada. Clara, o como quiera que se llamase, repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues yo no podía imaginar que fueras tú hasta que vi tu nombre en la misiva que nos enviaste. Creí que habrías sido de los primeros en caer, siendo tan débil y estúpido como eres. Tu pueblo es sorprendente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge no respondió a aquella puya, sino que siguió callado unos momentos. Clara, sin dejar de mirarle, relajó el brazo que sostenía la espada y se mantuvo en silencio hasta que, finalmente, comentó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Fue sincera tu carta? ¿Tu propuesta de rendición es firme?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reprimiendo un suspiro, el aludido repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me quitaré la armadura robótica y te haré alcanzar una gran gloria. Pero... antes tendrás que acompañarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clara le miró recelosa y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué pretendes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si quisiera matarte lo habría hecho hace tiempo. Sólo quiero que veas lo que habéis hecho con mi ciudad, y que comprendas por qué haré lo que os dije en mi carta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como su interlocutora seguía sin confiar, Jorge suspiró y añadió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que te puedes permitir concederme un último deseo. Será cosa de una hora. Es muy poco tiempo en comparación con la victoria que te ofrezco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clara accedió finalmente, de manera que Jorge la guió a través de la ciudad en ruinas. Al cabo de los años, había aprendido a controlar sus remordimientos y, también, había conseguido reprimir la tristeza que le invadía al recordar lo que, una vez, fue aquella planicie enorme en la que sólo había edificios medio derruidos y cascotes por todos sitios. Jorge había conocido Nueva Esquerán como una de las ciudades más populosas del planeta. Ahora estaba muerta, y él tenía buena parte de la culpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no había transporte público, así que les llevó un buen rato llegar al primero de los sitios que Jorge quería visitar. Apenas le inspiraba ningún sentimiento cuando pasaba por allí en solitario, pero cuando fue consciente de tener a Clara junto a él, los recuerdos le cerraron la garganta en un nudo. En la esquina de un edificio del que sólo quedaban en pie dos plantas de las veinticinco que tuvo, se veían los restos de la decoración y algunas letras sueltas, de bella factura, en la fachada. Vio de nuevo aquella cafetería tal y como había sido cinco años atrás. Un local decorado a la antigua, al estilo de finales del siglo XXI de la Tierra. Intentando ocultar su nostalgia, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Recuerdas este sitio? Es la cafetería donde nos conocimos-. Suspiró y prosiguió-. Aquella tarde estaba sentado donde siempre, ahí, detrás de esa columna. Estaba solo, como de costumbre. Y entonces viniste tú, tan guapa, con aquel vestido azul que tanto me gustaba. Me dijiste que te sorprendía verme a diario tan solo y que querías hacerme compañía... Al principio, desconfiaba de ti, pero eras tan dulce, tan simpática...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge no quiso seguir recordando la alegría y la ilusión que sintió, desde aquel instante, cada vez que iba a aquella cafetería con la esperanza de volver a verla. Una esperanza que casi siempre se convertía en una tarde junto a Clara. Tenía que haberse dado cuenta; era todo tan fácil, tan perfecto... Abandonó su ensoñación cuando recordó el momento en que la invitó a verse fuera de allí, y cuando su acompañante le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Vaya! ¿Desconfiaste de mí? Eso no me lo habías contado. No eras tan estúpido después de todo-. Su tono se llenó de desprecio cuando añadió-: mírate. No soy especialmente alta y, aún así, eres un palmo más bajo que yo. Cuando te conocí estabas el doble de gordo que hoy. Y, encima, tímido y sin personalidad. ¿Creías de verdad que podías gustarle a una mujer tan atractiva como yo? Hay que ser muy iluso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No puedes entenderlo. Nunca encontré pareja, ninguna chica se fijaba en mí, y me rechazaron tantas veces que acabé perdiendo la cuenta. Y, entonces, apareciste tú. Me halagabas, me decías que te gustaba tal y como era, alababas cosas de mí que no me gustaban, y no pude resistirme a eso. Pero, esa era tu intención. Sabías que diciendole aquello a alguien como yo le tendrías en tus manos, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clara sonrió y repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hoy no dejas de sorprenderme. Nunca imaginé que acabaras dándote cuenta que tanto halago no podía ser sincero-. Alzó su espada y dijo, con impaciencia-. ¿Esto es lo que querías enseñarme? ¿Puedo matarte ya?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tono sombrío, Jorge repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Todavía no. Quiero enseñarte más. Acompáñame.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de esta forma, emprendieron otro recorrido, algo más breve que el anterior, hasta que llegaron a una zona amplia que había a las orillas del río, llena de una vegetación que crecía salvaje. Jorge buscó un sitio despejado e hizo que se sentaran para mirar el discurrir del río y la otra orilla. Aquello había sido un parque fluvial precioso, que se llenaba de gente que paseaba y de niños que jugaban. Desde aquel sitio se veía el barrio empresarial de Nueva Esquerán, lleno de torres de oficinas de gran altura. Ahora, apenas dos de ellas destacaban de entre el resto de las ruinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge se pasó un rato perdido entre recuerdos y nostalgia y, al fin, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Recuerdas este sitio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un tono despectivo, Clara repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Sinceramente? No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Aquí fue donde nos besamos por primera vez, donde me enamoré de ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ah! Es cierto... Querría saber una cosa, ¿esta estupidez va a durar mucho? Tengo cosas mejores que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre no dijo nada durante un buen rato, y Clara no insistió. Finalmente, Jorge ordenó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Levántate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y caminaron otro trecho hasta llegar a un edificio del que quedaba en pie, apenas, una parte de la fachada y algunos pilares. Clara miró a su alrededor y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-De esto sí me acuerdo. Este edificio de delante era donde vivías. Me vine a vivir contigo el tiempo que estuvimos juntos-. Se adelantó hacia otro edificio que se mantenía en mejor estado-. En este otro edificio me conectaba en secreto a la red de comunicaciones de Nueva Esquerán e informaba a mi gente de cómo transcurría mi misión-. Se rió y añadió-: ¡y tú pensando que iba a la peluquería que había aquí!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por primera vez, Jorge no pudo ocultar su amargura al responder:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, recuerdas bien. Compartí contigo todo lo que tenía, y nada de eso significó algo para ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No te pedí nada. Y no te creas que para mí fue sencillo. Convivir con un ser humano es una experiencia repulsiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, sin embargo, para Jorge, aquellos meses habían sido los mejores de su vida. Había vivido un sueño, cuyo despertar había sido el más amargo posible. Esta vez no quiso esperar, y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vámonos. Ya sólo nos queda una visita más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvieron casi media hora caminando entre aquellas ruinas que un día bulleron de vida, hasta que aquella especie alienígena atacó el planeta, logró conquistar la mitad, y libraba una guerra interminable con la Humanidad por el control de ese mundo. Jorge no tenía la culpa de la invasión, pero sí se sentía culpable por la pérdida de Nueva Esquerán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mole impresionante del Centro de Inteligencia Militar y Comunicaciones de Nueva Esquerán aún seguía en pie, y era una isla de solidez perdida en un mar de ruinas. Salvo por las muestras evidentes de estar sin limpiar, se mostraba intacto. Subieron las grandes escaleras que daban paso a una explanada, adornada con estatuas en estados de conservación muy dispares y una fuente seca hacía años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La amargura de Jorge se hizo tan intensa como lo fue durante aquel día terrible en el que Nueva Esquerán cayó. Llevaba seis meses viviendo con Clara y, un buen día, le dijo que, desde hacía semanas, fantaseaba con la idea de acostarse con Jorge en el despacho donde trabajaba. Jorge había sido ingeniero de telecomunicaciones en el Centro de Inteligencia Militar y Comunicaciones, y aunque las normas prohibían cosas así, amaba tanto a Clara que no podía negarle aquello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hicieron el amor encima de su mesa de trabajo. Todo fue magnífico hasta que, de pronto, sin el menor motivo, Clara pareció volverse loca. Le golpeó, le insultó, le dijo que le odiaba, que ya no podía soportar que le tocase ni vivir con él. Jorge no entendía nada, y se quedó paralizado, con el corazón hecho trizas, mientras Clara le tiró de la mesa, salió del despacho y atrancó la puerta. Comprendió lo que estaba pasando cuando tras un cuarto de hora, saltaron todas las alarmas del edificio. Jorge quiso, desesperadamente, echar la puerta abajo, pero estaba atrapado. Quiso llamar a sus superiores, al ejército... Pero las comunicaciones se habían venido abajo. Y era demasiado tarde. Diez minutos después se oyeron detonaciones sordas. Las murallas de Nueva Esquerán, un sistema defensivo automatizado que había aguantado varios asaltos, quedó desorganizado. Los técnicos se movilizaron con rapidez y resolvieron el problema, pero dado que era de noche, que muchos estaban durmiendo y fuera del edificio, tardaron casi tres horas, lo suficiente para que el enemigo abriera brecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clara, la mujer a la que había amado, era uno de ellos. Saboteó parte de la infraestructura del Centro de Inteligencia Militar y Comunicaciones y conectó a la red interna un dispositivo que dio acceso al enemigo a la mayoría de los sistemas informáticos del centro. Y todo había sido por su culpa, él la había dejado entrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La agonía de Nueva Esquerán había sido larga. Rota la muralla defensiva, el ejército no tenía capacidad para defender una urbe tan gigantesca, pero el enemigo tampoco tuvo fácil controlarla. Los primeros días murieron millones de personas, pero hubo núcleos que resistieron largos meses, hasta dos años enteros. En aquel momento, sólo Jorge seguía resistiendo. Había reparado y adaptado material que había encontrado en el Centro de Inteligencia Militar y Comunicaciones y en varios cuarteles del ejército, y hostigó durante años al enemigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él sólo no podía parar el avance enemigo, ni liberar Nueva Esquerán, pero tampoco habían podido acabar con él, por mucho que lo habían intentado. Hacía ataques repentinos aquí y allí, y no es que consiguiera demasiado, pero hería el orgullo de aquellos alienígenas, y era un símbolo para los guerrilleros de otros territorios ocupados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge lloraba en silencio, con la vista clavada en el edificio donde había trabajado tantos años, en una época de felicidad olvidada hacía un tiempo que a él le parecía una eternidad. Clara, que no podía estarse callada, le espetó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Qué seres tan débiles y penosos! ¿Cómo es posible que seais capaces de resistir ante nosotros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre desoyó del todo su pregunta y, al cabo de un rato, preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué no me mataste entonces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Porque tenía muy poco tiempo, y te consideraba tan insignificante que me daba igual. Cuando te hice salir porque iba a ponerme algo "sexy", además, estropee todos los aparatos de tu despacho, así que dejándote encerrado no causarías problemas. Además-, y esbozó una sonrisa maligna-, quería que sufrieras al saber que todo esto había sido culpa tuya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge se secó las lágrimas y se recompuso en mucho menos tiempo del que él mismo había creído. Pasaron por su mente multitud de recuerdos del tiempo que había pasado con Clara, y, al fin, aceptó que tenía que dejarlo atrás, que aquello sólo había sido real para él. Aunque ya poco importaba todo. En tono grave, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya ha llegado el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y activó los mandos que abrieron su armadura robótica. Y quedó indefenso frente a la que, una vez, fue la mujer de su vida. Pero aquello había sido mucho tiempo atrás; el ser que le miraba conteniendo a duras penas la felicidad por dar muerte al guerrillero que tantos quebraderos de cabeza les había dado ni siquiera era una&lt;br /&gt;mujer. Dio dos pasos hacia él, alzando la espada, pero Jorge la detuvo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Espera un momento. Quiero decirte algo y pedirte otra cosa. No te robaré más tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio, Clara se detuvo, pero, con cuidado, pegó la punta de su espada a la mejilla de Jorge y le hizo un corte muy leve que, sin embargo, llenó de sangre el rostro del hombre. Y con una suficiencia infinita repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Habla. Tengo curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin hacer el menor intento de limpiarse la sangre, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sé que todo lo que me dijiste, el amor que me demostraste, todas tus muestras de cariño... sé que todo fue mentira, que me elegiste porque trabajaba en el edificio que queríais sabotear. Tengo que confesarte que para mí todo fue de verdad, y que no te guardo rencor, porque durante los meses que pasé contigo me hiciste muy feliz. Y eso es algo que no he sido capaz de olvidar nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clara le miró desconcertada, pero Jorge no le dio tiempo a responder, ya que expresó su petición. Le enseñó la mano izquierda y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Todas las noches, antes de que te durmieras, cuando estabas a mi lado en la cama, te acariciaba con esta mano la mejilla, y jugaba con tu pelo. Me gustaba cómo se te ondulaba el cabello, y lo cálido que era tu rostro-. Dio un paso al frente y extendió el brazo con la palma de la mano mirando al cielo-. Quiero que me hagas un corte en la palma de esta mano. Cuando lo hagas, podrás matarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer, o lo que fuera de verdad sonrió y bajó la hoja de su arma. Jorge la adelantó hasta casi tocar la empuñadura. Y actuó con la rapidez que le habían dado años de lucha. Agarró la hoja de la espada con la mano desnuda, sin hacer caso del dolor y de la sangre. Clara no pudo reaccionar a tiempo; Jorge le clavó una jeringuilla, que escondía en un bolsillo, en el cuello y la derribó. Recibió un tirón de pelo, pero la mujer perdió las fuerzas casi de inmediato. Soltó la espada y quedó inmóvil. Sólo podía mover los ojos, que le miraban con auténtico terror, y la boca, que intentaba pronunciar unas palabras sin éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge se puso en pie. La mano le dolía mucho. Vio el cuerpo tumbado de la que había sido la mujer de su vida. Y no sintió ni un ápice de compasión por aquellos ojos que le suplicaban clemencia. En tono neutro le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tardastéis demasiado en contestar. Supongo que os llevó tiempo prepararlo todo para que pudieras escapar en caso de que te estuviera tendiendo una trampa. Cuando os escribí, acababa de morir la última niña a la que protegía, y sentí que todo había terminado. Pero, tuve la suerte de encontrar algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había dejado la jaula muy cerca. Extrajo del bolsillo un mando a distancia, y corrió hacia él un perro, apenas un cachorro. Jorge se agachó y jugó con él un rato, hasta que le cogió en brazos y mientras el cachorro le lamía la mejilla, le dijo a Clara, en cuyos ojos se mezclaban la sorpresa y el miedo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No dejaré que atrapéis a este pobre animal; cuidaré de él mientras me queden fuerzas. Pero mi propuesta de rendición ya estaba enviada, así que seguí el plan establecido, para poder acabar con uno más de vosotros. Deseaba con toda mi alma que fueras tú quien viniera. Aún así, cuando te tuve delante, recordé cuanto te había amado. Te hice recorrer todos los lugares que fueron importantes para mí para ver si te conmovía o, al menos, para pasar página. Pero no pude conmoverte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El corazón le dolía levemente, pero continuó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si hubieras mostrado piedad, te habría inyectado sólo el paralizante. Habrías vuelto con los tuyos convertida en la única que pudiera presumir de haber herido a La Bestia. Ahora obtendrás la misma gloria, pero póstuma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tras suspirar, concluyó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya no te amo. Adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge esperó los dos minutos que el veneno tardó en acabar con Clara. Al perecer, los aparatos que le daban apariencia humana dejaron de funcionar, y un ente horripilante, un haz de tencáculos unidos a un tronco de serpiente, la sustituyó. Y, así, una vieja herida quedó cerrada definitivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y La Bestia acarició a su cachorro y emprendió el camino de vuelta a su escondite.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-5034324232122105683?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/5034324232122105683/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=5034324232122105683' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/5034324232122105683'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/5034324232122105683'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/12/pues-esta-entrada-es-una-sorpresa.html' title='(Cuentacuentos) Deseaba que fueras tú. Lo deseaba con toda mi alma'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-3303721521183113826</id><published>2011-12-04T19:48:00.003+01:00</published><updated>2011-12-05T02:29:12.948+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Personal'/><title type='text'>Amazon.es ya está operativo para Kindle</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Hará cosa de un par de días me enteré, gracias a facebook, de que la tienda virtual de amazon.es para libros electrónicos en formato "kindle" ya estaba operativa en España. Y, efectivamente, si buscas libros electrónicos en amazon.es ya aparece como opción "Tienda kindle", cosa que en septiembre, cuando abrió amazon.es no se veía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La verdad es que por primera vez en mi bitácora, voy a confesar que subí hace algún tiempo una cosa mía allí. Lo hice más que nada por probar, para ver cómo funcionaba Kindle, en qué formato eran los libros electrónicos y todo eso. La gracia está en que eso lo hice en la página de EE UU, amazon.com y ahora, automáticamente, han colocado todo en amazon.es. Podéis ver el libro en cuestión aquí:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://www.amazon.es/Solemastelo-La-estrella-solitaria-ebook/dp/B005GGSSBG/ref=sr_1_1?s=digital-text&amp;amp;ie=UTF8&amp;amp;qid=1323048282&amp;amp;sr=1-1"&gt;La estrella solitaria&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Se trata de una novela muy corta de ciencia-ficción que terminé a partir de una idea que había abandonado, que envié a un concurso sin mucha suerte y que luego convertí al formato de kindle.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Iré hablando de cosas relacionadas con amazon.es en otras entradas.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-3303721521183113826?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/3303721521183113826/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=3303721521183113826' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3303721521183113826'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3303721521183113826'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/12/amazones-ya-esta-operativo-para-kindle.html' title='Amazon.es ya está operativo para Kindle'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-7514236667687856252</id><published>2011-11-27T16:16:00.001+01:00</published><updated>2011-11-27T16:19:20.881+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de Cenizas. Capítulo XXX</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan se mantuvo en silencio unos instantes, intentando asimilar lo que le había sucedido. Había sido todo tan real que aún tenía que decirse a sí mismo que se había tratado de un sueño para refrenar las ganas de salir a explorar fuera del campamento. Y, en esto, Pablo se le acercó y le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;—Amigo Juan, ¿ya está mejor? Me dio un buen susto; creí que se me iba a escapar e iba a salir corriendo ahí fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le miró unos instantes, sin saber qué decirle y, al final encontró palabras:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Le agradezco mucho su ayuda. De no ser por vuestra merced, estaría muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le tendió una mano, que Pablo le estrechó sonriente, y añadió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sé cómo compensarle por lo que ha hecho. Estoy en deuda con vuestra merced.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo, en tono jovial, repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya pensaré algo… Pero tratadme de vos, amigo Juan, que ya hemos hecho muchas cosas juntos como para seguir con tanta vuestra merced. En todo caso, estoy seguro de que habríais hecho lo mismo por mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan no estaba acostumbrado a tantas familiaridades con sus compañeros de la milicia, pero qué menos que complacerle después de lo sucedido. Así que habló sinceramente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso ni lo dudéis, amigo Pablo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras aquello, volvieron a sentarse y Juan, que había perdido las ganas de dormir por aquella noche, le propuso a Pablo que se acostara. Su amigo lo hizo sin perder un momento y, como en el sueño maligno que había padecido, se quedó dormido de inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por desgracia, en un momento dado, Juan notó que algo raro sucedía. Oyó dar voces, alguna carrera, pero fue incapaz de advertir que causaba tal revuelo. Despertó a Pablo, que se espabiló de inmediato al notar la confusión. Se pasaron ambos un rato tratando de enterarse de lo que acontecía, sin el menor éxito. Juan estaba especialmente confundido, y sólo veía a gente moverse de un lado a otro, y oía algún golpe de vez en cuando. De pronto, oyó a Pablo gritar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Cuidado, Juan! ¡A vuestra izquierda!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan desenvainó instintivamente y miró hacia donde le indicaba su compañero. Pero no vio nada. Se volvió despistado hacia Pablo, que le gritó desesperado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No! ¡No!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corrió hacia él, se cambió la ropera de mano y, con mucha rapidez, extrajo un cuchillo de entre sus ropas y lo lanzó contra algo mientras insistía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ahí, ahí!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sorprendió un poco de ver usar a su compañero una treta propia de delincuentes, pero la acción de Pablo consiguió su fruto. El puñal cayó al suelo cerca de un bulto que se movía lentamente y que Juan, con horror, identificó con una rata. Se puso en guardia de inmediato y, en un instante, sintió que Pablo apuntaba sus armas hacia la bestia, a su lado. No tardó en darse cuenta de que había algo raro, pero fue su amigo quien lo expresó con palabras:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿No creéis que se mueve demasiado despacio, amigo Juan?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acercaron con cautela, mientras el ser se desplazaba despacio y cuando estuvieron lo bastante cerca, les invadió el horror. La visión era repulsiva. Aquella cosa estaba cubierta de sangre, con dos grandes heridas en el costado, y le faltaba una pata trasera. Con semejantes cortes tenía que estar muerta, pero, en vez de eso, se movía con torpeza y les amenazó abriendo la boca. Pablo retrocedió horrorizado, lo que hizo que la rata avanzara hacia él. Entonces, Juan recordó aquella tarde inolvidable que pasó en casa de Raquel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había visto un grabado muy extraño en el que un guerrero atacaba con espada a un ser esquelético con andrajos. Su amiga, al captar el interés con que Juan la miraba, le había explicado que era un caballero luchando contra un muerto viviente, un cadáver reanimado por algo que ella llamó con un vocablo extraño y era una especie de magia. Recordó haberle preguntado que cómo se podía luchar contra un enemigo que ya estaba muerto, y su memoria le dijo qué hacer. Le gritó a Pablo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Atacadla, por mucho asco que os dé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, con mucha rapidez, Juan le asestó una estocada terrible que la dejó tan maltrecha que se quedó inmóvil. Pablo, que había iniciado otro golpe antes de darse cuenta de que su rival había caído, la ensartó y le abrió una herida muy repugnante. Ya se iba a retirar cuando Juan le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hay que seguir, tenemos que despedazarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, a despecho de que la rata era un bulto inmóvil, Juan le destrozó el cuello. Pablo, con cara de asco dejó el trabajo casi listo de una estocada seguida de un tirón que decapitó al animal, si bien fue Juan quien con varios tajos, dejó a la bestia convertida en cuatro o cinco pedazos sanguinolentos que, por muy grotesco que pareciera, continuaban debatiéndose débilmente. Sintió nauseas ante aquella visión, pero mantuvo la compostura. Sin embargo, Pablo no tuvo tanta suerte. Envainó la ropera y se volvió con la mano en la boca, al parecer, buscando un sitio apartado, que no encontró a tiempo. Se arrodilló en cualquier parte, y se puso a vomitar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Pablo pareció recuperarse un poco, Juan quiso confortarle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Estáis mejor?— Y ante su asentimiento mudo, prosiguió—: es repulsivo, pero es la única manera que impedir que puedan hacer daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo peor, amigo Juan, es que, aún descuartizada, se sigue moviendo. ¿Es que no hay forma de matar a esas cosas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si la había era desconocida para Juan, pero no quiso decírselo a su amigo. Pablo fue a recuperar su daga, y cuando regresaba, el sargento de la milicia que les mandaba, se encaró muy irritado con Juan:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué creeis que estáis haciendo? ¡No habéis oído mis órdenes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, ni él ni Pablo habían oído nada, y por la actitud del sargento y la sensación de desorganización que se respiraba en el campamento, Juan supuso que no eran los únicos. Quiso decir algo, pero Pablo se le adelantó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Discúlpenos, señor. Primero nos distrajo el bicho este— y señaló sin mirar a la rata descuartizada— y luego se me revolvió el estómago y distraje a mi amigo. Por eso no le hemos oído.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sargento miró con asco los trozos de roedor que continuaban temblando, y para sorpresa de Juan, acercándose unos a otros, y les dijo, algo más calmado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De acuerdo. Nos ordenan los reverendos señores que acompañan a don Felipe que hagamos una hoguera y quememos, pedazo a pedazo, a estas abominaciones. Encended una hoguera junto a aquella piedra y no os mováis de allí. Enviaré a los demás para que ayuden. ¡Y por el amor de Jutar, no salgais corriendo del círculo del campamento, que ya he perdido a dos hombres esta noche!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan se quedó muy consternado al oír aquello. Quizá conociera a alguno de los milicianos caídos, por lo que comprendía el estado de nervios del sargento. Y aunque obedeció de inmediato las órdenes y ayudó a Pablo a encender la hoguera, se sentía muy desmoralizado, y comenzó a temer que hasta los soldados se desbandaran y no saliera vivo de allí nadie. Recordando lo malo que se había puesto su amigo, cuando llegó el momento de ir a por los trozos de rata, fue Juan quien se empeñó en hacerlo en solitario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La desbandada que Juan se temía, finalmente, no sucedió. Los milicianos y los soldados terminaron reorganizándose y, por lo que se decía, no hubo que lamentar más bajas; sólo alguna que otra indisposición por lo repugnante del último ataque. Juan le encontró poco sentido a que los cralates lanzaran contra ellos a cadáveres animados de ratas que, en realidad, no eran rival ni para un miliciano bisoño. Comprendió las intenciones cuando advirtió la expresión soñolienta y desanimada de Pablo y de varios otros. La idea de aquellos seres, al ser incapaces de atacarles directamente, era no dejarles descansar, desmoralizarles y no darles tregua. Y parecían estar consiguiéndolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez terminada la quema de las ratas muertas, Juan logró convencer a Pablo de que durmiera. Como no hubo más ataques dignos de mención, terminó por quedarse dormido él también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Juan se despertó había amanecido; el bosque estaba iluminado, aunque con una luz tenue, y ya no había antorchas protegiendo su perímetro. Se sentía agotado, pero los mandos no les dieron ni un respiro y todos los milicianos, con expresión soñolienta, tuvieron que afanarse en recoger el campamento y en auxiliar a los soldados. Por los rumores que corrían, y los fragmentos de órdenes que Juan iba oyendo, los exploradores habían identificado dos rutas principales por las que los cralates se habían marchado con el alba, así que dividirían la expedición en dos grupos. La buena noticia era que, al parecer, el cralate que había atormentado a Juan había sido abatido por una de las saetas que le habían disparado, ya que junto al árbol por el que casi se escabulle, comenzaba un rastro de sangre y, según se decía, al seguirlo, se había avistado un bulto inmóvil en un escondrijo natural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando les hicieron formar, Juan comprobó con pesar que, de los milicianos muertos, uno le era conocido. Se llamaba Pedro y le caía bastante bien. Lo más triste es que dejaba una viuda con un hijo que no tendría ni diez meses. Se alegró un poco al saber que Pablo iría en el mismo grupo que él, pero se preocupó algo cuando supo que don Felipe marcharía en la otra columna, junto a dos de los reverendos que acompañaban a la expedición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El trayecto fue bastante incómodo. La tropa estaba cansada, y los mandos tampoco se hallaban en mejor situación. No ayudaba nada el hecho de ser conscientes de estar siguiéndoles la pista a unos seres monstruosos en un bosque tan cerrado que apenas se veía la luz del sol. Pero la situación empeoró. Como durante la marcha de la víspera, se les echaron encima multitud de ratas. Y aunque los soldados las mataban con facilidad, eran tantas que la situación se volvió difícil. Juan y Pablo, de nuevo protegidos por la línea que formaban los soldados, hicieron lo posible por ayudar. Apenas lograron hacer tres o cuatro disparos cada uno, a pesar de que el combate fue bastante largo. Pablo consiguió herir levemente a una rata, pero se le trabó el mecanismo de su ballesta poco después y no tuvo más remedio que dejarla. Juan se cansó de hacer disparos inútiles, desmoralizado porque en la única ocasión en que tuvo una oportunidad perfecta, erró el disparo por un par de pulgadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A diferencia del día anterior, el ataque no cesaba y aunque caían ratas por decenas, la línea defensiva empezó a flaquear. Juan tuvo que hacer acopio de entereza para no caer en la desesperación y en el pánico. Dos soldados, quizá más, habían caído; por mucho que la armadura evitara heridas, las ratas mordían tan fuerte que acababan por lastimar las piernas de algunos soldados, y cuando alguno caía al suelo, se veía cubierto de bestias que mordían por todas partes hasta hallar los puntos débiles que tienen, incluso, los mejores arneses blancos. Aquellas imágenes angustiaban a Juan, que con un simple coselete estaba del todo indefenso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para desesperación de Juan, el ataque continuó y ratas solitarias empezaron a atravesar la línea defensiva. En cuatro ocasiones, Juan y Pablo tuvieron que usar la espada para rechazarlas. Aunque aquellas bestias atravesaban heridas la línea de defensa, y normalmente estaban más pendientes de los soldados que de ellos dos, un par de veces estuvieron cerca de herirles. Y a pesar de que dieron cuenta de todas las ratas que cruzaban la línea de soldados con armadura sin problemas ni recibir ni un rasguño, la tensión estuvo a punto de hacerles flaquear. Tenían que estar muy pendientes porque era fácil que alguna pasara inadvertida entre los matorrales, y aquella angustia continua era peor que la propia lucha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, el ataque cesó, y el oficial al que don Felipe había dejado al cargo de todo dio orden de descansar. A Juan le bastó una mirada para cerciorarse de que la sensación reinante entre los combatientes era de derrota. Habían caído tantas ratas, que sus cadáveres se amontonaban trazando con precisión la línea ovalada que los soldados habían defendido. Pero el precio pagado había sido desproporcionado. Habían muerto ocho soldados y un miliciano, y otros cuatro soldados estaban heridos. Era fácil identificar los muertos porque sus compañeros les despojaban de todas las piezas de armadura que podían. Uno de los heridos no paraba de gritar mientras le atendían varios compañeros y el reverendo, lo que crispaba los nervios de Juan. Pablo no parecía estar mejor. Se había sentado nada más recibir la orden, y gruñendo imprecaciones, se afanaba en desatascar el mecanismo de su ballesta. En un momento dado, mientras Juan estaba sentado junto a él, agachó la cabeza y murmuró con rabia, a despecho de que el soldado herido no pudiera oírle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cállate de una vez, imbécil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hecho de que aquella mitad de la expedición estaba derrotada quedó patente cuando el oficial al mando les lanzó una arenga. Les animó diciéndoles que había que seguir, porque si no, todo el esfuerzo, todos los caídos… todo habría sido en vano, que les quedaba muy poco para sorprender a los cralates solos, sin sus batallones de ratas. Aquella unidad la formaban, en su mayoría, soldados de Nêmehe y, como era de esperar, formaron dispuestos a continuar. Pero bastó un escaso cuarto de hora para comprender que era imposible continuar con seguridad teniendo que cargar con varios heridos. No había milicianos suficientes para ayudar a caminar a los soldados incapacitados para el combate, ya que eran necesarios dos para auxiliar a un solo combatiente con armadura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ello, el oficial optó, finalmente, por dirigir a la tropa a una elevación rocosa, bien defendible y donde los soldados podrían permanecer ocultos. Una vez allí, dividió de nuevo al grupo. Se llevó consigo a once de los soldados que continuaban ilesos y dejó a un soldado al mando del resto. Eso significaba que quedaban parapetados, en condiciones de luchar, seis soldados y seis milicianos, lo que no era muy tranquilizador.&lt;br /&gt;El tiempo pasó con una lentitud desesperante. Reinaba el silencio entre el grupo de soldados. Casi por inercia, Juan y Pablo seguían apostados juntos, aunque este último mostraba constantemente una expresión enfurruñada y respondía a los intentos desganados de Juan de entablar una conversación con monosílabos. La incertidumbre y el riesgo de ver aparecer en cualquier momento una manada de ratas convertían aquella espera en un tormento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, a pesar de todo, cuando Juan notó que Pablo se fijaba, primero, en un par de soldados que hacían gestos y llamaban la atención de quien estaba al mando del grupo, y luego miraba hacia la pequeña cuesta que les defendía y murmuraba un “hijas de puta”, deseó que aquella espera incómoda no se hubiera terminado aún. Instintivamente, se acurrucó detrás de una piedra y se aseguró de que tenía sus armas a mano. Era obvio que les ordenarían disparar, pero Juan mantuvo la disciplina y no empuñó el arco hasta que oyó la orden de elegir a una rata y disparar a la señal. Pablo no había hecho lo propio y ya estaba apostado y apuntando hacia donde venía el enemigo, que por su tamaño y velocidad debía consistir en aquellos cadáveres de ratas animados que les habían atormentado la noche anterior. Incluso, oyó murmurar malhumorado a Pablo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Da la orden ya, majadero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan se sentía igual de nervioso, ya que aquellas bestias seguían avanzando y la orden no llegaba, pero hasta Pablo aguantó las ganas de comenzar el ataque y, sólo cuando el oficial gritó, dispararon. Hubo tiempo de hacerlo dos veces. Pablo tenía la ventaja de estar usando un arma que le permitía apuntar con precisión sin tener que ponerse en pie, y al segundo saetazo abatió a la bestia que había elegido. Juan tuvo más problemas; se quedó a una pulgada en el primer disparo, y sólo hirió levemente a su objetivo. Por fortuna, otro compañero de armas se ocupó de abatirla por él y, como pudieron comprobar, habían caído todas las enemigas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo siguiente les pilló por sorpresa. Juan se había vuelto para coger una nueva flecha, y Pablo, por el sonido del mecanismo de su arma, recargaba su ballesta, cuando oyeron gritar al oficial. Juan vio, horrorizado, que se le retorcía el brazo derecho, como si una fuerza invisible se lo estuviera partiendo, y que lo mismo le pasaba a su pierna izquierda. Cayó derribado profiriendo alaridos y fue por la exclamación ahogada de Pablo, que se le escapó antes de agazaparse tras un matorral muy denso, que Juan miró hacia la ladera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se tiró al suelo sin dudarlo. Había dos cralates en mitad de la cuesta, con los ojos brillándoles con un color rojo intenso, que habían aparecido de repente.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-7514236667687856252?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/7514236667687856252/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=7514236667687856252' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7514236667687856252'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7514236667687856252'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/11/mundo-de-cenizas-capitulo-xxx.html' title='Mundo de Cenizas. Capítulo XXX'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-2265267248471537874</id><published>2011-11-26T21:25:00.005+01:00</published><updated>2011-11-26T22:17:32.184+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Personal'/><title type='text'>Unas cosas que he recibido esta semana</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Esta semana he recibido, en mi buzón abandonado por Correos (me llega la correspondencia cada quince días, más o menos, salvo los paquetes con libros que, milagrosamente, me llegan con puntualidad), dos paquetes que me han gustado tanto que voy a compartirlos hoy y hasta poniendo fotos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El primero el que más ilusión me ha hecho. Al fin tengo la Antología Descubriendo nuevos mundos en mis manos. Ya me he leído la mitad, lo que teniendo en cuenta que esta semana he tenido muchísimo trabajo, es decir que la estoy devorando. Aquí tenéis la foto que atestigua que ya tengo la obra:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5679409635008964082" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 287px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-Bd4hfCqpASE/TtFQ-OSj5fI/AAAAAAAAAJU/116vk_RA0lU/s320/Antologia.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Los cuentos que he leído hasta el momento son muy diversos y están muy bien escritos, con buena técnica narrativa y dominio del lenguaje. Unos son cómicos, otros trágicos y son bastante originales, la verdad. No encontraréis aquí relatos fantásticos calificables de "típicos", o estereotipos comunes. De todos modos, aún me queda la otra mitad, pero la tónica va a ser esa, seguro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Os lo podéis comprar en varios sitios, como &lt;a href="http://tienda.cyberdark.net/antologia-descubriendo-nuevos-mundos-n56184.html"&gt;Cyberdark.net&lt;/a&gt; o bien en &lt;a href="http://www.libreriasuenosdepapel.es/tienda/product.php?id_product=452"&gt;Sueños de papel&lt;/a&gt;. Por cierto, viendo las existencias, en Sueños de papel se han vendido ya unos cuantos. Qué ilusión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La segunda cosa que quiero compartir es que, como suscriptor de Excalibur Fantástica, línea editorial de Grupo AJEC, he recibido de regalo una camiseta que me ha hecho gracia por dos motivos. La camiseta lleva impreso lo siguiente:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5679412737674833746" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 364px; CURSOR: hand; HEIGHT: 292px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-CUnVZy_oxno/TtFTy0nv71I/AAAAAAAAAJg/1Zi6KuNFFrU/s320/Camiseta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Esta camiseta se refiere a las novelas de Enano Rojo, concretamente, a la &lt;a href="http://www.grupoajec.es/libros-ciencia-ficcion-fantasia/internacional-extranjera/enano-rojo-ultimo-humano-enano-rojo-4_78.html"&gt;cuarta novela&lt;/a&gt; de la serie (supongo). Enano Rojo, hace ya muchos años, puede que unos 20, era una serie que se emitía en no sé qué cadena, que va de una nave espacial (Red Dwarf, o Enano Rojo) donde conviven un ser humano, que ha hibernado durante varios millones de años, un ordenador dotado de una inteligencia artificial muy elevada, un holograma tanto sarcástico y un ser medio humano medio gato, que es la evolución de una gata preñada que había en la nave y que provocó que el protagonista quedara hibernado durante tres millones de años. Como véis, es una serie muy llena de humor.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lo siguiente curioso es que en la camiseta reza la frase "Miembro de la tripulación" en tres idiomas: inglés, español y &lt;strong&gt;¡esperanto!&lt;/strong&gt; Y es que en la serie de televisión, aparecía el esperanto muy a menudo. Los rótulos de la nave están escrito en inglés y en esperanto en su mayoría. De ahí que en la camiseta aparezca &lt;strong&gt;"Membro de la sipanaro".&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y lo mejor es que la camiseta me está bien, me la puedo poner. Y es que gracias a la salsa y la bachata estoy perdiendo muchos kilos, por lo que se ve.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-2265267248471537874?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/2265267248471537874/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=2265267248471537874' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/2265267248471537874'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/2265267248471537874'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/11/unas-cosas-que-he-recibido-esta-semana.html' title='Unas cosas que he recibido esta semana'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-Bd4hfCqpASE/TtFQ-OSj5fI/AAAAAAAAAJU/116vk_RA0lU/s72-c/Antologia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-3030212201079993108</id><published>2011-11-20T00:54:00.003+01:00</published><updated>2011-11-20T01:13:30.088+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Libros'/><title type='text'>Una pequeña maravilla: El Quijote interactivo.</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Voy a compartir un vínculo que recibí hace unos días de una persona de nuestro entorno. La biblioteca nacional tiene una edición interactiva de los volúmenes de El Quijote que es una auténtica delicia para los que somos apasionados de esta obra y de la literatura de la época. El vínculo en cuestión es:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://quijote.bne.es/libro.html" target="_blank"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;http://quijote.bne.es/libro.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Podréis ver, entre otras cosas, un escaneado de las ediciones originales de ambas partes de El Quijote, la de 1605 y la de 1615. Además, hay alguna información sobre la época, músicas de esos siglos interpretadas, un mapa con las localizaciones de las diferentes aventuras de don Quijote... &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Fantástico haber escuchado una reconstrucción de músicas como las folías, las gallardas, los canarios, las chaconas... esas músicas que bailaron mis personajes de Mundo de cenizas... No os lo podéis perder.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-3030212201079993108?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/3030212201079993108/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=3030212201079993108' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3030212201079993108'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3030212201079993108'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/11/una-pequena-maravilla-el-quijote.html' title='Una pequeña maravilla: El Quijote interactivo.'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-3808449763221484831</id><published>2011-11-18T11:33:00.004+01:00</published><updated>2011-11-18T12:09:42.136+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Economía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Política.'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Personal'/><title type='text'>La prima de riesgo de España disparada, o como Europa sigue destruyéndose a sí misma</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Seguro que más de dos de los que me leen sabrán que, en los últimos días, la prima de riesgo de la deuda pública española está disparada. Hoy, bien temprano, he oído que ya ha superado los 500 puntos básicos, con respecto a la deuda alemana (la más estable, técnicamente, y que se toma como referencia). Es un nivel tan elevado que, de mantenerse en el tiempo, podría obligar a un rescate. Todo esto lo sabe ya media España, porque no para de aparecer en los telediarios día sí y día también.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Se le echa la culpa a "los mercados", a la especulación. Y, bueno, es cierto que los culpables primarios de esta situación son los especuladores. Pero hay un gobierno europeo que, por interés y por inacción, permite que esto sea así: Alemania. Y es que mucha Unión Europea, mucho decir que vamos a crear los "Estados Unidos de Europa" y, a pesar de la experiencia de dos guerras mundiales que despedazaron a Europa especialmente, seguimos sin aprender nada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La prima de riesgo para la deuda pública de un país es una medida de la confianza que tienen los inversores en la misma. En el caso de la Unión Europea, como Alemania es la economía más fuerte y solvente, se toma como referencia. Como puede leerse en el magnífico &lt;a href="http://www.elblogsalmon.com/conceptos-de-economia/que-es-la-prima-de-riesgo-y-como-se-calcula"&gt;El blog salmón&lt;/a&gt;, si España tiene una prima de riesgo de 500 quiere decir que si el bono a 10 años (que es el que suele tomarse como referencia para estos cálculos) alemán da un interés del 2%, el español da un interés del 7%, ya que la diferencia sería 7%-2%= 5% y ese 5 se multiplica por 100 para dar los 500 puntos básicos. Como los inversores no se fían de que España, con un paro galopante y un déficit fiscal que, ahora mismo, es enorme, sea capaz de pagar, le exigen más interés a la hora de prestarle dinero.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Para España, las consecuencias son muy negativas. Una prima de riesgo elevada implica que cuando el Estado necesite financiarse emitiendo deuda tendrá, primero, que pagar intereses mucho más elevados, intereses &lt;strong&gt;que van a salir de nuestros impuestos&lt;/strong&gt; (cómo no), y segundo, que podrá ser que no consiga todo el dinero que necesita porque, aún dando intereses altísimos, la gente prefiere no invertir por miedo a un impago. Lo triste es que, en lo que respecta a la deuda, España tiene menos, en porcentaje sobre el PIB, que Alemania. Y, aún así, nos atacan los especuladores.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lo más grave de todo es que, al entrar en el euro, cedimos parte de la soberanía económica y, lo que es mucho peor, los países del euro se quedaron sin herramientas efectivas para combatir la especulación. España no puede devaluar su moneda, lo que amortiguaría mucho este acoso de los especuladores. Sólo tienen capacidad para actuar las instituciones europeas. &lt;strong&gt;Y éstas hacen una décima parte de lo que podrían hacer.&lt;/strong&gt; Esta es la esencia del problema.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;¿Y por qué la Unión Europea no hace casi nada para acabar con el problema? Porque hay muchos intereses por ahí. Alemania manda mucho, y a Alemania le interesa que esta situación se prolongue, porque mientras más suben los intereses que Italia, España o Portugal tienen que ofrecer para financiarse, más bajan los intereses que paga Alemania. El gobierno alemán se ahorra miles y miles de millones a costa de que España y los demás paguemos más y más millones. Por eso no se toman medidas más contundentes. Sólo se empezarían a tomar si los especuladores empiezan a atacar a Alemania y a hacerle mella, lo que es muy complicado, dado que el tamaño de su economía es enorme. Complicado, pero no imposible. Porque Francia, que sólo tiene por encima a Alemania está empezando a padecer aumentos de su prima de riesgo. Podría pasar que cuando Alemania decida actuar en serio ya sea demasiado tarde.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Una cosa curiosa de esta crisis es que he aprendido la influencia tremenda que tienen agencias internacionales de valoración (Moody's, Fitch, Standard &amp;amp; Poor's...). Ahora quiere la Unión Europea limitar su influencia. Ahora, cuando le están dando fuerte a Francia. Y algo huele mal en esas agencias. Porque lo de Standard &amp;amp; Poor's, que rebajó la nota a Francia por error... eso no se lo traga nadie. Ni que S&amp;amp;P tuviera un trabajador que se ocupa de teclear todas las tardes los valores de las calificaciones y que, un día, al teclear la de Francia, en vez de poner tres A, puso dos por accidente... &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A ver cómo evoluciona todo... La solución sería que el Banco Central Europeo comprara masivamente deuda de España e Italia pero, claro, eso no le interesa a Alemania... La misma historia de siempre: políticos que cometen errores graves, para que el pueblo los pague bien pagados.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-3808449763221484831?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/3808449763221484831/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=3808449763221484831' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3808449763221484831'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3808449763221484831'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/11/la-prima-de-riesgo-de-espana-disparada.html' title='La prima de riesgo de España disparada, o como Europa sigue destruyéndose a sí misma'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-2790454870870186851</id><published>2011-11-04T20:12:00.000+01:00</published><updated>2011-11-04T20:13:27.497+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>Leído: Tropas del Espacio de Robert Heinlein</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Llevo cierto retraso en las reseñas de las cosas que leo, porque desde que me leí el libro del que hablo hoy, ya he terminado otros dos. Pero es lo de siempre: el trabajo, las reuniones laborales y todo eso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lo primero que hay que destacar de esta obra es que es uno de los viejos clásicos de la ciencia-ficción. Es un libro con bastantes años aunque, debo reconocer, el tiempo no le ha sentado mal y resulta ser bastante creíble. Se nota bastante que el autor sirvió algún tiempo en el ejército y es, precisamente, la buena recreación del ambiente castrense la que la hace creíble. En comparación con otras novelas de ciencia-ficción escritas hace medio siglo o más, pocos detalles técnicos, por no decir ninguno, me resultan anticuados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Es un libro que a mí me ha gustado. Contiene una serie de reflexiones interesantes, que puedes compartir o no (en mi caso, no del todo), pero que te hacen pensar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Si habéis visto las películas de "Starship troopers" y luego leeis este libro, llegaréis a la conclusión de que las películas se inspiran en el libro, pero no tienen casi nada que ver. Sólo coinciden los nombres de los personajes y unos cuantos pasajes del libro. Todo lo demás es diferente. De hecho, incluso, las películas (al menos la primera, que fui la que vi) hacen una crítica a la influencia de los medios de comunicación y a su uso para manipular, mientras que el libro se plantea qué puede pasar si el Estado se declara incapaz de controlar la delincuencia. Y es este planteamiento, pienso, el que lo convierte en una obra criticada por ser "fascista". De hecho, Tropas del Espacio fue polémica en su momento. A mí me parece un poco inverosímil que alguien que sirvió dos veces en la Armada de los EE. UU. (cinco años, desde el 1929 hasta el 1934 y luego, como ingeniero civil, durante la II Guerra Mundial, porque se quiso alistar él pero no se lo permitieron) y que, por tanto, luchó contra los nazis, escribiera, once años después del fin de la II Guerra Mundial, una apología del fascismo. Más bien, lo que veo en este libro es una advertencia a los que creemos en la democracia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Hablaré de eso más tarde. Sólo destacar algunos cambios interesantes entre el libro y la primera película. En el libro, el protagonista no se liga a nadie (no hay escenas de cama, para entendernos), las mujeres combaten pero como pilotos; son las que pilotan las naves interestelares y los vehículos de "desembarco", y el ambiente castrense impregna mucho más la narración que la película (aunque parezca mentira). La infantería móvil es mucho más poderosa que en la película; los "bichos" ganan cuando tienen una superioridad numérica aplastante, mientras que en la película se tienen que reunir cuatro para liquidar a un solo soldado de los "bichos". Luego hay cosas que son más parecidas, como el desarrollo de la guerra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Para acabar, se explica a lo largo de la obra el por qué se ha llegado a una sociedad militarista. Se trata de un futuro distópico, donde nuestras democracias acaban desmoronadas por la delincuencia descontrolada tras una guerra mundial. La democracia falla a la hora de mantener el orden, o digamos, la responsabilidad de los ciudadanos, y el sistema se hunde. El germen del estado militarista de Tropas del Espacio son los restos del ejército que, desaparecido el poder central, comienza a ganar prestigio defendiendo a grupos de civiles de los saqueadores.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Es la primera vez que leo en ciencia-ficción a la delincuencia como una de las causas fundamentales de la caída de una sociedad. La crítica a nuestros sistemas judiciales, en el sentido de que no son eficientes a la hora de frenar la delincuencia, o son fuente de injusticias, es algo presente en muchas obras de ciencia-ficción e, incluso, de fantasía. En sus últimos libros de la saga de la Fundación, Isaac Asimov contaba como, cuando querían acabar con el protagonista, le enviaban matones para que lo molieran a palos o lo mataran. Cuando rechazaba la agresión, los matones le denunciaban y tenía que ir a juicio por agresión. Le atacaban y le juzgaban por defenderse. Asimov lo enmarcaba en una de las muestras de la decadencia del Imperio Galáctico, pero la crítica a nuestro sistema judicial queda bastante clara. En Mundodisco, los ladrones son profesionales regulados y cada ciudadano debe sufrir una serie de robos al año, por ley. De ahí que cuando un ladrón te atraca, te deja su tarjeta para que, si le ha gustado cómo te ha robado, le llames y cubras con él tu cupo anual de atracos. Por supuesto, esta legalización obedece a la desidia de las instituciones de Ank-Morpork, que dificultan la labor de la policía para no ofender a las cofradías de ladrones (porque los que están en lo alto de la jerarquía de las cofradías de delincuentes están, socialmente, muy bien considerados) y tiene un sistema judicial donde el delincuente recibe condenas muy suaves o, directamente, no recibe condena alguna. Terry Pratchett cuenta todo esto de tal forma que te partes de risa leyéndolo, pero la crítica, nada velada, hacia nuestro sistema y nuestros gobernantes te queda clarísima.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En el cine o en muchas obras de literatura "convencional", he visto tratar el tema de la delincuencia, preferentemente, desde el punto de vista de los que infringen la ley, buscando humanizarles y todo eso. Es algo que me parece estupendo. Pero son más escasas las obras en que este tema se trata desde el punto de vista de las víctimas. Cuando se habla del fin de las democracias, casi siempre el motivo es un golpe de estado, el ascenso de un partido fascista, que las multinacionales doblegan a los Estados... Y, sin embargo, lo que más daño hace a la democracia es la injusticia cotidiana. Como otra mucha gente, siento que denunciar un delito que hayas sufrido es una pérdida de tiempo. En un sistema democrático, que esta sensación se generalice es algo más peligroso que un golpe de estado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En mi trabajo, si yo emito una factura y el cliente dice que no me paga porque no le da la gana, yo tendré que pagar el IVA repercutido en nombre del cliente (o sea, pagarle sus impuestos de mi bolsillo) y tributar por un dinero que no he cobrado. Denunciar al deudor me costará tiempo y dinero y será cuestión de suerte, porque alega que es insolvente y listos. El Estado no sólo se muestra incapaz de garantizar una transacción comercial sino, que, además, me exige a mí, a la parte que ha sufrido la estafa y el impago, que le pague de inmediato los impuestos. ¿Para qué sirve, entonces, el Estado? Si tenemos una institución hambrienta de dinero, que te quiere cobrar por todo y que no garantiza la seguridad ni las leyes que ella misma emite, es cuestión de tiempo que el pueblo se empiece a plantear si merece la pena mantener el sistema. Cualquier partido dictatorial populista (de izquierdas o de derechas, me da igual) capaz de aglutinar este sentimiento puede herir de muerte a un sistema democrático que tiene preocupaciones más importantes que ser garante de la ley. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;De esto nos advierte, en mi opinión, Tropas del Espacio. Es verdad que no comparto algunos de los argumentos expresados en el libro, pero dudo bastante que se pueda calificar de fascista a esta obra. Pienso que nos habla de que o se garantiza la ley o acabará gobernándonos quien tiene las armas en la mano.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En todo caso, es un libro interesante, breve y fácil de leer. Y con un tratamiento muy correcto de la ciencia, que siempre se agradece.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-2790454870870186851?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/2790454870870186851/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=2790454870870186851' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/2790454870870186851'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/2790454870870186851'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/11/leido-tropas-del-espacio-de-robert.html' title='Leído: Tropas del Espacio de Robert Heinlein'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-8859222099592679552</id><published>2011-10-22T14:11:00.003+02:00</published><updated>2011-10-22T14:52:29.973+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Concursos Literarios'/><title type='text'>Antología Descubriendo Nuevos Mundos</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Hago un inciso en los temas que estoy tratando ahora mismo para hacerle un poco de publicidad a la antología donde me van a publicar un relato: Descubriendo Nuevos Mundos. Aquí está &lt;a href="http://www.espadaybrujeria.com/index.php?option=com_content&amp;amp;view=article&amp;amp;id=1146:antologia-descubriendo-nuevos-mundos&amp;amp;catid=39:literatura&amp;amp;Itemid=59"&gt;la referencia a la noticia&lt;/a&gt;. Esta de abajo es la preciosa portada del libro:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5666298300511721938" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 274px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-DM2dhOSIm8Q/TqK8SHFmmdI/AAAAAAAAAI8/G-GA22KDPL0/s400/PortadaDNM.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Ya se pueden leer los títulos de los diversos relatos. El mío se llama: Los demonios no lloran. Tengo unas ganas de ver un ejemplar en mis manos... Y de leer el resto de cuentos, y de ver las ilustraciones ganadoras. Ya iré contando.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-8859222099592679552?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/8859222099592679552/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=8859222099592679552' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/8859222099592679552'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/8859222099592679552'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/10/antologia-descubriendo-nuevos-mundos.html' title='Antología Descubriendo Nuevos Mundos'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-DM2dhOSIm8Q/TqK8SHFmmdI/AAAAAAAAAI8/G-GA22KDPL0/s72-c/PortadaDNM.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-7457336104956938452</id><published>2011-10-16T18:30:00.001+02:00</published><updated>2011-10-16T18:34:09.365+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XXIX</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan respondió a la frase de su amiga asintiendo en silencio y devolviéndole una de las sonrisas de ella. Achacó su despreocupación a su escasa formación militar, que no la hacía consciente de los peligros que tenía cualquier combate. En verdad, aquella tropa no era fácil de batir por parte de manadas de fieras, pero ello no les libraba de una derrota motivada por la mala suerte. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Raquel se inclinó sobre él, hasta casi tocarle, y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ese de ahí es Pablo, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su amiga dijo, riéndose:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuando se despierte le voy a gastar la misma broma que a ti… o una más pesada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan se limitó a sonreír y Raquel quedó sentada junto a él. Pasaron un rato hablando de cómo había sido la marcha hasta allí, de cómo habían vivido la batalla. Raquel confesaba estar un tanto cansada de tanto caminar y haber pasado bastante calor por culpa del casco. Hablaba muy bien de don Felipe, que se había encargado personalmente de ella y la había tratado todo el rato con gran delicadeza. Juan no hizo mucho más aparte de asentir o reforzar alguna cosa que ella dijera y con la que estaba de acuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Callaron unos instantes, hasta que Raquel se puso en pie y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Levántate y ven conmigo; voy a enseñarte algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan lo hizo dócilmente y dejó que le cogiera de la mano y tirase de él. Se preocupó cuando vio que su amiga se dirigía directamente hacia un árbol a cuyo lado se iniciaba un lienzo de la muralla de fogatas que defendían el campamento. Sintió que algo, quizá instintivo, tiraba de él en sentido opuesto, así que la detuvo con dulzura y objetó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Raquel… no debemos acercarnos al borde. Es peligroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo que no debemos hacer es cruzarlo. Pero acercarnos no es peligroso. Además, lo que quiero enseñarte es lo que hacemos para proteger el campamento. ¡Es algo fabuloso! Vamos, ven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiso obedecerla, pero al tercer paso notó que algo invisible ofrecía una resistencia enorme a su avance. Sentía brazos y piernas muy pesados, tanto que dar un paso representaba un esfuerzo titánico. Luchó con todas sus fuerzas, pero Raquel, que seguía dándole tirones de las manos, acabó por darse cuenta de que tenía un problema:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vamos, Juan, ¿qué te pasa?... ¿por qué no avanzas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consiguió dar un paso, pero tenía las piernas tan entumecidas que no tuvo más remedio que decirle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No… no puedo. Es como si las piernas y los brazos me pesaran mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el rostro contraído por la preocupación, su amiga le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ay, no!, ¡no! Están intentando controlar tu mente—. Tiró con fuerza de él y consiguió que arrancase de nuevo, y añadió —: vente, vamos a un sitio apartado, conseguiré liberarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Librando ambos una auténtica lucha contra lo que fuere que quería impedirle avanzar, consiguieron llegar hasta el árbol al que su amiga quiso llevarle desde el principio. Y cuando Raquel siguió tirando de él para hacerle atravesar la línea de fogatas, Juan sintió que no podía permitirlo. Agarró a su amiga del antebrazo e impidió que siguieran avanzando. Y le dijo con esfuerzo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Raquel… tú dijiste que nunca atravesara el círculo de protección… no puedo seguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella insistió con nerviosismo, pero Juan, bloqueado, no se movió ni una pulgada. Entonces, Raquel se soltó, con gesto amargo y empezó a sollozar. Desbordado, incapaz de comprender qué estaba sucediendo, le suplicó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No llores…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y su amiga repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ay, Juan! Es que soy una mujer muy mala… Te he traicionado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tuvo tiempo de preguntarse qué había querido decir Raquel con aquello. Algo grande, algo con brazos largos y garras, la agarró del cuerpo y tiró bruscamente de ella hacia atrás, haciendo que desapareciera en la oscuridad. Sólo quedaron de ella sus gritos desesperados:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Juan! ¡por favor! ¡Ayúdame!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello le enloqueció. Gritó su nombre con todas sus fuerzas y quiso correr tras ella, pero una sombra un pie más alto que él se coló por el hueco entre una antorcha y el árbol. Y apareció una cabeza de rata enorme que enseñó los colmillos a un par de pulgadas de su rostro. Unas garras se clavaron en su brazo izquierdo y otro brazo muy fuerte le hizo retroceder. Lanzó un puñetazo al monstruo con muy poca fuerza, tan poca que no hizo más que rozar levemente la mejilla del cralate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, el monstruo le derribó y se situó sobre él, aplastándole con su peso. Sin dejar de gritar, trataba inútilmente de sujetar las mandíbulas de la bestia para evitar que le mordiera. Vio cómo los ojos del ser empezaban a brillar en tono rojo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, de pronto, le invadió una sensación de paz y de felicidad. Una luz blanca muy intensa empezó a iluminarlo todo desde su derecha. Tan cegadora era que tuvo que cerrar los ojos. Fue entonces cuando se dejó dominar por aquella sensación benéfica y se relajó completamente. Era tan feliz que todos sus problemas, todos sus males, todo lo que le hacía sufrir quedó olvidado, y sólo albergaba una paz dulce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió los ojos y la luz a su alrededor había cambiado. La iluminación era diferente, volvía a ser la luz normal que despedían las antorchas, la que había iluminado el campamento cuando se había acostado. Ahora se daba cuenta de que el ambiente que había experimentado mientras Raquel se lo llevaba era ligeramente distinto, que la luz de las antorchas había tenido, antes, un tono más luminoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su derecha, uno de los individuos, ataviado con casco y almófar, le sujetaba un brazo, arrodillado junto a él. Tenía a un miliciano sentado sobre sus piernas y a otra persona con las manos sobre los hombros. A su izquierda estaba Pablo, que le miraba preocupado y le decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Reaccione, Juan, cálmese, estese quieto…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan miró a su alrededor, del todo confundido. No había rastros del cralate por ningún sitio. ¿Había estado soñando? Entonces, se acordó de Raquel. Quiso debatirse, aunque lo tuvo complicado y dijo con angustia, dirigiéndose a Pablo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Raquel! ¡Se la han llevado esos monstruos! ¡Tenemos que rescatarla!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Amigo Juan, Raquel no está aquí. A estas horas estará durmiendo en Gaiphosume.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró fijamente a Pablo a los ojos, buscando algún atisbo de mentira. Dentro de su confusión, reconoció que no era lógico que Raquel formara parte de la expedición, pero no podía olvidar que, hasta hacía unos instantes, había hablado con ella. Cerró los ojos un momento, y cuando los abrió de nuevo, los colores eran más vivos e intensos. Y oyó claramente gritar a Raquel, a lo lejos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Juan! ¡Ayúdame!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y su amiga desgarró el aire con un grito de dolor terrible. Luchó con todas sus fuerzas contra sus cuatro captores. La voz de Pablo, que se empeñaba en tranquilizarle, y le repetía con preocupación que Raquel no estaba allí, parecía llegarle desde muy lejos. Mientras se debatía, observó que le rodeaba un grupo creciente de soldados a los que les veía expresiones malignas, siniestras. Entonces, una voz repleta de autoridad dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Reverendo, avise a sus compañeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tras una pausa gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Necesito arqueros o ballesteros. Acercaos los que seáis diestros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo acudió a la llamada, y le sustituyó un soldado de muy mala catadura, que le miraba con odio. Juan apeló al hecho de que Pablo conociera a Raquel y le suplicó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Pablo, ayúdela!… ¿No la oye gritar? ¡Es nuestra amiga!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el aludido no le hizo el menor caso. Entre sus captores, observó cómo los tres individuos de aspecto extraño, Pablo, y algún otro, formaban una fila. Y le horrorizó oír a la voz autoritaria ordenar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Procuren que las saetas pasen entre el tronco del árbol y la primera fogata. A mi orden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan gritó con desesperación que no lo hicieran, que iban a herir a Raquel, pero volvieron a desoír sus palabras. Mientras se debatía con furia oyó, como en un sueño, la voz de don Felipe dar la orden, sobreponiéndose a los gritos de dolor de Raquel. Se le saltaron las lágrimas cuando percibió el sonido de las ballestas al liberar las cuerdas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, se escuchó claramente el grito de dolor de alguna clase de animal, que se alejó chillando y haciendo sonar los matorrales mientras huía. Y Juan se quedó quieto de pronto. Su visión volvía a ser normal y, por primera vez desde que había empezado a hablar con Raquel, se dio cuenta de que algo no encajaba en todo aquello. Aún le quedaban restos de la idea de que su amiga estaba en manos de los cralates, pero en su consciencia cobraba fuerza la idea de que había estado viendo visiones. Se quedó inmóvil y dijo a los que le sujetaban:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Suéltenme, por favor, creo que estoy mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con lentitud, el soldado que le sujetaba en sustitución de Pablo, y que ya no parecía tener mal aspecto, le soltó, y al ver que ya no intentaba escaparse, hicieron lo propio el resto. Una vez que el hombre que tenía sentado sobre sus muslos se levantó, Juan se incorporó para quedarse sentado. En esto, los tres individuos de aspecto extraño, Pablo, y para su sorpresa, don Felipe, le rodearon. Fue el oficial quién le preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo os llamáis?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Juan, señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Explicadme, Juan, qué ha sucedido. ¿Por qué habéis intentado abandonar el campamento a pesar de las órdenes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabía por donde empezar. Se sentía aún algo confuso. Tras unos momentos de silencio, espoleado por la necesidad de responderle a un oficial, repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No estoy del todo seguro, señor. Creí… pensé que a una amiga mía la habían atrapado y… y quise ir a salvarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Muy noble de vuestra parte, pero no hay ninguna mujer en esta expedición. ¿No os pareció absurdo que estuviera aquí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, empezaba a parecerle un tanto absurdo, pero había sido todo tan real… En parte para justificarse, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Señor… yo… pensé que uno de estos tres ballesteros, los que visten almófar, era ella disfrazada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los tres aludidos se rieron inaudiblemente un momento. Uno de ellos, que no llevaba casco en aquel momento, dijo en tono jovial:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Creíais que uno de nosotros era una mujer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Felipe intervino en tono serio:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Reverendos señores, no le culpen. Ya sabemos qué ha sucedido. ¿Tendrían la bondad de descubrirse?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin una palabra, los aludidos se quitaron casco y almófar y Juan compró que todos eran varones. Con aquella demostración tan simple, se convenció de que había sufrido una especie de pesadilla, o una alucinación. Se quedó en el suelo, confuso, consternado, y oyó a don Felipe despedir a los soldados y a dos de los tres hombres a los que daba el tratamiento de clérigos. Sólo quedaron don Felipe, uno de los ballesteros y Pablo. Y el oficial dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No temáis, no voy a castigaros porque no habéis tenido la culpa. Habéis sufrido una alucinación causada por un cralate. Tenéis que agradecerle a este, vuestro amigo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y dirigiéndose a él, le preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuál es vuestro nombre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pablo, señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí. Tenéis que agradecerle a Pablo que estuviera atento. Le debéis la vida. Trató de deteneros con todas sus fuerzas, y cuando le fue evidente que no os podía controlar y que os pasaba algo, despertó a gritos a medio campamento. Siguió sujetándoos aunque casi le acertasteis con un buen puñetazo—. Calló un instante y dijo, extrañado—: Lo que no comprendo es cómo ha podido afectaros tanto la influencia de uno de esos bichos… Reverendo, ¿sería tan amable…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No llegó a terminar la frase, sino que miró directamente al aludido, que asintió y, dirigiéndose a Juan, le pidió:&lt;br /&gt;—Os ruego, amigo, que os pongáis en pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan obedeció de inmediato y se quedó firme y quieto mientras aquel hombre, un poco más bajo que él, le miraba atentamente a los ojos un rato. Sorpresivamente, le preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuando miráis una Torre o un Faro, Juan, ¿cómo lo veis? Describídmelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordó lo que le había contado Raquel, hacía ya unos cuantos días, cuando la escoltó aquel día funesto. Por ello supo que aquel religioso parecía estar intentando averiguar si era un brujo. No pudo impedir que le acelerara el pulso, porque los más probable era que quisiera comprobar si había caído bajo el influjo del cralate porque fuera un mago maligno. Tragó saliva y repuso la verdad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Son edificios grises y apagados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asintió y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Sois capaz de percibir cosas que los demás no pueden? ¿Tenéis sensaciones extrañas, de felicidad, de tristeza o de otra clase, sin motivo, cuando visitáis ciertos lugares?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La verdad, su reverencia, es que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Tenéis premoniciones? ¿Corazonadas demasiado certeras? ¿Tenéis sueños extraños, algunos de los cuales se cumplen?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al oír aquella pregunta, tuvo que hacer acopio de toda su autodisciplina para mentir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No… su reverencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su interrogador sonrió con cierto aire de satisfacción y repuso, escueto:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y dirigiéndose a don Felipe, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pienso, señor, que lo que le sucede a Juan es que posee una mente muy influenciable y muy receptiva a los poderes mentales, pero nada más—. Y poniéndole a Juan una mano amigable en el hombro, concluyó—: no tenéis que avergonzaros de ello, amigo Juan. No es algo de lo que seáis responsable. Os sugiero que descanséis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tras aquello, se marcharon ambos, dejando a solas a Juan y a Pablo. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-7457336104956938452?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/7457336104956938452/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=7457336104956938452' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7457336104956938452'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7457336104956938452'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/10/mundo-de-cenizas-capitulo-xxix.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XXIX'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-8992603321305628114</id><published>2011-10-11T18:45:00.004+02:00</published><updated>2011-10-11T18:56:19.904+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Física'/><title type='text'>Primera refutación de la existencia de neutrinos más rápidos que la luz</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Hace un par de semanas hablé, en la bitácora, de los resultados del experimento OPERA, que daban lugar, al parecer, a neutrinos capaces de viajar a una velocidad mayor que la de la luz. También hablé del escepticismo de la comunidad científica ante tales resultados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Pues bien, ya ha salido una refutación de los resultados, de la mano de dos físicos teóricos: Andrew G. Cohen y Sheldon L. Glashow. Este último, Glashow, es nada menos que uno de los padres de la teoría electrodébil, que desarrolló junto a Steven Weinberg y a Abdus Salam, y que les valió el Premio Nobel de Física de 1979. O sea, uno de los mejores físicos contemporáneos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo bueno de este experimento es que está demostrando cómo es la ciencia cuando actúa como debe. Unos investigadores afirman haber hallado neutrinos que superan la velocidad de la luz, y otros refutan el hecho dando argumentos físicos que deberían obligar, al menos, a revisar la interpretación. Se establece así un debate de ideas que dará lugar a una interpretación coherente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Existe una pequeña joya en Internet, la web &lt;a href="http://arxiv.org/"&gt;arxiv.org&lt;/a&gt;. En esta web, los investigadores suben sus trabajos antes de que sean sometidos a la revisión entre iguales que permitirán que sean publicados en revistas científicas especializadas. El argumento de refutación de Cohen y Glashow está descrito (en inglés) en: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://arxiv.org/PS_cache/arxiv/pdf/1109/1109.6562v1.pdf"&gt;Artículo &lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://arxiv.org/PS_cache/arxiv/pdf/1109/1109.6562v1.pdf"&gt;de Cohen y Glashow&lt;/a&gt; y es del 29 de septiembre. Estamos hablado de ciencia recién horneada. El argumento tiene la maravilla de ser relativamente sencillo, y voy a explicarlo lo mejor que pueda en esta entrada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Resumo el razonamiento. En el experimento OPERA se han medido neutrinos de alta energía y de baja energía. Un neutrino que se propaga a una velocidad superior a la de la luz perderá grandes cantidades de energía porque, a tales velocidades, procesos de física de partículas que no son posibles, pasan a serlo. En nuestro caso, se producirá un frenado a costa de la creación de pares electrón-positrón. Calculando la tasa de pérdida de energía que tendría lugar en un trayecto de 730 Km para partículas superlumínicas, y tomando las velocidades iniciales que se desprenden de los resultados del experimento, se llega a la conclusión de que la probabilidad de que se mida una partícula superlumínica en destino con una energía mayor a unos 12,5 GeV es nula (GeV=Gigaelectronvoltio, es una unidad de energía usada en física de partículas). Pues bien, el experimento OPERA registra neutrinos con energías mayores de 12,5 GeV, de donde se deduce que los neutrinos, realmente, no viajaban más rápido que la luz, ya que el chorro de neutrinos lanzado debe contener partículas que van a velocidades muy parecidas o iguales. Así de simple.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, desde hace ya bastantes años, la velocidad de los neutrinos que se mide por medio de otros experimentos resulta ser superior a la de la luz. Cohen y Glashow en su artículo trabajan con el parámetro delta, que vale v^2-1, donde v es la velocidad medida de los neutrinos (que se eleva al cuadrado, eso es ^2) suponiendo que la velocidad de la luz vale 1 (es un cambio de escala típico de la física de altas energías y la relatividad; toda velocidad queda expresada en nuevas unidades de manera que su valor está entre 0 y 1). Mientras mayor sea el parámetro delta, más superlumínica será la velocidad del neutrino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los valores del parámetro delta de OPERA son similares a otros que aportaron estudios anteriores (del 2007) por medio del experimento MINOS para neutrinos de menor energía (unos 3 GeV). Los neutrinos son una partículas esquivas, muy difíciles de medir y muchos de estos experimentos van orientados a medir sus masas. Hay quienes piensan que los neutrinos no tienen masa, otros que dicen que sí la tienen, pero muy pequeña. La experimentación sólo te da cotas superiores a su masa; esto es, te dice, la masa del neutrino es inferior a tal valor. Otros valores para delta, obtenidos para neutrinos de menos energía provenientes de la supernova SN1987a, son mucho menores de los que afirman haber medido los responsables de OPERA. La primera deducción de Cohen y Glashow es que el valor inusualmente alto de delta (ellos lo llaman "la anomalía") depende de la energía, y es mayor mientras mayor energía tienen los neutrinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La refutación de Cohen y Glashow funciona por reducción al absurdo. Por ello, supongamos que hay neutrinos muónicos, con energías del orden de decenas de GeV que viajan a velocidades mayores que las de la luz. Cuando se produce propagación de partículas superlumínicas, ciertos procesos que, en otros casos, estarían prohibidos, se pueden producir, incluso en el vacío. Los autores señalan tres procesos diferentes, aunque se quedan sólo con uno de ellos, el "bremsstrahllung" (frenado) por creación de un par electrón-positrón. De los otros dos, uno no afecta y el otro es de efectos mucho menores al que, finalmente, se considera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El proceso elegido tiene que ver con la interacción electrodébil, bien conocida por los autores. A partir de ahí, se relaciona la energía mínima necesaria para que se produzca el fenómeno con el parámetro delta que proporcionan los experimentadores de OPERA. Usando la teoría cuántica de campos calculan dos parámetros: Gamma, la tasa de emisión de pares electrón-positrón para neutrinos de alta energía que se muevan por encima de la velocidad de la luz, y la tasa a la que el neutrino considerado pierde energía (con la simplificación del límite de altas energías, válido en este caso). Conociendo la tasa a la que el neutrino pierde energía, se calcula que tras recorrer los 730 Km del experimento OPERA, la energía con la que llegan esos electrones con velocidades mayores que la de la luz al detector será, como mucho, de 12,5 GeV. Ahora bien, lo importante del argumento es que gracias a la expresión de Gamma, sabemos que cualquier neutrino que viaje a velocidades superlumínicas, con cualquier energía inicial mucho mayor a esos 12,5 GeV, tiene una probabilidad casi nula de llegar al detector en Gran Sasso sin haber perdido casi toda su energía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como se han medido cantidades apreciables de neutrinos con energías superiores a los 12,5 GeV, no es posible concluir que la velocidad de los neutrinos es mayor a la de la luz, ya que de serlo, perderían su energía merced a procesos que sólo ocurren si la partícula va más rápido que la luz. Que lleguen con más energía de la cuenta implica que no se movían más rápido que la luz, por lo que no pierden energía mediante el proceso de creación de pares electrón-positrón considerado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bien. Tampoco esto se puede considerar una refutación definitiva. Puede que algún otro teórico pueda aportar argumentos que refuten esta demostración de Cohen y Glashow. Pero no lo veo muy probable, porque esta refutación tiene una pinta muy sólida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay que conocer muy bien la teoría cuántica de campos para ver los datos de un experimento de estas características y decirse a uno mismo: "¡Pero si llegan electrones de altísima energía al detector! Si viajan más rápido que la luz eso no puede ser. Voy a hacer cálculos a ver si tengo razón". Por eso, la precariedad investigadora cada vez más frecuente que sufren los investigadores jóvenes va a hacer un daño enorme a la ciencia. La ciencia no es una actividad en la que una persona pueda hacer cosas grandes si pasa 3 años en un laboratorio de Italia, trabajando en un campo, otros 4 en uno de Holanda trabajando en otro parecido, 2 más en EE.UU. trabajando en otra cosa... Y siempre sabiendo que si no consigue la siguiente beca se queda en la calle, cosa que pasa más veces de las aconsejables. Eso puede estar bien para la empresa privada (perdón, para los empresarios privados), pero la ciencia funciona de otra manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero eso para otra entrada.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-8992603321305628114?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/8992603321305628114/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=8992603321305628114' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/8992603321305628114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/8992603321305628114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/10/primera-refutacion-de-la-existencia-de.html' title='Primera refutación de la existencia de neutrinos más rápidos que la luz'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-3252029151486496751</id><published>2011-10-02T01:24:00.001+02:00</published><updated>2011-10-02T01:27:58.123+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XXVIII</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Cuando partieron hacía una tarde espléndida, soleada pero fresca. Según le aseguró Pablo, eran exactamente sesenta soldados, vestidos con armaduras de placas completas, la mayoría, y unos quince milicianos, contándose él mismo. Aparte estaban don Felipe y tres individuos con armas defensivas más ligeras, capas de color marrón oscuro, en vez de las sobrevestes con el escudo real de Nêmehe, y cascos con almófares de malla, en vez de los yelmos de los soldados. No tenían pinta de soldados ni de milicianos. Su compañero estuvo un rato discurriendo quienes podrían ser aquellos tres, y concluyó afirmando que serían médicos o enfermeros armados apresuradamente con material sobrante.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Recorrieron en poco tiempo la distancia que separaba Gaiphosume de Metmehapet, en columna de a dos. Cuando se cruzaban con algún caminante o algún grupo de ellos, se les quedaban mirando, y a Juan no le extrañaba. Era poco frecuente ver por caminos secundarios a una columna de infantería pesada, marchando en perfecta formación. Al atravesar el puente de Metmehapet y circundar las murallas de la pequeña ciudad, el número de curiosos se volvió más nutrido, y ganó gran cantidad de mujeres, que miraban divertidas la marcha de la columna. En realidad, a Juan le parecía un despliegue ofensivo impresionante, teniendo en cuenta que entre la guarnición del castillo de Gaiphosume y las tropas que servían en la ciudad, no sumarían más de doscientos soldados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella parte tan sencilla de la marcha terminó cuando se vieron rodeados del inicio del bosque denso que era su objetivo. Hicieron un alto al verse la columna rodeada de árboles dispersos. Después de un descanso breve, don Felipe reorganizó la formación, de forma que los milicianos y los tres individuos que seguían llamando la atención de Pablo quedaron protegidos por los soldados acorazados en el interior de una nueva disposición en columna de a seis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aspecto siniestro que adquirió el bosque a medida que se estrechaba el espacio entre árboles y se hacía más escarpado el terreno, sobrecogió a Juan. La tarde luminosa quedó atrás para dejar paso a un ambiente sombrío. Lo más inquietante eran los arbustos, que le llegaban más o menos hasta la cintura y que dificultaban tanto la visibilidad, como el mantenimiento del orden de la marcha. Una compañía de milicianos no habría podido mantener la formación, pero aquello se trataba de una columna de soldados, al parecer, escogidos, y la cohesión de la unidad no se perdió en ningún momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue aquel ambiente sombrío, y la sensación de sentirse fuera de lugar entre tropas con un armamento y una instrucción muy superiores a las suyas, lo que le provocó auténtica angustia cuando les atacaron. Supo que algo se les venía encima cuando oyó gritar órdenes y observó que los matorrales se movían en varios puntos. Sus órdenes eran disparar a los atacantes que pudieran, aprovechando el relieve para no poner en peligro a sus compañeros, antes de que llegaran al cuerpo a cuerpo con los soldados. Juan reaccionó tarde y con torpeza, y se pasó más tiempo tratando de sobreponerse a la confusión reinante entre los milicianos que oteando y apuntando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sufrieron el ataque de dos oleadas de ratas y Juan sólo disparó tres veces, casi a ciegas. Pablo parecía moverse mejor en aquellas circunstancias, y aunque apenas usó la ballesta, porque era muy complicado tener una oportunidad de disparar con seguridad, estuvo a punto de atravesar a una rata y casi alcanza a otra que había quedado derribada tras las líneas de los soldados, y que acabó rematando uno de éstos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, su nerviosismo inicial despareció cuando le fue evidente que las ratas no eran rivales para la infantería pesada. Los soldados llevaron a cabo una matanza, gracias a que sus enemigas no podían morder con la fuerza suficiente como para atravesar las placas metálicas, y, en cambio, las espadas de sus oponentes las destrozaban sin dificultades. Una de las imágenes que más impresionó a Juan fue la de una rata que, aprovechando unas rocas, le saltó al cuello a un soldado y se quedó enganchada mordiendo inofensivamente el gorjal. Éste se limitó a agarrarla, tirarla al suelo con fuerza, atravesarla e ir a ocuparse de otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, oyó que Pablo, que estaba en lo alto de una pequeña elevación del terreno, le llamaba con insistencia. Juan tardó un instante en llegar a su lado, y su compañero de armas le dijo en voz baja:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mire… Hay uno allí, y van a por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan no supo exactamente a qué se refería hasta que vio a los individuos con cascos y almófares asaetear con ballestas a un ser monstruoso, medio oculto entre la maleza. Aquella cosa debía tener unos siete pies de altura y una cabeza que recordaba a la de una rata, sólo que acorde a su gran tamaño. Parecía ser una rata descomunal que anduviera sobre las patas traseras, con un cuerpo delgado, piernas robustas y unos brazos largos armados con grandes garras, todo ello cubierto de un pelaje marrón corto. Aquellas garras serían capaces de destrozar a un miliciano con coselete; sin embargo, lo más aterrador era el brillo rojizo de sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cralate tenía dos saetas clavadas y quiso huir, pero ante el ataque de cuatro soldados, los ojos le habían empezado a brillar, tal como le había asegurado Raquel que sucedería. Uno de los soldados se desvió hasta apoyarse en un árbol, como si, de pronto, sintiera mucho dolor. Otro más adelantado se la jugó. Alcanzó al monstruo y le lanzó un tajo horizontal con el montante, aprovechando que, al estar solo, tenía espacio suficiente. La hoja se estrelló contra el costado de la bestia, y un golpe de las garras del cralate en el yelmo le derribó. Pero la herida infligida a costa de quedar indefenso había sido brutal, y el monstruo quedó tambaleándose, sangrando de un corte enorme. Un alabardero de los que estaban dispuestos en segunda fila clavó la punta del arma en el pecho del monstruo y un tercer soldado, usando un agarre de media espada, atravesó el corazón del cralate y lo derribó. Los tres soldados estuvieron golpeando al caído hasta que dejó de debatirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de aquello, los soldados mataron o ahuyentaron al resto de atacantes y todo quedó en calma, como si el hecho de acabar con el cralate hubiera sido un golpe decisivo para el enemigo. La columna aprovechó para reorganizarse y Juan deseó saber si había habido muchas bajas. No veía a ningún muerto, pero creyó ver a cuatro heridos, entre los que se contaba el soldado que había asestado el primer golpe al cralate. Preguntó a Pablo, pero éste no supo darle más información.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras un descanso, prosiguieron su avance mientras las sombras se iban acentuando a causa del atardecer. Cuando comenzaba a ser difícil ver por dónde iban, don Felipe eligió una zona razonablemente lisa y despejada de terreno y montaron un campamento. En realidad, no era un nombre muy adecuado para aquello; lo que hicieron esencialmente fue encender varias fogatas y crear un círculo de antorchas dentro del que se acomodaron los soldados. Lo único inusual que observaron Juan y Pablo, al sentarse a descansar tras haber ayudado a repartir los víveres, fue que el propio don Felipe, junto a los tres soldados de armadura ligera que tanta curiosidad les despertaban, sobre todo a Pablo, fueron los encargados de crear el círculo de fogatas y de revisarlo entero. Los tres individuos se paraban un rato en cada sección de la muralla de fuego antes de seguir avanzando. Juan no dejó de observar dos cosas; la primera que todo se desarrollaba como le había dicho Raquel, lo que resultaba curioso, ya que era difícil esperarse que una chica sin apenas instrucción militar supiera qué pasos iba a seguir un oficial experimentado del ejército. Lo segundo que observó fue que uno de aquellos individuos, en un momento determinado, se les quedó mirando un rato, sobre todo a Juan, antes de seguir con sus cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había mucho que hacer. Don Felipe había reunido a los milicianos y les había ordenado que tras ocuparse del avituallamiento, buscaran un lugar donde acomodarse para pasar la noche y descansaran hasta nuevo aviso. Todo ese tiempo lo pasaron ambos casi en silencio y cuando hablaban, sólo de cosas intrascendentes. Tras cenar, Pablo, después de unos instantes en que se mostró pensativo, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Amigo Juan. Me preocupa mucho comprobar que Raquel ha tenido razón en lo que le contó, porque ahora nos tiene que tocar el peor ataque de todos. Ya vio lo que pasó con el cralate, que hirió a un soldado sólo con mirarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Recuerde vuestra merced lo que ella me dijo. Dentro del círculo de fogatas que han dispuesto estaremos a salvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya, de eso me acuerdo, pero, ¿quién nos asegura que no nos puedan obligar a salir de alguna forma? ¿Y si provocan el pánico entre los soldados y se rompe el círculo? No sé nada de magia, no sé qué clase de poderes tienen esas cosas… ¡Si siempre creí que eso de la magia eran supersticiones!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tranquilícese. Estamos en buenas manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo no parecía muy convencido, pero se calló unos instantes para acabar diciendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Le quiero pedir un favor, amigo Juan. Independientemente de los turnos de guardia que establezcan, quisiera pedirle que nos veláramos el uno al otro. Me aterroriza que algo me arrastre fuera del círculo mientras duermo; despiérteme de inmediato si ve que me pasa algo extraño, que yo haré lo mismo por vuestra merced… Se lo ruego. Yo haría la primera guardia, que me siento demasiado nervioso como para dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer impulso de Juan fue negarse, pero, en verdad, parecía una medida prudente, aunque algo exagerada. A pesar de todo, Raquel le había pedido que tuviera cuidado, y consideró que podía hacerle ese favor a su compañero de armas. De modo que accedió, si bien le comentó que él se iba a echar a dormir ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardó muy poco en quedarse dormido. Tuvo un sueño confuso, en el que se enfrentaba a un cralate auxiliado de lejos por Pablo, que disparaba flechas muy grandes con precisión, y por Raquel, que lanzaba hechizos que hacían aullar al monstruo. Juan lanzaba estocadas una y otra vez, pero eran todas muy débiles porque se sentía sin fuerzas, casi paralizado. Cuando Pablo le despertó, estaba muy angustiado porque el monstruo le atacaba y él apenas podía levantar el brazo de la espada. Guardó silencio, pero agradeció sinceramente que lo hubieran sacado de aquel sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según le dijo Pablo antes de echarse a dormir, buena parte de los soldados estaban sufriendo pesadillas, lo que parecía ser parte de la influencia maligna de aquellos seres. Lo último que hizo fue, en tono burlón, desearle suerte en la guardia. No tardó en dormirse tan profundamente, que, incluso, se puso a roncar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El campamento, si es que se podía dar tal nombre a aquello, estaba muy tranquilo. La luz de las fogatas, que los soldados apostados a intervalos regulares avivaban si era necesario, no dejaba ver qué había fuera del círculo. La negrura les rodeaba por el exterior y sobre su cabeza. Uno de los individuos de aspecto extraño daba paseos amplios por el círculo de fogatas. Juan pasó un rato tratando de entretenerse con cualquier cosa, para espantar su sopor. Estaba un tanto adormilado cuando se plantó frente a él uno de los tres hombres misteriosos. Como estaba de espaldas a las fogatas, y vestía casco y almófar, casi no le veía el rostro. Con una voz muy suave, como la de un eunuco o un chico muy joven, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué cree que está haciendo, soldado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubiera querido decirle que no era soldado, sino miliciano, y que si no sabía diferenciar a uno de otro, no entendía que hacía allí. Se limitó a mirarle con mala cara, y a responder, con la máxima corrección posible:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Con el debido respeto, señor, no sé a qué se refiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con aquella voz impropia de un combatiente, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No está de guardia pero no duerme. ¡Duérmase ahora mismo! ¡Es una orden!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi le suelta que aquella era una orden estúpida, pero fue diplomático:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No puedo conciliar el sueño, señor. Dormiría si pudiera, pero no puedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo? ¡Cómo se atreve a hablarme en ese tono, soldado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan no pudo reprimirse. Fulminó con la mirada a aquel individuo y estuvieron un rato con la vista clavada el uno en el otro hasta que su interlocutor empezó a reírse. Era una risa clara, una risa de mujer. Y con una voz que conocía muy bien le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Juan, que soy yo… soy Raquel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atónito, sólo acertó a decirle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Raquel?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En respuesta, Raquel se quitó el casco y el almófar, lo que dejó al descubierto su melena, larga y oscura, y se sentó junto a él. Era realmente ella, que le sonreía y, mientras se arreglaba el pelo, decía, frívola:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El dichoso casco me deja fatal el pelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobrepuesto ligeramente de su sorpresa, Juan fue capaz de preguntarle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué haces aquí? Eres la última persona a la que esperaba ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No es tan raro. Don Felipe sabe por mi padre que entiendo de magia, así que habló con él para que me diera permiso para acompañarle en la expedición. Le venía muy bien alguien con mis conocimientos y prometió cuidar de mí y… ¡aquí estoy!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero… yo pensé que no querías que nadie supiera que eres maga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y no quiero, pero a mi padre tenía que contarle algo tan importante, ¿no crees? Él no lo va pregonando por ahí, sólo se lo dice a compañeros de armas de mucha confianza. Además, ¿no ves que voy vestida de hombre y con casco y almófar? Aparte de para estar más protegida es para que no se sepa que soy una mujer y una hechicera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Juan se le antojaba asombroso ver a su amiga como ayudante de un oficial del ejército, pero tenía cierto sentido si era verdad que los cralates usaban la magia. De todos modos, lo único que sentía en aquel momento era una mezcla de alegría por tenerla al lado y de preocupación porque la suerte de Raquel estuviera ligada a la de aquella expedición. Su amiga, por lo visto, no compartía tal preocupación porque le dijo, en tono jovial:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tiene gracia. Esta es la primera vez que corremos aventuras juntos.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-3252029151486496751?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/3252029151486496751/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=3252029151486496751' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3252029151486496751'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3252029151486496751'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/10/mundo-de-cenizas-capitulo-xxviii.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XXVIII'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-4733732919550677540</id><published>2011-09-28T20:21:00.003+02:00</published><updated>2011-09-29T19:09:19.130+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Música'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Bailes de salón'/><title type='text'>Lambada: Chorando se foi</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;He estado recordando esta famosísima canción.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object height="360" width="640"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/i8mz9uOvFQA?version=3&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;br /&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/i8mz9uOvFQA?version=3&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" width="640" height="360" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Es una lambada, un estilo músical que se hizo muy famoso a principios de los años 90, pero que ha quedado bastante olvidado. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y de lo que voy a hablar es del baile asociado, cómo no. Es la primera vez que veo este vídeo después de haber aprendido más de bailes como la bachata o la salsa en línea. Y cuando lo he visto, me he dado cuenta de que esto es, casi, una mezcla de merengue y de bachata, pero con un paso básico de tres tiempos (el merengue tiene dos y la bachata cuatro). Tiene muchas más vueltas que el merengue, y más seguidas. He visto más de una vez la rutina, vuelta de la chica a la derecha, a la izquierda y luego a la derecha. El caminar es como en la bachata, con la pierna del chico entre las de la chica, pero como no se sale con el mismo pie con el que acabas, como en bachata, desde fuera se parece más al caminar del merengue.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La técnica para dar vueltas los dos juntos es la misma que se usa en bachata, y el paso lateral es similar al de este baile, pero con el paso básico en tres tiempos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lo más característico es el movimiento de las caderas, que hacen un vaivén que llaman efecto de ola. Esto se consigue gracias a los tres tiempos del paso básico.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Bonito baile.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-4733732919550677540?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/4733732919550677540/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=4733732919550677540' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/4733732919550677540'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/4733732919550677540'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/09/lambada-chorando-se-foi.html' title='Lambada: Chorando se foi'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-1948033153367406646</id><published>2011-09-24T20:31:00.003+02:00</published><updated>2011-09-24T21:26:35.081+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Física'/><title type='text'>El experimento Opera halla neutrinos más rápidos que la luz</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Se ha organizado estos días cierto revuelo con los resultados del experimento Opera (más datos en la &lt;a href="http://operaweb.lngs.infn.it/spip.php?rubrique1&amp;amp;lang=en"&gt;web oficial del expermiento&lt;/a&gt;), presentados en el CERN hace pocos días por Dario Auterio, investigador participante en el experimento. Y es que, según los investigadores, se han medido velocidades, de partículas materiales, superiores a la velocidad de la luz. Esto, de confirmarse, supondría una refutación seria de un principio fundamental de la Relatividad, que afirma que nada puede ir más rápido que la luz, y que, sólo esta, puede ir exactamente a esa velocidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Los resultados se han difundido de una forma muy típica de los científicos, de una de esas formas que chocan frontalmente con la imagen narcisista que se tiene de los que se dedican a la ciencia. Se han presentado en un seminario, al que han asistido, básicamente, otros investigadores. Estos resultados aún no se han publicado en ninguna revista, sólo se han presentado a un grupo de compañeros. Y no para echarse flores, sino para algo bastante más humilde.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Aunque en el seminario no se ha hablado sólo de este resultado tan sorprendente, cuando el investigador que ha impartido el seminario ha llegado a los resultados experimentales que afirman que los neutrinos han llegado 60 nanosegundos más rápido de lo que lo habría hecho la luz, lo ha hecho mostrando su escepticismo. Concretamente, una vez obtenido el extraño resultado, se han pasado meses analizando los datos, buscando, según sus propias palabras, en qué se han equivocado para que les salga algo que va en contra de los pilares fundamentales de la física contemporánea. Como, por más que han buscado una causa del error, no la han encontrado, piden ayuda a la comunidad científica. Han mostrado todos los datos posibles a otros investigadores para que encuentren qué error (si es que lo hay) de medición o interpretación, ha llevado a encontrar neutrinos más rápidos que la luz. Y, también, para que, independientemente, se confirmen los resultados, o sea, para que se repita el experimento a ver si da lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Esta forma de trabajar es la usual en ciencia. Me alegro que, con objeto de este experimento, haya salido bien reflejada en la prensa, que tan poco interés suele dedicar a la física teórica.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Por encima, el experimento Opera consiste en enviar, desde el CERN, neutrinos muónicos (los hay de tres tipos, electrónicos, muónicos y tauónicos) hacia un detector, situado a unos 1.400 metros de profundidad, dentro del &lt;a href="http://www.lngs.infn.it/home.htm"&gt;Laboratorio nacional Gran Sasso&lt;/a&gt;, situado en Italia central, a unos 730 Km del CERN. Hay que tener en cuenta que los neutrinos son partículas de muy escasa masa y que no tienen carga, de manera que atraviesan la materia sin apenas verse afectados o afectar a esta. De hecho, en el momento en que estés leyendo esto, te estarán atravesando unos cuantos neutrinos, de la inmensa cantidad que el sol produce continuamente. Por ello, los aparatos capaces de detectarlos se suelen construir a altas profundidades, para que los rayos cósmicos y otro tipo de procesos no los saturen. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Como en todo experimiento científico que requiera instrumental tan específico (y costoso), se miden muchísimas cosas. Y el objetivo de este experimiento no tenía demasiado que ver con refutar la teoría de la Relatividad. Eso ha sido una especie de "accidente", algo inesperado que ha salido a la luz al revisar los datos. El objetivo principal de Opera es, traduciendo de la web oficial: "detectar por primera vez neutrinos tauónicos a partir de la transmutación (u oscilación) de neutrinos muónicos durante su viaje de 3 milisegundos desde Ginegra (donde está el CERN), hasta Gran Sasso. En Opera, los leptones-tau que se producen por la interacción de los neutrinos tauónicos se observara en "ladrillos" de películas de emulsión fotográfica intercaladas con placas de plomo". Son unas 1.300 toneladas de esos ladrillos que no vayáis a creer que captan miles de millones de interacciones. Por algo los neutrinos son muy complicados de detectar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Habrá que esperar a que se confirme el resultado, o se encuentre el fallo que ha provocado esta contradicción aparente con la física contemporánea.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Para que luego digan que la física teórica no es apasionante.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-1948033153367406646?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/1948033153367406646/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=1948033153367406646' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/1948033153367406646'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/1948033153367406646'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/09/el-experimento-opera-halla-neutrinos.html' title='El experimento Opera halla neutrinos más rápidos que la luz'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-7113427508963132848</id><published>2011-09-16T19:33:00.002+02:00</published><updated>2011-09-16T19:41:21.052+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Libros'/><title type='text'>Leído: Heredero de la alquimia, de David Mateo</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Con este libro me ha pasado algo por primera vez. Que yo recuerde, es la primera vez que me decido a leer un libro motivado por una crítica negativa leída de él. Tenía en la mente hacerme con él hace tiempo, había leído la sinopsis, la época histórica en que se ambienta y me pareció original; lo puse en mi lista. Pero a raíz de un famoso hilo de sedice (cuyo vínculo no incluiré aquí) - quizá un día hable de este hilo -, leí en una bitácora ya desaparecida, en un artículo que, siendo sinceros, no hablaba de este libro, una crítica diciendo que era un libro malísimo y plagado de errores. Esa crítica provenía de ese hilo, donde había salido el nombre de David Mateo, más o menos, como ejemplo de autor del fantástico español sobrevalorado. Eso me decidió a buscarlo y leerlo en cuanto tuviera ocasión. El trabajo me dejó poco tiempo para hacerlo pero, al fin, lo leí. Y como acostumbro hacer, voy a comentarlo un poco.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Debido a todas las opiniones que he leído por ahí del libro, esta reseña va a ser más larga y menos parecida a otras que he hecho, porque me ha llevado a muchas reflexiones sobre este tipo de literatura. Por eso, voy a adelantar mi opinión, que luego razonaré. Heredero de la Alquimia me ha parecido una obra de fantasía muy bien escrita, que he disfrutado mucho, con unos personajes lo bastante bien pintados como para encariñarse de ellos. Pero, tiene una serie de erratas y fallos de maquetación que deberían subsanarse para una segunda edición y que afean una obra que, en mi opinión, tiene una calidad muy alta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Algo que siempre he creído, y estas cosas han conseguido que afiance tal creencia, es que la literatura fantástica es un género muy denostado, situado en calidad sólo por encima de la ciencia-ficción, que eso ya ni es literatura (léase con tono irónico). Si leemos la entrada sobre "Fantasía heróica" de la wikipedia en español, tenemos que se considera a este género como un género para adolescentes. Concretamente porque, citando a la wikipedia: &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;"Centrándonos exclusivamente en el subgénero de la fantasía épica, encontramos que goza de poca respetabilidad entre los adultos. Según Jo-Ann Goodwin la explicación está en las malas críticas que hizo Alan Chedzoy en 1972, donde describía al lector medio de Tolkien, muy subjetivamente, como tímidos en las relaciones humanas, lectores exclusivamente de género, evasivos, matemáticos o científicos y ávidos aficionados a los crucigramas"&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Eso de ser matemático o científico debe ser algo muy malo (y si eres físico, como yo, al patíbulo directamente...) ya que la gente rechaza leer a Tolkien para que no la tomen por científico... También me encantaría saber cómo leer a Tolkien tiene, como consecuencia, estar todo el día resolviendo crucigramas (a lo mejor es por eso del enigma de Moria: "Habla, amigo, y entra"). Además, hay otro tópico acerca de la fantasía épica, que es un género "de hombres" y, en consecuencia, un género literario de baja calidad. Volviendo a citar la wikipedia, hay varias categorías de fantasía épica, pero resalto estas dos:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;"Espada y brujería: El contenido de la obra está fuertemente ligado a la magia y a las batallas, sin que tengan apenas relevancia las sociedades o mundos mostrados y otros aspectos de la ambientación, atendiendo más a los clichés que a la novedad. Suelen llamarse así las obras que no llegan a la calidad de la alta fantasía."&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;"Alta fantasía: Historias de gran calidad literaria, donde la ambientación, la crítica velada al mundo real y la profundidad psicológica de personajes y sociedades priman por encima del personaje individual, héroe o villano, y son, en realidad, la base del argumento. No están exentas, en ocasiones, de principios morales o filosóficos. Ese subgénero se asocia, especialmente, a la mayor profundidad creada con la entrada de escritoras y personajes femeninos en él."&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En fantasía épica, como se ve, el criterio de calidad para algunos es el sexo del autor. Fantasía épica escrita por mujeres o con personajes femeninos, o ambas cosas: "alta fantasía". Escrita por hombres "espada y brujería". No tengo mucho más que añadir.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Con todos estos antecedentes, nos podemos hacer una idea de los criterios tan simplistas con que se define a la fantasía épica. Al que añadiría otro: la fantasía de origen extranjero es mejor que la escrita por españoles. O sea, que la calidad se define en fantasía heróica, además de por el sexo del autor, por su nacionalidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Por ello, sufre David Mateo algo que yo llamaría la falta de confianza en el autor, cosa a la que dediqué hace tiempo una entrada que andará perdida en mi bitácora. Esta falta de confianza llega a su punto álgido en obras del fantástico, ya que obras de corte "realista" no son sometidas a escrutinios tales. El ejemplo más llamativo, y del que David estará ya hasta la coronilla, es el de la creosota. Se lee en Heredero de la Alquimia: "Desde la cima puso la mirada en una creosota que danzaba al compás del aire, arañando la armadura del soldado caído". Yo, cuando lo leí, supuse que la creosota sería una planta, desértica por el nombre - que me inspiraba la imagen de un cactus, no sé por qué - con espinas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Si uno va a wikipedia y al diccionario de la RAE se encuentra, en este último, que creosota se define como: "Líquido viscoso, de color pardo amarillento y sabor urente y cáustico, que se extraía del alquitrán y servía para preservar de la putrefacción las carnes, las maderas, y para otros usos." Si soy completamente sincero, la crítica está hecha con inteligencia y con cuidado y documentación, yendo a fuentes bastante razonables. Parece, evidentemente, un error del libro, que esa palabra está ahí mal puesta. Lo único que tengo que objetar es que estoy convencido de que si ese "error" lo hubiera cometido un escritor "bueno" de un género "realista", sería considerado un error menor, y se habría aceptado que el autor hubiera cometido un deslíz al nombrar a una planta extraña. Aquí, se le achacó a David Mateo la burrada de decir que un líquido caustico y apestoso arañaba una armadura mientras danzaba al compás del viento. O sea, una barbaridad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lo que sucede es que David Mateo está hablando de la especie Larrea Tridentata, o arbusto de la creosota, que es una planta que huele a creosota (de ahí el nombre) muy extendida en zonas desérticas del sudoeste de EE. UU. Teniendo en cuenta que en algunos sitios he leído referirse a esta planta sólo como creosota, no veo nada malo en esa frase. Más bien al revés. Unas palabras después habla del mal olor a carne podrida y sangre que hay por ahí. Una peste a la que sumar el olor a creosota. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y digo al revés porque meter al arbusto de la creosota en las orillas el Mar Muerto es consecuencia de uno de los puntos fuertes del libro, que es el uso del concepto de "universos paralelos", la famosa interpretación de la Mecánica cuántica que hizo Everett, aquella en la que cada "decisión" que se toma, genera universos paralelos que evolucionan si la decisión que se hubiera tomado hubiese sido otra. El mundo de Neferet y Akhbeth es uno de tantos universos paralelos que existen, entre los que se encuentra el nuestro. Es algo que se explica&lt;br /&gt;en un prólogo (bastante divertido, por cierto). Por eso, el libro tiene un tinte ucrónico (se define ucronía como una obra de ficción en la que la historia ha sufrido un cambio -punto de divergencia- y, por tanto, la situación política es diferente a la actual. Incluso en literatura "seria" se ha usado el recurso, como esas novelas en que se supone que la II República ganó la guerra civil y se pinta una España diferente de hoy en día). El punto de divergencia en este caso es que las invasiones semíticas, que en la realidad dieron al traste con la cultura sumeria y favoreció su sometimiento al imperio Akkadio, no provocaron en el mundo de Heredero de la Alquimia la decadencia de los sumerios, y Sumeria hacia el 2600 a. C. conforma un imperio muy poderoso, porque ha seguido expandiéndose sin oposición.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Como elementos adicionales a estas pinceladas de irrealidad, que deben reforzar en el lector la idea de que el mundo de Neferet y Akhbeth no es el Oriente Medio terrestre de 2.600 a. C., David Mateo introduce especies que no son propias de la zona. Así que, sabiendo que la creosota es una planta americana, cuando aparecen pumas, más de uno habrá visto en ello un grave error que no es tal, sino que a mí me parece un "fallo" consciente, que tiende a aumentar en el lector la sensación de irrealidad. Los pumas sólo viven en América. Si confías en el buen hacer del autor, lo consideras un recurso estilístico más. Si lo consideras un negado, apuntas otro error a la lista.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Paso ya a exponer mi opinión. Me ha gustado mucho Heredero de la Alquimia. La encuentro una novela muy interesante, muy bien llevada, con una técnica narrativa buena. Son 645 páginas, pero no se hace pesada. A mí me pasó que avancé a un ritmo pausado hasta las páginas 450-500. Llegado a este punto empecé a leer mucho más deprisa. Los personajes me parecen muy bien caracterizados, al menos los principales, hasta el punto de que yo les he cogido bastante cariño. Son entidades vivas que evolucionan y no son los mismos al inicio del libro que al final. Las descripciones suelen ser bastante bellas y bien redactadas y se introducen unos giros en la trama que hacen bastante dinámico el libro. Me han gustado bastante, también, las referencias, ya mencionadas, al empleo de universos paralelos y al carácter ucrónico. David demuestra ser valiente a la hora de ambientar en la época sumeria, una época que, en lo cotidiano, no es excesivamente conocida. Ello implica que no entre demasiado en el detalle de la vida cotidiana de la época, como si hacen otros autores en ambientaciones fantásticas. Y tengo en mente a Javier Negrete y el aire helenístico tan detallado del que dota a Tramorea (lógico por otro lado, ya que es especialista en esa etapa histórica). De todos modos, no creo que fuera la idea crear una novela histórica, sino una fantástica, así que tampoco le exijo una ambientación tan detallista; la que aparece en Heredero de la Alquimia me parece equilibrada. El lenguaje es correcto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sin embargo, hay fallos en la edición que estropean un poco la lectura. Y este libro, que derrocha fantasía y que consigue emocionar, no los merece. Parece que, por algún motivo, se sacó al mercado a toda prisa, y la consecuencia es una cantidad no desdeñable de palabras mal escritas(recuerdo unas 15-20) y errores de maquetación. El programa de maquetación usado no parte bien las palabras según las reglas del español, de forma que puede haber cosas como aux- iliado. Algunos de los errores que he visto se podrían haber evitado con un corrector ortográfico, otros son más sutiles. Es cierto que son cosas muy sencillas de subsanar, y que la gran mayoría se deberán a errores de tecleo -la lacra de los mecanógrafos-, y que espero que se corrijan en&lt;br /&gt;la próxima reimpresión, porque estos fallos de edición es lo único malo que le encuentro a un libro que me ha gustado mucho. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-7113427508963132848?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/7113427508963132848/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=7113427508963132848' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7113427508963132848'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/7113427508963132848'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/09/leido-heredero-de-la-alquimia-de-david.html' title='Leído: Heredero de la alquimia, de David Mateo'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-4479947205118305178</id><published>2011-09-11T19:22:00.002+02:00</published><updated>2011-09-11T19:48:14.952+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XXVII</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Los dos miraron al oficial unos instantes con interés, como hizo el resto de prisioneros. Juan no tardó en reconocerle; le llamaban don Felipe, y era un hombre apenas un dedo más alto que él, de pelo castaño con algunas canas, de complexión fuerte y con un par de cicatrices en el rostro. Era bien conocido en Gaiphosume por su arrojo y por la dureza con que trataba a los soldados o milicianos a su mando, lo que se reflejaba en su expresión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Cuando hubo recabado la atención de los presentes, que le miraban con curiosidad, el oficial habló con voz firme:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No sé por qué están aquí vuestras mercedes, ni me importa. Y estoy convencido de que se lo merecían. Desgraciadamente, como a lo mejor han oído o saben, nuestra ciudad ha sido atacada dos veces seguidas y eso es algo que no podemos permitirnos por mucho tiempo. Así que, bajo mi mando, haremos una expedición al bosque de Metmehapet, para dar caza a unos seres que, según dicen, controlan a las ratas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan empezaba a temerse lo peor y, a la vista de su expresión, a Pablo le rondaba por la cabeza esa misma idea. El oficial prosiguió:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Por supuesto, he escogido para tal misión a un buen grupo de soldados veteranos, pero me hace falta gente que cargue con las vituallas, las municiones y ese tipo de cosas. Así que las autoridades, dada la falta temporal de defensores para las murallas, han accedido a conmutar sus penas de cárcel por un paseo por el bosque y una acampada nocturna bajo mi mando. Deberán presentarse en la puerta del norte una hora después de comer, y en caso de no acudir, se les premiará con un puesto en la Armada Real; un puesto de galeote.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y tras una última pausa, concluyó:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿Alguien tiene alguna pregunta?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Como era previsible, nadie respondió. Pablo había palidecido y Juan, consciente de que él había visto a aquellos monstruos, lo comprendió. Tras un breve intervalo, don Felipe dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Excelente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y se fue sin más. Quien les abrió la puerta y les liberó, un buen rato después, casi a la hora de comer, fue el carcelero. Pablo había estado callado todo el rato, y salió maquinalmente de la celda, aunque procuró no alejarse nunca de Juan. Sólo cuando, camino del comedor, se vio libre de la presencia de terceros, se aventuró a decirle:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Amigo Juan… Vive en una ciudad de locos. ¿De dónde sacan a oficiales de esa ralea?— Tras una pausa, añadió —: será el último de su clase, porque los demás debieron morir tras cruzar la línea de Torres para irse a matar demonios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Don Felipe es uno de los oficiales más eficientes de la ciudad. Y tiene sentido lo que intenta hacer. Ya hemos perdido bastantes provisiones como para que Gaiphosume sufra una subida de precios. Los más pobres pasarán hambre. Si es cierto que hay algo que está organizando estos ataques, debemos ir a por él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pablo se paró en seco y le detuvo poniéndose frente a él, bien cerca. Y repuso:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿Ir a por esas cosas? No creo en la magia y los hechizos, pero ¿no oyó vuestra merced a su amiga? Dijo que esas cosas utilizan magia negra, y algo debe haber porque daba miedo mirarlas, y, para colmo, controlan batallones de ratas; ¡y vamos a ir a atacarlas en su terreno! ¡Estamos locos, por el amor de Jutar! ¡Locos!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y se adelantó protestando para sí mismo. No hubo espacio para mucho más; llegaron al comedor, se sentaron a comer uno en frente del otro, y apenas hablaron durante el almuerzo. Estaban terminando cuando Pablo, tras mirar a su derecha, dijo sonriente:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—En Gaiphosume las noticias corren tan rápido como en Itvicape.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan no supo a qué se refería hasta que vio aparecer a Raquel, que venía hacia ellos con el delantal puesto y con varias manchas. Casi sin mirar a Pablo, se le acercó con aspecto preocupado y le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Buenos días… ¿Es cierto lo que dicen? Una compañera me dijo, muy sorprendida, que te había visto en el comedor, a pesar de que sabía que te habías peleado y te habían metido en el calabozo. ¿Es cierto eso? ¿Has ido al calabozo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan asintió, e iba a justificarse, pero Pablo se le adelantó:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Cierto del todo, a fe mía. Y yo he estado con él, aunque el energúmeno ese se mereció la paliza que le dio Juan, créame… Por cierto, tenga muy buenos días vuestra merced.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Raquel repuso al saludo rápidamente, y posándole un brazo en el hombro, mirándole muy preocupada, le preguntó:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿Cómo es posible? Si nunca te metes en líos… ¿Tú estás bien? ¿Te hirieron?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan, arrobado por la preocupación de su amiga, sintiendo que la sangre le hervía al notar la mano de aquella mujer maravillosa en su hombro, repuso:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No te preocupes, no fue nada. Discutimos, le di un puñetazo y nos separaron los compañeros. Me puse nervioso y… sólo eso. Pero los milicianos no nos podemos pelear y… No te preocupes por nada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La miró esbozando una sonrisa, y Raquel dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿De verdad que no vas a tener problemas?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Tras lo que le devolvió una sonrisa que, en su opinión, daba más luz que el mismo sol. Pablo acabó con aquel instante de magia:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Amiga Raquel, ¡pues aún no sabe lo mejor!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pablo se interrumpió para darle un nuevo bocado a su almuerzo y no vio, o no quiso ver, los gestos que le hizo Juan para que se callara. De todos modos, fue Raquel la que dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿Qué es lo mejor, Juan? ¿Y por qué le estás diciendo a Pablo que se calle? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan resopló frustrado y Pablo, que parecía estar ansioso por contarlo, dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¡Vamos a ir a cazar cralates! La milicia de Gaiphosume está para que la encierren, ¿no lo cree así, amiga Raquel?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Raquel abrió los ojos y replicó incrédula:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿La milicia?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Aunque Pablo le caía bien, en ocasiones, a Juan le daban ganas de darle un puñetazo. No había necesidad de preocupar a Raquel de aquella forma, así que, tocándole con suavidad la mano que no le apoyaba en el hombro, le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No es eso. No te preocupes. Vamos a ocuparnos del avituallamiento y las municiones. Quienes van a combatir son soldados del rey. No nos pasará nada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Raquel le miró y le dijo, seria:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Me extrañaba. Muy mal tendría que irnos si tuviera la milicia que hacerse cargo de eso. ¿Quién os manda?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Don Felipe.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¡Ah! Entonces estáis en buenas manos… Aún así, ten… tened los dos mucho cuidado. Os podría dar…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan se había quedado un tanto confundido por la serenidad de su amiga. Pensaba que iba a llevarse un mal rato, pero parecía bastante tranquila. Se había interrumpido tras haber mirado hacia donde estaban las cocinas, y concluyó:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Bueno… ahora mismo no voy a poder, será mejor que vuelva a mi trabajo. Luego os veo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Antes de que pudiera marcharse, Pablo le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Amiga Raquel, la verdad es que estoy algo asustado. Esos bichos dan mucho miedo. ¿Podría darme un beso de despedida? Mire vuestra merced que a lo mejor no regreso… Y otro a Juan, claro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Raquel le respondió, un poco indignada, antes de irse:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No tiene remedio. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Cuando Juan miró a Pablo, éste se estaba riendo, y repuso a su gesto guiñándole un ojo. Él permaneció serio, lo que a su compañero de almuerzo no le pareció la mejor respuesta, ya que le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Amigo Juan, debería reírse más a menudo. Y, si me permite un consejo, no olvide nunca que las mujeres no son de cristal. No tiene por qué estar protegiéndolas todo el tiempo; a muchas les disgusta. Ayer nos dijo su amiga que su familia está casi toda en el ejército o la milicia, ¿cree vuestra merced que su padre le oculta sus misiones para evitarle malos ratos? Raquel tiene que estar más que acostumbrada a lo que implica el ejército y… bueno, es sólo una cocinera, pero — y sonrió antes de concluir —: tiene carácter.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan no añadió más, y terminaron con la comida cruzando, apenas, unas cuantas frases. Sin remolonear, fueron a que les devolvieran las armas, se colocaron los coseletes y se dirigieron a la puerta del norte, donde se congregaba gran número de soldados y unos cuantos milicianos. A medida que fueron llegando más combatientes, el espacio abierto que había frente a la puerta se convirtió en una zona donde no se podía estar parado. Como no tenían más órdenes, Juan le propuso a Pablo sentarse al pie de la muralla, cerca de la puerta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pasaron un buen rato aburridos, sin más diversión que ver circular a soldados y civiles, en lo que era el trasiego habitual de caminantes que iban y venían de Gaiphosume. En esto, vieron salir a Raquel de la ciudad y buscar algo con la mirada entre el grupo de soldados. Se levantaron y Juan quiso avanzar hacia ella, consciente de que no la iban a dejar pasar, ya que algunos soldados se encargaban de espantar a los curiosos. Y en efecto, cuando Raquel le llamó y quiso aproximarse, un soldado la detuvo. Juan titubeó un instante, pero Pablo se encaminó directamente hacia Raquel y, por sorpresa, la abrazó mientras decía:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Raquel, cariño, ¡qué alegría veros!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Le dio un abrazo largo que dejó un tanto sorprendidos al guardia y a Juan. Raquel, al principio, miró a Juan con una expresión inquisitiva en los ojos, como si quisiera preguntarle: “¿qué hace este?” Al instante, la cambió, como si prestara atención a algo que le estuvieran diciendo. Y cuando el soldado dijo que Raquel no podía estar allí, Pablo la hizo avanzar hacia Juan, diciéndole:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Allí está Juan, id a saludarle también.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Con mucha astucia, se había interpuesto entre el soldado y su amiga, de forma que le fue fácil encararse con él y empezar a discutir. Raquel se le acercó con rapidez, le dio un abrazo y le susurró al oído:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Escúchame. Lo más seguro es que acampéis de noche para atraer a los cralates. Como defenderéis con fuego el campamento y no podrán echar a las ratas contra vosotros, os intentarán aterrorizar usando la magia. Veas lo que veas, oigas lo que oigas, no abandones nunca la línea de fogatas. Si te encuentras a un cralate solitario y le empiezan a brillar los ojos, aléjate rápido, pero si ves que se pone a aullar, atácalo porque es cuando son más vulnerables y porque estará usando su poder para convocar a las ratas. Si te enfrentas…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;No pudo seguir porque, a pesar de los esfuerzos de Pablo, el soldado agarró con brusquedad a Raquel de un brazo, y se la llevó a rastras. Juan quiso protestar, pero su compañero de armas le indicó con un gesto que era inútil. Su amiga le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¡Ten cuidado!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y de un tirón, se soltó de la presa del soldado y le espetó:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¡Vale! Ya me voy.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mientras Juan la miraba irse, su compañero se le acercó y le preguntó acerca de la conversación que habían mantenido. Le explicó las recomendaciones que le había dado y, una vez memorizadas, repuso:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Ya sabía yo que hacía bien librándola de ese tipo. Tiene vuestra merced una amiga muy lista… y muy buena amiga. Aunque discúlpeme si le digo que espero que se equivoque.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan se calló que los avisos que le había dado Raquel no podían ser sino la pura realidad. Lo leía en libros que la habían convertido en maga, y él había sido testigo de sus poderes. Así que habría que tener muy en cuenta lo que le había aconsejado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Al fin, más tarde de lo esperado, estuvo reunido todo el contingente que partiría hacia el bosque denso que se alzaba al noroeste de Metmehapet, cerca de la línea de Torres. Era uno de los lugares menos recomendables de la región, y, a lo largo de los años, se habían recibido informes relativos a personas atacadas por ratas o cosas peores. Era cierto que el grupo que marcharía hacia aquel sitio era muy numeroso, y casi todos los soldados llevaban armadura y grebas. Serían capaces de hacer frente a un grupo de ratas varias veces mayor. Sin embargo, cuando les organizaron y les dieron la orden de partir, a Juan se le había instalado una opresión en el pecho bastante molesta.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-4479947205118305178?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/4479947205118305178/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=4479947205118305178' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/4479947205118305178'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/4479947205118305178'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/09/mundo-de-cenizas-capitulo-xxvii.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XXVII'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-5051283289712531288</id><published>2011-09-05T18:00:00.002+02:00</published><updated>2011-09-05T18:38:01.476+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Libros'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Concursos Literarios'/><title type='text'>¡¡Me publican un cuento!!</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Acabo de leer en la última revista imaginarios (&lt;a href="http://www.imaginarios.es/"&gt;revista imaginarios&lt;/a&gt;) el fallo del &lt;strong&gt;I Certamen de género fantástico: Descubriendo nuevos mundos&lt;/strong&gt;. Y me he llevado el alegrón del verano (ha pasado agosto, pero aún es verano, je, je). Han seleccionado el relato largo con que concursé para que vaya en el libro que se edita para la XXIX Hispacon. Se va a publicar en papel y en digital.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Parece que a la tercera ha sido la vencida. Iban a publicar, en digital, el cuento de ciencia-ficción que quedó décimo en otro concurso, pero al final, parece que el proyecto se truncó. Lo mismo pasó con aquella mención especial que gané en 2000, que al final no llevó a una publicación. A la tercera ha sido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Repartirán el libro en la Hispacon a celebrar en Mislata (Valencia, si no me falla la memoria). Iré dando más datos a medida que los sepa :-).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-5051283289712531288?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/5051283289712531288/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=5051283289712531288' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/5051283289712531288'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/5051283289712531288'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/09/me-publican-un-cuento.html' title='¡¡Me publican un cuento!!'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-1571955586224674477</id><published>2011-08-28T18:59:00.004+02:00</published><updated>2011-08-28T19:18:12.339+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lingüística'/><title type='text'>Fallos ortográficos para rizar el rizo.</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En esta entrada, voy a dedicarle un tiempo a una serie de expresiones que, ahora mismo, deberían considerarse errores ortográficos pero, que están tan extendidos por el uso que seguro que, dentro de poco, la Real Academia los aceptará. Quedáis advertidos de que son errores muy "quisquillosos" y que varios de ellos los cometía yo hasta que supe que estaban mal escritos. Seguro que me sé más, pero ahora me acuerdo sólo de estos. Empiezo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Campo a través&lt;/strong&gt;: se refiere a caminar o correr por el campo, fuera de caminos o carreteras. Debería decirse &lt;strong&gt;a campo través&lt;/strong&gt; o, aún mejor, &lt;strong&gt;a campo traviesa&lt;/strong&gt;. También vale &lt;strong&gt;a campo travieso&lt;/strong&gt;. Pero se oyen muy poco las versiones correctas. Yo disfruté cuando, en el doblaje de El Señor de los Anillos, Gimli comenta en un momento: "los enanos no somos buenos a campo traviesa". ¡Muy bien dicho!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Ignorar&lt;/strong&gt;: estrictamente, significa desconocer. Por influencia del inglés, se usa ahora con la acepción de "no hacer caso". Se dice: "¡No me ignores, que te estoy hablando!" Este uso no me gusta nada, ya que desplaza sin motivo a su equivalente en castellano: &lt;strong&gt;desoír&lt;/strong&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Enervar&lt;/strong&gt;: es uno de los casos más llamativos y, en mi opinión, más tristes, ya que es una palabra que me gusta usar, pero no puedo porque casi nadie la usa en su acepción auténtica. Al oír el término enervar, todo el mundo lo interpreta como poner nervioso. Pues es al revés, enervar a alguien es dejarlo exhausto, agotado, sin ganas de nada. Si escribo: "Cuidar de los niños me enerva", en vez de su significado auténtico, "cuidar de los niños me deja agotado", se suele entender por "cuidar de los niños me irrita". Casi al revés.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Efectivos&lt;/strong&gt;: Se usa habitualmente como sinónimo de soldados. Hoy mismo oí en la tele: "se han destinado 300 efectivos". Este uso es incorrecto. Puedo decir, correctamente: "he movilizado a la mitad de mis efectivos" o "perdimos en la batalla la quinta parte de nuestros efectivos", pero no puedo acompañar la palabra efectivo de un cardinal. Los efectivos de un ejército no son sólo los soldados, sino que la palabra engloba a todo lo necesario para que el ejército sea operativo: munición, transportes, suministros...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Acostumbro a&lt;/strong&gt;: Este es muy sutil. Si yo digo que "estoy acostumbrado a cazar patos", ello significará que "acostumbro cazar patos". Pero casi todo el mundo dirá que "acostumbro a cazar patos". Esa "a" sobra en el segundo caso. Si bien se ha de decir &lt;strong&gt;estoy acostumbrado a&lt;/strong&gt;, cuando el verbo acostumbrar no va acompañado del "estar", se dice sin la preposición: "acostumbro leer por la noche". Se ve más claro si cambio "acostumbro" por "tengo por costumbre". No suena bien "tengo por costumbre a leer por la noche".&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Si me acuerdo de más, ya habrá otra entrada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-1571955586224674477?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/1571955586224674477/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=1571955586224674477' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/1571955586224674477'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/1571955586224674477'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/08/fallos-ortograficos-para-rizar-el-rizo.html' title='Fallos ortográficos para rizar el rizo.'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-529220173994824234</id><published>2011-08-17T11:25:00.003+02:00</published><updated>2011-09-03T12:27:42.973+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XXVI</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan se levantó despejado. Por fortuna, hacía varios días que aquellos sueños tan inquietantes no perturbaban sus noches, y había bebido con moderación. Le vino a la mente el estado en que dejó a Pablo, y sospechó que su compañero de taberna de la noche anterior no se habría levantado tan fresco, si es que llegaba a hacerlo. En todo caso, si no era capaz de ocultar la previsible resaca que iba a padecer, iba a meterse en problemas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Aquella idea se vio reforzada cuando Juan le vio aparecer por el comedor de la tropa. De lejos ya se le notaba un andar un tanto pesado, y cuando, tras haber recogido su desayuno, buscó con la mirada hasta encontrarle, le vio una mirada soñolienta que no le iba a ayudar mucho a disimular. Mientras Pablo se le acercaba y se sentaba en frente de él, a Juan le volvió a resultar curioso que hubiera hecho, aparentemente, tan buenas migas con él en tan sólo un día. Quizá tuviera que ver que en Gaiphosume no conociera a nadie más que a él y a Raquel, pero a Juan no dejaba de sorprenderle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su aspecto era lamentable y su rostro delataba que la noche anterior se había excedido con el vino. Después de intercambiar un breve saludo, Juan quiso advertirle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tiene vuestra merced mala cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo resopló y repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Tanto se me nota? —Y tras ver asentir a Juan, añadió—: dígame, amigo Juan, ¿de qué hacen el vino en Gaiphosume para que le siente a uno tan mal?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Juan empezaba a hacerle gracia la actitud de Pablo, que en vez de reconocer sus excesos quería echarle la culpa al vino. Haciendo todo lo posible por reprimir una sonrisa, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sin ánimo de ofenderle, no creo que el vino de Gaiphosume sea más dañino que el de Itvicape. El problema es la cantidad.Pablo repuso, algo indignado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Pues en mi tierra, a veces bebo más y me levanto de maravilla!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Juan empezaba a caerle bien Pablo, aunque lo tuviera por alguien sin mucha vergüenza. Esta vez, sonrió abiertamente y zanjó la discusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De acuerdo, de acuerdo, a cualquiera le puede sentar mal el vino, sobre todo si como hizo anoche vuestra merced se come poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ah! Es que el sitio ese al que me llevó, amigo Juan, no tenía ningún plato de mi agrado… Sin ánimo de menospreciar la cocina de vuestra ciudad, porque este rancho está bastante bueno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, dicho aquello, se comió rápidamente su ración. Charlaron brevemente de cosas banales y Pablo se marchó para incorporarse a su puesto. Juan prefirió tomárselo con más calma, y estuvo reflexionando un rato acerca de la conversación que habían tenido los tres, camino de la casa de Raquel. Tenía ganas de saber algo más acerca de los cralates, y así se lo dijo a su amiga, quien prometió buscar más información entre sus libros.&lt;br /&gt;Finalmente, se incorporó a su puesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y contra lo que esperaban tanto él como sus mandos, tuvieron una mañana muy movida. Apenas una hora después del desayuno, Juan, que vigilaba la parte de las murallas que dan al mar, notó agitación en el puerto tras la llegada de un jinete. El puerto de Gaiphosume no era demasiado grande y, básicamente, lo conformaba un muelle protegido hacia levante por un dique que, antiguamente, era el camino por el que se llegaba hasta el Faro cuya mole maltratada por las inclemencias del tiempo era visible desde toda la ciudad. La mitad de aquel dique estaba derruida, aunque para el muelle, que apenas se adentraba mil pies en el mar era más que suficiente. La ciudad estaba completamente amurallada hacia la costa, lo más cerca del puerto que permitía la arena, y el muelle se volvía inaccesible si se cerraba la puerta de la pequeña torre que lo defendía. Como apenas había 150 pies entre la torre y la Puerta del Muelle, y no solía ser una zona concurrida más que cuando se descargaban mercancías desde el muelle, no había más protección. Por eso, cuando comenzaron a sonar de nuevo las campanas de Gaiphosume, dos días seguidos por primera vez en varios años, la actividad se convirtió en febril. Y, aunque por fortuna, al aparecer las ratas por ambos lados de la sección de la muralla que daba el mar, no había nadie sin refugiarse, parte de los bienes que se estaban desembarcando quedó a merced de aquellas bestias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan disparó tres veces antes de que el oficial al mando ordenara dejar de hacerlo. Tuvo un poco de suerte con el primer tiro, al derribar a una rata que, sin embargo, volvió a levantarse. Sus otros dos intentos fueron desastrosos. Las ratas, fuera del alcance de los tiradores inexpertos, se estaban dando un festín con las provisiones destinadas a Gaiphosume, lo que no anunciaba nada bueno para la ciudad. Quizá por ello, los mandos dejaron sobre las almenas a menos de la décima parte de los mejores arqueros y se organizó una salida apresurada. Dividieron a los milicianos apresuradamente en dos grupos y salieron directamente hacia los sitios que les habían indicado los que estaban parapetados en el adarve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La táctica que iban a seguir la había practicado varias veces durante la instrucción, pero era la primera ocasión en que se veía envuelto en un combate de esas características, lo que le provocó cierta inquietud. Las órdenes, esta vez, eran matar a todas las ratas que se pudiera y para ello, irían en primera línea un grupo de soldados y milicianos veteranos tras los que se protegerían un segundo grupo de lanceros, cuyo propósito sería acabar con las ratas que se echaran sobre ellos y dispersar a las restantes. Los milicianos más inexpertos, divididos en parejas, se colocarían alrededor y tendrían como objetivo abatir a las ratas que saliesen huyendo hostigadas por los lanceros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El miliciano que le tocó a Juan por pareja era un hombre de mayor altura que él, con un par de años más, mejor entrenado y más diestro con la espada. Cuando se colocaron juntos, se le quedó mirando un rato. Mientras los mandos organizaban las columnas, Juan optó por presentarse:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me llamo Juan, ¿y vuestra merced?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Alfonso… Así que vuestra merced es el famoso Juan, el bisoño que mató en solitario a dos ratas a la vez y salvó a una cocinera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era demasiado justo, pensó Juan, decir que él salvo solo a Raquel, ya que ella también intentó luchar, pero se limitó a responder:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sabía, amigo Alfonso, que fuera famoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Un día, durante el almuerzo, dos compañeros le señalaron y me contaron su hazaña. Para ser tan inexperto, actuó vuestra merced bastante bien. Eso sí, a ver cómo se porta ahora. Confío en que no fuera cuestión de suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Juan no le dio tiempo a responder, ya que abrieron las puertas y tuvieron que salir. Había cinco grupos de ratas. Cada columna se ocuparía de dos de ellos y, una vez eliminados, convergerían para acabar con el quinto. La otra columna salió un poco antes e hizo un trabajo impecable. Cayeron sobre el enemigo con tal ferocidad que dieron cuenta de la veintena larga de bestias en menos de un suspiro. En cambio, a la columna de Juan no le fue tan bien. Las ratas se resistieron más, aunque acabaron siendo barridas. Juan y Alfonso interceptaron, en total a dos, una casi al principio y la otra poco antes de acabar con el primer grupo. La primera cargó contra Juan, pero dos tajos certeros, el primero de Alfonso en el costado y el segundo de Juan en el lomo, acabaron con ella antes de que pudiera lanzar una sola dentellada. La segunda resistió algo más. Las dos estocadas de ropera que le lanzaron no fueron tan precisas, pero Alfonso clavó la daga de vela en el lomo de aquella bestia y Juan la remató con un corte ligero pero suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo malo fue que Juan, al dar un paso forzado para acabar con su enemiga, sintió un dolor intenso en la pantorrilla, que aunque se le alivió pronto, le dejó la pierna dolorida. Su compañero no pareció advertirlo, y se limitó a decir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No ha estado mal… Espero que no flaquee.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El combate contra el segundo grupo fue bastante más angustioso. Tuvieron muchas dificultades y varios soldados cayeron heridos. Los milicianos que luchaban en retaguardia se pusieron nerviosos y más de uno recibió algún mordisco y tuvo que dejar que varias bestias huyeran. La primera rata que les atacó fue directamente a por Alfonso, y aunque éste logró herirla ligeramente, Juan falló su estocada. Pareció que el rasguño que le infligió su compañero no sirvió más que para enfurecerla, porque con un movimiento ágil mordió la pantorrilla de Alfonso y logró derribarle. Mientras su compañero, dando gritos, trataba de librarse inútilmente de la rata, Juan quiso apuñalarla con la daga de vela, con demasiadas prisas. Volvió a pisar mal, y la contractura que le había molestado antes, ahora le dejó paralizado.Juan, jadeando, observó impotente cómo Alfonso luchaba en el suelo con su enemiga, mientras le pedía ayuda a gritos. Lanzaba tajos que no lograban su objetivo, y aunque consiguió que el animal le soltara al fin el tobillo izquierdo, fue a costa de recibir un arañazo. Juan vio, angustiado e inmovilizado por el dolor, la mancha de sangre que su compañero había dejado en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fortuna, Alfonso hizo retroceder a la rata un par de pies gracias a un pinchazo de la ropera y se puso en pie. Como Juan pudo sobreponerse a su dolor, la atacaron los dos, sin éxito, aunque lograron bloquear un nuevo ataque. Y, por fin, Alfonso lanzó un revés con todas sus fuerzas que destrozó una de las patas traseras de la bestia y dio con ella en el suelo, cosa que aprovechó Juan para hundirle la daga de vela en el lomo y rematarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el instante que le llevó a Juan volverse a poner en pie, Alfonso se le acercó, le dio un empujón y le gritó, fuera de sí:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿En qué estabas pensando, imbécil? Aléjate y cuando atraiga a una a ver si puedes atacarla por el costado y servir para algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Juan le cayó bastante mal la reprimenda, aunque pensó que si empezaban a pelearse acabarían devorados por las ratas o en el calabozo por indisciplina. De modo que se alejó y cuando una segunda rata se echó sobre Alfonso, le atravesó una pata y la obligó a detenerse y a quedarse acurrucada, y no pudo hacer otra cosa que amenazarles con los colmillos cuando los dos milicianos la atacaron sin ser capaces de acertarle. Juan, que aún estaba molesto por la bronca de su compañero se empleó a fondo y, tras avanzar dos pasos, clavó la ropera en un lado de la cabeza con tal fuerza que casi sale la punta por el otro. Y la segunda rata cayó muerta dejando un charco de sangre negruzca repugnante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tercera rata fue a por su compañero, y Juan quiso repetir la estocada en la cabeza, pero le salió desviada y sólo pudo hacerle una herida bastante fea encima de una pata delantera que la dejó muy maltrecha. Como Alfonso sólo acertó a hendir el aire con otro revés, Juan quiso rematarla con la daga. Y esta vez, el calambre de la pierna fue tan intenso que trastabilló y cayó al suelo. Y se quedó allí, reprimiendo con dificultad un grito, apretando las manos para soportar el dolor. Sentía como si le hubieran clavado una aguja en la pantorrilla, y tenía el músculo contraído, duro como un tablón de madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por suerte para Juan, el grupo de ratas, después de tanta guerra como había dado, estaba vencido. Contempló como su compañero lanzó una estocada que alcanzaba a la rata en la base del cuello y la hacía retroceder un par de pies y caer muerta de costado. Inmediatamente después, el oficial al mando gritaba órdenes para reorganizar la columna y echarse sobre el último grupo. Mientras Juan se arrodillaba, aún rabiando de dolor, Alfonso le dijo, en tono hiriente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y vuestra merced es el gran Juan, el que presumía de ser un valiente? Dígame, héroe, ¿hizo lo mismo cuando le atacaron mientras escoltaba a la cocinera? ¿Tuvo ella que matar a las ratas a sartenazos mientras se moría vuestra merced de miedo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dolor, los nervios del combate y las frases desabridas de su compañero lograron enfurecerle. Y, nuevamente, se contuvo por su bien. Se limitó a responder en tono hosco:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nunca he presumido de nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan deseaba con todas sus fuerzas que Alfonso le dejara en paz de una vez, pero como le vio cojear cuando seguía el ritmo de la columna, no tuvo otra cosa que decirle con un tono despectivo que le sacaba de quicio:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿No le ha tocado ningún bicho y ya anda cojeando? ¿De quién fue la idea de aceptarle en la milicia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se limitó a desoír la crítica y a continuar avanzando. Finalmente, el ataque al último grupo de ratas fue algo más relajado, ya que eran las dos columnas contra las bestias. Sólo una rata fugitiva se puso a tiro de Alfonso, que la retó a atacarle, cosa que hizo repentinamente, tras parecer que quien iba a sufrir el ataque iba a ser Juan. Éste desahogó su rabia con su enemiga gracias a un golpe afortunado que le atravesó los pulmones y la dejó casi muerta. Alfonso falló un golpe que se antojaba sencillo y fue Juan, gritando con furia, quien remató a la bestia con la daga, que clavó en su cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se permitieron unos instantes para recuperar el aliento, pero muy pocos. Aunque el combate había finalizado, los mandos les reorganizaron inmediatamente, para que los heridos regresaran a la ciudad por su propio pie o ayudados, y al resto para que recogieran toda la comida posible y la llevaran tras la muralla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan se alegraba bastante de haber salido ileso de aquella locura y de poder separarse de Alfonso. A pesar de todo, haciendo un esfuerzo y dado que se sentía ligeramente culpable de no haber podido actuar cuando su compañero más le necesitaba, se interesó por su herida. Éste, con sorna, repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El médico lo dirá, pero no será muy grave porque ya no sangro. Eso sí, menos mal que yo no era la cocinera, porque si llega a hacer falta que me salve…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y antes de que Juan tuviera tiempo de alejarse, añadió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No entiendo cómo siendo tan incompetente, esa cocinera amiga suya vaya por ahí alabando su valentía… Como no sea que fornique vuestra merced de maravilla…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello fue demasiado. La insinuación de que Raquel fuese una cualquiera acabó con su paciencia. Se volvió, hecho una fiera, y le gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No hables así de Raquel!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alfonso, al principio, pareció enfurecerse, pero en vez de gritar adoptó una sonrisa maligna y repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah… ¿Entonces está amancebada con otro? ¿Vuestra merced no la satisface?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Posiblemente, pensaría luego Juan, Alfonso no se imaginaba que la amenaza de acabar en el calabozo no iba a ser suficiente. El caso es que Juan, sin más palabras, se le echó encima y le asestó un puñetazo en la cara que casi da con Alfonso en el suelo. Por suerte para Juan, había otros milicianos cerca que impidieron que la pelea fuera a más, al sujetarles a los dos y no dejarles hacerse otra cosa que insultarse a gritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con rapidez se personó el oficial al mando y exigió saber el motivo de aquel revuelo. Juan fue consciente de que no tenía excusa, era él quien había iniciado la pelea, como corroboraron Alfonso y el resto de los presentes, y no intentó eludir su responsabilidad por no haberse sabido controlar. De manera que reconoció haber atacado a Alfonso y, como no podía ser de otra forma, le desarmaron y se lo llevaron al calabozo de la milicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan afrontó el trayecto con el ánimo muy sombrío. Apenas levantó la vista del suelo. Era la primera vez que iba al calabozo, y aunque fuera una medida disciplinaria de lo más usual entre soldados y milicianos, él se sentía muy avergonzado. La milicia, para él, era como su familia y aquel castigo le dolía el doble que a los demás, por mucho que se lo mereciera. Sólo reaccionó cuando, tras haberle hecho entrar en la celda y haber cerrado la puerta tras él, mientras miraba a los que iban a ser sus compañeros de cautiverio, se encontró con Pablo, que le miraba sorprendido, con una expresión somnolienta. Pablo estaba sentado, junto a un par de cautivos, en un poyo que ocupaba toda la pared en la que se abría un ventanal alto y enrejado que iluminaba la estancia. El resto de los nueve ocupantes estaba sentado en el suelo, contra las paredes. Todos estaban bastante alejados entre sí, ya que la celda tenía capacidad para albergar cómodamente a unos treinta milicianos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo, con algo de cansancio en el tono, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Amigo Juan, ¿qué hace aquí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan, que no quería que todo el mundo se enterase de lo que hablaban, se le acercó, se sentó a su lado y, reticente a contestar, preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y vuestra merced? ¿Qué es lo que ha hecho?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pregunta, casi, era retórica, porque en su rostro y su actitud aún quedaban rastros de la resaca por la borrachera de la noche anterior. Con lentitud y cansancio, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La culpa ha sido del maldito vino que se bebe en Gaiphosume. Me sentía bastante mal, y como la mañana estaba muy tranquila, me senté un rato tras una almena y lo siguiente que recuerdo es que un oficial me despertaba de una patada y me decía que ya hablaríamos de eso más tarde, que disparase a toda rata que pasara cerca de la muralla. Estaba tan dormido que ni siquiera me despertaron las campanas de alarma —. Se pasó una mano por el rostro, y prosiguió—. No pude disparar más que cuatro veces, pero no estaba inspirado y sólo una vez le hice un rasguño a una rata. El resto de la historia es evidente… me trajeron aquí por borracho y… Pero no me ha contado qué hace vuestra merced aquí. No le pega este sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suspirando con disimulo, Juan se sinceró con Pablo y le contó el combate desde el principio, y todas las impertinencias que le llevaron a cometer el absurdo error de atacar a Alfonso. Pablo no dijo mucho mientras le relataba la historia, pero cuando acabó, dijo en tono jovial:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Insinuar eso de Raquel… ¡Tendría vuestra merced que haberle pegado más fuerte!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan no pudo reprimir la risa, si bien, logró que fuera inaudible. Durante un buen rato, su compañero de infortunio le estuvo hablando, contándole anécdotas de la milicia de Itvicape en las que se había visto envuelto y, tuvo que reconocer, le hizo bastante llevadero el encierro hasta que pasó algo inusual. No habrían transcurrido ni tres horas desde que le llevaran a la celda cuando la puerta se abrió y entró un oficial del ejército que se plantó en el centro del recinto, de forma que todo el mundo pudiera oírle bien.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-529220173994824234?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/529220173994824234/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=529220173994824234' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/529220173994824234'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/529220173994824234'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/08/juan-se-levanto-despejado.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XXVI'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-240378502751637912</id><published>2011-08-03T11:20:00.003+02:00</published><updated>2011-08-03T19:16:46.672+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rumbas curiosas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Música'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Bailes de salón'/><title type='text'>Rumbas curiosas: Waiting for a girl like you, de Foreigner</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Nota:&lt;/strong&gt; Debido a los comentarios hechos por una amiga música, edito el ligerísimo error que había en esta entrada. Total... cualquiera confundiría un vals con una rumba... (ja, ja, ja). Si la hubiera intentado bailar antes...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Esta es una canción que conocía de hace tiempo, de antes de que empezara a aprender a bailar. Es de principios de los años ochenta. Hará un par de noches, caí por casualidad en una página de una empresa canadiense dedicada a poner música en eventos como las bodas. Y listaba los 40 valses de apertura más solicitados por sus clientes. Todos ellos eran modernos; creo que el más antiguo era el Tennessee Waltz, de 1947 si no recuerdo mal, aunque en una versión de los años ochenta de Anne Murray (de la que ya hablaré más).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Eso sí... Cuando en una página web os den una lista de First Wedding Waltzes, o Bridal Waltzes, andad con ojo porque algunos tienen la curiosa costumbre de meter en el saco rumbas (al estilo de los bailes de salón internacionales, evoluciones directas del bolero o del bolero-son, escritos en compás 4/4 y muy lentos y románticos). Y eso le pasa a esta música&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Una de las canciones que venían era esta:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=J71Qcl4DnnM"&gt;Waiting for a girl like you&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Que es una bonita rumba.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Por cierto, Julio Iglesias canta una versión de esta canción.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-240378502751637912?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/240378502751637912/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=240378502751637912' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/240378502751637912'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/240378502751637912'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/08/valses-curiosos-waiting-for-girl-like.html' title='Rumbas curiosas: Waiting for a girl like you, de Foreigner'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-6965820031541216769</id><published>2011-07-30T21:15:00.001+02:00</published><updated>2011-07-30T21:18:21.078+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XXV</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y pensó en qué habría hecho don Gabriel en esa situación. Y recordando lo autoritario que era cuando hacía falta, se dio cuenta de que, en realidad, no lo había intentado todo. Cortó un buen trozo de queso, otro de bizcocho y se fue directamente hacia donde estaba Adriana. Se sentó a su lado, la sacudió suavemente y le ordenó, en tono seco:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;—Adriana. Despierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió los ojos bastante rápido, y repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué pasa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tienes que comer algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adriana se acurrucó, tapándose la cara, y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tengo sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por primera vez en aquellos días terribles, Christine no aceptó aquella excusa. La invadió la misma ira gélida que cuando se había enfrentado a los cuatro milicianos y decidió que se le había acabado la paciencia. La agarró de las costuras de la camisa y la alzó con suavidad hasta obligarla a quedarse sentada, con la espalda contra las piedras tras las que se guarecía. Su amiga la miró todo el rato la miró sorprendida, con los ojos muy abiertos. Acertó a decirle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué haces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como respuesta, le puso el queso y el bizcocho en el regazo diciéndole:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Come.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella repuso con rabia:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te he dicho que no tengo hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si sigues sin comer acabarás muriéndote. Te vas a comer eso ahora mismo y si te niegas, te cogeré del cuello y te lo haré tragar a la fuerza, ¿está claro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adriana la miró estupefacta, con los ojos abiertos por completo. Y para sorpresa de Christine, la oyó decir, débilmente en tono de disculpa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vale. No te pongas así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y empezó a comer, con desgana al principio aunque, al poco rato, estaba desayunando con avidez. Christine aún no podía creerse que hubiera sido tan fácil. Se esperaba una discusión larga y complicada y estaba convencida de que tendría que hacerla comer a la fuerza. Aún más atónita se quedó cuando, tras haber dado cuenta de todo, le preguntó que si quedaba más. Christine le dijo que se levantara, que lo tenía en otro sitio, y Adriana lo hizo de inmediato. La dejó rebuscar en el fardo. Se cortó más pan y queso, y comió hasta hartarse mientras Christine seguía sin comprender por qué aquella amenaza había tenido un efecto tan espectacular. De pronto, le preguntó que si aún quedaba algo de beber y le ofreció su propio odre, con agua manchada con vino, del que bebió bastante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin, se recostó contra otra piedra, como si hubiera comido más de la cuenta, lo que no dejaba de estar lejos de la realidad. Adriana la miró con una expresión mucho más viva que cuando no se quería ni levantar y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya he comido. ¿Puedo acostarme ya?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine estaba harta de verla todo el día acostada, rumiando su dolor, así que le salió del alma decirle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No. Da asco verte… apestas. Vas a venir conmigo al riachuelo, te vas a lavar y a cambiar de ropa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Exageraba un poco con lo de apestar, pero su amiga no pareció ofenderse, y únicamente repuso, en un tono infantil:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es que hace mucho frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me da igual. Levántate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vale… iré contigo, pero deja que repose un poco. Me siento pesada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine accedió, con la excusa de que iba a recoger todo lo que iba a llevarse para que se lavara, y a esconder lo que se fueran a dejar allí. Le dedicó más tiempo del necesario a aquella tarea y, finalmente, fue a por Adriana, que seguía despierta y se levantó con una docilidad que seguía sorprendiendo a Christine. Siguió actuando de la misma forma durante el camino al riachuelo. Se quitó la ropa sin una queja, se lavó lo mejor que pudo en aquel cauce que, incluso a ella, no llegaba a cubrirle más arriba de la mitad de los muslos, e hizo lo propio con la ropa sucia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando hubo terminado, la propia Christine, muy aliviada por verla comportarse de una forma más razonable, la ayudó a cubrirse con una manta, para que se secara, y se sentó a su lado después de que Adriana, tras envolverse en la tela, hiciera lo mismo. Estuvieron un rato en silencio, hasta que su amiga le dijo, por primera vez en muchos días con un amago de sonrisa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Ya estás satisfecha?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque el tono de Adriana tenía algo más de broma que de desafío, Christine no quiso mostrarse blanda todavía, de modo que tras echarle un vistazo, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No. Tienes el pelo limpio, pero muy enredado. Tienes que peinarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No tengo ganas. Nadie va a venir a visitarnos. Y no puedes obligarme a peinarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine repuso, con tranquilidad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí que puedo, pero no me apetece. Lo que voy a hacer es peinarte yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras buscaba entre las cosas de Adriana y se hacía con un peine de púas gruesas, la oyó protestar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Es una tontería! No pierdas el tiempo con eso. ¿Quién se va a dar cuenta de que tengo el pelo revuelto?— Y cuando Christine empezó a peinarla, insistió—: ¿Para qué me voy a peinar si estamos las dos solas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque siempre te has cuidado mucho, y no es propio de ti descuidarte. Y porque quiero peinarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras eso, Adriana dejó de protestar y se dejó hacer. Christine nunca había peinado a ninguna otra chica, y le llevó bastante rato. No se dejaba crecer el pelo demasiado, como mucho, hasta la mitad del cuello, y además, lo tenía liso y se le enredaba poco. El de Adriana era largo y ondulado y tendía a rizarse un poco más en las puntas. La peinó con mucha delicadeza y, aún así, le dio algún que otro tirón cuando trataba de desenredar algún mechón rebelde. Su amiga se mantuvo en silencio, y sólo cuando Christine paró, dijo que iba ya estaba seca y que se iba a vestir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de haberlo hecho, volvió a su lado. Christine, que estaba un tanto cansada, había dejado de prestarle atención, y al fin cuando la miró, se dio cuenta de que Adriana contemplaba el estado de su melena negra ayudándose de un espejo pequeño, con un marco bellamente trabajado. Y tuvo que alegrarse por primera vez en varios días. Su amiga le sonrió al espejo y le dijo en tono animado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tú no sueles peinar a tus amigas, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine sonrió a su vez y repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues… no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No está tan mal, pero te voy a tener que enseñar unas cuantas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adriana, siguió mirándose un rato más hasta que se entristeció ligeramente y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Seguí tu consejo. Escondí este espejito entre mi ropa, por si aparecía otra vez el dop… el espíritu ese. Cuando me encerraron no me registraron apenas y se les pasó. Pero cuando volví a ver al espíritu, no tenía humor para ver si se reflejaba en él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine se había olvidado de aquello, a causa de todo lo que habían soportado últimamente. Con una curiosidad renovada, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Se te ha vuelto a aparecer? ¿Cuándo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuando estaba en la celda. Desde entonces, no he vuelto a saber de él, o de ella, o de lo que quiera que sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué hizo? ¿Qué te dijo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me hizo una oferta… Prefiero no contártelo. Lo único que sé es que ojalá no lo vuelva a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Christine le bastó. No quiso insistir, pero no dejó de resultarle curioso el cambio de actitud de Adriana, a la que nunca había visto hablar de una forma tan negativa de aquel espectro que la rondaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras descansar un poco más, volvieron a su escondrijo. Y aunque los días siguientes no fueron tan amargos para Christine como los tres últimos, tampoco fueron buenos. Adriana estaba más tratable, pero seguía mostrándose muy triste y tenía que estar casi todo el tiempo encima de ella para impedir que se sumiera otra vez en su dolor. Protestaba a menudo, y de vez en cuando, tenía hablar un rato con ella hasta convencerla, pero le hacía gracia que, al final, acabara obedeciéndola y haciendo lo que le decía con mucho afán. Una mañana le dijo que no se quedara todo el día sentada y que, sin alejarse mucho del escondite, buscara bayas o raíces que se pudieran comer. Protestó al principio, pero después se pasó todo el día buscando arbusto por arbusto. No encontró casi nada, pero, de todos modos, Christine sólo pretendía tenerla distraída con algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, a lo que se negaba todo el tiempo era a abandonar el escondite y a emprender el camino a Nêmehe, lo que terminó por desesperar a Christine, que sabía que era la única alternativa. Pero Adriana no parecía entenderlo y llegó a decirle que debían esperar allí, que algún amigo de su padre podría venir a buscarlas. Christine sabía que eso no iba a suceder, pero no pudo hacérselo entender a Adriana. Y, poco a poco, fue perdiendo la energía para convencerla.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-6965820031541216769?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/6965820031541216769/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=6965820031541216769' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/6965820031541216769'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/6965820031541216769'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/07/mundo-de-cenizas-capitulo-xxv.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XXV'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-5342009346591256655</id><published>2011-07-22T19:59:00.003+02:00</published><updated>2011-07-22T20:09:25.051+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XXIV</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Algo más calmada, regresó al escondite sin ninguna prisa. Sólo de pensar en que tenía que contárselo todo a su amiga se le aceleraba el pulso. Pero se lo tendría que relatar antes o después, así que mientras menos tiempo tardara, mejor para las dos. Aquella resolución perdió buena parte de su fuerza cuando trepó hacia la planicie donde se escondían y vio a Adriana sentada. Se miraron un instante y su amiga se limitó a decirle:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿Ya has vuelto?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Christine asintió y fue a sentarse cerca de ella. No la había vuelto a mirar, temerosa de que su amiga sospechara algo si veía la expresión que traía, pero, al parecer, ya era tarde. Adriana se sentó frente a ella, la miró muy seria y le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Tú has hablado con alguien. ¿Qué te ha dicho?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Suspiró y, dado que ya no tenía sentido retrasarlo más, dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Sí. He hablado con mi madre… Tengo que contarte lo que ha pasado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y le relató con serenidad todo lo que le había transmitido su madre: cómo lo había sabido, el desarrollo del combate, el triste destino de don Gabriel y su propuesta de ir a Nêmehe. Adriana la escuchó en completo silencio y pasó de mirarla directamente a los ojos con interés a ir bajando lentamente el rostro, con una expresión ausente que apenaba mucho a Christine.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Cuando terminó su narración Adriana parecía no estar allí; no reaccionaba, miraba sin ver y tan silenciosa estaba que se diría que no respiraba. Hasta que, de pronto, negó varias veces con amargura y arrancó a llorar, contra el pecho de Christine cuando ésta quiso consolarla.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Estuvieron así largo rato. Su amiga, entre lágrimas, no dejaba de protestar, de echarse la culpa de todo o de llamar a su padre, y Christine no sabía qué decirle, cómo hacer que dejara de llorar, porque ella misma se sentía igual de sola y perdida. La amargura de Adriana terminó por contagiársele. Habían sido muchos golpes en muy poco tiempo; no se podía quitar de la cabeza el momento en que se despidió de su madre, y no pudo más. Bajó la cabeza hasta hacerla descansar sobre el hombro de su amiga y lloró. Fue un llanto muy breve, porque luchó por reprimirlo y acabó consiguiéndolo. Pero fue suficiente para aliviarla un poco, a pesar de que llorar para Christine era algo tan angustioso como vomitar y que le pasaba menos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y entre lágrimas, Adriana le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No… tú no… No llores.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Se le abrazó, trató de consolarla aunque aún tenía el corazón encogido, y le repitió que ella era la culpable de todo, que lo sentía mucho. Esta vez, Christine no tuvo ánimos para decirle nada. Finalmente, Adriana la soltó y se limpió el rostro lo mejor que pudo. Luego, la miró con tristeza, lo que la hizo reaccionar y secarse las pocas lágrimas que había derramado. Y mientras se secaba las mejillas, su amiga le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿Qué va a ser de nosotras?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Con la mayor entereza que pudo reunir, que en aquel instante era muy poca, Christine repuso:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Saldremos adelante.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Tras un intervalo en que se mantuvieron calladas, mirando ambas al suelo, Adriana dijo, con la voz ronca por la ira:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Maldito don Guzmán. No tenía por qué haberos destrozado la vida a todos…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y continuó dando gritos, de una manera que le aceleró el pulso a Christine:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¡Maldito sea! ¡Que no quede sitio en su vida para otra cosa que no sea el dolor y el sufrimiento! ¡Que vengan los demonios y se lo lleven al infierno! ¡Maldito sea, mil veces maldito!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A Christine le daba miedo oírla hablar así, aunque no pudiera culparla. Ella no le deseaba ningún bien a don Guzmán e, incluso, reconoció que no se apenaría demasiado si le viera perderlo todo, pero se lo guardaba para sí. Sin embargo, su amiga le maldecía con unas ganas que le daban escalofríos. Lo que Christine no tardó en descubrir fue que las cosas podían ser peores. Vio cerrar los puños a Adriana y la oyó decir, en un tono repleto de odio:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Te lo prometo. Le mataré… con mis propias manos. Le cogeré del cuello y apretaré…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Oírle pronunciar aquellas palabras ya era muy inquietante, y le volvía a inspirar la sensación de que quien tenía delante no era la misma persona a la que consideraba su mejor amiga. Pero, mientras pronunciaba la última frase, su amiga había alzado la cabeza, y miró a Christine a los ojos. Y un miedo irracional, que la tomó desprevenida, le atenazó el alma. Los ojos de Adriana desprendían un fulgor rojo tan intenso que tuvo que entrecerrar la mirada. Presa del pánico, tan asustada que le costaba respirar, retrocedió hasta aplastarse contra la pared.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Christine no había sentido nunca una sensación parecida. Era similar a lo que notó la primera vez que la vio lanzar un hechizo, pero mucho más intensa, porque aquellos ojos monstruosos estaban ahora clavados en ella. Miró un instante al suelo que había a los bordes de su escondite, y evaluó la posibilidad de bajar a toda prisa y correr. En aquellas circunstancias, si Adriana le destrozaba una pierna podía acabar muerta; no podría valerse y su compañera poco iba a ser capaz de hacer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pero si salía huyendo, si actuaba como los demás y la rehuía o despreciaba por su naturaleza, por algo que, realmente, no podía controlar, erigiría un muro entre las dos que quizá nunca podrían echar abajo. Y la apreciaba demasiado como para eso. Así que sacó coraje no supo de donde, continuó aguantando su mirada y el aura de odio y miedo que desprendía. Con una voz trémula que casi no le salía del cuerpo, le suplicó:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Adriana… por favor, cálmate.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;No le hizo caso, y continuó mirándola con aquellos destellos rojos intensos, que oscurecían su rostro por el contraste. Y, de pronto, cuando Christine empezaba a creer que acabaría asfixiada, aquella manifestación de brujería desapareció, y Adriana se mostró confusa un instante. Luego, la miró con un estupor que se tornó tristeza de inmediato. Christine seguía sentada contra la pared rocosa, tan apretada que parecía estar intentando atravesarla. En un tono débil, lleno de pena, le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Christine…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Clavó en ella sus ojos negros, y Christine se lamentaría luego de no haber reaccionado antes e intentar acercarse, por mucho que la impresión por lo que había presenciado no le permitiese otra cosa que separarse ligeramente de la pared. Adriana torció el rostro en una mueca de desesperación, se cubrió los ojos con los puños y le chilló:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¡Vete! ¡Aléjate de mí!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Se dio la vuelta con rapidez y se ocultó de su vista detrás de dos piedras grandes que había en el centro de la construcción en ruinas. Christine sabía que lo mejor, en aquel caso, era complacerla, y se puso en pie con cierto trabajo, aún conmocionada por lo que acababa de soportar. Reparó en que estaba ilesa, lo que no alcanzaba a comprender. A pesar de que le entristecía dejarla sola en vez de intentar ayudarla, era consciente de que no podía hacer nada por ella. De modo que bajó con cuidado, tratando de no hacer ruido y se encaminó al riachuelo que discurría próximo a su escondite. Sería un sitio seguro si la sorprendía alguna rata, ya que esos monstruos no soportan el agua.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y bien escondida entre los matorrales que crecían junto al río, Christine se pasó allí todo el tiempo que pudo. Estuvo pensando, con amargura, en lo que iba a hacer. Lo primero que tuvo que aceptar era que tendría que decidirlo ella sola, ya que no podría contar con Adriana. El miedo que había pasado un rato antes le hizo albergar la idea de dejarla sola, pero se sabía incapaz de hacer algo así, porque dudaba que pudiera sobrevivir por sí misma en el estado en que se encontraba. Si habían hecho tanto por salvarla, desampararla era del todo absurdo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;No tardó en llegar a la conclusión de que deberían dirigirse a Nêmehe, y buscar la protección de la colonia dowertsch. El problema principal era cómo iban a llegar hasta allí. No se le antojaba muy prudente hacer un camino tan largo las dos solas, sobre todo si incluía el trayecto casi despoblado desde Vussinumoput hasta la capital. Aun peor sería la idea de intentar viajar en una caravana en Imquopossu, ya que era probable que don Guzmán las anduviera buscando, y ese sería uno de los primeros sitios donde miraría. Cipemnêfile y Vussinumoput estaban algo más lejos, pero quizá no lo bastante si don Guzmán tenía agentes a su disposición y ganas. Recordó, asimismo, que Adriana era una fugitiva, y que a don Guzmán le bastaba con escribir a las autoridades de las ciudades que quisiera para que las buscasen.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Estuvo un buen rato dándole vueltas a aquel problema, pero no logró hallarle una solución, entre otras cosas, porque sus pensamientos volvían una y otra vez a asimilar la idea de que no sabía cómo iba a tratar a Adriana a partir de aquel momento. Le sería imposible volver a tener con ella la confianza de antaño y lo malo era que, por mucho que intentara ocultárselo, se daría cuenta de inmediato. Le dolería advertirlo, se sentiría dolida y molesta, y ya había visto de qué manera tan monstruosa expresaba su amiga el dolor y el rencor. Y sin embargo, era consciente de que Adriana no era un monstruo, que a pesar de todo, continuaba teniendo buen corazón. Aunque Christine creyó, al principio, que le había hecho marcharse porque se había enfadado con ella, luego cayó en la cuenta de que, más bien, la había echado para no hacerle daño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El tiempo se le pasó muy rápido, debido a que no hacía más que darle vueltas a las mismas ideas, sin sacar nada en claro. Cuando decidió regresar, empezaba a oscurecer, y no quería verse sorprendida por alguna alimaña en la negrura. Tras subir al escondite, se dirigió con cautela hacia el sitio donde se había ocultado Adriana. Se la encontró dormida, tapada con una de sus mantas, aunque con el cabello y el rostro descansando en el suelo. Optó por dejarla dormir y ella montó guardia todo el tiempo que le fue posible, hasta que, tras lo que creyó un instante, abrió los ojos y vio que había amanecido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En los días siguientes, llegó a echar de menos el nerviosismo y el malhumor de Adriana. Con una rapidez sorprendente, después de su manifestación de brujería su amiga se había encerrado en sí misma por completo. Apenas hablaba, no quería comer y se pasaba el día entero acostada cubierta por la misma manta de la primera noche. Sólo se levantaba cuando no tenía más remedio, y bajaba y subía al escondite con una pesadez impropia de ella. Lo único que se llevaba a la boca era un odre que, antes de caer en aquel estado, se había preparado llenándolo de agua y de una quinta parte de vino, por precaución.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Christine lo intentó todo, pero no consiguió sacarla de aquel estado. Intentaba darle conversación, pero le respondía únicamente “sí” o “no”, y no siempre. Sólo una vez, dos días después del encuentro con su madre, tuvieron una conversación breve. Le había repetido que la única salida era viajar hasta Nêmehe y, una de las veces, le repuso que no se sentía con ánimos para hacerlo. Y, a continuación, le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Vete tú sola.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Christine no fue capaz de responder, de puro asombro; fue su amiga quien prosiguió:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—La gente a quien quiero acaba muerta o en la cárcel. Márchate antes de que te pase algo malo a ti también.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sin saber muy bien qué decirle, repuso:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Si te quedas sola te… quiero decir, si nos separamos estamos perdidas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Tú eres fuerte y sabes luchar. Estaría perdida yo—. Suspiró y añadió—. Y sería lo mejor para todos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Al decir aquello, recordó lo que le había pasado a la madre de Adriana, que, en sus últimos meses, hablaba de&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;la misma forma. Y se angustió. Quiso quitarle esa idea de la cabeza y le dijo, con la mejor intención:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Por favor, no hables así. Después de todo lo que hemos hecho por ti… tienes que vivir, recuperarte…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sorpresivamente, repuso furiosa:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿Y cuánto tiempo me lo vas a echar en cara? ¡Yo no os pedí que me rescataseis!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Aquella contestación desabrida la dejó helada. No pretendía reprocharle nada, sólo animarla un poco. ¿Cómo podía ser tan ingrata, después de todo lo que había pasado? Le habían dolido mucho sus palabras, pero se cuidó de no manifestarlo. Adriana, con un giro rápido se dio la vuelta, sin levantarse, para darle la espalda y se cubrió la cabeza con la manta. Lo único que acertó Christine a decirle fue, en un tono neutro fingido:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿Quieres decir que tendríamos que haber dejado que te quemaran?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¡Sí!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Christine no entendía nada. Unos días atrás se lo había agradecido de corazón, y ahora le parecía mal. Se levantó para marcharse, sin nada qué decir ni ganas de hacerlo. Y entre lágrimas, la oyó decir:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿Por qué no entendéis que no merezco nada?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La dejó sola y se sentó donde no pudiera verla. Pasó otra tarde interminable, sin otra cosa que hacer que mirar los árboles del bosque que las guarecía y darle vueltas a todo lo que le había pasado y a lo que iba a hacer. Y, como de costumbre, no llegaba a ninguna decisión. Aunque ya empezaba a invadirla la apatía, y comenzaba a darle igual todo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Echaba de menos Imessuzu, a su madre, a don Gabriel y, también, a Adriana o, al menos, a la manera en que se comportaba antes de todo aquello. Todo lo que había intentado para acercarse a ella, para que abandonara su ensimismamiento habían fracasado. Con tristeza, pensó que, ante un problema similar, habría ido a pedirle consejo a la propia Adriana, que era mucho más perspicaz para juzgar las emociones ajenas. Pero ya no podía contar con ella, sólo con su propia capacidad, que era muy limitada. Le costó largas horas llegar a la conclusión de que no era ingratitud sino culpa, que no había querido que la rescatasen pagando un precio tan alto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Un bello atardecer dio paso a una noche de guardia tan aburrida como las demás. Y como siempre, Christine aguantó todo lo posible, hasta despertar agotada tras una cabezada tan breve como un suspiro. Y por primera vez desde que lo había perdido todo, sintió en toda su crudeza el desánimo. No iban a aguantar mucho más. Si Adriana mostrara más disposición, habrían tenido alguna posibilidad, pero si ella misma se sentía perdida, no podía cargar, además, con su amiga.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Fue a por las provisiones para desayunar. Tenían aún bastante queso y bizcocho, lo que era lógico ya que Adriana, que en su etapa de nerviosismo apenas comía, había pasado a un ayuno completo. Fue a ver si estaba despierta para hacer un nuevo intento de que comiera algo. Había empezado dejándole algo a su alcance, pero como no lo tocaba, optó por guardarlo para que no le cayera nada encima. Cada vez que ella comía iba a ofrecerle, pero siempre se negaba. Como, en aquel momento, estaba dormida o lo parecía, la examinó de cerca. Su aspecto era horrible. Desde siempre había sido muy coqueta y cuidaba mucho su aspecto. Así que verla con el pelo revuelto y sucio, y con la cara manchada de polvo le resultaba impropio de ella. Lo peor era que se le empezaban a marcar en el rostro muestras de su cansancio y de su ayuno.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Si Adriana seguía así era cuestión de tiempo que enfermara y que no fuera capaz de superar su mal. Pero Christine ya lo había intentado todo. Desayunó pensando en que era absurdo haber hecho tanto por salvarla, simplemente, para que su propia pena la matara. Don Guzmán, sin saberlo, quizá consiguiera su objetivo mucho antes de lo esperado. Y don Gabriel pasaría toda la vida en la cárcel, sin saber que todo había sido inútil. Aquello la enfureció. Christine deseó poder preguntarle qué hacer con Adriana. Si él estuviera allí, estaba convencida de que sería capaz de hacerla comer.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-5342009346591256655?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/5342009346591256655/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=5342009346591256655' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/5342009346591256655'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/5342009346591256655'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/07/mundo-de-cenizas-capitulo-xxiv.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XXIV'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-1703486709810885028</id><published>2011-07-13T20:38:00.003+02:00</published><updated>2011-07-13T21:39:56.254+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Libros'/><title type='text'>Leído El Baile de los Secretos, de Jesús Cañadas</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Casi pisando la primera reseña, va ahora la segunda que tenía pendiente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Este lunes terminé de leer El Baile de los Secretos, que es la primera novela publicada de Jesús Cañadas, y que he recibido por haberme suscrito a Excalibur Fantástica de la editorial Grupo AJEC, que sigue, por fortuna, publicando buenos libros fantásticos de autores españoles. De noveles que apuntan alto, como es el caso que nos ocupa ahora mismo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Baile de los Secretos podría encuadrarse en el género de la fantasía épica. Y digo podría porque el planteamiento de la historia es muy original y se aleja bastante de lo habitual en el género. No quiero hablar demasiado acerca de la trama, porque prefiero que sea el lector el que se haga con este libro y saque sus propias conclusiones.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sólo daré varias pinceladas. La primera, que a los que aficionados al rol les gustarán ciertos detalles de la trama. La segunda es que es una fantasía épica muy poco convencional. Tiene una carga de literatura de terror muy elevada, algún ligero elemento "steampunk" (por ejemplo, la máquina de El Relojero). El ambiente de la obra es oscuro y tétrico. Ah, se me olvidaba. Lo más importante es que el libro, en realidad, es una historia de amor, sólo que tardas bastante en darte cuenta, aunque se apunte en las primeras páginas. La visión del amor que presenta es de lo más original que he leído nunca en fantasía épica, y sigue la curiosa línea en que nos encuadramos la mayoría de los hombres cuando escribimos sobre este tema en fantasía épica, de presentarlo como algo malo, como un problema.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A nivel técnico, la obra está muy bien llevada. Hay algunos puntos que resultan confusos, aunque yo no lo veo como un problema, sino como un elemento más integrante del ambiente del libro, donde van pasando cosas extrañas, y te vas llevando una sorpresa detrás de otra y sólo al final te queda más o menos claro de que ha ido el libro. Para mí, refleja lo que sienten los personajes, que se ven inmersos en algo perturbador cuyo origen se desconoce. Como única cosa que no me ha gustado es que algunos pasajes y algunos personajes son demasiado repugnantes, pero es cuestión de gustos y forma parte del ambiente tétrico y terrorífico que el autor nos pinta. No lo entendáis como una crítica; no le encuentro a esta obra ningún fallo que destacar. Solamente que prefiero los monstruos al estilo de Lovecraft que ese tipo de seres repulsivos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El estilo del autor es muy bueno, con una prosa muy emotiva, que roza la prosa poética en ocasiones. El uso de las metáforas es constante en todo el libro. Las descripciones de ambientes y personajes son muy nítidas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En definitiva es un libro muy recomendable, como todos los que AJEC está publicando dentro del género fantástico. Anteriormente había comentado el primer libro de Susana Eevee, publicado en el mismo sello, y este, que es el segundo que leo del mismo, resulta ser de la misma calidad. Próximamente iré reseñando más libros de este sello, que he recibido unos cuantos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Así que ya estáis tardando en leerlo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-1703486709810885028?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/1703486709810885028/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=1703486709810885028' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/1703486709810885028'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/1703486709810885028'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/07/leido-el-baile-de-los-secretos-de-jesus.html' title='Leído El Baile de los Secretos, de Jesús Cañadas'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-8336928850887754337</id><published>2011-07-11T21:24:00.003+02:00</published><updated>2011-07-11T22:04:12.502+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Libros'/><title type='text'>Leído Juego de Tronos de George R. R. Martin</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Tengo dos reseñas atrasadas, así que voy a comenzar con la más atrasada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Tenía varios volúmenes de esta saga esperando su turno en el montón de libros pendientes de lectura. Cuando anunciaron que iban a emitir la serie, me decidí a leerlos para luego ver la serie y compararla con el libro. Dicen que la serie es muy buena, y que adapta fielmente el libro, cosa que comprobé con el primer capítulo, que es el único que vi, ya que mi ritmo de lectura era más lento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juego de Tronos es un libro con una fama merecida. A nivel técnico, usa magistralmente la tercera persona subjetiva, combinada con gran cantidad de personajes. Ello significa que la caracterización de los personajes principales, los que hacen de narradores en cada capítulo, es soberbia. La sensación que me inspiró este libro a nivel técnico es ver la manera en que tú escribes ejecutada con una maestría excepcional. A mí me gusta usar la tercera persona subjetiva, y dar voces a diferentes personajes. Sólo que si hay más de dos personajes-narradores, ya empiezo a sentirme incómodo. Para explicar lo que me ha parecido, en cuanto a técnica narrativa, pondré un ejemplo. Suponed que soy violinista aficionado, que hago mis pequeñas interpretaciones, pero que me superan las grandes. Y que voy a un concierto de violín interpretado por un gran maestro. Pues eso es lo que me ha inspirado el libro, ver las técnicas narrativas que más me gustan ejecutadas a un nivel impresionante.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Otra cosa que llama la atención es el balance entre complejidad de la trama y facilidad para seguirla. A pesar de la gran complejidad de intereses, tejemanejes, misterios y luchas de poder, no te pierdes entre tanto nombre de casa, de personajes secundarios, de rivalidades y demás. A pesar del número tan elevado de personajes, la caracterización es formidable, tanto de los narradores como de algunos secundarios de relevancia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La documentación y ambientación también son buenas, y me ha llamado poderosamente la atención el interés puesto en la descripción de la comida, de los diferentes platos que los personajes gustan comer. Otra cosa realmente interesante son los giros argumentales, un tanto sorprendentes. Cuando uno empieza con el libro, y llega hasta el final, se encuentra que han pasado cosas que uno ni se imaginaba al principio. Y siguen quedando misterios sin resolver que hacen que te apetezca embarcarte en el segundo volumen de la saga. Cosa que haré más pronto que tarde.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La última curiosidad del libro es que, salvo una minoría, todos los personajes son bastante crueles, y más de uno roza la maldad. Ello crea una atmósfera oscura, que, realmente, está muy extendida en la literatura fantástica, y creo que por influencias de esta saga. No es el punto que más me gusta del libro. Aunque reconozco que tampoco es que me disguste, me faltan más personajes con algo de honor o menos crueles, si bien, a George R. R. Martin le quedan muy bien este tipo de personajes. Y son formidables algunos personajes que, aún siendo despiadados, muestran una parte noble muy sorprendente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En definitiva, un gran libro, tanto por su enorme calidad como por sus 800 páginas, pero que merece la pena leer si te gusta la fantasía épica bien hilada y equilibrada, con buenos personajes y buena trama.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-8336928850887754337?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/8336928850887754337/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=8336928850887754337' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/8336928850887754337'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/8336928850887754337'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/07/leido-juego-de-tronos-de-george-r-r.html' title='Leído Juego de Tronos de George R. R. Martin'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-6194489969234357848</id><published>2011-07-05T17:32:00.003+02:00</published><updated>2011-07-05T17:37:34.504+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XXIII</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Como respuesta, su madre se sentó y le pidió a ella que lo hiciera. Y le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;—El día que escapasteis, vino a casa un soldado. Llevaba en brazos a un muchacho bajito... el hijo del tendero...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecía intentar recordar el nombre, así que Christine, que ya se temía quien era, la ayudó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sebastián.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí. Venía prácticamente muerto. El soldado me contó que le había cortado la hemorragia del antebrazo, pero que temía por su vida. Aún vivía, pero estaba casi desangrado. Le cerré la herida, aceleré un poco su recuperación, pero no conseguí que volviera en sí. Como había leído tu carta, le pregunté que qué había pasado, que aquello era una herida de espada. Y me lo contó todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomo aire y prosiguió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Era uno de los cuatro soldados que llevaron a Adriana a la pira. Todo fue más o menos normal hasta que tu amiga empezó a soltar maldiciones. Dice que los ojos le brillaron con un color rojo, que sintió mucho miedo y que uno de sus compañeros cayó sujetándose una pierna. Don Guzmán se puso nervioso, ordenó que la quemasen ya y, no supo de donde, don Gabriel sacó una espada y se la puso en el cuello al soldado que iba a quemar a tu amiga. A él le pusieron un cuchillo en la garganta y salieron de la nada dos ballesteros—. Suspiró y añadió—: Supongo que todo eso ya lo sabías, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine se limitó a asentir en silencio. No había que ser muy listo para adivinar que había participado en un rescate organizado, y su madre era inteligente. Sin apenas mirarla, porque no le había hecho una pregunta, siguió hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Don Guzmán y don Gabriel discutieron. Don Gabriel quería batirse en duelo y don Guzmán decía que no. Después de porfiar un rato, vio acercarse a don Guzmán, que miraba con odio al muchacho que le retenía, a Sebastián, que le dijo que no se acercara más, o le mataba. Don Guzmán le dijo que lo hiciera, y preparó una estocada. Sebastián dijo algo horrorizado, liberó al soldado e intentó defenderse. Le salvó la vida que interpuso el brazo del cuchillo y don Guzmán no pudo atravesarle el corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su madre se interrumpió un instante, y siguió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Don Gabriel gritó a los ballesteros que disparasen y él hirió en un brazo al soldado al que tenía amenazado—. Suspiró con más tristeza que antes y dijo—: tendría que haberle malherido, porque se le enfrentó—. Hizo otra pausa y añadió—: Lo peor fue que uno de los ballesteros salió huyendo. El otro disparó a don Guzmán, aunque a quien rozó fue al soldado que el muy cobarde había interpuesto. Pero ya eran cuatro contra dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine ya era consciente de que aquello había acabado bastante mal y empezó a sentirse muy desanimada. Su madre continuó en un tono tranquilo y frío:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El soldado que me lo contó todo cargó contra el único ballestero y lucharon. El miliciano recibió una herida muy fea en el rostro, pero siguió combatiendo. Cuando su compañero se acercó a ayudarle, el miliciano continuó peleando. No querían matarlo, pero, al final lo hirieron de gravedad en un costado. Entretanto, don Gabriel seguía discutiendo con don Guzmán. El compañero del soldado fue a enfrentarse con don Gabriel y él intentó detenerle la hemorragia, pero fue incapaz. Después de mucho esfuerzo, consiguió salvar a Sebastián. Todo ese tiempo estuvo oyendo cómo discutían, hasta que don Guzmán le dijo a don Gabriel que si no se entregaba, tendría que luchar el sólo contra los cuatro. Finalmente, se entregó con mucha lentitud. Le cogieron preso y se lo llevaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Christine, aquel resultado le parecía espantoso. Sebastián a punto de morir, otro compañero muerto. Seguro que el cobarde que les traicionó fue el amigo de Carlos. Lo que más le angustiaba era preguntarse cómo se lo iba a contar a Adriana. Su madre se había callado como si hubiera terminado su relato, pero, al cabo de un rato, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hay más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine miró a su madre y se temió lo peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Don Guzmán ha condenado a muerte a don Gabriel. Supongo que eso es conforme a los fueros. Pero… don Gabriel era el único con la fuerza y los contactos suficientes como para oponerse a don Guzmán. Ahora, ha nombrado a un capitán de la milicia que le es fiel e Imessuzu está en sus manos—. Respiró profundamente y añadió—: Adriana nos ha traído una gran desgracia… El pueblo ha quedado en manos de un tirano de los peores. Yo uso mis poderes con mucha cautela, ¿cómo se le ha ocurrido a tu amiga utilizar la magia negra delante de todo el mundo? ¿Qué esperaba?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intentando que la pena que sentía por don Gabriel, y la angustia de verse diciéndole aquello a Adriana, no se manifestaran en su voz, quiso defender a su amiga:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No quiero ofenderos, pero Adriana usa la magia negra sin proponérselo. Es una bruja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y tú te lo crees?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Don Gabriel estaba convencido y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El amor de un padre, a menudo, es ciego. Te enseñado hechicería, Christine, ¿crees que alguien puede lanzar un hechizo sin darse cuenta? Es una excusa muy pobre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine no solía discutir con su madre, y menos en aquel momento, en el que se sentía tan abatida, así que se calló. Su madre, con la vista perdida en los matorrales que las ocultaban, continuó hablando tras haber transcurrido unos instantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me gustaría marcharme de Imessuzu e instalarme en Nêmehe, junto a nuestra gente. Pero soy la única curandera que queda en el pueblo. Me siento obligada a no abandonar a mis pacientes. Pero… No te he contado lo último que me dijo el soldado. Se suponía que no iba a salir de allí, sin embargo... Te he dicho que ahora don Guzmán puede hacer lo que le plazca. Tras condenar a muerte a don Gabriel, le dijo que la muerte no le iba a librar de ver a su hija ardiendo en una pira. Le va a tener encarcelado hasta que la capture, y le hará mirar como queman a Adriana antes de ejecutarle. No entiendo cómo se puede ser tan desalmado y tan canalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A don Guzmán siempre le había tenido por un hombre demasiado autoritario y severo, pero no se imaginaba que fuese tan sumamente cruel. No supo qué decir y fue su madre quien continuó hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ojalá don Gabriel hubiese luchado más. Tendría que haber malherido al soldado y lanzarse contra el canalla de don Guzmán. Le creía más valeroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un tono inseguro, porque no le gustaba contradecir a su madre, Christine repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En realidad, sin ánimo de ofenderos, creo que don Gabriel actuó de la forma más sensata. Si hubiera luchado, lo más probable es que le hubieran dejado incapacitado o muerto en un suspiro. Don Guzmán es tan buen espadachín como lo es don Gabriel, y, además, el alcalde tenía a varios soldados en su bando. En tal caso, tras haberle vencido, don Guzmán habría enviado a un par de soldados detrás de nosotras. Si se limitaba a discutir y luego a entregarse, nos daba más tiempo y obligaba a que los soldados le tuvieran que llevar preso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su madre la miró pensativa y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y don Guzmán nunca se ensucia las manos. No se habría rebajado a perseguiros. Comprendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras aquello, permanecieron en silencio un rato. Christine no sabía qué hacer. Había esperado que don Gabriel, tan astuto y tan metódico, tuviera algo previsto para las circunstancias actuales. Saber que Adriana y ella estaban completamente solas se sumaba a la lista de sucesos aciagos que acababa de conocer. Intentando mostrar tranquilidad y entereza, Christine preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué hacemos Adriana y yo ahora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por lo pronto, alejaos de Imessuzu todo lo que podáis, y ni se os ocurra dejaros ver por allí a ninguna de las dos. Don Guzmán vino a interrogarme. Sospecha que tú también participaste en el rescate y lo más probable es que te encarcele y te torture si te echa la mano encima. Yo, en vuestro caso, iría a Nêmehe y hablaría con la colonia dowertsch de la ciudad, que seguro que os ayudarían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la soledad que sentía, se le unió la angustia de saber que no iba a regresar a su casa en mucho tiempo. Había salido con lo puesto… Se dejaba todo lo que tenía allí, cosas de mucho valor sentimental para ella. Y, sobre todo, le había causado problemas y dolor a su madre, que no se merecía nada de aquello. Sin poder contener la pena, repuso con tristeza:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Siento tanto haberos causado tantos problemas... No era mi intención, pero... me daba tanta pena Adriana, era todo tan injusto...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, Christine, has hecho lo correcto. Te advertí cientos de veces de que no te interesaba una amiga como Adriana, te dije más de una vez que esa chica era una fuente de problemas, que no era de fiar... Pero yo tampoco escuchaba a tu abuela. No apruebo la amistad que le tienes a esa chica, pero me siento muy orgullosa de tu lealtad y de tu sentido de la justicia. Y seguro que tu padre habría dicho lo mismo. Además, no te preocupes por mí. Estaba dormida cuando el soldado llamó desesperado a mi puerta, y no he tenido nada que ver con los que han sacado del pueblo a escondidas a Sebastián. Y don Guzmán no dejará Imessuzu sin su única curandera; necesita un pueblo sano al que explotar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine se quedó en silencio porque ya no se le ocurría qué otra cosa decir. Intentaba encajar cómo, de repente, se veía obligada a despedirse de la vida que había llevado hasta entonces. No tenía valor para mirarla a la cara, y permanecieron así un buen rato. Un intervalo de tiempo al que dio fin su madre. Christine había notado el rumor que hacen las monedas cuando alguien las echa en alguna parte. Vio que su madre tenía varias en la mano, que le dio diciéndole:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Toma. Es todo lo que llevo encima salvo un real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran muchas monedas, pero maravedís en su mayor parte. Habría cuatro o cinco reales en total. Con la vista clavada en el dinero, oyó que su madre le decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ve a Nêmehe. Habla con nuestros compatriotas. Si me escribes, haz que un caballero dowertsch me la haga llegar como si fuera cosa suya, y hazlo en nuestra lengua, haciéndote llamar Hans y evitando dar el nombre del sitio donde vivas. No quiero que don Guzmán se entere de que me escribes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando su madre se levantó, sintió como si el corazón se le partiera. Se guardó las monedas en una faltriquera y se puso también en pie. Al mirarse, Christine, por primera vez desde hacía mucho tiempo, vio dolor en los ojos de su madre que, sin embargo, contuvo sus emociones y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No debo quedarme más. Podrían sospechar si tardo más de la cuenta. Cuídate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Christine le costó mucho esfuerzo contenerse ella también. No se sentía capaz de hablar, porque si abría la boca temía echarse a llorar. Tras resistirse unos instantes, no aguantó más y le dio un abrazo a su madre, en completo silencio, un gesto que imitó. Estuvieron así un rato, hasta que Christine consideró que podía controlar la tristeza que sentía, la soltó y se despidió de ella, prometiéndole escribir cuando pudiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin más, su madre, sin volver la vista atrás, recogió sus cosas y se marchó. Christine la vio partir hasta que los árboles la ocultaron de su vista. Sólo entonces se sentó muy abatida y se quedó escondida, tratando de que se le pasara el nudo en la garganta que sentía, y la opresión en el pecho que le dificultaba respirar. Desde que dejó de ser una niña, no recordaba haber sentido tantas ganas de llorar como en aquel instante, pero se portó con entereza y no derramó ni una lágrima.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-6194489969234357848?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/6194489969234357848/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=6194489969234357848' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/6194489969234357848'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/6194489969234357848'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/07/mundo-de-cenizas-capitulo-xxiii.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XXIII'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-3536402413546701099</id><published>2011-07-02T13:40:00.002+02:00</published><updated>2011-07-02T13:43:14.807+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XXII</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Christine se sentía muy cansada, aunque no tanto física como emocionalmente. Era cierto que, desde que huyeron, apenas había dormido, y aquel era el cuarto amanecer desde que salió de Imessuzu. Pero lo que más le afectaba eran dos cosas: la incertidumbre acerca de lo que había sucedido en el pueblo, y la actitud de Adriana. Su amiga estaba insoportable. Pasaba de permanecer largo rato en silencio, a volverla loca a base de preguntarle qué iban a hacer, de decir que sería mejor que regresaran, que no iba a venir nadie a por ellas, que tenían que saber qué había pasado… Y cuando Christine le repetía que debían permanecer allí por lo menos tres días, para esperar a que las avisaran, que era lo que su padre les había ordenado, Adriana refunfuñaba, decía que ya tendría que haber enviado a alguien y acababa por enfadarse y esconderse a solas un rato. Comía lo mínimo y no podía confiar en ella para las guardias, lo que la obligaba a quedarse en vela toda la noche y dormitar a ratos. O bien era incapaz de dormir cuando hacía guardia Christine, y se pasaba todo el rato junto a ella en vez de acostarse, o bien se quedaba dormida en plena guardia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Pero, en realidad, no podía culparla. La madre de Christine no corría peligro, pero don Gabriel a aquellas horas podría estar muerto o condenado a muerte. Aquella incertidumbre tenía que estar matándola y Christine conocía lo bastante bien a su amiga como para saber que siempre le era muy difícil controlar sus emociones y la forma en que las expresaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como el resto de días, Christine esperaba pacientemente a ver a alguna de las personas que don Gabriel le habría dicho que enviaría si todo salía bien. Lo hacía escondida cerca del camino que unía Imessuzu con Imquopossu, a poco más que un quinto de legua de esta última población. Era una tarea aburrida, pero que le requería bastante atención, porque debía estar prevenida para no dejarse ver si pasaba por el camino alguien sospechoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin otra cosa que hacer, se puso a recordar cómo habían llegado hasta allí. Corrieron lo más rápido que fueron capaces durante mucho tiempo. Al principio, mientras el bosque fue poco denso, Christine conseguía correr muy rápido; dejaba atrás casi todo el tiempo a Adriana y se tenía que parar de cuando en cuando a esperarla, hasta que volvió a cogerla de la mano para obligarla a correr con mayor rapidez. Le dio algo de pena oírla quejarse de que no podía más, pero a pesar de sus quejas, su amiga se negaba a detenerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La situación cambió cuando llegaron a la parte más densa del bosque y, a la vez, más escarpada. Adriana trepaba y saltaba con mucha seguridad, eligiendo siempre el camino más practicable, mientras que ella se tropezaba, se enganchaba con las ramas, y una vez pisó mal por apresurarse y estuvo a punto de torcerse un tobillo, lo que en aquellas circunstancias habría podido ser el fin. Escarmentada, empezó a ir mirando todo el rato donde pisaba, de forma que fue Adriana la que tenía que esperarla, la que le decía por donde era mejor subir y la que le daba la mano para ayudarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine se angustiaba por lo despacio que avanzaba por aquel terreno, y si no hubiera dado su palabra de estar a su lado, le habría dicho que huyese ella sola. De todos modos, el sol había salido hacía bastante rato cuando repararon en que nadie las seguía. Aunque no se detuvieron, sí que aflojaron bastante el ritmo, hasta que, finalmente, iban caminando más que corriendo. A mediodía se pararon a descansar, con la ropa empapada de sudor y bastante molidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando su amiga recuperó un poco el aliento, consiguió emocionarla. Sin dejar que se levantara, fue hacia ella y le dio un abrazo muy fuerte. Con la voz quebrada, le dio las gracias muchas veces, y le repitió otras tantas que qué sería de ella sin una amiga como Christine. Contra el hombro de Christine, sollozó ligeramente, aunque fue capaz de contenerse. Después de aquello, continuaron avanzando y procuraron acercarse a la carretera siempre que el bosque les permitiera hacerlo sin ser vistas. Y desde entonces, Adriana no había vuelto a demostrarle afecto o amistad, ni a ayudarla un poco a sobrellevar aquella situación, con una sola excepción; fue Adriana la que encontró un lugar muy seguro para esconderse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mismo día de la huida, cuando estaban cerca del camino, Adriana recordó que alguna vez que había hecho con su padre el trayecto hacia Imquopossu, había visto a lo lejos un grupo de rocas entre los árboles, y condujo a Christine hacia allí. Y ambas convinieron en que era un escondrijo perfecto. Hacía falta trepar un poco para llegar a una pequeña explanada circular protegida por piedras muy grandes, entre las que se podían esconder, lo que las libraba del peligro de que las ratas intentaran atacarlas y, además, impedía que se las viese desde el camino y la propia Imquopossu. Aunque estaba cubierta por la vegetación y las piedras eran irregulares y desgastadas, Christine pensó que eran las ruinas de una especie de torre circular. Se lo preguntó a Adriana, pero repuso escuetamente: “No sé”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, su amiga se había dejado dominar por el nerviosismo y la angustia de no saber qué había sido de su padre. Estaba malhumorada casi todo el tiempo y pasaba de desahogarse repitiéndole que tenían que hacer algo y no permanecer allí escondidas, a buscarse un rincón, cubrirse con una manta y pasarse horas en silencio, con la mirada perdida y un brillo furioso en la mirada que le daba un aspecto maligno. Muy a su pesar Christine reconoció que, cuando la veía así, sentía un poco de miedo. Aún tenía muy reciente lo que le había hecho a Carlos, y temía que la parte diabólica de Adriana acabara dominándola y terminara convertida en un monstruo. O que le pasara como a su madre y volviera su maldad contra ella misma.Pero a Christine no se le pasó nunca por la cabeza abandonarla, a pesar de todo. Porque tenía momentos en que se angustiaba por la actitud que tenía, y otros en que parecía volver a ser la misma Adriana que siempre había sido su mejor amiga. El peor de aquellos momentos fue cuando, al atardecer del segundo día tras su fuga, una rata solitaria las olió y quiso subir al sitio donde se refugiaban. No le era posible hacerlo, porque no tenía donde agarrarse, pero, aún así, Christine empuñó sus armas. Cuando Adriana la vio, montó en cólera y gritándole unos insultos terribles, y amenazándola de que la iba a matar, como si la rata pudiera entenderla, fue a por su arco, le puso la cuerda y sin dejar de proferir un insulto tras otro, se acercó al máximo, apuntó y disparó. Adriana, para carecer de instrucción militar, era buena arquera, pero, en aquella ocasión, tuvo bastante suerte. Disparó justo cuando la rata daba un salto que la llevó a echarse, por accidente, contra la flecha. El proyectil le entró a la altura del hígado y le salió por los cuartos traseros, y aquella bestia cayó al suelo y se quedó inmóvil, ensartada en la flecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para su amiga no fue suficiente. Tiró el arco, bajó con rapidez, y desoyó a Christine cuando le advirtió de que aquello era una imprudencia, que a lo mejor la rata no había muerto. Adriana empezó a gritarle a la bestia que le devolviera la flecha y la pateó de una forma que le revolvió el estómago a Christine. Al menos, el animal no se movía y aunque no había peligro, por tanto, decidió bajar y calmar a Adriana. Cuando llegó a su lado, su amiga, dándole la espalda, se empeñaba en arrancar la flecha a tirones y, al no conseguirlo, continuar con los insultos y las patadas, fuera de sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como era de esperar, la flecha terminó partiéndose, y Christine aprovechó que se puso de pie de nuevo para asirla con suavidad de los brazos y pedirle que se calmara. Adriana no intentó soltarse, pero siguió dándole patadas a la rata muerta. Hasta que al fin se detuvo, y, en respuesta a una de las peticiones para que se tranquilizara, repuso, con la tristeza de una niña a la que le hubieran quitado un juguete:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quería mi flecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedó un rato mirando a la rata y se puso a sollozar, con el rostro escondido tras las manos y la cabeza agachada. Christine le dio la vuelta y, con suavidad, le dijo que subiera, que se iba a encargar de llevarse lejos el cadáver y volvía muy rápido. Su amiga le hizo caso, y ella se llevó la rata arrastrándola de la cola, hasta llegar a un terraplén cercano, por el que la tiró. Al regresar, iba preocupada por Adriana. Era muy temperamental, y le había conocido arranques de ira como aquel, aunque nunca la había visto tan enloquecida. Quería creer que jamás habría pateado de esa forma a otra persona. La última vez que la había visto así, tras haber discutido con una chica de Imessuzu con la que llegó a las manos, se había limitado darle un par de guantazos y algún tirón de pelo antes de que Christine pudiera separarlas. Otras chicas más pacíficas, en esa situación, solían dejarle a su rival la cara llena de arañazos, pero pocas se habrían debatido con la fiereza de Adriana, ni habrían gritado tan fuerte. Sin embargo, pensó con aprensión, eso había sido antes de que despertara en ella la parte diabólica que parecía tener.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cambio, aquel mismo día por la mañana, cuando Christine regresaba de una visita sigilosa a Imquopossu, se la encontró contando dinero. Y lo que vio la dejó estupefacta. Adriana apilaba con cuidado monedas de oro, por el tamaño, nada menos que escudos de a ocho. Le preguntó que de dónde los había sacado y ella repuso que estaban en el fondo del fardo que su padre le había preparado. Pero más se asombró cuando le preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y cuánto vale cada una?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Son escudos de a ocho. Mira, aquí está el ocho, al lado del relieve con el escudo del reino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adriana cogió la moneda, la miró de cerca en el sitio donde Christine le había señalado la cifra y dijo, con una sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ah, sí! ¡Podían hacerlos más grandes! No veía el número... Entonces, como en cada montón hay dieciséis monedas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hizo alguna cuenta mental, pero se rindió en seguida. Adriana siempre había sido muy torpe para el dinero y para la aritmética. Christine le propuso colocarlas en montones de cinco ya que sería más fácil de contar. Aceptó y se pasaron un buen rato apilando monedas de oro, con la misma actitud por parte de su amiga de quien apila piedrecitas o juguetes. El resultado final fue que Adriana era rica, y llevaba encima una fortuna, algo más de quinientos escudos. Pero lo mejor de todo era que, durante el tiempo en que estuvieron contando monedas, su amiga había vuelto a ser la misma que antes de que su maldición se manifestara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces, dejó de recordar los últimos días porque el corazón le dio un vuelco. Había visto pasar por el camino a una mujer rubia y alta y algo le dijo que era su madre. Se acercó con sigilo y, efectivamente, era ella. Christine corrió con todo el sigilo posible para adelantarla, y protegida por unos matorrales, le dijo, alzando la voz lo imprescindible:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Madre!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La aludida se volvió, le dedicó una mirada fugaz y siguió su camino sin inmutarse, de tal forma que Christine llegó a pensar que se había confundido de persona. Por suerte, se equivocaba, ya que la mujer, tras haber avanzado cerca de cien pies, dejó la bolsa que llevaba al hombro al borde del camino, se arregló la ropa, miró con disimulo delante y detrás, y se internó en el bosque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la alcanzó, se miraron un rato. Christine, algo indecisa, no sabía si abrazarla o besarla, o dejar que ella lo hiciera. Su madre, simplemente, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Leí tu carta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había hablado en dowertsch, la lengua del pueblo de sus padres, que su madre usaba con ella en muchas ocasiones, en particular cuando no quería desmoralizar a algún enfermo al que estuvieran tratando. Tras otra pausa, se sentó, gesto que imitó Christine, y añadió, en la misma lengua:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Te encuentras bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine supo que aquella conversación tendría lugar en dowertsch, así que repuso, usando ya su segunda lengua:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y con una mezcla de aprensión y esperanza, le preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Os ha enviado don Gabriel? Dijo que enviaría a alguien a por nosotras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La leve tristeza que se coló en la mirada de su madre, le indicó a Christine que le había pasado algo al padre de su amiga antes de que le respondiera:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No. Don Gabriel no está en condiciones de enviar a nadie. No sabía que os escondíais aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christine, haciendo memoria, se dio cuenta de que no era tan raro ver a su madre allí. Casi todas las semanas iba a Imquopossu para comprar cosas que en Imessuzu no había o no tenían la calidad suficiente. Temiendo oír malas noticias, pero sabedora de que tarde o temprano tendría que conocerlas, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué ha pasado? Por favor, contádmelo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-3536402413546701099?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/3536402413546701099/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=3536402413546701099' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3536402413546701099'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/3536402413546701099'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/07/mundo-de-cenizas-capitulo-xxii.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XXII'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-1503805967524921392</id><published>2011-06-18T10:45:00.003+02:00</published><updated>2011-06-18T10:55:23.148+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XXI</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El miliciano la atrajo hacia sí y le rodeó los hombros en un gesto protector, del todo casto, mientras le pedía que no se preocupara. La chica repuso acurrucándose ligeramente contra él. A Pablo le bastó un instante para reparar en que entre aquellos dos había una relación, de alguna clase, muy estrecha. No se parecían demasiado, así que no pensaba que fueran hermanos. ¿Quizá primos lejanos? ¿Serían pareja? Pablo se propuso averiguarlo; sobre todo le interesaba descartar que Juan fuera su novio o su prometido. Así que dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Perdóneme, amiga Raquel. ¿Le podría hacer una pregunta?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La chica, desde el abrazo protector de Juan, le miró con atención, lo que interpretó como un sí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Todo eso que sabe de los demonios, los cralates y lo demás, ¿es cierto que lo lee en libros antiguos? ¿Comprende las cosas que dicen esos libros?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Sí&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Entonces vuestra merced, además de guapísima, es muy inteligente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pablo acompañó el requiebro de una sonrisa y analizó la reacción de sus dos interlocutores, que seguían pegados el uno al otro. Ella se ruborizó ligeramente y repuso:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¡Oh! Gracias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Una mujer hecha y derecha que se ponía colorada por un halago sencillo, ¡qué encanto! En cambio, Juan le miró con una expresión entre seria y furiosa que le permitió intuir que al miliciano le gustaba Raquel. Sospechaba que no era correspondido, pero de eso no podía estar seguro. Su intuición y sus sospechas se acrecentaron cuando, en un tono bastante seco, el miliciano le comentó:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Ha sido un placer, pero debo acompañar a Raquel a su casa, antes de que me ordenen algo y ya no pueda. Adiós.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;E hizo ademán de llevársela. Así que el miliciano amaba a Raquel y se había puesto celoso, pensó Pablo. Decidió que no iba a ponérselo tan fácil, porque por mucho que respetara las relaciones consolidadas, estaba convencido de que esta no lo era. Así que dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Amigo Juan, con todo respeto, ¿es que la disciplina de la milicia de Gaiphosume es así de relajada? Porque si en Itvicape yo abandonara mi puesto para irme a casa con una amiga me caerían unos días de calabozo. ¿Aquí no pasaría lo mismo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El miliciano no le hizo caso, pero la chica se detuvo y le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No Juan, no quiero que tengas problemas por mi culpa. Iré sola, no te preocupes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A ella le notó algo de miedo en la expresión y Juan mostraba una cólera contenida que le obligó a Pablo a reprimir unas cuantas risotadas. Por supuesto, no iba a consentir que la chica se fuera sola, de hecho, su objetivo era hablar con ella todo lo posible para conocerla mejor, de forma que intervino.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Espérenme un momento vuestras mercedes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y sin el menor titubeo, se fue directamente hacia el oficial que le había inscrito en la milicia de la ciudad y, aprovechando que estaba muy ocupado recibiendo información y dando instrucciones, le dijo, señalando hacia donde estaba Juan:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Discúlpeme, señor, pero mi amigo Juan y yo llevamos un rato sin saber qué hacer, y creemos que podríamos ayudar en otra parte. Estamos deseosos de colaborar. ¿Nos da su permiso para incorporarnos a la defensa de otro tramo de murallas?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Como Pablo ya sospechaba, el oficial, asediado por la necesidad de organizar a tanta gente, le dio permiso y les ordenó que fueran al lienzo de muralla este, donde hacía poco tiempo se combatía, según sus palabras. Lo hizo sin comprobar nada, sin apenas mirar a Juan y a Raquel, aliviado probablemente por poder librarse de un par de personas más. Volvió con sus nuevos amigos, o lo que se consideraran ellos, y les comunicó la noticia. Fueron con Raquel a que devolviera el arco y la acompañaron ambos a su casa. Recorrieron el camino juntos, y sólo hicieron un alto cuando Pablo tuvo que dejar su equipaje en el barracón que le había asignado la milicia de la ciudad. Llegó a pensar que, al regresar, se encontraría que Juan y Raquel se habrían ido, pero tuvieron la cortesía de esperarle.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Fue un trayecto que a Pablo le resultó agradable. Estuvo dándole conversación a Raquel casi todo el rato, y aunque lo intentó, no logró que Juan abandonara su silencio salvo para responderle con frases breves y secas. La chica le pareció muy simpática y algo inocente, pero lista. Al parecer, leía tratados antiguos de magia porque el tema le gustaba mucho y sabía bastante de eso. Cuando estuvo en su casa se despidió con dos besos, primero de Juan y luego de él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Afortunadamente, al estar solos, a Juan pareció que se le pasaba el enfado y poco a poco, fue hablándole con mayor normalidad. El resto del tiempo que estuvieron ambos de servicio no fue demasiado emocionante. Iban a incorporarse a su puesto cuando dejaron de sonar las campanas de alarma. Aún así, les ordenaron apostarse en un lienzo de las murallas y disparar a toda rata que vieran. Oscurecía rápidamente y, de todos modos, no vieron demasiadas. Sólo dispararon un par de veces. O sería mejor decir que lo intentaron; Juan debía de andar muy distraído porque la primera vez que pasó una manada de ratas por su sección de muralla, su compañero asió mal el arco y no pudo disparar, mientras que él casi ensarta a una de aquellas bestias repulsivas. El segundo tiro de su compañero también fue malo, pero el suyo fue excelente, y consiguió acabar con una rata que parecía estar buscando un hueco para entrar en la ciudad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pero la inactividad le hizo daño. No podía evitar pensar en Mercedes. Era consciente de que se engañaba a sí mismo si pensaba que olvidarse de ella no le iba a doler. Aquel miliciano serio, que iba siendo más cordial lentamente no era, en realidad, la compañía que habría deseado, pero en aquella ciudad no conocía a nadie. Así que cuando terminó su turno, Pablo se las arregló para irse con él y, no con poco esfuerzo, consiguió convencer a Juan para irse a una taberna, a base de rogarle diciéndole que tras haber estado a punto de morir en la caravana necesitaba tomarse un trago.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan acabó por rendirse y fueron a un local que él mismo sugirió. Se sentaron en una mesa pequeña y pidieron una primera jarra de vino, que sólo costaba cuatro maravedís y una blanca y estaba delicioso. Aunque Juan pagó la primera, fue Pablo quien se bebió casi todo el vino. La segunda corrió de su cuenta. Con el alcohol empezando a subírsele a la cabeza, logró que Juan pagara una tercera, luego pagó él otra más. Cuando, trabándosele la lengua, pidió la quinta y se sirvió a sí mismo otra copa, Pablo ya estaba bastante borracho, mientras que Juan, que se había reprimido más y había comido algo, seguía sobrio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;De pronto, vio unas mesas más allá, a tres milicianos que iban acompañados de una chica morena. No se parecía en nada a Mercedes, pero tuvo la desgracia de recordársela, y entre la alegría que le proporcionaba el alcohol, se coló el recuerdo de la chica con la que nunca iba a tener nada. Y se entristeció mucho, tanto que se le humedecieron los ojos. Y tratando de espantar aquella amargura, dijo, en un tono más alto del que habría deseado y con bastantes dificultades para articular las palabras, porque tenía la lengua como dormida:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Amigo Juan… ¿quiere que le dé un consejo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Repentinamente mareado apoyó los codos en la mesa, cogió su copa con cierta dificultad, bebió un trago largo, y sin fijarse en si Juan había respondido, dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Aléjese de todas las mujeres. Las mujeres son una mierda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan le sorprendió replicando con vehemencia:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Eso es mentira. Las mujeres son lo más maravilloso de la Creación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pablo no pudo contenerse. Riéndose, se echó hacia atrás, con la fortuna de que la pared le detuviera, tomó otro sorbo, del que derramó parte porque no podía dejar de reír, y señalando a Juan le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¡Ay! ¡Qué chiste más bueno! ¿No se sabe más como ese?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y tras hipar, añadió&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Amigo Juan, ¿no conoce la famosa seguidilla?— Y esbozando una sonrisa estúpida de borracho, se dejó caer nuevamente sobre los codos, se sirvió una copa más, y declamó, con la lengua pastosa—: Las mujeres y las flores son parecidas. Mucha gala a los ojos, y al tacto… ¡espina!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y, sin ningún motivo, empezó a reírse a carcajadas, agachando tanto la cabeza que la dejó reposando sobre el antebrazo que apoyaba en la mesa. La respuesta de Juan no se hizo esperar:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Amigo Pablo, es gente como vuestra merced, tan poco considerada y delicada con las mujeres quien las vuelve antipáticas. ¿Qué piensa que le van a devolver si lo único que busca de ellas es llevarlas a su lecho? Trátelas con respeto, como si fueran mujeres y no trozos de carne, y verá cómo todo cambia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La risa de Pablo, en esta ocasión, sonó más amarga. Echado sobre la mesa, acercó su rostro al de Juan, y le replicó:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Ay, amigo mío, tiene tanto que aprender… A ellas les gusta tanto yacer con hombres como a nosotros con ellas. Lo que pasa es que tienen que hacerse las puras y las santas y la madre que las parió… A mí me dan ya asco… Todas tienen algo, o están enamoradas de otro, o se van a casar con un puto viejo de los cojones, o esta noche no sólo para dejarte con las ganas… Pero…— y la emprendió a puñetazos con la mesa, que entrecortaron sus palabras— to… das se mue…ren por fornicar… con un hom… bre con un par de…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan detuvo los puñetazos agarrándole la mano cerrada y repuso:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Estese quieto. Y no es cierto, no son todas así. Lo que pasa es que hay chicas decentes y otras que no lo son tanto. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pablo no pudo contener la risa de nuevo, pero esta vez su risa sonó más a bufidos que a otra cosa, por el intento que hizo por acallarla. Apuró el último trago de su copa y se la llenó de nuevo, lo que le resultaba cada vez más difícil, mientras Juan le miraba con un semblante serio que le daba más ganas de reír. Con la lengua muy pastosa, repuso:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Ay, amigo Juan, no es cosa de decencia… Es que… para todo existe su momento. A veces hay que ser delicado… y a veces bruto… Y no digo que haya que pegarles… ¡no, no!..., eso es despreciable… Digo que…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Se interrumpió porque aún le cabía algo más de vino. Dio un sorbo largo y dificultoso ya que la copa bailaba de un lado a otro y prosiguió:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Por ejemplo, su… amiga Raquel. Seguro que… suspira por encontrar un hombre que le dé un buen… eh… un buen beso… si es que no tiene ya a… a uno así, que siempre pasa l…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan le interrumpió un poco irritado:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Vuestra merced no conoce a Raquel de nada. No tiene derecho a hablar de ella de esa forma.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Algo le decía que se estaba metiendo en un terreno peligroso, pero el alcohol nublaba su juicio y, tras beberse otro sorbo, se llevó el índice a los labios, como ordenando silencio o, al menos, intentó hacer el gesto y añadió:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No se enfade… amigo Juan. Es que… todas son iguales… Créame… Verá… a vuestra merced… le gusta Raquel, ¿verdad?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La expresión de furia que vio en Juan le dio ganas de reír, pero consiguió contenerla hinchando los carrillos e hipando. Aceptando su silencio como un sí, sonrió estúpidamente y dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—En su lugar, yo… me citaba con ella… y, entonces… le plantaba un buen beso en la boca… A lo mejor os da… un bofetón, pero… ¿y si le gusta?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Su interlocutor mantuvo su silencio tenso un rato, durante el que Pablo apuró su copa. Iba a llenarla de nuevo cuando Juan le detuvo agarrándole la muñeca:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No tiene ni idea de nada, ni idea… Deje de decir idioteces. ¡Y por el amor de Jutar! ¡No siga bebiendo que se va a morir!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pablo forcejeó inútilmente y protestó:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¡Pues yo tengo sed!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—De acuerdo, pues quédese aquí bebiendo. Yo me marcho.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan se levantó, a lo que Pablo respondió irguiéndose en su asiento y diciendo con rapidez:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No… Los que beben solos son… los borrachos. ¡Me he juntado con… el aguafiestas del pueblo! Yo me voy… también.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;E hizo ademán de levantarse. Sin embargo, cuando estuvo de pie todo le dio vueltas. Se apoyó en la mesa pero el cuerpo se le fue hacia un lado, y optó por volver a sentarse. Se recostó de cualquier forma en la pared y repuso:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Eh… Amigo Juan, creo que me… quedo. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El suelo está un poco… irregular y puedo caerme… y…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan miró sorprendido el suelo un momento y de pronto, empezó a reírse, y entre carcajadas, dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿Irregular? Es la primera vez que oigo esa excusa—. Y cuando dejó de reírse, propuso—: ¿dónde se aloja esta noche? Le acompaño si lo desea.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Duermo en… en el barracón que hay… en… la plaza de Nêmehe.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Su interlocutor repuso con un escueto “lo sospechaba”, dejó unas monedas en la mesa y, tras ponerse a su lado le dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Vamos. Levántese y apóyese en mí. No dejaré que se caiga.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pablo mintió por puro orgullo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Vale. Pero que conste que… no lo necesito… pero no rechazo una… oferta tan amable.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y salieron de la taberna bien agarrados. En realidad, al poco rato los pasos de Pablo ya eran más firmes, pero como no se fiaba de su equilibrio continuó apoyado en Juan. Y se llevó la grata sorpresa de que no era tan estirado y antipático como parecía. Pablo tuvo la ocurrencia de amenizar el recorrido empezando a cantar algunas canciones cómicas que conocía. Algunas eran ligeramente obscenas. El caso fue que Juan, o bien terminaba por reírse, o, en ocasiones se ponía a cantar a coro algunas estrofas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;No supo bien como, acabaron llegando a los barracones, momento en el que Juan pudo convencerle de que guardara silencio. No sabía exactamente con quien había hablado su compañero de juerga para que les dejaran pasar, el caso es que, dentro del edificio, Pablo se estuvo callado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan le dejó tumbarse sobre una de las camas, y Pablo se quedó tendido y casi inmóvil, dominado por un sopor irresistible. Oyó decirle a Juan, en un susurro:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Le quitaré las botas, pero no me pida que le desnude.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A lo que repuso, en un tono de voz más alto que el susurro de su compañero, y con la lengua trabada completamente:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No, a mí sólo me desnudan las mujeres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Al fin, Juan se despidió y le dejó en aquel gran recinto, donde se oía únicamente el roncar de algún que otro miliciano. Le estaba venciendo su sopor cuando recordó sin querer la noche que había bailado con Mercedes, y el momento en el que la besó. Después de lo mal que lo habían pasado aquella tarde, esos instantes felices le parecieron como un sueño. Y se desesperó. ¿Dónde iba a encontrar a una chica como Mercedes, bella, simpática y que le hacía caso? Ya tenía 22 años y se sentía tan lejos de encontrar a alguien con quien compartir su vida como cuando era niño. Y lo peor era que la decisión de no seguir, por muy razonable que fuese, la había tenido que tomar él, aunque deseara lo contrario. Por un momento, albergó la idea de no rendirse, de continuar conquistándola, de perseguirla. Pero sólo iba a conseguir crearle un problema serio a Mercedes y otro más serio a él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Se le llegaron a humedecer los ojos y, con torpeza, se los secó con una manga. Sin embargo, no eran más que lágrimas de borracho. Por fortuna, el sueño le venció un minuto después.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-1503805967524921392?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/1503805967524921392/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=1503805967524921392' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/1503805967524921392'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/1503805967524921392'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/06/mundo-de-cenizas-capitulo-xxi.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XXI'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-877486758251994002</id><published>2011-06-12T12:04:00.003+02:00</published><updated>2011-06-12T12:15:35.079+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XX</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Cuando Pablo oyó la última puntualización de aquel oficial que gritaba tanto, se maldijo a sí mismo por no haber ocultado su condición de miliciano. De lo que él tenía ganas era de irse con Mercedes, a descansar un poco, pero parecía que no se lo iban a permitir. Así que concluyó la charla que había mantenido con su compañera de viaje diciéndole:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, entonces, nuestros caminos se separan aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica le miró extrañada y apenada y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿No vais a continuar el viaje?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por supuesto que sí, pero no sé que quieren de mí. Igual han muerto muchos milicianos y necesitan que me quede aquí unos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, Pablo estaba considerando la posibilidad de quedarse unos días sirviendo en la ciudad. No era de esperar un nuevo ataque después de aquella barbaridad que habían vivido, así que se podría ganar unos cuantos maravedís sin mucho esfuerzo. Mercedes le miró unos instantes, con expresión triste, y se abrazó a él. A Pablo también le daba algo de pena despedirse, pero quizá fuera mejor así, ya que no iba a intentar nada con una mujer prometida con alguien importante. De todas formas, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tampoco tiene por qué ser esta la última vez que nos veamos. Podríamos coincidir todavía por aquí, o salir en la misma caravana...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella no dijo nada hasta que se soltaron. Y, simplemente, comentó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Debería irme ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue a por sus cosas. Estuvo arreglando sus fardos, con cierta lentitud, como si remoloneara. Y cuando Pablo estaba haciendo lo propio, Mercedes volvió a acercársele, le puso una mano en su antebrazo y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi prometido es don Carlos Javier de la Ensenada—. Y algo azorada añadió—: en Nêmehe os será fácil averiguar su dirección. No os pido que me visitéis pero, ¿me escribiréis al menos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo se quedó un tanto asombrado. El prometido de Mercedes era un maestre de campo muy conocido en el reino, que había demostrado su gran valía en diferentes combates. Pero por lo que él sabía, ya era muy mayor. No era, para nada, adecuado para Mercedes, aunque eso se lo calló. Fingió al decir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, os escribiré en cuanto pueda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mercedes sonrió con tristeza, y Pablo no pudo averiguar si se había creído que iba a escribirle, o si su expresión le estaba indicando que sabía que nunca iba a recibir misiva alguna. Tras un escueto adiós, se marchó en dirección a la zona donde reunían a los civiles. Él la estuvo mirando un rato y, aunque no quisiera reconocerlo, le dolió mucho la idea de que no iba a volver a verla. Que fuera lo mejor para los dos no lo hacía más fácil. Finalmente, se volvió y se acercó a donde estaba el oficial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que le oyó decir se lo esperaba y deseaba. Les ofrecieron a los milicianos que habían visto interrumpido su viaje servir en Gaiphosume durante tres o cuatro días, los que tardarían en organizar otra caravana hacia Nêmehe. Les ofrecieron veintisiete maravedís y una blanca por cada día, aparte de comida y alojamiento. Parecía una buena oferta. Esa cantidad era un real menos seis maravedís y medio por día. Si multiplicaba por treinta ambos números, le salían 30 reales menos 195 maravedís, que eran casi seis reales, con lo que la suma total rondaría los 24 reales. Eso suponía casi el doble de lo que él cobraba en Itvicape, poco más de 13 reales cada mes. Aún así, desconfiado por naturaleza, miró hacia atrás y vio al miliciano de antes, distraído mirando a una torre, y avanzando dos pasos, le dijo sin alzar mucho la voz:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Eh! Vuestra merced, permítame una pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su interlocutor le miró con cierta extrañeza, pero cortésmente, repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pregunte vuestra merced lo que desee.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué sueldo tienen por aquí los milicianos sin rango?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Seis ducados al mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y cuánto cobra realmente al mes?— Como el joven pareció dudar, Pablo insistió—: Se lo ruego, es importante que lo sepa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Trece reales y ocho maravedís.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo, sonriente, le dio las gracias y de inmediato, volvió con el oficial. Paga doble; con el dinero que ganase allí se pagaba la mitad del resto del viaje. Y habiendo muerto tantas ratas, se limitaría a cubrir los puestos de los heridos. Un trabajo fácil y cómodo, de los que a él le gustaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los trámites fueron breves. Alguien hizo sacar un documento en el que Pablo y los otros dos milicianos que habían aceptado las condiciones, estamparon su firma. Tras haber firmado, les pidieron que se quedaran allí unos instantes, que les dirían en breve adonde tendrían que ir. Pablo se dispuso a dar paseos por la pequeña plaza que dejaba un espacio libre cerca de la puerta de las murallas cuando observó que el miliciano con el que había hablado antes se había alejado y conversaba con una chica alta, vestida de cocinera, que portaba un arco. Se acercó un poco y la examinó a conciencia. Tenía una melena oscura muy cuidada y muy bonita, pero de cara no era muy guapa. Le fallaba algo la nariz y no le gustaban sus sonrisas, que le parecían exageradas. Pero el corpiño se le ajustaba al talle destacando una figura muy elegante y atractiva, y la falda que le caía pegada a una de sus caderas y le revelaba la línea de un muslo, prometía unas piernas largas y de piel suave. Así que dado que ya había hecho amistad, o algo así, con el miliciano aquel, no dudó en aproximarse a los dos e inmiscuirse en su conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se puso al lado de ambos, mirando sonriente a la chica. Ella dejó de hablar y le devolvió una mirada que mezclaba extrañeza y curiosidad. Al haberse aproximado, comprobó que era igual de alta que él y le pareció más atractiva, aunque sólo de cuello para abajo. Le gustaban las mujeres altas, quizá porque él, para ser hombre, era ligeramente bajito. Sin embargo, se dirigió al muchacho:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vuestra merced ha sido muy amable respondiendo a mis preguntas, pero no he tenido la cortesía de decirle mi nombre. Me llamo Pablo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y le tendió la mano. El miliciano se la estrechó y repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo soy Juan. Encantado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin esperar a que Juan le presentase a la chica, le dio dos besos y le preguntó su nombre. Se llamaba Raquel. Tras ello, dijo, dirigiéndose a Juan:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bien. No conozco a nadie en esta ciudad, y como me ha parecido vuestra merced muy amable, querría tener el honor de servir a su lado, si no tiene inconveniente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Inconveniente no tengo, pero eso es cosa de los mandos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Descuide vuestra merced. Eso corre de mi cuenta—. Y tras haber esbozado una sonrisa pícara, prosiguió diciendo—: ¿son frecuentes ataques tan violentos por aquí? Porque la caravana ha quedado en poder de esos bichos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica no dijo nada; se limitó a mirar a Juan, que respondió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En realidad no. Ha habido ataques peores, pero es la primera vez en un par de años que vemos algo así. Incluso hay gente que asegura que esto es un ataque preparado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo, que seguía teniendo fresco el recuerdo de aquellas cosas de ojos rojos pero que no deseaba que se rieran de él, dijo en un tono que pretendía ser divertido:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Preparado? ¿Por quién? ¿Es que hay gente capaz de domesticar ratas asesinas de más de veinte libras?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El miliciano repuso con tranquilidad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No lo sé. Sólo le cuento a vuestra merced lo que he oído por ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, la chica dijo, con cierta timidez:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, personas no, pero... Hay leyendas que dicen que cuando los demonios crearon a las ratas gigantes no se pararon ahí, y crearon a otros muchos monstruos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Raquel se calló unos instantes y Pablo, que no estaba en aquel momento para oír relatos fantásticos, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Perdóneme vuestra merced, pero no creo en las leyendas. No tiene sentido que los demonios cruzaran la línea de Torres para crear monstruos, cuando les sería más sencillo cruzarla para atacarnos directamente. Además, eso es algo que no pueden hacer, ¿no está de acuerdo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica parecía algo molesta cuando repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Los demonios no pueden cruzar la línea de Torres, pero nosotros y los animales salvajes sí podemos hacerlo. Hace varios siglos, los demonios se dedicaron a capturar animales que se aventuraban en su territorio y usaron su magia maligna para transformarlos. Al principio, les bastaba con hacerlos más grandes y agresivos, pero fueron mejorando su técnica y crearon monstruos mucho más peligrosos—. Resopló enojada, lo que le hizo gracia a Pablo, y añadió—: hay unos seres, que se denominaron en una lengua antigua cralates, o reyes de las ratas, que pueden controlar manadas enteras gracias a poderes mágicos innatos que poseen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel nombre le sonaba de algo, así que dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No se enoje vuestra merced. Dígame, ¿qué aspecto tienen esos cralates?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica repuso con gesto serio, pero en un tono de voz mucho más neutro:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi libro no los describe bien. Sólo habla de que son capaces de controlar manadas enteras de ratas mediante magia demoníaca, y que son muy inteligentes y bastante peligrosos. Caminan erguidos, como las personas, tienen brazos largos terminados en garras y llegan a medir cinco codos, pero no hay ningún grabado de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Pablo se le aceleró el pulso. Coincidía con las cosas que había entrevisto, y aunque no estuvo, por fortuna, lo bastante cerca como juzgar correctamente su altura, más de siete pies le parecía razonable en función de lo observado. De pronto, el miliciano le sorprendió completamente al decir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Coincide esa descripción con lo que vio durante el ataque a la caravana?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo le miró fijamente unos instantes y se encontró con una expresión fría. Juan parecía ser más listo de lo que aparentaba, y no supo exactamente qué le traicionó, si su forma de hablar o que dejó traslucir en su expresión, mientras miraba a la muchacha tras haberle descrito a aquellos seres, el temor momentáneo que sintió. Fue consciente de que ya le habían cazado, así que no tenía motivos para seguir aparentando y, además, necesitaba compartir aquello con alguien. En el tono más conciliador que pudo, sin mirar directamente a ninguno de los dos, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está bien... Tienen razón vuestras mercedes. Lamento mucho haber desconfiado tanto, pero es que no me creo aún lo que vi, y temía que me tomaran por un loco o un histérico. Respondiendo a su pregunta, amigo Juan, sí, son muy parecidos. Aunque hay dos detalles más: tenían por ojos dos luceros rojos muy brillantes, y cuando me miraron sentí miedo aunque estaban muy lejos de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alzó la vista para mirar a Juan, que le miraba inexpresivo, pero fue la muchacha quien le dijo, preocupada:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Oh, cielos! Entonces ha visto cralates de verdad… El brillo rojo en los ojos y el inspirar miedo son consecuencias de usar la magia maligna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo la notó asustada, y vio que se acercaba al miliciano, como si buscara su apoyo, y le dijo con aprensión:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Juan... ¿qué va a pasar? ¿Podríamos resistir un ataque así?&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-877486758251994002?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/877486758251994002/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=877486758251994002' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/877486758251994002'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/877486758251994002'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/06/mundo-de-cenizas-capitulo-xx.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XX'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-2778335331331557951</id><published>2011-06-11T20:53:00.002+02:00</published><updated>2011-06-11T21:01:18.452+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Valses curiosos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Música'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Bailes de salón'/><title type='text'>Valses extraños y curiosos: Vals de Masquerade</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Este es el vals que voy a bailar a finales de mes con mis compañeros de bailes de salón. Se trata del Vals de Masquerade, del compositor de origen armenio Aram Ilyich Khachaturian:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://www.goear.com/listen/2a27e7a/vals-de-masquerade-khachaturian"&gt;Vals de Masquerade&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Disfrutadlo, porque es una preciosidad.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-2778335331331557951?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/2778335331331557951/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=2778335331331557951' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/2778335331331557951'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/2778335331331557951'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/06/valses-extranos-y-curiosos-vals-de.html' title='Valses extraños y curiosos: Vals de Masquerade'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-2298771439544768563</id><published>2011-05-25T19:39:00.003+02:00</published><updated>2011-05-25T20:02:53.569+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Bailes de salón'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Bachata'/><title type='text'>Que me des tu cariño</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Llevaba tiempo sin poner nada de música por aquí. Pues nada, a corregir la situación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Los que sigais la bitácora, sabréis lo que me gustan los valses, pero, en esta ocasión, voy a poner otra cosa del todo distinta. De las músicas "latinas", mi preferida es la bachata. Y, en particular, las delicias que compone Juan Luis Guerra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;He estado recordando hace unos días esta bachata:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://www.goear.com/listen/beb4863/que-me-des-tu-carino-juan-luis-guerra"&gt;Que me des tu cariño (Juan Luis Guerra)&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Fue la que se bailó en la exhibión de mi grupo de baile el año pasado, la que cerraba la gala. Y como se acerca la de este año, me he estado acordando.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Que la disfrutéis.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-2298771439544768563?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/2298771439544768563/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=2298771439544768563' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/2298771439544768563'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/2298771439544768563'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/05/que-me-des-tu-carino.html' title='Que me des tu cariño'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-19169895437535623</id><published>2011-05-24T08:55:00.001+02:00</published><updated>2011-05-24T08:59:21.673+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XIX</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A Juan y a Raquel les llevó muy poco tiempo llegar hasta las proximidades de la puerta recorriendo la muralla. Había muchos milicianos apostados en las almenas. Con cuidado de no molestar, avanzaron buscando algún oficial que les diera indicaciones, pero fue éste quien les encontró a ellos. Alguien que se encaminó directamente hacia donde estaban, gritó:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;—Señorita… Muchacha, no podéis estar aquí. Haced el favor de bajar y volver a casa. No es sitio para vos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan se había frenado en seco, y oyó a Raquel decirle, en voz baja:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No me quiero ir sola… por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podía negarle nada a su amiga, así que cuando el oficial estuvo a su altura, antes de que repitiera las órdenes, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Con todo respeto, señor, le ruego que me permita acompañarla a su casa. Le da miedo irse sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De ninguna manera. Necesito a todo miliciano aquí, en las murallas y cubriendo a los soldados, cuando se dignen aparecer—. Y dirigiéndose de nuevo a Raquel, con impaciencia, dijo—: Muchacha, os ruego que os encerréis en vuestra casa, donde estaréis mucho más segura. Las ratas no suelen trepar las murallas y las puertas están bien cerradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era buena idea seguir insistiéndole a un oficial de la milicia en una situación apurada, pero Juan no podía permitir que su Raquel tuviera que irse sola muerta de miedo. Comprendía que su amiga, después de lo que les había pasado, aún no lo hubiera superado del todo, pero eso no lo sabía el oficial. Estaba buscando una forma de decirlo educadamente cuando ella se le adelantó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso no lo sabe. Se han podido colar ratas por algún sitio—. Y añadió, con una pincelada de súplica—: Puedo ayudar. Sé tirar con arco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El oficial repuso, conteniendo un mal humor que le resultaba evidente a Juan:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Veamos, señorita, ¿cómo vais a tirar si no tenéis arco ni flechas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inmediatamente, Juan hizo el gesto que quitarse la aljaba, pero antes de que pudiera deshacerse de ella, el oficial gritó, muy furioso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Pero qué estás haciendo? Si le das el arco, ¿con qué co… —Se contuvo a tiempo, gracias a que Raquel estaba delante, y, sin gritar, rectificó, hablando con suavidad—. ¿Con qué pensáis tirar vos, señor miliciano, si le dais el arco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan vio la oportunidad de rogarle al oficial que le permitiera quedarse:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Con todo respeto, señor, hace unos días, mi amiga sufrió el ataque de una rata mientras yo la escoltaba. Por eso aún les tiene tanto miedo. Le suplico que la deje quedarse hasta que todo pase y pueda irse con alguien… Se lo suplico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El oficial le miraba como si quisiera darle una paliza. Estuvo un rato callado y, finalmente, se volvió y le dijo al miliciano más próximo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Haced el favor de bajar a la armería y traeos un arco y una aljaba para la señorita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho obedeció, y antes de irse, miró a Juan con expresión burlona. No entendía muy bien tanto la actitud del muchacho como la de otros milicianos cercanos, que se reían por lo bajo. Seguramente, eran una pandilla de brutos insensibles que no sabían cómo tratar a una mujer y que se reirían de todo aquel que quisiera proteger a las personas que le importaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El miliciano tardó poco en venir con un arco y una aljaba que le dio a Raquel, y cuando éste regresó a su puesto, el oficial le dijo a su amiga:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bien. Quiero que subáis a esa torre de allí y que si veis ratas venir por la orilla del río, gritéis lo más alto que podáis. Disparad sólo si no hay cerca personas a las que pudierais herir. ¿Sabréis hacerlo o también os da miedo subir a la torre? Os recuerdo que las ratas no saben volar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan se enfureció por aquella impertinencia, pero prefirió callarse. Raquel, con las mejillas coloradas, dio un gritito de indignación y se marchó con rapidez hacia la torre, entre el regocijo, disimulado, de la mayoría de los milicianos. Casi de inmediato, el oficial se dirigió a él:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo os llamáis, señor miliciano?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Juan… Juan Gutiérrez, señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién es vuestro cabo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Don Francisco Viejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues tendré una charla con él acerca de vos. Ahora, bajad y quedaos cerca de la puerta. Cuando los soldados de su Majestad tengan la gentileza de aparecer, saldréis con ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello era, evidentemente, un castigo. Con toda seguridad, no le iban a hacer combatir, tendría que salir de las murallas y disparar contra las ratas, para apoyar a los soldados reales, que iban mejor equipados y eran más expertos. Mientras descendía, oyó el vozarrón del oficial gritar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡De la Encina! ¡Id a ver si vienen los soldados de una vez, que se van a reunir todas las ratas de la comarca en el puente y no va a haber cojones de echarlas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;* * * * *&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;No hubo demasiadas ceremonias a la hora de abandonar la caravana destrozada. Los viajeros dedicaron un mínimo de tiempo a deshacerse de todo lo que no fuera esencial y aligerase su carga. Los caballeros, sin desmontar, iban de un lado a otro organizando a viajeros y soldados y gritando instrucciones. Pablo aprovechó para cargar su ballesta, por lo que pudiera pasar. Cuando estuvieron organizados en una columna protegida en sus blancos por infantería y caballería, y con huecos para permitir que los soldados pudieran ir rápidamente de un lado a otro, partieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue agotador. Les exigieron ir al trote un buen trecho y aunque nadie protestó, al ir pasando el tiempo, algunos viajeros empezaron a quedarse atrás. El propio Pablo comenzó a cansarse; estaba en buena forma, pero no había querido desprenderse de casi nada, y su equipaje le pesaba. Mercedes, que no se alejaba nunca de él, dio muestras muy visibles de agotamiento, y movido por la compasión y su propio cansancio, se rezagó un poco y la animó a continuar corriendo tomándola de la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, gracias a un informe favorable de los exploradores, hicieron un alto muy breve, y continuaron caminando rápido. Mercedes terminó por dejar de lado las apariencias y recorrió el trayecto sin separarse de Pablo, como si fuera alguien muy cercano a ella. La suerte pareció sonreírles. Sólo en dos ocasiones, cerca del castillo de Gaiphosume, divisaron alguna rata solitaria, que mientras dudaba si lanzarse contra tanta gente o no, era abatida desde lejos. Como Pablo era miliciano, estaba cerca de la cuneta del camino que daba al castillo, la zona más peligrosa en un principio, y la segunda vez que avistaron a una de aquellas alimañas, un soldado le ordenó disparar. Pablo se salió de la carretera, avanzó un par de pasos y apuntó con cuidado. Y, por fin, hizo blanco; clavó la saeta en el lomo, a la altura de la cadera, y aquel ser salió huyendo, mortalmente herido. Cuando volvió con rapidez junto a Mercedes, lucía una sonrisa de orgullo; al menos, la ballesta le había servido de algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvo pensando en muchas cosas mientras avanzaban. La primera fue que había tenido muy mala suerte. Ataques de ratas tan graves como aquel eran poco habituales. Era un riesgo que se corría y que se asumía, pero lo normal era que las caravanas llegasen a su destino. No tendría más remedio que escribir a sus padres nada más llegar a Gaiphosume, porque la noticia les llegaría y no era cuestión de preocuparles sin necesidad. Y lo que más le sorprendía y preocupaba eran aquellas cosas de ojos rojos que había visto. Daba la impresión de que controlaban a las ratas y que eran los responsables del ataque. De hecho, parecía un ataque coordinado que llevara la intención de inutilizar la caravana y, con ello, dejar a merced de aquellas alimañas toda la comida que transportaba. Una vez en Nêmehe, se dijo que miraría en la biblioteca, a ver si encontraba descripciones de seres parecidos a los que había visto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final, la última curva del camino que discurría cerca de la playa, bordeando por la ladera que da al mar el castillo de Gaiphosume, les dejó a la vista las murallas de la ciudad, y el puente sobre el río. Inmediatamente, la escolta de la caravana les dio el alto a los viajeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;* * * * *&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Juan se resignó a esperar, junto a siete milicianos más, la llegada de los soldados. Reconocía que los soldados estarían muy ocupados ayudando a defender la ciudad, pero la tensión de la salida inminente y el aburrimiento de no poder hacer nada, le hicieron impacientarse y comprender la actitud del oficial. Lanzaba miradas, de cuando en cuando, hacia la torre a la que habían enviado a su amiga, pero no podía verla desde donde se hallaba. Seguían sonando las campanas, pero aquella zona parecía tranquila.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Y cuando menos se lo esperaba, vio venir a lo lejos a diez soldados que marchaban en perfecto orden, en paralelo a las murallas. Nada más saberlo el oficial, bajó rápidamente y quiso hablar con el que mandaba el grupo. Así, todo quedó organizado rápidamente. Saldrían diez milicianos, que atacarían a las ratas a flechazos para, con suerte, irritarlas y separarlas, y otros seis, que tirarían de ropera junto con los soldados. Por fortuna, a Juan lo habían puesto en el grupo de los arqueros, que no entraría en combate.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Se gritaron varias órdenes y se abrió la puerta del puente. Soldados y milicianos salieron a toda prisa, se acercaron a sus objetivos, y cuando oyeron gritar el alto, los milicianos apuntaron y dispararon hacia el grupo de ratas. Juan decidió atacar a una de las que estaba devorando al burro, porque la vio un blanco más fácil. Y acertó, porque hizo un disparo magnífico que lanzó a tres metros a aquel ser repugnante y lo dejó inmóvil. La andanada fue bastante efectiva, y cuando los soldados cargaron contra las supervivientes, tras un combate muy breve, las dispersaron.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Mientras los soldados, a toda velocidad, tiraban la carga de la carreta, y el cadáver del burro, al río, para evitar que siguiera atrayendo a nuevas enemigas, Juan pensó que había sido muy fácil. Sin embargo, eso no significaba que no estuvieran prácticamente indefensos ante un nuevo ataque, así que no se sentía tranquilo fuera de los muros. Miró unos instantes hacia la torre donde habían destinado a Raquel y la vio contemplando cómo los soldados tiraban la carga del carro y al burro al río. Juan estuvo unos instantes fantaseando con la idea de que Raquel hubiera visto el disparo tan certero que había logrado y pensando en que le estuviera empezando a admirar por ello. Algún día descubriría que era tan buen combatiente como Marcos y entonces tendría alguna oportunidad con ella.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Reparó en que Raquel parecía mirar a lo lejos, hacia el castillo, y la oyó gritar algo acerca de que había un grupo de gente en el camino. En efecto, Juan se salió ligeramente de la formación y pudo ver, entre los cuerpos de los soldados, un grupo de personas y de soldados a caballo que se habían detenido al lado de la primera curva del camino que bordeaba el castillo y llevaba a las ciudades más occidentales del reino. Un caballero se había adelantado, y cuando vio el puente despejado, hizo gestos al resto del grupo y empezaron a caminar hacia Gaiphosume. Aquello no le hizo mucha gracia a Juan, porque su obligación sería, ahora, esperar a que llegaran, y no podrían ponerse a salvo hasta que toda aquella gente hubiera entrado. Aunque tuvo que reconocer que tampoco le habría hecho gracia dejarles a su suerte.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Y cuando ya les faltaban apenas doscientos metros para llegar al puente, vieron salir de la curva del camino a dos jinetes a galope tendido. Les vio hacer gestos y dar gritos desesperados y, de inmediato, todas aquellas personas, civiles y militares, echaron a correr hacia el puente. Oyó que Raquel gritaba, nerviosa, con una voz muy aguda y con una fuerza de la que la creía incapaz:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;—¡Vienen ratas! ¡Cientos de ratas! ¡Por todas partes!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Juan, y, al parecer, todos sus compañeros se agitaron, y tuvo que reconocer que por muy buenas intenciones que tuviera su amiga, aquello no servía de nada. Alguien, quizá un oficial, le gritó que dijera que por donde venían, a lo que ella sólo pudo responder, tan alto que se iba a quedar afónica, que por allí, por allá, por todas partes. De todos modos, los soldados y milicianos que estaban fuera, coordinados por los dos oficiales que habían salido, se hicieron una idea de la situación. Un grupo enorme y muy compacto trataba de ganar el puente en pos de la gente que huía, que no podían ser otros, pensó Juan, que los pasajeros de la caravana y sus escoltas. Otro grupo menor se dirigía hacia ellos en paralelo a las murallas, siguiendo la misma dirección que cuando había abatido a dos desde las almenas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Lo último que pudo ver antes de que le obligaran a formar junto a tres milicianos más para enfrentarse a las alimañas que corrían junto a las murallas, fue que siete caballeros cargaron contra la masa que se acercaba, alancearon a varias ratas de la derecha de la manada y huyeron al galope por la ribera opuesta, atrayendo a un grupo de enemigas que se desentendieron de los viajeros que corrían y salieron tras ellos. Admiró sinceramente su valor. Tres caballos, que transportaban a los heridos de la caravana, entraron a toda velocidad en Gaiphosume después de que los soldados apostados en el puente les abrieran paso.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Tensó el arco mientras recordaba las órdenes. Tenía que disparar cuando aquellas bestias estuvieran a tiro, y salir corriendo para guarecerse tras las murallas. Algunos milicianos, desde las alturas, consiguieron abatir a alguna rata. La última en disparar fue Raquel, que hirió a una levemente. Juan sintió a su espalda cómo los pasajeros de la caravana pasaban a la carrera y se distrajo un instante cuando un oficial agarró del brazo a uno de los que corrían, un ballestero pertrechado como un miliciano y le exigía que se quedase a disparar. Este respondió con malos modos que no había tiempo para eso aunque, finalmente, de mala gana, le dijo a una chica morena que se había parado a unos metros que corriera y él apuntó con rapidez, disparó y echó a correr. Quizá eso distrajo a Juan, que recibió la orden de disparar mientras miraba, e hizo un tiro apresurado que se desvió.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Obedeciendo las órdenes, se echó a correr hacia las puertas y lo último que tuvo ocasión de presenciar antes de que las cerraran fue que los soldados que estaban con él pudieron entrar, pero que los otros, algunos heridos no tenían más remedio que subirse a las paredes del puente y tirarse al río. Mientras trataba de recuperar el aliento, echó un vistazo a su alrededor y comprobó, efectivamente, que aquellos no podían ser otros que los pasajeros de la caravana, ya que ninguno le era conocido. Miró hacia la torre donde estaba Raquel y no pudo verla, pero sí comprobó que los milicianos apostados en la muralla, disparaban sin cesar y que, en el exterior, se oían chillidos muy desagradables.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Había avanzado distraído, tratando de ver a su amiga, lo que le llevó a mezclarse con los viajeros. Y, en esto, uno le detuvo y le preguntó:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;—Disculpe vuestra merced, ¿es de aquí?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Se trataba del ballestero de antes, un joven delgado, más o menos de la altura de Raquel, de pelo negro y con una barba muy corta. Antes de que respondiera, se les acercó una chica de piel aceitunada bastante atractiva. Juan dijo:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;—Sí, vivo en Gaiphosume, si es eso a lo que se refiere vuestra merced.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;—Veníamos en la caravana, pero la han destruido. ¿Dónde nos van a alojar? ¿Cómo seguiremos nuestro camino?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;—Lamento decirle que no estoy seguro. Eso es cosa de los mandos y las autoridades.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;El joven le miró con seriedad un rato y luego, se alejó unos pasos y empezó a hablar con la muchacha morena. Juan tenía bastantes ganas de reunirse con Raquel, para ver cómo se encontraba, pero no le habían dado la orden de romper filas. De todos modos, no pasó mucho tiempo antes de que un oficial empezara a gritar que no se moviera ningún pasajero de allí, que tendrían que indicarles dónde iban a pasar la noche. Se llevaron a los heridos y pasaron, apenas cinco minutos cuando el mismo oficial, que había estado hablando antes con un par de milicianos recién llegados, dijo, en voz alta:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;—Presten atención vuestras mercedes. Los regidores de Gaiphosume están al tanto de todo lo que han padecido, de manera que se les proporcionará cobijo en nuestra ciudad mientras se organiza una nueva caravana para que prosigan su viaje. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Tras una pausa breve, añadió:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;—Todos aquellos que carezcan de instrucción militar, tengan la bondad de reunirse en aquella parte de la muralla. Los demás, acérquense.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-19169895437535623?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/19169895437535623/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=19169895437535623' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/19169895437535623'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/19169895437535623'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/05/mundo-de-cenizas-capitulo-xix.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XIX'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-4154084481816605805</id><published>2011-05-14T09:42:00.003+02:00</published><updated>2011-05-14T09:52:52.765+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XVIII</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El atardecer era realmente bonito. Aunque Juan pensaba, con tristeza, en lo maravilloso que podría ser compartir momentos como ese con Raquel, compartir su amor disfrutando de ocasos de esa majestuosidad, no dejaba de reconocer que era un espectáculo espléndido. Se consoló pensando en que como su turno acababa una hora después de anochecer, le quedaba poco por aquel día.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Había sido un día tranquilo, y se había pasado casi toda la tarde aburrido, viendo ir y volver a la gente por la orilla del río, por el camino que estaba al lado de las murallas, y cruzar el puente. Había dado algún que otro paseo por la parte de la torre que daba al río.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En esto, oyó los pasos de alguien que subía por la escalera de la torre y se sorprendió cuando, en vez de algún oficial u otro miliciano, la que subió fue Raquel, que le saludó con calidez nada más verle y que le dio dos besos en la mejilla cuando estuvo a su lado. No se habían visto demasiado desde la tarde que pasaron juntos, y Juan se alegró muchísimo de tenerla allí. Vestía el uniforme que les exigían a las cocineras de la milicia, pero la veía guapísima. De hecho, cualquier cosa que se pusiera le iba a quedar bien a una muchacha tan atractiva. Ocultando su felicidad un poco, le dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Me alegro de verte, ¿cómo es que has venido? ¿Te envía alguien?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Con una de esas sonrisas que Juan adoraba, repuso:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No exactamente. Resulta que como aún no ha llegado la caravana desde Tuvuhsepfi, no hay mucho que hacer, y les he dicho a las compañeras que iba a irme a las murallas a ver si la veía llegar. He preguntado a un oficial que dónde estabas y… ¡aquí estoy! — Y mirando al horizonte, añadió— ¡Oh! ¡Qué atardecer tan bonito! Y qué bien se ve desde aquí. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Raquel se apoyó en una almena y Juan se le acercó y se puso a su lado. Tenía gracia que unos minutos antes, se lamentara de no poder compartir aquel atardecer con ella, y ahora la tuviese casi pegada a él, disfrutando de aquel paisaje. Como estaba distraída, Juan no paraba de mirarla y de preguntarse cómo podía ser tan bella. Todo aquello acabó cuando la vio suspirar y le vino a la mente la idea de que suspiraría por Marcos. Le invadió la amargura y recordó el último de sus sueños, que había tenido hacía cerca de seis días. Llevaba todo ese tiempo planteándose si todo aquello que le habían enseñado era cierto o no, porque, a pesar de que sentía que era verdad, no deseaba que lo fuera. Saldría de dudas si le planteaba la pregunta, por mucho que temiera hacerlo. La dejó que mirase con tristeza el atardecer, convencido de que soñaba con compartirlo con su amado Marcos, y de la forma más casual posible, dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Me han dicho que quieres irte a Nêmehe.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Ella le miró sorprendida y repuso:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿Quién te lo ha dicho?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Aquello equivalía a una respuesta afirmativa, lo que le resultó muy doloroso a Juan. Incapaz de confesarle que se lo habían dicho en sueños, dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Se rumorea por ahí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Un poco indignada, prosiguió:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No se puede confiar en nadie… Y no voy a irme a vivir a Nêmehe. Sé que dentro de una semana más o menos, le van a dar a Marcos tres días de permiso y había pensado en ir a Nêmehe a visitarle, porque él no puede volver a Gaiphosume en tan poco tiempo. Se creen que es porque no me puedo aguantar las ganas de verle pero... no es eso…&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Agachó la cabeza, y en tono triste dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Sigo recordando todas las noches que nos podrían haber matado el día que fuimos a buscar raíces. Hace mucho tiempo que no veo a Marcos, y no pude despedirme de él como habría deseado porque no soy más que una tonta. Me da mucho miedo morirme sin haberle visto una vez más. Por eso, aunque me da miedo salir de las murallas, estoy decidida a irme a visitarle.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La pena y la desesperación de Juan se le hicieron casi insoportables al darse cuenta de que las motivaciones de Raquel eran las mismas que le habían dicho en sueños. Eso significaba que todas aquellas imágenes del pasado que no conseguía quitarse de la cabeza tenían que ser ciertas. Y que la petición de lo que fuera que le hablaba en sueños, de protegerla a toda costa, no podía quedar desatendida. Con el corazón hecho pedazos, Juan ocultó sus sentimientos volviendo a fijarse en el camino del río y pudo decir, manteniendo la compostura:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Si te vas, iré contigo. Me gustaría ver si tengo alguna posibilidad de ingresar en el ejército en el futuro. Podríamos ir juntos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A Raquel se le iluminó el rostro de felicidad y dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿De verdad? ¡Sería fantástico! Eres un cielo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y sin avisar, se abrazó a él. Juan sintió como si empezara a arder por dentro. Tanto tiempo soñando con tocarla y la tenía entre sus brazos. No fue un abrazo demasiado largo, pero sí el más agradable que le habían dado nunca. Aquel contacto le demostró que era la mujer más maravillosa del mundo y tenía que conquistarla como fuese. Pero no sabía por dónde empezar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Al menos, aquel ofrecimiento de acompañarla la había puesto muy feliz, porque estuvo un rato charlando animadamente, quejándose varias veces de que aún no llegaba la caravana. Tenía previsto bajar para preguntarles ciertos detalles a los conductores, como precio, ciudades por las que se pasaba, cuanto sitio había para equipaje, y cuestiones parecidas. Se ofreció a contárselas al día siguiente, para que él pudiera hacer sus planes. Juan tuvo que hacer un gran esfuerzo para ocultar su amargura. Después, permanecieron un rato en silencio, mientras el atardecer avanzaba. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Entonces, a lo lejos, a cierta distancia del lienzo norte de las murallas, vio la figura diminuta de un caballo que venía a galope tendido, y algo de agitación. De improviso, empezó a sonar la campana que había en una de las torres internas del castillo y, como establecían las ordenanzas, varias de las campanas repartidas por Gaiphosume, entre ellas la de la iglesia, comenzaron dar la voz de alarma.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan corrió hacia la esquina de la torre donde había dejado el arco y la aljaba, sacó la cuerda y la colocó con rapidez. Volvió a las almenas, junto a Raquel, que le decía:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No veo nada… ¿qué estará pasando?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Empezó a salir gente corriendo de entre los matorrales y juncales que crecían a orillas del río. Juan pudo ver que los milicianos que había en las secciones de su derecha, más al norte, disparaban contra algo que avanzaba en paralelo a las murallas. Casi no las veía, pero era obvio que se trataba de ratas. Así que le dijo a Raquel:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Son ratas. Parece que muchas. Mataré a las que pueda desde la muralla. Vete a tu casa y cierra bien todo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y sin esperar respuesta bajó a toda prisa por la escalera de la torre y salió de inmediato por la parte de la muralla de más al sur. Extrajo una flecha de la aljaba y tensó el arco, evaluando la distancia que habría hasta las ratas más adelantadas. Vio que Raquel había salido por el lateral de la torre en vez de terminar de bajar por su interior, así que le dijo en voz alta:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No, Raquel, por aquí no bajes, sigue por la torre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pero ella estaba pensando en otra cosa:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Puedo ayudar. Y aquí arriba me siento más segura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan le repitió que se fuera, que no podía estar allí, y más desarmada, pero, en el fondo, no tenía legitimidad para prohibirle que se quedara, porque era soldado raso y, además, porque no había ordenanzas que prohibieran combatir a los civiles que, en caso de necesidad, acababan subiéndose a las murallas. Raquel hizo caso omiso de las palabras de Juan y dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Si consigo dormir a algunas, harás blanco con más facilidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Corrió junto a él, se asomó dos almenas a su izquierda y dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¡Las veo!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y empezó a pronunciar las palabras que había susurrado en aquella salida al campo en la que casi mueren, sólo que ahora las vocalizaba en el mismo tono que en una conversación normal. Eran vocablos muy extraños, pronunciados con la cadencia de una poesía. Juan, cuando tuvo a tiro a una de aquellas bestias, disparó, pero los nervios le traicionaron, le tropezó el arco con una almena, destensó la cuerda y se le escapó la flecha, que cayó inofensivamente al pie de las murallas. Juan pensó que era una suerte que Raquel estuviera entretenida con su hechizo, porque había sido vergonzoso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Entonces, pasó algo poco usual. Una rata se tambaleó en su carrera unos instantes, pero luego siguió corriendo. Sin embargo, otra se quedó de pronto inmóvil, como si hubiera caído dormida, por muy extraño que pudiera resultar. Juan no se lo pensó y disparó a esta última. La alcanzó de lleno, acertó a levantarse, dar unos pasos y a caer muerta. Juan volvió a apuntar y disparó a otra, una de las últimas, con tanta suerte que le atravesó la cabeza y cayó muerta de inmediato.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sólo cuando la manada pasó de largo, mientras sus compañeros del siguiente tramo de murallas comenzaban a disparar, se fijó Juan en Raquel, que le miraba sonriente. Muy alegre le dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¡Lo conseguí! ¡Dormí a la primera a la que le diste! &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan sonrió y asintió en silencio y arrancó a correr hacia la torre que tenía delante, para ver qué estaba sucediendo. Raquel le siguió y él repitió:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No deberías estar aquí, es peligroso. Vuélvete a casa, estarás más segura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mientras subían por las escaleras, Raquel le desarmó diciéndole:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Me da miedo bajar y volver sola a casa. A tu lado me siento más segura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Juan no dijo nada, pero se sintió muy halagado por lo que le había dicho su amiga y no volvió a pedirle que se fuera. Se asomaron ambos sobre las almenas y vieron que el grupo de ratas, cada vez más reducido por las flechas que les caían encima, se dividió en dos. Uno cruzó el puente, obligando a huir a tres o cuatro rezagados, que terminaron lanzándose al río. Lo más triste fue que un carro pequeño, tirado por un burro, había sido abandonado por su dueño, y las ratas atacaron y derribaron al desdichado animal. Pero más desagradable fue que al cerrar la puerta de la ciudad que daba al puente, se dejaron por accidente fuera a un labriego, al que le cayeron encima cinco ratas. Los arqueros concentraron el fuego en un intento desesperado por salvarle, pero era inútil. Juan se volvió y obligó a Raquel a que dejase de mirar, aunque los gritos que dio el labriego mientras acababan con él ya eran bastante traumáticos. Dio un último vistazo hacia el puente y vio que la mayoría de las ratas que quedaban se concentraban en devorar la comida que transportaba el carro y al pobre burro que yacía delante del mismo. Estaban demasiado lejos y las flechas de los defensores llegaban sin apenas fuerza y con nula puntería. Habría que hacer una salida y Juan decidió que tenía que ir hacia la puerta, por si le necesitaban. Así se lo dijo a Raquel, que tenía los ojos arrasados, y se mostraba asustada y algo conmocionada por lo que acababa de presenciar, de modo los dos bajaron de la torre y corrieron por la muralla hacia la puerta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;* * * * *&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Nada más ver la silueta de aquellos monstruos oyó, en la galera de al lado, que otro miliciano gritaba instrucciones, así que Pablo, con todo el aplomo que pudo reunir, y que fue insuficiente para darle un tono firme, gritó:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No disparen hasta que yo lo diga. Y apunten bien.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En las tres galeras, se tensaron cerca de treinta arcos, y Pablo apuntó a una de las ratas que se aproximaban, deseando con todas sus fuerzas no fallar. Cuando el miliciano de la galera de al lado ordenó disparar, todo el mundo liberó las flechas. A pesar de todo, Pablo dio la orden, aunque fue el único que la obedeció junto con Mercedes, y los dos fueron los últimos en tirar. Pablo estuvo a punto de alcanzar a una de las ratas, pero la saeta se clavó a muy poca distancia de su objetivo y ésta solo tuvo que rodar el proyectil clavado en tierra y seguir avanzando. Para su angustia, la andanada había sido prácticamente inútil. Sólo había muerto una rata, y había otra lo bastante herida como para no seguir avanzando, pero las demás, y debería haber más de cuarenta, siguieron acercándose a la carrera. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mientras los soldados y los caballeros, divididos en dos grupos, cargaron contra las bestias por los lados de la manada, Pablo recargó su arma, aunque no estaba seguro de que le fuera a servir de mucho. Se notó que escoltaban la caravana soldados curtidos. Mataron a varias ratas e hirieron a bastantes con la primera cuchillada. Los caballeros, sobre todo, alanceaban con gran eficiencia y los caballos pisoteaban o golpeaban a las que intentaban atacarlos, aplastando a algunas. Sin embargo, Pablo vio que tres o cuatro soldados resultaron heridos y que uno de los caballeros al intentar atacar, clavó por accidente la lanza en tierra, se desestabilizó y cayó del caballo. Quedó maltrecho en el suelo y cuatro ratas se le echaron encima y le destrozaron, sin que sus compañeros tuvieran tiempo de ayudar. Pero lo peor fue que aunque la mayoría de las ratas se quedaron luchando con los soldados, unas diez rebasaron sus líneas y cargaron contra las galeras.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pablo estaba tan aterrorizado que no podía ni hablar. El miliciano de la galera de al lado gritaba órdenes, pero él era incapaz e, incluso, obedeció a aquel miliciano, que ordenaba disparar sólo cuando estuvieran muy cerca. Los viajeros esperaron y, al final, una segunda andanada de flechas, menos numerosa, cayó sobre las bestias que les atacaban cuando el miliciano dio la orden.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El resultado fue aún peor que en la primera andanada. Sólo el miliciano que había tomado el mando fue capaz de rozar a una de las ratas. El tiro de Pablo fue desastroso y la única que casi hizo blanco fue Mercedes. Lo malo era que sólo dos hombres más y la chica de pelo castaño habían intentado disparar, y aquel nuevo fracaso desmoralizó del todo a Pablo, que ya no se sentía con ánimos para combatir a unas bestias que sentía invencibles.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lo peor vino a continuación. Algunas de las ratas trataron de saltar, pero la galera era demasiado alta y no lo consiguieron. El resto, se coló por debajo de las ruedas y entró en el círculo entre los huecos que habían quedado entre los fardos, o directamente, derribando algunos. Habían golpeado la base de la galera y las ruedas de una forma que aterrorizó a casi todos. Pablo oyó a su espalda relinchos y golpes de cascos contra el suelo, pero no tuvo valor suficiente para mirar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y, de pronto, dos ratas, una por un lateral de la galera y otra por la esquina de atrás, muy cerca de Mercedes, consiguieron agarrarse al borde y, asomando las cabezas, trataban de entrar en el carruaje. Pablo actuó por instinto; no pensó en ser valiente o lucirse, ni recordó que él se había comprometido a atacar en aquel caso; sólo pensó en que aquella cosa no podía subir, que tenía que echarla. Tiró la ballesta, recuperó la espada, desenvainó la daga y se abalanzó contra la rata que se esforzaba por subir. Lanzó una estocada muy fuerte contra el costado de aquel monstruo, pero tropezó ligeramente con una de las vigas y lo que tendría que haber sido una cuchillada mortal se quedó en un rasguño. Los dos hombres que había delante, la golpearon con sendos garrotes, bastante gruesos. Uno acertó y el otro golpeó inofensivamente las tablas del borde. Finalmente, Pablo quiso apuñalarla con la daga de vela, pero entorpecido por los otros dos viajeros, sólo hendió el aire.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;No fue suficiente. La bestia saltó sobre el hombre que tenía delante, y varios gritos, uno de Mercedes le revelaron que la otra había conseguido trepar también. Todo fue muy rápido. La rata saltó hacia el hombre que estaba junto a Pablo, que intentó golpearla pero perdió el equilibrio empujado por aquella bestia. Pablo, que había retrocedido instintivamente lanzó, desesperado, otra estocada. El acero se hundió profundamente en el cuarto trasero del monstruo y la rata cayó sobre el pasajero, pero no fue capaz de atacar ni morder. El otro viajero la golpeó en la otra pata y para gran alivio de Pablo, y del viajero que se la quitó de encima dando gritos y con expresión de asco, quedó inmóvil.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pablo se volvió para defenderse de la otra rata, pero no hizo falta. La bestia había saltado sobre un viajero, que la había esquivado y que, con rapidez, asiendo el garrote con ambas manos, le había dado un golpe brutal en el lomo. Pablo pudo oír como crujían los huesos del monstruo al romperse, que murió de inmediato. La chica del pelo castaño, al parecer, había disparado su arco contra aquel enemigo, sin ningún éxito, y miraba al cadáver aterrorizada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Solo le dio tiempo a ver a Mercedes, acurrucada en una esquina y mirando a la rata muerta con aprensión y algo de alivio, antes de que un golpe muy fuerte le hiciera caer. Los caballos, acosados por las ratas trataban de huir y golpeaban galeras y carretas para escapar. Las galeras eran tan grandes y pesadas que resultaba imposible hacerlas volcar, pero los golpes, las levantaban ligeramente y dieron en el suelo con casi todos. Y sobre todo, eliminaron el espíritu combativo, como grupo, de los pasajeros. Mercedes gritaba, acurrucada contra el suelo y la pared de la galera, cada vez algo la movía. Un hombre rezaba arrodillado y varios de los demás, tumbados, se tapaban la cabeza con las manos, aterrorizados por la idea de que la galera volcase y terminaran despedazados por aquellos seres diabólicos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pablo no podía más, y no hizo ademán de levantarse. Era incapaz de seguir luchando, vencido por el miedo y la desesperación. Los caballos desplazaron un carro, que volcó, y una de las galeras y huyeron al galope, perseguidos por algunas ratas. El resto de aquellas alimañas remataba y empezaba a devorar a un asno y a un caballo que no habían logrado huir. Pablo sentía nauseas, de ver comer a aquellos seres, y del olor de la sangre del que él mismo había matado, que manchaba un área creciente del suelo de la galera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Observó ausente que la chica del pelo castaño, se había levantado. La vio sacar una flecha de la aljaba y apuntar al interior del círculo roto de la caravana. Otro hombre hacía lo propio. Al parecer, pensó Pablo, no se daban por vencidos. Les vio apuntar y disparar, y el hombre no pudo reprimir una exclamación de júbilo. Volvieron a cargar y Pablo se sintió avergonzado de que una chica y un civil con mucha muy poca preparación militar siguieran peleando y él se quisiera dejar morir. Con muy pocas ganas, recordó que aún tenía una flecha en el cargador, de modo que se levantó, envainó sus armas, se hizo con la ballesta y buscó un blanco. Como los otros dos viajeros parecían haber aprendido que era mejor tirar más despacio pero asegurarse acertar, apuntaron con cuidado, de forma que dispararon los tres casi a la vez.La chica del pelo castaño hizo un tiro magnífico, que dejó una flecha incrustada en el lomo de una rata, haciéndola sangrar mucho. Probablemente, estaba herida de muerte. El hombre le hizo un buen corte a otra rata. Pablo erró un disparo fácil, lo que volvió a desmoralizarle.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sus compañeros se preparaban para seguir atacando cuando, de improviso, las ratas salieron huyendo. Pablo y los dos viajeros que aún seguían disparando, se volvieron para seguir con la vista su huida. Los soldados, más preocupados por acabar con las pocas que aún luchaban, o en atender a los heridos, no hicieron nada por atacarlas. Pablo contó seis soldados con heridas bastante graves como para los tuvieran que atender. Por desgracia, a dos de ellos, les dejaron abandonados, lo que significaba que habían muerto. Estaba mirando la enorme cantidad de ratas muertas que afeaban la pequeña llanura cuando se le heló la sangre en las venas. Reparó en que algo se movía en el bosquecillo que tenía en frente, por la ladera izquierda del camino en dirección a Gaiphosume. Vio una figura cubierta por las sombras, escondida entre los matorrales, de aspecto vagamente humano, pero con una mano terminada en garras enormes. A aquel ser le refulgían los ojos con un tono rojizo intenso, que le inspiraba un terror que no parecía racional. A unos metros a la izquierda de aquel ser, vislumbró a otro, al que le brillaba la mirada de idéntica forma. Fue sólo un instante, pero tuvo tiempo suficiente para ver que las ratas huían hacia ellos y que, cuando se marcharon con rapidez, los matorrales se agitaban como si gran cantidad de bestias los movieran.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La expresión de pánico de Pablo debió de resultar muy preocupante, porque el viajero que tenía al lado, aún con el arco en la mano, le dijo con aprensión:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Señor… ¿Qué le sucede? ¿Qué ha visto?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La chica del pelo castaño también le miraba inquieta, así que Pablo decidió no aumentar el nerviosismo y, en realidad, fue casi del todo sincero:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No lo sé… Creí ver algo, pero ya no está. No pasa nada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mercedes lo sacó del apuro, ya que se interesó por él y, cuando Pablo le dijo que estaba ileso, que todos habían salido sin un rasguño, se le abrazó con fuerza y la oyó suspirar. Aquello pareció animar al resto del pasaje, que empezó a pronunciar agradecimientos, muchas veces mutuos. En esto, uno de los caballeros, se acercó a la galera y preguntó si había heridos, a lo que respondió la chica del pelo castaño que no. Les ordenaron quedarse en la galera y esperar instrucciones.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Por lo que Pablo pudo averiguar, la suerte de las otras dos galeras no había sido tan buena. Un pasajero había muerto por una rata especialmente agresiva que trepó y consiguió morderle en el cuello, y otro estaba herido en una pierna. Pero lo que le inquietaba era algo mucho más grave. Todos los animales de carga habían huido, a excepción de un mulo rezagado que consiguieron retener entre tres soldados, lo que significaba que la caravana no podía continuar su recorrido. Las campanas, a lo lejos, seguían sonando, con lo que no era de esperar ayuda en breve.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Tras una espera breve que se les hizo eterna Pablo y a sus compañeros de viaje, oyeron regresar a los exploradores. Aprovechó su condición de miliciano para bajar de la galera e ir a enterarse de qué sucedía. El informe que dieron fue que tanto el castillo de Gaiphosume como la propia ciudad sufrían ataques intermitentes. La situación en torno al castillo empezaba a semejarse a una cacería, ya que los ballesteros del ejército habían diezmado a las ratas atacantes que ya formaban grupos muy pequeños. El puente sobre el río Gaiphosume estaba cortado por una manada que estaba devorando las provisiones que había en un carro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La decisión que tomó el oficial asustó bastante a Pablo. No había forma de llevarse las galeras o la carga de los carros, y ante las bajas de la infantería y el hecho de que había muerto un viajero, no había seguridad de que se pudiera resistir un segundo asalto. La esperanza era que aquellas alimañas prefirieran concentrarse en la comida que había transportado la caravana, y no en atacar a los viajeros. Así que las órdenes fueron usar el mulo, el caballo de guerra que había quedado sin jinete, y a otro caballero para transportar a los heridos, y recorrer a pie la media legua escasa que les separaba de Gaiphosume. Con suerte, las ratas que atacaban el castillo no les molestarían y la guarnición de la ciudad despejaría el puente en breve, y si no era así, harían el último trecho cruzando el río, avanzando por la playa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Cuando lo contó en la galera, a varios de los pasajeros se les descompuso el rostro. Mercedes le miró preocupada y expectante, como si buscara que Pablo aprobara o rechazara aquel plan. En realidad, no sabía que era mejor, si sufrir otro ataque como el que acababan de rechazar, o recorrer a toda prisa la media legua que les quedaba para guarecerse tras los muros de Gaiphosume. Recordó aquellos seres que había entrevisto y pensó, de todos modos, que si el oficial de la escolta ordenaba algo, no les quedaba otra que obedecer, fuera correcta o no su decisión. De modo que, respondiendo sin hablar a la pregunta muda de Mercedes, bajó, recuperó sus cosas, pisoteadas sólo por las ratas y le dejó claro al resto del pasaje que les esperaba un último trecho, desesperado, a pie.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-4154084481816605805?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/4154084481816605805/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=4154084481816605805' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/4154084481816605805'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/4154084481816605805'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/05/mundo-de-cenizas-capitulo-xviii.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XVIII'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-9012741018011289716</id><published>2011-05-03T19:48:00.004+02:00</published><updated>2011-05-03T20:05:32.353+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XVII</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A la mañana siguiente, despuntando el alba, Pablo se despertó muy descansado y bastante más contento de lo que se había acostado. Ya no se sentía afligido por no tener ninguna oportunidad con Mercedes, y estaba decidido a seguir tratándola de la misma manera, sólo que sin jugar ni intentar seducirla. Lo único que le apenaba era pensar en ver a una chica tan joven, atractiva y alegre como ella casada con un hombre demasiado mayor y, además, excesivamente serio y rígido como debería ser un militar que habría tenido que padecer penurias más de una vez. La veía marchitarse dentro de una casa muy bonita que, en cierto modo, sería una prisión. Pero no había nada que pudiera hacerse.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Como ya se esperaba y temía, Mercedes no le buscó para desayunar. Le había rechazado y le daría miedo que Pablo hiciera lo propio. De manera que, en contra de lo que le dictaba su experiencia con las mujeres, tras haberse aseado un poco, fue él quien se le acercó. En todo caso, ya le daba igual romper la regla de que no se debe demostrar mucho interés si se quería conquistar a alguien.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mercedes pareció alegrarse de verle y cuando Pablo le pidió acompañarla durante el desayuno, ella aceptó gustosa. De todos modos, no tuvieron demasiado tiempo ya que pronto quedaron listas las carretas y galeras para una nueva etapa y los viajeros fueron subiéndose. Mercedes y Pablo volvieron a sentarse juntos en la galera, y estuvieron conversando buena parte del trayecto, como si la noche anterior no hubiera sucedido nada de particular.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La primera parte del trayecto les llevaría por un camino relativamente recto a través de una zona salpicada de pueblecitos y aldeas, hasta que llegasen a la ciudad fortificada de Demejupfe, famosa por una torre de vigilancia que se alzaba muy cerca del mar. Allí pararían para comer y descansar, y llegarían a última hora de la tarde a Gaiphosume. El camino sería más o menos recto hasta llegar a Imdequessem, un pueblecito costero. En ese pueblo, subirían hacia una zona montañosa dando un rodeo de cerca de una legua para llegar hasta Kesfopit fim Ehâme, volver a bajar pasando por una localidad llamada Imjocafsunu, famosa por los caballos que se criaban allí y retomar la carretera de la costa en Demecasse, un pueblo que distaba de Imdequessem, apenas, un quinto de legua. Aquella era otra zona algo despoblada, aunque menos que la zona fatídica que había al este de su ciudad natal y que habían atravesado sin problemas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Se subieron en su galera tres nuevos viajeros, todos hombres, pero como otros tantos terminaban en Nescimme su viaje, seguían siendo nueve los ocupantes de la galera, si bien, ahora sólo quedaban dos mujeres, Mercedes y, para desgracia de Pablo, la chica del pelo castaño.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El trayecto hasta Demejupfe fue muy tranquilo. Uno de los nuevos viajeros, un tipo bastante abierto, se unía de cuando en cuando a la conversación que mantenían Mercedes y Pablo. El paisaje que iban dejando atrás era muy bonito; el mar, mucho verde que llegaba hasta la línea de Torres y, entre campo y cultivos, pueblos blancos con empalizadas y alguna ciudad fortificada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mientras comían, Pablo le recordó a Mercedes su promesa de enseñarle su ballesta. Mientras reposaban, la extrajo de la parte exterior del fardo, donde la llevaba envuelta en telas, y se la dio a su nueva amiga, que la estuvo mirando un rato con interés pero que acabó diciendo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No tengo ni idea de cómo se maneja esto. Hay gente que se asusta cuando me ve tensar el arco, así que imaginaos lo que podría pasarle a vuestra ballesta. Lo único que veo es que es un arma muy rara, diferente a otras ballestas que haya visto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pablo sonrió y empezó a contar, con orgullo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Claro que sí. Lo más habitual son las ballestas de un solo disparo, que hay que volver a tensar con la manivela y sujetar entre tanto metiendo el pie por el estribo que tienen delante, lo que es muy lento. La mía está adaptada de los diseños de don Fernando Álvarez de la Vega, con los que se construyen ballestas más fáciles de cargar, y a los que he añadido algunas pequeñas mejoras y diferencias. La más importante es esta caja de aquí arriba, donde puedo alojar tres saetas si las coloco en esta ranura. Os voy a enseñar cómo funciona.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Se puso en pie, apoyó la parte trasera de la ballesta sobre su hombro, usando para ello un arco de madera acolchado que le había incorporado al arma detrás para que se agarrara bien a su hombro y dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Para cargarla, me la apoyo bien en el hombro, a ser posible apuntando un poco hacia arriba porque es más fácil hacer fuerza hacia abajo y tiro de este mango.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Había que hacer algo de fuerza, pero el mango se deslizó para atrás, tensando la cuerda al chocar con el tope del mecanismo. Al mismo tiempo, una de las saetas alojadas, si hubiera cargado la ballesta, habría caído a la ranura donde se disponían en las ballestas normales y el arma estaría lista para disparar, todo ello en menos de la mitad de lo que llevaba cargar una ballesta convencional. El sistema de tensar la cuerda con el mango era calcado de los diseños de don Fernando Álvarez de la Vega, pero el de recarga automática era invención suya. Conocía diseños que permitían alojar muchas más flechas y disparar con bastante más rapidez, pero la caja superior, que contenía las saetas, era tan pesada, que se perdía mucha precisión, y lo que Pablo buscaba era un arma más rápida de cargar pero que siguiese siendo precisa. Acabó su exhibición, diciendo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Pero no os preocupéis, amiga Mercedes, que está descargada.Y, apuntando al suelo, apretó el gatillo para liberar la cuerda. Volvió junto a Mercedes y la oyó decir:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Parece que funciona bien. ¿Quién os la ha construido? Os habrá salido muy cara.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—La he construido yo, usando como base una ballesta normal que conseguí barata.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mercedes se rió y le dijo, entre divertida y sorprendida:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Sois sorprendente, amigo Pablo. Estudiante, miliciano, artesano... ¿Hay algo que se os dé mal?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sonriendo, le respondió:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Sí, mostrarme humilde cuando una de mis conquistas me lleva a ver a sus padres. Acaban creyendo que soy mucho hombre para sus hijas y me obligan a que las deje para no partirles el corazón cuando me vaya con otra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Su interlocutora le repitió, entre risas, que se lo tenía demasiado creído y estuvieron bromeando un rato más, hasta que volvieron a subirse en la galera y emprendieron de nuevo el camino en aquel carro que no paraba de traquetear.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El trayecto fue muy tranquilo. Su última parada breve antes de llegar a Gaiphosume era el pueblo de Kesfopit fim Ehâme, que estaba en lo alto de un monte que, cuando el camino lo permitía, les daba una visión magnífica de Gaiphosume, Metmehapet y algunos pueblos más alejados. Era impresionante la mole del castillo de Gaiphosume, el más grande de los que había entre Nescimme y Nêmehe.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Atardecía cuando pasaron al lado de Demecasse. Llegarían aún con luz, ya que quedaba poco más de media legua para Gaiphosume. Pablo ansiaba ese momento, el de bajarse de la galera y poder descansar y librarse del dolor de huesos que le provocaban los continuos golpecitos que se daba a causa del traqueteo de aquel vehículo infernal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y de pronto, oyó que un caballo venía a galope tendido. Era el explorador que cerraba la marcha que azuzaba a su montura con desesperación. De inmediato, Pablo se asustó y le empezó a latir el corazón más deprisa. Muy preocupado, sin responderle a Mercedes cuando le preguntó que adónde iba, se agarró a una de las vigas de madera que sujetaban la tela que cubría la galera y miró hacia delante. El explorador se había detenido junto al oficial al mando de la escolta y hablaban sobre algo que, con el ruido de los carros y galeras, no podía oír. Tras una breve detención, los dos caballeros volvieron a avanzar junto a la caravana, y unos momentos después, Pablo oyó gritar algunas órdenes que no pudo entender.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Algo más tranquilo volvió a sentarse junto a su amiga, que insistió:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—¿Qué sucede, qué has visto?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sin ser capaz de mostrarse del todo tranquilo, repuso:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No es nada. Vi venir a uno de los exploradores corriendo y me asusté un poco. Pero no pasa nada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Aunque lo había dicho sin convicción terminó por creérselo cuando pasaron los minutos y todo siguió tranquilo, si se exceptuaba que la caravana avanzaba más rápido. Se sobresaltaba al oír correr a algún caballo, pero sólo se trataba de los escoltas, hablando entre ellos o moviéndose con respecto a la caravana. Creyó oír de nuevo un caballo al galope, pero no podía estar seguro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Cuando, de pronto, la caravana se detuvo en seco, los compañeros de galera de Pablo mostraron un desconcierto silencioso y tenso. Él sintió un miedo terrible y si pasaba algo sintió la necesidad de saberlo cuanto antes, así que con la espada y la daga de vela bien agarradas, unidas por el cinto de armas que se quitaba durante el viaje, bajó rápidamente de la galera y se encontró con una actividad frenética. Los caballeros iban de aquí para allá, y los soldados de la carreta se habían bajado y se organizaban. Casi todos los caballeros daban gritos y, demasiado tarde, se dio cuenta de que estaban convocando a los milicianos. Pablo pretendió escabullirse, pero uno de los caballeros, que se había puesto junto a la galera, al verlo armado le ordenó ir a ver al oficial, y no tuvo más remedio que acudir. Lo que le aterrorizó fue darse cuenta de que, a lo lejos, oía sonar multitud de campanas en dirección a Gaiphosume, cosa que significaba que desde la ciudad y el castillo se movilizaba a los combatientes y se ordenaba a los civiles regresar a la ciudad de inmediato.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En el momento en que llegó al lado del oficial, éste explicaba que los exploradores habían divisado una manada de ratas enorme que se iba separando en grupos y que infestaba las laderas del río Gaiphosume y el camino que tenían delante. Habían divisado, en particular, un grupo numeroso avanzar por la carretera y, anteriormente, habían localizado a otro grupo que, al parecer, no había hecho caso al principio de la caravana pero que ahora se les acercaba por detrás. No quedaba otra que pedir ayuda a Gaiphosume, cosa que ya había hecho al mandar a los exploradores a ello, y resistir. Pablo estaba aterrorizado, porque si la ciudad y el castillo estaban sufriendo un ataque, no se iban a dar prisa para ir a rescatarles. Y porque un ataque aparentemente tan organizado no era normal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El oficial ordenó a los milicianos volver a las galeras que ocuparan y hacerse cargo de coordinar a los viajeros capaces de combatir. Deberían quedarse dentro de las mismas y, esencialmente, apoyar a los escoltas disparando flechas, protegidos por la altura que tenían aquellos carruajes enormes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Cuando se dio la vuelta para regresar, se encontró que, por orden de los soldados, las galeras y los carros habían formado un círculo y que retiraban la tela que, hasta hace un instante, protegía a los viajeros del sol y del viento. A los caballos y las mulas los habían encerrado en el círculo para evitar que huyeran. Volvió a subirse a su galera y observó que, como el resto de viajeros, los que iban armados, que eran mayoría, sacaban sus armas y depositaban fardos y carga en la parte interna del círculo, para impedir que las ratas entraran, pero era evidente que ni tenían carga suficiente ni les iba a dar tiempo. Se dio cuenta de que Mercedes le miraba con mucha preocupación, hasta el extremo de olvidar su propio temor, que reflejaba en su expresión, y preguntarle:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Pablo, ¿qué os pasa? Estáis tan pálido como un muerto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Habría sido mejor decir que estaba muerto de miedo. No era la primera vez que luchaba contra este tipo de bestias, pero siempre había sido desde detrás de las murallas o persiguiendo a ratas rezagadas, siendo dos o tres milicianos contra un solo enemigo. En aquel caso, no tenían donde guarecerse y les superarían en número. Si no fuera inútil, estaría en aquellos instantes corriendo para ponerse a salvo. Hizo un intento por recobrar la compostura, ya que era el único miliciano de la galera y era el que más aterrorizado parecía, pero no podía sobreponerse al miedo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y, sin más, la chica del pelo castaño, le dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Señor miliciano, ¿cuáles son las órdenes de los soldados? ¿Qué hacemos?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Salvo dos hombres que acababan de descargarlo todo de la galera e, insatisfechos, intentaban cubrir los grandes huecos que había, sintió que todos los demás, le miraban expectantes. Quién más pena le daba era Mercedes, a la que veía más asustada que al resto. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Finalmente, reaccionó. Si no había escapatoria, no había más remedio que defenderse y, al menos, Pablo ya tenía cierta experiencia en combate. Haría mejor en vencer su temor y dirigir en lo posible a aquella gente dispuesta a luchar, por muy pocas ganas que tuviera de enfrentarse a esa responsabilidad. Tomó aire y dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Nos van a atacar desde el camino, por delante y por detrás de la caravana. Los soldados dejarán un hueco delante de nosotros. Cuando lleguen las ratas habremos de dispararles y tras la andanada, atacarán los caballeros y la infantería. A partir de ahí, disparen con cuidado a aquellas bestias que burlen a los soldados. Si alguna intenta subirse a la galera, me ocuparé yo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sin una palabra más, todos los viajeros comenzaron a prepararse. Pablo cargó tres saetas en su ballesta y la dejó tensada. Asimismo, encajó la ropera entre dos tablones del suelo, que estaban ligeramente separados, frente a él. Dos de sus compañeros metieron sendos garrotes en las aljabas. Todos llevaban arcos recurvados, salvo Mercedes, que sólo disponía de un arco pequeño y, por la expresión de su rostro, se sentía tan asustada como él. Con nerviosismo, tras acercársele un poco, le susurró, en un lamento:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—Llevo años sin tirar... No sé si voy a poder.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pablo hizo acopio de entereza y fue capaz de decir, con una pizca de aplomo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;—No os preocupéis. Cuando llegue el momento, disparad hacia delante. El caso es que las ratas vean que les caen flechas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mercedes asintió en silencio, un silencio y una inmovilidad que mantuvieron todos los viajeros de la galera, durante los minutos interminables que transcurrieron hasta que a lo lejos, Pablo pudo ver una manada de bestias que les atacaban y se le secó la boca mientras el corazón se le quería salir del pecho. Las campanas, a menos de media legua, seguían sonando y advirtiendo del peligro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-9012741018011289716?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/9012741018011289716/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=9012741018011289716' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/9012741018011289716'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/9012741018011289716'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/05/mundo-de-cenizas-capitulo-xvii.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XVII'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-8249159775674670159</id><published>2011-04-24T17:58:00.001+02:00</published><updated>2011-04-24T18:08:12.550+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XVI</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Entre continuos traqueteos, alguna amenaza de vuelco, y un parón debido a que a una de las galeras se le salió una rueda, llegaron sin más percances a las murallas de Nescimme, que eran impresionantes. Pablo, lector ávido y aficionado a la investigación, conocía la estrategia defensiva de Nêmehe para las provincias occidentales. Si las tropas de Dêfob eran capaces de tomar la fortaleza de Tuvuhsepfi, cosa harto compleja debido a la cantidad y calidad de tropas destacadas allí, las órdenes eran retirarse hacia Itvicape, destruyendo en lo posible campos y graneros de las aldeas entre ambas ciudades. Se volvería a presentar batalla en Itvicape, y en caso de derrota, el repliegue sería hasta el río Häfemnope. En el caso muy improbable que un ejército de Dêfob consiguiera cruzar el río a pesar de la línea de fortificaciones que lo vigilaba, las tropas de Nêmehe defenderían hasta el fin Nescimme. Por un momento, mientras bajaba de la galera, se puso en la piel de un soldado de Dêfob y se angustió pensando en intentar asaltar unas murallas tan altas y llenas de torres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Habían llegado bastante tarde. Estaba terminando de atardecer y ya era difícil ver sin ayuda de lámparas o antorchas. Sabía que los soldados harían noche allí mismo, y establecerían turnos de guardia para proteger la caravana. Pablo sabía, además, que si era necesario, Nescimme pagaría a los milicianos que quisieran realizar algún turno de guardia, si bien, era decisión del oficial al mando de la escolta de la caravana comunicarlo a los regidores de Nescimme, ciudad que tendría que pagarle como responsable de la seguridad de los viajeros que atravesaran el territorio que regía. Dado que los siete reales y medio largos que iba a costarle el trayecto le dejarían la faltriquera algo maltrecha, no vio mal embolsarse unos maravedís.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se presentó ante el oficial al mando, se identificó como miliciano de Itvicape y se ofreció a participar en algún turno de guardia. Por desgracia, aquella era una zona segura, y había soldados suficientes para aquella tarea, con lo que Pablo regresó a su galera para ver qué iban a hacer los demás viajeros. Normalmente, en casos como aquel en que se conseguía llegar a la ciudad a una hora razonable, los pasajeros con más recursos se internaban en la ciudad y se alojaban en una posada, y los que no los tenían, se acomodaban en la explanada, vigilados por los soldados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo que pudo ver mientras llegaba a su galera, la mayoría de la gente optaba por dormir al raso. Buscó a Mercedes, le preguntó que si iba a buscarse una posada en la ciudad. Ella repuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Vais a buscar una?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonrió y añadió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo tampoco. Entonces, ¿os importa que cene con vos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo no tenía ningún inconveniente, al revés. Así que se buscaron un sitio con algo de luz, no muy apartado del resto de viajeros, y se dispusieron a cenar. Mercedes sacó una lámpara de aceite, de rica factura, que sorprendió a Pablo. Según ella le dijo, era un regalo, pero no añadió más. Tras ello, cenaron, manteniendo una conversación tan agradable como las demás, y estuvieron un rato reposando y sin parar de conversar y bromear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces, ocurrió algo muy habitual. La mayoría de los viajeros se concentró en un punto. En una de las galeras viajaba una familia o un grupo de conocidos de ocho o nueve personas y varios de ellos se habían traído instrumentos. Pablo vio una guitarra, un laúd, algún violín y un par de tambores. Mercedes miró hacia la congregación muy ilusionada y, prácticamente, arrastró a Pablo hacia el grupo, que tuvo que olvidarse de proteger sus posesiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegaron, estaba a la mitad una folía que bailaban sólo dos parejas del mismo grupo al que pertenecían los músicos. Mercedes los miraba con tal interés que Pablo vio una buena oportunidad de intimar más con ella al ofrecerle que bailasen. Ella aceptó con tanto entusiasmo que se alegró mucho de haber acertado. Nada más acabar la canción, su nueva amiga le tendió una mano y él, galante, la sacó a bailar. Al poco tiempo, empezó a plantearse si era buena idea. Él había aprendido un poco de baile, si bien, estaba más puesto en danza, ya que si había aprendido danza era para no desentonar en ambientes cortesanos o de personas de clase alta, que eran el tipo de gente a la que se podían sacar mecenazgos. Pero lo que tocaban los músicos era música popular, de bailes de cascabel. Y Mercedes bailaba al estilo de las calles, no de la corte. El ritmo era muy rápido, desenfrenado, y aunque se sabía las figuras que se hacían con los pies, su compañera de baile siempre le dejaba atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando varios de los músicos se pusieron a bailar, sonaron tres zarabandas seguidas, con tal velocidad que a Pablo se trababan de vez en cuando los pies. Entre risas, Mercedes le gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Vamos! ¡Más rápido! ¡Que no estamos en la corte!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El efecto de aquellos bailes fue que Pablo encontraba a Mercedes cada vez más atractiva. La versión popular, aunque parecida en los pasos y ritmos, eran mucho más sensual que la que acostumbraba ejecutar con el amigo de su padre que le había enseñado la danza cortesana. Las chicas se acercaban mucho más que en la versión refinada del baile. Al final de la última zarabanda, Pablo, aparte de empapado en sudor, apenas tenía aliento. Iba a pedirle a Mercedes un descanso cuando los músicos, tras los ruegos de algunos bailarines, dijeron que iban a tocar un canario. Ese baile se le daba bien y cuando Mercedes le dijo que se lo sabía, se alegró porque, por una vez, iba a estar a su altura. No dejó de sonreír cuando le hizo la reverencia, que ella le devolvió con mucha gracia. Por fin, fue capaz Pablo de no quedarse atrás, aunque al precio de acabar exhausto. Tuvo que decirle a Mercedes que ya no podía más y ella, no supo si por cortesía o porque era verdad, le dijo que también estaba cansada, así que se fue con él de vuelta al sitio donde se habían dejado sus cosas y la lámpara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debido a que todo el mundo parecía estar sentado junto a los músicos o bailando, Mercedes y él estaban completamente solos. Como se desplazaron un poco para recostarse junto al tronco de un árbol, además, quedaron fuera de la vista del resto de los viajeros. Fueron recuperando el aliento lentamente, y Pablo empezó a mirarla, a la luz de la lámpara, con más intensidad que antes. Entre otras cosas, porque se había aflojado ligeramente el corpiño a causa de lo acalorada que se sentía por haber bailado a aquel ritmo demencial. Mercedes, según creyó, pareció darse cuenta, pero se limitaba a sostenerle la mirada un rato y, luego, a bajar la vista y hablar de cosas banales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Pablo pensó que no tendría un momento mejor. Se armó de valor y aprovechando uno de esos momentos en que se miraban, le puso una mano en la mejilla y la besó en los labios. Mercedes no se resistió, incluso, le permitió un segundo beso más intenso que el primero. Y cuando más estaba disfrutando de sus labios, la muchacha se tensó, empezó a decir que no y le apartó de ella con suavidad. Como Pablo la miraba, algo desconcertado, la oyó decir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me agradáis... Sois muy divertido, y muy apuesto. Pero no puedo... no podemos hacer esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo ya sabía a lo que se arriesgaba al besarla, pero alguna leve ilusión se había hecho de que no llegaría a oírle a Mercedes aquellas palabras. Siempre le pasaba lo mismo. Siempre la misma actitud, las mismas excusas. Y le daba mucha pena, porque se lo había pasado muy bien con ella y estaba empezando a sentirse interesado en conocerla mejor. De todos modos, así era ese juego, había que tomárselo de la mejor manera posible. De forma que, con la mayor cortesía que pudo, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No os preocupéis. Lo entiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y callaron durante unos momentos. A lo lejos, se oía el jolgorio del resto del pasaje. Pablo se sentía un tanto frustrado, pero se limitaba a callar y a aflojarse un poco la ropa, para que se le quitara del todo el acaloramiento. Y en esto, Mercedes empezó a decirle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No he sido muy sincera con vos. O sería mejor decir que no os lo he contado todo —. Suspiró y continuó —. Mi familia es numerosa y pobre. Mis padres han sufrido mucho para poder sacarnos adelante a todos. Por eso, cuando conocí al maestre de campo que mandaba el tercio que protege Tuvuhsepfi y éste se interesó por mí, acabé accediendo, ante las súplicas de mis padres, a prometerme en matrimonio a él. Desde que somos prometidos, mi familia ha dejado de pasar hambre, y si se enterara de que he estado con otros, cancelaría el compromiso y mis hermanos no tendrían que comer. Viajo a Nêmehe para preparar mi boda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La actitud de Pablo ante lo que le estaba diciendo fue la acostumbrada: resignación. Siempre había algo; todas las chicas con las que intentaba intimar le salían con algún problema. Pero no le parecía decente enfadarse, y menos con Mercedes, que no le había dado esperanzas más allá de mostrarse abierta y simpática y de haber querido bailar con él. Pablo no dijo nada, fue su acompañante quien dijo con tristeza:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Echaré de menos conocer a chicos de mi edad. Sobre todo, echaré de menos bailar. Mi futuro esposo tiene casi treinta años más que yo y cojea desde que le hirieron gravemente en la pierna. Y echaré mucho de menos a mi pueblo y a mi familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A modo de protesta, Pablo replicó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por lo que veo, no amáis demasiado a vuestro prometido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aprenderé a hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella frase le pareció a Pablo tan estúpida, que tuvo que contener las ganas de soltárselo a Mercedes y marcharse de allí. Pero habría sido una pena acabar de esa manera con una chica que tan guapa y tan simpática le parecía, así que tomó la decisión de conservar su amistad durante los tres días de viaje que le aguardaban con ella. Al menos, tendría con quien conversar y con quien comer. Así que, poco a poco, volvió a hablar con ella de cosas banales y, al cabo de un buen rato, incluso, llegó a tener el humor suficiente para bromear de nuevo. Pablo quedó en que al día siguiente, con más luz, le enseñaría cómo funcionaba la ballesta de repetición que él mismo había inventado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaban lo bastante descansados como para intentar volver a reunirse con el resto de los viajeros. Sin embargo, habían advertido que el jaleo había disminuido mucho y, cuando echaron un vistazo, vieron que apenas quedaba gente tocando, bailando, o contemplando el espectáculo. De todos modos, harían mejor en descansar para soportar mejor el viaje del día siguiente. Mercedes y Pablo se dieron las buenas noches, y ella se fue a dormir junto al resto de la mujeres, y él junto a unos cuantos viajeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo antes de dormirse, se sintió afligido por saber que, una vez más, no iba a conseguir nada con una chica. Se planteó, incluso, que habría sido mejor no haber probado sus labios, porque así no la echaría de menos ni estaría, como en aquel instante, pensando en lo que podría haber llegado a pasar entre los dos. Por suerte, el sueño le venció pronto.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29715049-8249159775674670159?l=sinciforma.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sinciforma.blogspot.com/feeds/8249159775674670159/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29715049&amp;postID=8249159775674670159' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/8249159775674670159'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29715049/posts/default/8249159775674670159'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sinciforma.blogspot.com/2011/04/mundo-de-cenizas-capitulo-xvi.html' title='Mundo de cenizas. Capítulo XVI'/><author><name>Juan</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01857208774537450864</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29715049.post-4750866752891997685</id><published>2011-04-21T14:04:00.002+02:00</published><updated>2011-04-21T14:09:06.703+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mundo de cenizas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juegos de Rol'/><title type='text'>Mundo de cenizas. Capítulo XV</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pablo no estaba seguro de qué le gustaba menos, si haberse tenido que levantar antes que el sol, o tener que recorrer las calles de Itvicape perseguido por sus padres. A esto último no tendría nada que objetar si no fuese porque no paraban de darle consejos para protegerle de peligros de los que él ya se sabía cuidar. Además, no estaba del todo seguro si no iban con él, más que nada, para ver si podían robar el fardo que algún viajero de la caravana, que Pablo iba a tomar para viajar a Nêmehe, dejase por distracción sin la vigilancia debida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Sus sospechas se confirmaron cuando, al encontrarse muy cerca de la puerta de las murallas que daba al descampado donde solían reunirse las galeras y carros de la caravana, su madre se encorvó y empezó a cojear, con tanta perfección que pasaba por lisiada. Como si no la conociera; iba a pedirle unas monedas a todos los viajeros que, al ir de paso, no sabrían que las calles de Itvicape eran milagrosas: su madre sanaba de sus males dentro de sus muros.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Llegaron a la explanada, que estaba llena de viajeros y soldados de escolta, y que ocupaban tres galeras de buen tamaño y varios carros más pequeños. Su madre se alejó cojeando, y se puso a pedir unas monedas en tono lastimero a todo viajero que se encontraba. Su padre y él estuvieron un rato mirándola, y comprobaron que la cosa no le iba del todo mal. Cuando se perdió tras una de las galeras, su padre le puso las manos en los hombros y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pablo, ten mucho cuidado por los caminos. Si son ratas las que te atacan, no derroches valor y corre o súbete a un árbol. Si, por el contrario, son forajidos, recuerda que no serán descuideros como nosotros y dales todo lo que tengas sin rechistar—. Suspiró y prosiguió—. Si robas, hazlo con mucho disimulo y sólo en sitios donde haya gente de paso. Y no robes demasiado, que la codicia ha sido la perdición de muy buenos ladrones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo prefirió no responder nada. En realidad, no estaba dispuesto a vaciar faltriqueras salvo que se viera pasando hambre, o que su víctima fuese tan descuidada que no pudiera contener las ganas aligerarle la carga de monedas que llevara encima. Para él, la vida de ladrón no era vida y sólo lo veía como un complemento al dinero que ganara honradamente y, quizá, como un desafío. Era más el hecho de creer que estudiando y preparándose podría ganar mucho más dinero, y de forma más fácil, que asaltando a la gente, que la idea de que robar fuera indigno o le volviera poco honorable. Su padre era un hombre valiente y con honor, aunque buena parte de sus rentas las obtenía gracias a ciertas actividades no muy legales. Recordó que, una vez, le condenaron a cien azotes en público y caminó hacia la tarima con la cabeza bien alta. Cuando llegó no tuvieron que empujarle, ni subió despacio o a gatas, como hacían muchos otros, sino que ascendió erguido y por su propio pie. Incluso, vio un escalón roto y consciente de que otro condenado podría meter ahí el pie y hacerse daño, se volvió hacia los corchetes y les dijo que tenían que arreglar el escalón para evitar heridas y quebrantos. Le había contado su padre que los corchetes habían alabado su prudencia y su servicio a la comunidad y le habían asegurado en tono reverente que aquel escalón estaría arreglado a la mayor brevedad, cosa que Pablo no sabía si creerse, salvo que cambiara aquella última frase por: “que aquel escalón estaría arreglado antes que volviéramos a azotar a vuestra merced”. Pero eso no quitaba el hecho de que a su padre no le faltaban arrestos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todo caso, no necesitó responder nada. Su padre le abrazó y le pidió que se cuidara y que les escribiera cuando llegase a la Universidad. Pablo así se lo aseguró y esperaron un rato a que regresara su madre. Ésta vino cojeando visiblemente, si bien su padre y él ya se habían acercado al conductor de galera más cercano y le preguntaban si en su vehículo habría un sitio libre. Repuso que no, pero que se encaminaran a una que les señaló. De modo que los tres se dirigieron a la galera que tenía peor aspecto de todas, y estuvieron hablando un rato con el conductor. La tarifa era la oficial en el reino, 12 maravedís por legua. Separaban Itvicape y Nêmehe 22 leguas, o sea, que el viaje le iba a salir por algo más de 7 reales y medio. Los tres comenzaron un regateo bastante duro con el conductor. Su madre llegó a abrazarse a él, llorando, y diciéndole:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ay buen señor! ¡Apiádese de esta pobre lisiada que necesita hasta el último maravedí para que el médico le calme los dolores! ¡Ay, señor, sea misericordioso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, ni por esas se conmovió el cochero. Lo único que consiguieron sus padres fue avergonzarle, porque tampoco hacía falta tanto teatro con tal de ahorrarse unos pocos maravedís. Finalmente, accedió a cobrar el viaje en dos partes, y aceptó un real de a cuatro por las 12 leguas que separaban Itvicape y Gaiphosume. Los seis maravedís que salía perdiendo, ya los recibiría en Nêmehe, en todo o en parte en función de cómo fuera la travesía. Al menos, de todo aquel intento frustrado, Pablo obtuvo información acerca de cómo iba a ser el viaje. Iba a ser un trayecto de cuatro días, con tres paradas para dormir. La primera en Nescimme, que era la ciudad más populosa del reino, exceptuando la capital, y el segundo puerto más importante del país. La segunda en Gaiphosume, una ciudad grande y bien fortificada, famosa por su castillo y las minas de Imduvu. La tercera en Vussinumoput, después de una jornada bastante dura visitando la mayoría de los pueblos de la ladera de las montañas, tales como Imessuzu e Imquopossu, bajando de nuevo a Cipenmêfile y, en general haciendo eses. Al fin, a última hora de la tarde del cuarto día, con suerte, llegarían a Nêmehe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran habituales los retrasos en las salidas, pero por fortuna, la caravana había tenido un recorrido apacible desde Tuvuhsepfi, la población, o más bien fortaleza, que defendía la frontera de Nêmehe con la República de Dêfob y en apenas un cuarto de hora, ya empezaban a subirse los viajeros en las galeras. Pablo reparó en los preparativos de la escolta de la caravana, que le tranquilizaron bastante. Uno de los carros era un transporte de tropas, y había diez caballeros, dos por cada una de las galeras y carros de mercancías. Incluso contaban con dos exploradores a caballo, supuestamente, uno para examinar el camino por delante de la caravana, y el otro para asegurar que nadie les perseguía. Considerando que él no sería el único miliciano que hacía el viaje hacia la capital y que, llegado el caso, incluso las mujeres podrían colaborar disparando, serían capaces de enfrentarse a cualquier peligro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, Pablo se despidió una vez más de sus padres, a los que apreciaba con sinceridad aunque fueran un poco canallas, y subió a la galera destartalada. Había ocho personas allí dentro, tres de ellas mujeres, y aún cabrían tres o cuatro más al precio de ir un tanto apretados contra la carga. Tras los saludos de rigor se dedicó disimuladamente a evaluar a las mujeres. Una de ellas era una señorona un tanto regordeta, pero las otras dos eran jóvenes y atractivas. La que tenía casi en frente tenía el pelo muy negro y la piel aceitunada. La otra lucía una melena castaña hasta la cintura, y aunque un poco delgada, no estaba muy mal. Sin embargo, era más atractiva la morena, así que se decidió por ella. En los largos viajes en galera, era habitual hacer amigos y, con suerte, a lo mejor de noche, entre las sombras, la amistad llevaba a otras cosas. Por lo menos, iba a intentarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin, se empezó a oír como las otras carretas y galeras empezaban a moverse, y la que ocupaba Pablo empezó a moverse temblando. Las galeras eran descansadas y más rápidas que ir a pie, pero bastante incómodas. Se notaba perfectamente que no tenían ningún tipo de ballesta que amortiguara los baches, lo que le permitió saber el momento exacto en que abandonaron la explanada lisa en torno a Itvicape y pasaron al camino de la costa, que no estaba todo lo cuidado que debería. Comenzó a hablar de eso, de que todos los carruajes de viajeros, aunque fuesen galeras, deberían llevar unas buenas ballestas, y a bromear mucho. Desde el principio, pareció captar el interés de la muchacha morena, que le preguntó qué quería decir con ballestas y recibió, atenta y sonriente, una lección acerca de cómo se construían esos ingenios y de qué manera amortiguaban los baches del camino. Debía de ser el único viajero con estudios de la galera, y procuró lucirse un poco. Aunque su objetivo era la chica morena, y todo parecía irle bien, no quitaba ojo a la otra, ya que, por experiencia, sabía que no era bueno centrarse en una sola chica si se quería tener éxito en las conquistas. La notaba aburrida y distraída.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, le resultaba difícil mantener el tono alegre y desenfadado, sobre todo,
