30 diciembre 2020

#OrigiReto2020 Pegatina final.

Esta va a ser mi última entrada para el OrigiReto 2020 y, también, mi última entrada del año. Las normas del OrigiReto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras:

http://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html

o en

https://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html

Para apuntar los logros, hay una pegatina final optativa que he querido rellenar y llenar de colores. Resume mi participación en este reto, y la tenéis a continuación.



En el 2021 seguiremos divirtiéndonos con el reto Estrellas de Tinta, al que os animo a apuntaros y del que podéis saber más aquí:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

 

Feliz 2021

10 diciembre 2020

#OrigiReto2020 El espíritu de Alicia

Este es mi relato de diciembre de 2020 para el OrigiReto 2020. Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras:

http://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html

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https://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html

Son 1909 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html  (he quitado 4 asteriscos de separación de escenas).

Es de ciencia-ficción y tiene partes un tanto filosóficas. Quizá en un futuro rescate estas ideas en una historia más larga. Espero que os guste este último relato que publico por el OrigiReto2020.

 

EL ESPÍRITU DE ALICIA

Pasar una semana con Alicia en una casa a la orilla de un lago precioso no tenía que haber acabado así, pero el volcán que hacía tan fértil la región tuvo la ocurrencia de estallar el cuarto día de su estancia, mientras recorrían un sendero forestal cogidos de la mano.

Tardaron casi una hora en regresar a la cabaña. Luis condujo el todoterreno a una velocidad de vértigo, pero habían perdido demasiado tiempo. Era el mejor coche de su categoría, y lo demostró: aguantó bien la dureza del terreno y la conducción enloquecida. 

Sin embargo, la naturaleza fue más fuerte. Aquella erupción había provocado terremotos. Al doblar una curva de una parte de la carretera que discurría junto a un barranco, el todoterreno se estrelló contra un árbol caído. El airbag les salvó la vida. Luis salió del coche tan mareado que se cayó al suelo. Recuperó el resuello a gatas y los gritos de auxilio de Alicia, atrapada en el vehículo, lo hicieron reaccionar. Solo acertó a ponerse en pie.

El tronco, dañado por la caída y la colisión, se rompió del todo y el todoterreno cayó por el barranco. Luis oyó los gritos de terror de Alicia hasta que los estruendos del coche al destrozarse con las rocas los acallaron. La suerte había querido que Luis no tuviera tiempo de reaccionar; si lo hubiera tenido, no habría soltado el todoterreno y habría muerto junto con Alicia.

Antes de desplomarse, deseó haber caído con ella.

*

Luis había ahorrado durante dos años interminables y, al fin, entró en el vestíbulo de Ingenieros Genéticos, S. A. Lo que le había propuesto aquella empresa era lo único que le daba las ganas de vivir suficientes como para no rendirse.

Recordaba imágenes sueltas de su rescate, calificado como milagroso. El todoterreno envió una señal de auxilio a la policía; por algo era el mejor de su categoría. Un helicóptero lo sacó de allí antes de que fuera tarde. Estuvo convaleciente cerca de un mes, debido a problemas en los pulmones por las cenizas.
La técnica usada para curarlo consistió en repararle los pulmones por medio de bacterias modificadas genéticamente. La palabra que más usaron fue CRISPR, las siglas en inglés de Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Espaciadas. Desde que hace muchos años, en 2020, concedieron un premio nobel a los pioneros del uso de CRISPR en ingeniería genética, había cientos y cientos de métodos que se basaban en ese principio, aunque fuera de manera parcial.

Por ahuyentar su soledad, se informó sobre esa técnica y conoció el Proyecto Renacimiento de Ingenieros Genéticos. Buscaban voluntarios para traer de vuelta a personas fallecidas. La idea era reconstruir sus cuerpos y sus mentes. En los emails que intercambiaron en los primeros momentos, le dijeron que necesitaban material genético de Alicia. Su mujer había guardado mechones de su propio pelo antes de aquel viaje fatídico, porque pensó que les daría suerte. Cuando el técnico del Proyecto Renacimiento le confirmó que había material genético suficiente para usar los métodos basados en CRISPR, Luis supo que Alicia tenía razón.

Solo esperó cinco minutos en un vestíbulo más lujoso de lo esperable para una compañía de investigaciones en ingeniería genética. Un robot lo hizo pasar al despacho del técnico que le habían asignado, llamado Werner, quien volvió su pantalla hacia él cuando se sentó.

—La implantación y desarrollo del embrión han sido un éxito. Esta es Alicia.

Luis se maravilló. Veía una imagen tridimensional de un feto muy desarrollado, que movía los pies y las manos de vez en cuando.

—Tiene 23 días —prosiguió Werner—, lo que equivale a unos ocho meses y medio de un embarazo normal. Enhorabuena.

Estrechó la mano del técnico con tanta alegría que casi se le saltan las lágrimas. Para reconstruir su mente, habían usado sus publicaciones en redes sociales, toda la información guardada en su ordenador y otros dispositivos, que Luis no fue capaz de tirar, entrevistas con familiares y amigos e, incluso, su diario manuscrito. No era una simple clonación: la idea era devolverla a la vida.

—Un ser humano es un conjunto de átomos dispuesto de una forma concreta —dijo Werner—. Si podemos colocar un conjunto nuevo de átomos y los disponemos de manera muy similar, existirá de nuevo. Los años que Alicia ha pasado muerta serán un mal recuerdo.

*

La nueva Alicia crecía diez veces más rápido de lo normal. Se la entregarían tras dos años de desarrollo físico y mental, con una edad aparente de 20 años, los que tenía cuando se conocieron en la universidad.
El paso de las estaciones, durante esos dos años, se le hizo eterno a Luis, a pesar de que siempre había adorado ver, desde la casa que tanto esfuerzo les llevó comprar, que el otoño amarilleara las hojas, que el invierno trajera frío y nieve para que en primavera el color verde regresara a los bosques que Alicia y él amaban.

El día elegido para que Alicia abandonara el laboratorio de Ingenieros Genéticos fue el de Sant Jordi. Llevó consigo un libro sobre senderismo, con unas fotografías preciosas, y una rosa. Así lo habían hecho siempre: se regalaban libros y rosas el uno al otro. 

El reencuentro con Alicia se produjo en un salón adornado con muy buen gusto: sofás de color claro, una lámpara de cristal en el techo, jarrones con flores en mesitas pegadas a las paredes y un gran espejo con marco dorado. Luis llegó primero y aguardó diez minutos sentado en un sofá, tan nervioso que el corazón le latía el doble de rápido de lo normal. 

Werner y Alicia entraron por la única puerta de la sala. Luis se puso en pie y se miraron un rato. No se podía creer que la mujer a la que seguía amando hubiera regresado. Era casi veinte años más joven que cuando murió, pero tenía los mismos ojos y la misma sonrisa que nunca había olvidado. Cuando se le acercó, sin saber qué decir, comprobó que Alicia tenía en la mano una rosa y un libro envuelto en papel de regalo.

—Feliz Sant Jordi —le dijo Alicia, tendiéndole ambos regalos.

Poco a poco, con la ayuda de Werner, la rigidez propia de lo inusual de la situación se fue relajando y Alicia y Luis terminaron charlando de forma un poco más fluida. A ella le gustaron las fotografías de paisajes de montaña del libro y a él las fotografías de playas y palmeras que mostraba la guía de viaje que le regaló su mujer resucitada.

Luis se despidió de Werner con un abrazo y regresó a casa con Alicia cogida de la mano.

*

Los seis primeros meses fueron maravillosos, pero Luis creyó que solo se lo parecieron, que su felicidad le impidió ver que a Alicia le pasaba algo. Se esforzaba en agradarle, en mostrarse feliz, pero un día que iba a la cocina, se quedó clavado en la puerta: su mujer estaba llorando. No quiso decirle qué le sucedía. A partir de ese momento, le costaba mucho más mostrarse animada, y Luis dedujo que llevaba fingiendo todo el tiempo.

Quiso arreglarlo con un viaje de dos semanas a un parque natural lleno de las actividades que adoraban: senderismo entre bosques preciosos, descenso fluvial en canoa y visita a unas ruinas romanas. Le partió el corazón darse cuenta de que Alicia no disfrutaba de aquello. Aunque era más resistente que antes, por su juventud, se enfadaba cuando las ramas se le enredaban en las piernas o le causaban pequeños arañazos. La Alicia de antes se habría reído de todo aquello. Al hablar con Werner, este le dijo que era necesario esperar, que podía deberse a problemas de adaptación.

Aquella noche no pudo conciliar el sueño. Alicia dormía de espaldas a él. Le acarició con delicadeza el cabello y se levantó procurando no despertarla. Mientras se preparaba una tila, notó que alguien bajaba por las escaleras del dormitorio. Era una mujer que llevaba un vestido blanco con falda y mangas muy largas. Se quedó paralizado cuando lo miró: tenía el rostro de Alicia, pero de la Alicia que había muerto en el todoterreno.

La mujer salió de la cabaña y Luis la siguió un trecho entre los árboles, cuyas copas dejaban ver trozos de cielo estrellado. De pronto, se detuvo y se volvió.

—¿Alicia? —preguntó Luis.

—Sí, su espíritu, la parte de mí que aún pervive en tu corazón.

—¿Por qué has salido de tu cuerpo?

—Esa chica que duerme en tu cama no soy yo. Werner está convencido de que clonando un cuerpo y educándolo para ser como yo podré volver. Es una idea razonable, pero no funciona. No sé si es que lo han hecho mal, o que no es posible hacerlo. Quizá, la única forma de reconstruir mi ser fuera copiar, uno a uno, los átomos que me formaban y sus estados en el momento justo en que morí. Aunque quizá eso, si fuera posible, tampoco funcionaría.  Porque si me copiaran tres veces, ¿mi consciencia se triplicaría?

A Luis se le partió el corazón.

—No quiero verte sufrir más. La Alicia que han creado para ti no soy yo, no le gusta lo mismo que yo y sufre porque no te quiere. ¿Sabes por qué acabé amando el senderismo? Por la pasión con que tú me hablabas. A mí me gustaba más la playa, como a la mujer que te han fabricado. Nunca has intentado convencerla y ella, que sabe que la han creado para hacerte feliz, no se opone a acompañarte.

—¿Y qué puedo hacer? No puedo vivir sin ti.

—Puedes, y debes, porque lo único que aún queda de mí son los recuerdos que tienes, este espíritu al que has dado forma para hablar con él. La chica con quien vives es otra persona. Sabes lo que tienes que hacer.

Alicia, la de verdad, se desvaneció como un jirón de niebla disuelto por el sol.

*

 Liberar a la Alicia del Proyecto Renacimiento fue una batalla legal que lo arruinó. Werner reconoció su fracaso y no se opuso a que la reconocieran como una ciudadana con los mismos derechos que los demás, pero la sociedad no quería aceptar en su seno a un ente construido en un laboratorio. Al cabo de cinco años, lo logró y se despidió para siempre de la mujer más parecida a Alicia que iba a conocer jamás. Fue un momento difícil y amargo.

Tuvo que poner a la venta la casa de sus sueños, aquella donde soñó envejecer con Alicia. Recibió una llamada de Werner. Le felicitó su triunfo legal y le repitió que si podía hacer algo más, siempre podría contar con él.

—Por cierto, Luis, como me siento responsable del fracaso del Proyecto Renacimiento, he comprado tu casa. Ingenieros Genéticos me debía unas gratificaciones y he pedido un préstamo para el resto.

—Me alegra que la compres tú. Dejo saldadas casi todas las deudas y podré alquilar algo en un pueblo no muy lejos de Barcelona. 

—De eso quería hablarte. Mi mujer me mataría si quisiera que nos mudáramos ahí, así que he pensado que podrías pagarme un alquiler, unos tres euros al mes. Eres quien mejor cuidaría de mi nueva propiedad. No puedes decirme que no: el préstamo ya no lo puedo cancelar. Te llamará mi abogado para pedirte los datos para la compraventa y el contrato. Saludos.

Todas las excusas de Werner eran absurdas, pero Luis no supo qué decir. Dejó el teléfono sobre la mesa y estuvo diez minutos intentando creérselo.

* * * * *


Son 1909 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html  (he quitado 4 asteriscos de separación de escenas)

Objetivo principal:   5    Escribe un relato basado en un dato o avance científico. 

Cuentos y leyendas. Objetivo secundario 1: D    Sant Jordi. 

Criaturas del camino. Objetivo secundario 2: I   Espíritus. 

Objeto oculto 1:  9   Las estaciones 

Objeto oculto 2: 22   Un desastre natural 

Cumple con mi objetivo personal: Tanto Werner como Luis demuestran ser bastante generosos y aceptan la responsabilidad que tenían con Alicia 

Logros: Cumple el giratiempo por los pelos.
 

29 noviembre 2020

#OrigiReto2020 Ya vienen los Técnicos de Recaudación

Este es mi relato de noviembre de 2020 para el OrigiReto 2020. Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras:

http://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html

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https://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html
 
Este relato tiene 1977 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html

Es un relato distópico, ya que se intuye que está situado en el futuro cercano, pero las situaciones que narro son el presente de muchas personas, y el futuro de otras muchas debido al fracaso en lo que respecta a detener el virus y ayudar a quienes lo han perdido todo por culpa del mismo. Espero, aun así, que os guste.


YA VIENEN LOS TÉCNICOS DE RECAUDACIÓN

A pesar de que Tatiana, su madre, fingía ilusión, Eva era consciente de que detestaba llevarla a ver al Técnico de Recaudación. A Eva sí le gustaba porque los técnicos eran muy simpáticos, le regalaban caramelos y la habitación donde recibían a los niños era preciosa. Su madre había sido niña cuando se celebraba la Navidad y echaba de menos a Papá Noel y a los Reyes Magos. Aunque en el colegio le explicaban que esas celebraciones a las que sustituyó la conmemoración del Solsticio de Invierno eran fascistas, machistas y dañaban el medio ambiente, a Eva le habría gustado vivirlas una vez. La melancolía y la ilusión con las que su madre le contaba los recuerdos de las Navidades de su niñez le hacían pensar que no podía ser tan malo algo que se recordaba con tanto cariño.

Llegaron a la cola para ver al Técnico de Recaudación y Eva contó a las personas que tenían delante hasta que se cansó. Lo dejó cuando al cuarenta. Echó de menos a Laura, la novia de su madre y a Antonio, su padre, que ya no vivía en casa. Otros años habían acompañado a su madre uno de los dos, pero Laura estaba fuera. Habían prohibido que Papá Noel o los Reyes Magos trajesen regalos, pero la novia de su madre visitaba a Papá Noel en secreto la semana anterior al Solsticio para traerle el regalo que tenía preparado para ella. En aquella ocasión, Laura se había retrasado más de la cuenta.

Miró con tristeza a los niños y los padres que guardaban cola. La mayoría venían acompañados de dos o tres personas. Y aunque ya tenía diez años, Eva era la más baja de todos los que guardaban la cola de pie. Le habían explicado que no iba a crecer mucho porque tenía acondroplasia, que era una palabra muy difícil, pero que había oído tantas veces que ya se sabía de memoria.

Para Eva no era un problema grave tener tan poca altura. Las sillas y las mesas eran un poco grandes para ella, pero en el colegio siempre se las arreglaban para que tuviera sillas y mesas de niños más pequeños. A sus amigas no les importaba que tuviera la talla de una niña de cinco años y solo se burlaban de ella dos chicas. Eran dos alumnas muy malas, que se reían de todos los demás y se dedicaban a pegar a otras niñas, pero nunca la habían atacado a ella.

Lo único que le daba pena era que su madre tuviera que llevarla al médico más a menudo que a los demás. Los días que tenían consulta, debían añadir a las dos horas que pasaban en la cola del banco de alimentos las esperas en el centro de salud. Sin embargo, no todo era triste. Cuando representaron en el colegio el cuento del lobo y los siete cabritillos, como era la más pequeña de su clase, le dieron el papel de la cabritilla más joven, la única a la que no consigue comerse el lobo y que le cuenta a la madre que le ha pasado a sus hermanos. Era el mejor papel de la obra, porque ayudaba a la madre de los cabritillos a salvar a sus hermanos y terminaba siendo la heroína de la historia. Recordar las felicitaciones y los abrazos que le dio su madre al terminar la obra seguían haciéndola feliz.

La espera era muy aburrida. Su madre parecía triste y no decía nada. Lo único que la distrajo fue una mujer que recorría la cola. Eva sonrió al ver que se les acercaba. Iba disfrazada de bruja, con un sombrero negro muy largo y picudo, un vestido negro y unas medias grises que dejaba al descubierto, de rodillas hacia abajo, la falda. Cruzada a la espalda, llevaba una escoba. Sostenía una caja llena de botellas redondas por la parte de abajo y con el cuello largo y estrecho.

—Buenas tardes —le dijo la bruja a su madre con una sonrisa—. ¿Quiere una poción mágica para su hija? La hará feliz a ella y a dos niños más.

La bruja miró a su madre a los ojos, y estuvieron así unos momentos. Al fin, su madre bajó la vista hacia ella.

—¿Quieres una poción mágica, Eva?

Eva asintió y su madre le compró una poción roja. La bruja se puso tan contenta que le dio un beso en la mejilla a las dos. No tardó en quitarle el tapón y empezar a bebérsela. Sabía a fresa y Eva la disfrutó. Tomársela tuvo el efecto mágico de disipar su aburrimiento durante cerca de media hora.

Al fin, la cola avanzó tanto que solo quedaban dos niños delante de ellos. Su madre se sacó del bolso el sobre con el escudo del gobierno impreso y se lo dio a Eva.

—Ten cuidado, que no se te caiga —le dijo su madre con ternura.

Eva lo aferró con todas sus fuerzas. Sabía lo que sufría su madre para llenar aquel sobre, por mucho que tratara de ocultárselo. La última noche que las visitó Laura, dos semanas atrás, Eva se levantó para beber agua y se dio cuenta de que las dos hablaban en voz baja. Su madre estaba tumbada, con la cabeza sobre los muslos de Laura, y su novia le acariciaba el pelo. Se acercó sin que se dieran cuenta y oyó a su madre lamentarse de que le habían vuelto a bajar el sueldo, de que tras el pago del Impuesto del Solsticio se había quedado sin ahorros y no tenía suficiente para la electricidad, que no sabía qué hacer.

Eva miró el sobre y se fijó un rato en lo bonito que era el escudo. Lo apretó contra el pecho, para que no se le cayese, y alzó la vista.

—¿Por qué tenemos que darle este sobre al Técnico de Recaudación, mamá?

—Es una tradición. Como ya no hay Navidad y no se compran regalos, el gobierno creó un impuesto especial para ayudar a los niños. Por eso, eres tú quien entrega el sobre, porque es un momento muy bonito, el más bonito de las fiestas del Solsticio.

—Mami, no es eso. ¿Por qué tenemos que pagar ese impuesto?

—Porque con ese dinero, el gobierno ayuda a los niños pobres.

—¡Pero si nosotras somos muy pobres!

—Hay gente que está aún peor —respondió su madre con una mirada repleta de tristeza.

Eva prefirió no seguir hablando. Tras una espera corta, el policía les hizo pasar y recorrió de la mano de su madre el largo pasillo que les llevaría a la oficina del Técnico de Recaudación. A Eva le encantaba visitar los edificios oficiales. Eran bonitos y lujosos como los palacios antiguos que se veían en las películas. Había cuadros con marcos dorados a ambos lados, lámparas con joyas de cristal colgantes en el techo. Era un sitio precioso, muy diferente del colegio de Eva, alumbrado por luces sin adornos, con las paredes llenas de desconchones y donde hacía frío porque tardaban semanas en reparar las ventanas rotas.

Su madre la soltó y se quedó quieta a la entrada de la oficina del Técnico de Recaudación. Eva entró en un despacho enorme, decorado con el mismo lujo del pasillo. Al fondo, había una mesa de oficina muy grande, con varias bandejas con papeles y un ordenador de último modelo. Sentado en un sillón oscuro estaba el Técnico de Recaudación, vestido con traje negro, corbata azul y camisa blanca. Le pidió que se acercara con una sonrisa, y Eva caminó hasta detenerse junto a una silla. Le preguntó su nombre y le dijo que era muy bonito.

—Puedes regular la altura empujando hacia abajo, Eva —dijo con amabilidad el Técnico.

Eva se sentó y miró al Técnico mientras se incorporaba para darle dos caramelos, uno de naranja y el otro de fresa. Le dijo su madre que aquel técnico sustituía a Papá Noel y al Cartero Real de las Navidades. El primero era un hombre gordo, con un traje rojo de bordes blancos y una barba larga del mismo color. Los niños se sentaban en sus rodillas y le pedían regalos. Al Cartero Real se le daba la carta de los Reyes, donde los niños escribían los regalos que querían recibir. El Técnico de Recaudación fundía ambas tradiciones y lo dotaban de la imagen de funcionario elegante que envolvía a todo lo que tenía que ver con el gobierno. A Eva le habría gustado sentarse en las piernas de Papa Noel. Como era tan pequeña, seguro que no le importaría que se le tumbara en la barriga y reposara la mejilla en la suavidad de su traje rojo.

—¿Tienes el sobre para los niños pobres? —dijo el Técnico.

Le tendió el sobre y abrió el caramelo de naranja mientras el Técnico sacaba el resguardo de pago y tecleaba datos en el ordenador. Se guardó el envoltorio del caramelo con cuidado: era muy desconsiderado ensuciar las oficinas públicas.

—¿Dónde vas a celebrar la Comida del Solsticio? —preguntó el Técnico, sin desviar la vista de la pantalla.

Eva suspiró con tristeza. Iban a pasar el día de fiesta en casa, comiendo la crema de verduras y el pan que les darían en el banco de alimentos. Hasta que no hicieran la cola de aquel día no sabría si, gracias a la festividad, les darían un par de pechugas de pollo o un poco de carne de cerdo. Otros años habían pasado en el día en el comedor social, que a Eva le encantaba porque podía jugar toda la tarde con sus amigos del colegio, que tenían asignado el mismo comedor. Respondió sin alzar la vista, con algo de dificultad debido al caramelo.

—Íbamos a ir al comedor social, pero mi mami dice que no podemos.

El Técnico dejó de teclear y la miró a los ojos.

—Pero… si las tasas públicas de los comedores sociales son simbólicas.

Eva encogió los hombros y el Técnico siguió con su trabajo. Sacó por la impresora un papel y lo selló, como todos los años. El cambio fue que el Técnico dobló el papel, cogió el sobre, escribió algo con un bolígrafo que tomó de la mesa e introdujo los documentos, ocultando las manos tras el tablero todo el tiempo. Eva sonrió, porque ya se imaginaba lo que iba a pasar a continuación. El Técnico dejó el sobre encima de la mesa y la miró, sorprendido.

—Eva, ¿qué tienes en la oreja?

Empezó a reírse mientras el Técnico acercaba la mano, la retiraba y le enseñó un mantecado. Eva abrió mucho los ojos y lo cogió como el tesoro que era.

—¡Me gustan mucho! ¡Gracias!

—No me las des a mí. Es fruto de la magia de estos días tan especiales. —El técnico le tendió el sobre—. Toma, ten cuidado y no pierdas el sobre. Feliz Solsticio de Invierno.

Eva le dio las gracias y le deseo lo mismo. Bajó de la silla y corrió hacia su madre.

—¡Mamá, mamá! —le dijo—. Me ha dado un mantecado.

—Cuando salgamos de aquí, cómetelo.

—No, mamá, es para las dos.

Su madre no le dijo nada, pero le apretó un poco la mano que le tomaba.

Tardaron apenas veinte minutos en llegar a casa. Su madre dejó el bolso en el corredor y extrajo el sobre. Eva supuso que haría lo de todos los años: sacar los papeles que había introducido el Técnico de Recaudación, tirar el sobre y guardar las hojas en el cajón de las facturas y los impuestos. Aquella vez, dejó el envoltorio vacío sobre un mueble, desplegó un papel doblado y, atónita, cogió dos billetes de cincuenta euros con la otra mano. Parecía estar leyendo varias veces aquel trozo de folio.

—¿Qué dice, mamá? ¿Qué dice?

Su madre la miró, asombrada todavía.

—Este año, lleve a su hija a comer a un restaurante. ¡Feliz Navidad!


******

Objetivo principal:   12    Usa tu relato para dar visibilidad a algún colectivo minoritario.  

Cuentos y leyendas. Objetivo secundario 1: L    El Lobo y los siete cabritillos.

Criaturas del camino. Objetivo secundario 2: II   Brujas-hechiceros.

Objeto oculto 1:  17   Una poción

Objeto oculto 2: 23   Magia

Cumple con mi objetivo personal: El Técnico de Recaudación mete en el sobre cien euros de su bolsillo para que Eva y su madre tengan una comida de Navidad decente.

Logros: Cumple Tríada (la madre de Eva es bisexual) y Sororidad (en los diálogos de Eva y su madre no se cita a ningún hombre, ni van de eso). 

10 octubre 2020

#OrigiReto2020 ¿Están capacitadas las mujeres para la ciencia?

 

Este es mi relato de octubre de 2020 para el OrigiReto 2020. Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras:

http://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html

o en

https://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html

Son 1974 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html  (he quitado 4 asteriscos de separación de escenas).

NOTA: Este relato, originalmente, era más largo, pero se pasaba de palabras así que lo corté justo cuando llegué cerca de las 2000 palabras.


¿ESTÁN CAPACITADAS LAS MUJERES PARA LA CIENCIA?

La vida de Laura cambió cuando tenía trece años. La “gripe española”, que se había llevado a sus tíos y la había condenado al encierro, no había regresado aquel invierno y, aunque siguiera muy asustada, quizá aquel verano pudiera regresar al colegio.

No podía imaginarse que el gesto cotidiano de llevarse el periódico que su padre acababa de leer para hojearlo en la soledad de su habitación fuese a determinar su futuro. Laura quería mucho a sus padres, aunque no compartiera sus ideas. Nunca había entendido que, por haber nacido mujer, tuviera que resignarse a llevar una vida sin alicientes. Soñaba con viajar, explorar y conocer mejor aquel planeta apasionante en el que vivía. Aprendió a ocultar sus sueños, y a leer la prensa a escondidas, desde la primera vez que dijo que deseaba dedicarse a explorar África y dibujar todas las fieras que se encontrara.

—¡Eso no es apropiado para una mujer decente! —gritó su padre—. ¿Quién te ha metido esas ideas en la cabeza?

Su madre se limitaba a secarse las lágrimas y a calmar a su padre con voz queda. Nunca se había sentido tan sola como en aquel instante. Optó por llevar la vida de muchacha modosa que esperaban de ella y rebelarse solo en su imaginación. Se había hablado mucho del Estatuto municipal, del 8 de marzo de 1924 que daba derecho al voto, por primera vez, a las mujeres cabeza de familia en las elecciones municipales. Aquella decisión había provocado debates acerca de si las mujeres tenían la capacidad suficiente para entender la política. Por eso, el artículo de la página 4 del periódico, le llamó la atención.

“¿Están capacitadas las mujeres para la ciencia?

José M. N. Madrid, 24 de marzo de 1924.

La década de 1920 está llamada a cambiar el mundo. La alegría del fin de la Gran Guerra se ha visto empañada por la devastadora epidemia de gripe de 1920-1922, de la que aún no se ha recuperado la humanidad.

Pero hay cambios que, a pesar de la oposición que han afrontado, parecen irreversibles. En el Reino Unido, desde 1918, las mujeres mayores de 30 años pueden votar y ser elegidas. En 1920, los Estados Unidos han establecido que el derecho a voto no se puede limitar por razón del sexo. Incluso en España se ha promulgado el Estatuto Municipal.

Sin embargo, son muchos quienes aseguran que la igualdad de derechos políticos no puede ampliarse al resto de derechos. Hay muchas cosas para las que las mujeres no están capacitadas. Están especialmente preocupados en las facultades de ciencias. Los físicos, los químicos y los matemáticos, entre otros, se sienten horrorizados ante la idea de ver invadidas sus aulas por las mujeres, que son incapaces de comprender las sutilezas de esas ciencias y acabarán haciendo que degeneren en disciplinas vacías.

Por ello, este humilde periodista se ha preguntado si las mujeres están o no capacitadas para la ciencia. Y ha hallado la respuesta en las mujeres mismas.

Desde 1901 se conceden los premios Nobel, que reconocen las contribuciones a las ciencias naturales, la literatura y la paz. La única persona que lo ha recibido dos veces, hasta el momento, es una mujer: Marie Sklodowska Curie (conocida también como María Curie). Y no lo ha ganado en literatura o paz, sino en física y química. ¿Erraron los distinguidos académicos al concedérselo? Posiblemente no, porque María Curie ha recibido tres galardones más y es difícil pensar que todos sean una equivocación.

Tampoco parecen errados David Hilbert y Felix Klein de la Universidad de Gotinga, bien conocida en todo el mundo por la calidad de la investigación matemática realizada allí. Ambos profesores se empeñaron en que una instructora de matemáticas, Emmy Noether, fuera aceptada en la universidad. “Esto es una Universidad, no un balneario”, llegó a decirles Hilbert a los profesores de filología e historia que se negaron a aceptarla. Hace un año, la profesora Noether accedió, al fin, a un puesto docente remunerado (impartía clases sin cobrar desde 1908) y ha regalado a la física un teorema vital que lleva su nombre. No parecían errados los profesores Hilbert y Klein.

Hay muchas personas que siguen opinando que María Curie y Emmy Noether son dos casos muy excepcionales, que muy pocas mujeres nacen con esas capacidades. Y este humilde periodista se pregunta si apenas hay mujeres científicas porque no se les permite estudiar ciencias.

Para acabar estas líneas, unas palabras de María Curie de su discurso de aceptación del premio Nobel de 1911: “La ciencia es bella y es por esa belleza que debemos trabajar en ella, y quizás, algún día, un descubrimiento científico como el radio, puede ser un descubrimiento que beneficie a toda la humanidad” (1)

Las mujeres saben apreciar, por igual, la belleza de las flores y los vestidos y la hermosura de la ciencia. ¿Quiénes somos nosotros para negarles disfrutar de esa belleza?”

Desde entonces, Laura dedicó sus esfuerzos a buscar la belleza que había en la ciencia.

*

Los sueños eran duros de alcanzar. Para complacer a sus padres, estudió materias que consideraban apropiadas para una mujer. Algunas le gustaban, otras la aburrían. Sin embargo, pudo formarse en física y matemáticas sin que ellos lo supieran. Reservó el tiempo suficiente para las relaciones sociales y, para alegría de sus padres, se enamoró de Antonio, un chico de su edad al que auguraban un buen porvenir como aprendiz de zapatero.

Tanto se esforzó en estudiar, tantas noches se quedaba en vela absorbiendo lo que le apasionaba, trabajando en un teorema que, si lograba demostrar, podría resolver varios problemas de los que se quejaban los físicos, que el mundo cambió sin que ella lo advirtiera.

La dictadura de Primo de Rivera cayó. Su padre hablaba con preocupación con sus amigos y su madre de la inestabilidad de España. Laura fingía interés mientras su mente vagaba por el mundo apasionante del álgebra diferencial.

Al anochecer del 14 de abril de 1931, Antonio entró entusiasmado en la habitación de Laura. Levantó la vista de sus cálculos y lo miró intrigada.

—¡Han proclamado la República! —gritó—. ¡Ven, vamos a celebrarlo!

—Pero… ¿cómo? ¿Y el Rey?

—Los monárquicos perdieron las elecciones del domingo. El Rey se ha exiliado.

Laura abrió la boca, estupefacta. Antonio se acercó al escritorio y cogió con cuidado una de las hojas en que trabajaba.

—Claro, como te pasas la vida con las matemáticas… —Antonio giró la hoja y arrugó la boca—. No, del revés tampoco entiendo qué es esto que escribes.

Laura se rio. No se cansaba de esa broma de Antonio, ni de la forma en que arrugaba la boca.

—Lo confesaré. Eso no es una deducción matemática. Es un hechizo.

—¿Un hechizo? No me dirás que eres una bruja.

—Bruja no, hechicera. ¿Recuerdas el cuento de El Flautista de Hamelin? Esos garabatos me ayudan a componer una melodía mágica. En el cuento, el flautista se llevaba a todos los niños gracias a una pieza para flauta. Yo quiero capturar algo mucho más importante, algo que se oculta en los bosques y me dará un poder casi ilimitado.

Antonio la miraba atónito. Le hacía mucha gracia lo inocente que era.

—Me pondré un vestido blanco y una corona de flores. Iré al bosque y tocaré esa melodía con una flauta que habré enterrado bajo la nieve hasta el solsticio de invierno. Tocaré y tocaré hasta que aparezca… ¡un unicornio!

Antonio captó, al fin, la broma y se rieron los dos. Laura le confesó, entre risas, que aquella hoja solo contenía ecuaciones y su prometido se la devolvió junto con un beso en la mejilla.

Supuso que la llegada de la República era algo muy importante para Antonio, así que dejó las matemáticas por una noche y se fue con él a celebrar el cambio de régimen.

*

Laura no se sintió diferente durante el primer año de la República. Tras muchos debates, se aprobó que las mujeres tuvieran derecho al voto, aunque no podrían hacerlo hasta dos años después. Fue en diciembre de 1931 cuando su mundo volvió a cambiar. Durante sus años de preparación para acceder a la universidad, escribió a muchos profesores de física y matemáticas, pidiéndoles ayuda. Solo respondió el profesor Julián Martínez, de la Universidad de Zaragoza.

Cuando leyó su carta, lo primero que hizo fue sentirse la mujer más feliz del mundo. Le ofrecía una beca para estudiar en Zaragoza si aprobaba el examen de ingreso. Dos minutos después, tenía que secarse las lágrimas. Sus padres no aprobarían que se marchara de casa para estudiar y Antonio, que toleraba sus “excentricidades”, no aprobaría tampoco su marcha. Si se iba a Zaragoza, perdería a todas las personas a las que amaba. Pasó dos  noches sin dormir y, por primera vez, no pudo concentrarse en las matemáticas. Pero la decisión estaba clara.

*

Se puso el vestido que más le gustaba a Antonio. Si iba a ser su última cita, quería que la recordara con él y, quizá, esperaba que al verla tan guapa fuese más comprensivo. Su prometido no tenía estudios, pero no era tonto, y supo en seguida que sucedía algo. Se sentaron en un banco, junto al Guadalquivir, y Laura se lo explicó todo.

—Pero… no puedes… Llevo años ahorrando para nuestra boda, para los muebles… Si te vas a Zaragoza…

—Es la oportunidad… de mi vida —respondió Laura, con muchas dificultades porque no podía dejar de llorar—. Te quiero con toda… el alma, pero… no me aceptarán en otra universidad.

Antonio intentó disuadirla sin mucho empeño un par de minutos más. La acompañó a casa sin abrir la boca y se despidió de ella sin mirarla, de una forma que le hizo intuir que su compromiso estaba anulado. Laura sufrió al verlo con el corazón roto, y solo agradeció que no hubiera manifestado ira.

Entró en casa y fue directamente a su habitación. Ya había perdido a su prometido: solo le quedaba perder el afecto de sus padres.

*

Laura decidió esperar un tiempo antes de comunicarles la mala noticia a sus padres. Ya había escrito al profesor para aceptar la beca, pero el curso no empezaba hasta pasados unos meses.

Un día, su madre le pidió que bajara al salón. Sonreía. Dejó sus ecuaciones con un suspiro y bajó. Habían pasado tres semanas desde la última vez que vio a Antonio, así que no se pudo creer que estuviera en el salón, con su mejor traje y una sonrisa radiante.

—Siento no haberte visitado estos días, Laura —dijo Antonio—, pero tenía cosas en que pensar. Tus padres están de acuerdo. Solo queda que aceptes tú.

Laura lo miró intrigada.

—Me ha salido una oportunidad única en Zaragoza. Responsable de una fábrica de zapatos. No puedo rechazarla, pero no quiero perderte a ti. Solo veo una solución. Laura, ¿quieres casarte conmigo?

Su padre parecía el hombre más feliz del mundo. Su madre, sonriente, se tuvo que secar una lágrima. ¿Era tan sencillo? ¿Bastaba una simple palabra, que Laura deseaba pronunciar, para cumplir sus sueños sin perder a ninguno de sus seres queridos? Eso parecía.

—Sí —dijo Laura.

Pasó el resto de la tarde rodeada de felicidad, de planes de futuro, de promesas de visitarla en Zaragoza y de volver a Sevilla siempre que pudiera. A última hora, le propuso a su prometido dar un paseo corto.

—Es mentira, ¿no? —dijo Laura mientras paseaban junto a una fuente decorada con la escultura de un cangrejo realizada con piedra blanca.

—Lo único que tengo es una carta de recomendación de mi jefe, pero en Zaragoza a la gente también se le rompen los zapatos. Encontraré algo. —Antonio se detuvo y la tomó de las manos—. La única forma en que tus padres lo aceptarían era que nos casáramos. Pero… si tú no quieres… dicen que el año que viene el divorcio será legal.

 —No seas idiota.

Y, por primera vez, lo besó en los labios.

 

l     (1) El párrafo del discurso de Marie Curie está extraído de: https://www.ersilias.com/discurso-de-marie-sklodowska-curie-al-recibir-el-premio-nobel-de-quimica-en-1911/

 * * * * *

Objetivo principal:    11    Infórmate bien sobre un suceso revolucionario feminista y basa tu relato en ello.

Cuentos y leyendas. Objetivo secundario 1: J    El flautista de Hamelín.

Criaturas del camino. Objetivo secundario 2: IV   Unicornios.

Objeto oculto 1:  13 Nieve

Objeto oculto 2:  18 Un cangrejo

Cumple con mi objetivo personal: Antonio sacrifica su futuro prometedor para irse con Laura a Zaragoza llevando consigo, únicamente, una carta de recomendación.

Logro el giratiempo (por los pelos)

 

30 septiembre 2020

#OrigiReto2020 Un asteroide llamado CVD-19

Este es mi relato de septiembre de 2020 para el OrigiReto 2020. Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras:

http://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html

o en

https://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html

Este relato tiene 1972 palabras según https://www.contarpalabras.com (he quitado un asterisco para separar escenas).

Es una sátira acerca de la situación que estamos viviendo con ligeros cambios en los nombres. He intentado que sea lo más cómica posible, porque para sufrir ya tenemos la "nueva normalidad". Espero que os guste.

 

UN ASTEROIDE LLAMADO CVD-19

Para Mario, haber entrado en la secta de los asteroidales le había salvado la vida. Antes de que se descubriera que el asteroide CVD-19 iba a chocar con la Tierra, si alguien le hubiera dicho que iba a terminar con la cabeza afeitada, vestido con una túnica blanca y azul, y rezando seis horas al día al Gran Tirachinero, el dios verdadero que lanzaba asteroides en direcciones aleatorias con su tirachinas de tamaño planetario, lo habría tildado de loco peligroso.

Tras terminar sus plegarias, se encaminó al refectorio para desayunar. La penitencia de los asteroidales era ver las noticias sobre el CVD-19 durante cuatro horas al día. Era una prueba tan dura que Mario recordaba con tristeza a tantos compañeros como habían perdido la razón y habían terminado corriendo desnudos por los campos y plazas hasta que la policía los encarcelaba.

Carlos se sentó junto a él, canturreando. Llevaba un sombrero que había hecho con papel de aluminio, rematado por tres púas que parecían cuernos. Mario se lo quedó mirando.

—No creí que llegaras a fabricarte eso. ¿De dónde has sacado el papel de aluminio?

—Me fui a la puerta del colegio —dijo Carlos— y les pedí a los niños el papel donde envolvían los bocadillos.

El mundo había cambiado mucho desde que se descubrió que el asteroide CVD-19 iba a chocar contra la Tierra y mataría al 90% de la población mundial. Para conjurar el problema, los gobiernos habían iniciado la construcción de una nave espacial que, como sucedió 65 años atrás, pudo desviar de su trayectoria al asteroide Polivm. El problema estaba en que la necesidad de que el mundo se embarcara en 500 proyectos de naves espaciales Vacu, para ver si alguna tenía éxito, había destruido la economía. Aparte, los gobiernos imponían restricciones a la movilidad, las fiestas, los videojuegos y los trabajos que cambiaban cada semana. Por supuesto, los juegos de rol habían sido prohibidos y los manuales se quemaban en ceremonias públicas donde las bandas municipales tocaban boleros desafinados y reguetón.

Otra consecuencia extraña del CVD-19 era que los animales se habían adueñado de las ciudades. Hubo una época en que se obligó a la población a encerrarse en los sótanos y los animales aprovecharon para recorrer los jardines, sentarse en las terrazas, aunque sin pedir café ni cerveza, y recorrer las calles. La Iglesia de los asteroidales no se libraba de aquello. Mario y Carlos se volvieron: Marta corría hacia ellos, gritando auxilio, perseguida por un flamenco que quería devorar su desayuno.

El lance terminó de la única manera posible. Marta resbaló y el flamenco empezó a comerse el desayuno. Los tres intentaron ahuyentar al ave, pero solo consiguieron recibir picotazos. El animal solo  respetó el sombrero de papel de aluminio de Carlos, quizá porque era una recomendación de la OMSE (Organización Mundial de la Seguridad Espacial). Satisfecho, el flamenco se marchó y ambos devotos asteroidales compartieron los desayunos con su amiga Marta, quien consiguió controlar sus sollozos.

En la televisión, salió la imagen del director de la OMSE y Mario se temió lo peor. Lo entrevistaron durante cinco minutos. Entonces, una periodista levantó la mano.

—Mr. Random, ¿podría explicar mejor por qué los gorros de aluminio con tres púas son efectivos contra la influencia del CVD-19?

—¿Gorros con tres púas contra el CVD-19? —respondió Mr. Random—. ¿Quién ha recomendado semejante estupidez?

—Usted, ayer —dijo la periodista, atónita.

—¡Echen a esta impresentable de aquí! —gritó Mr. Random—. Siguiente pregunta.

Carlos se quitó el gorro, que con tanto primor había confeccionado, y lo pisoteó con rabia.

—Yo no haría eso —le dijo Mario—. Posiblemente, mañana será obligatorio llevar el gorro que acabas de destruir.

—Pues, ¿sabéis? —dijo Marta—. Me he convertido en una profeta. Mr. Random va a decir dentro de unos minutos que el país más seguro durante el impacto del CVD-19 va a ser Madagascar.

Seis minutos después, el director de la OMSE declaraba que el país más seguro durante el impacto del asteroide sería Madagascar. Carlos y Mario la miraron.

—Es que cada día dice uno diferente —dijo Marta—. Los he ido tachando en un mapamundi y ya solo quedaban Madagascar y Andorra. Mañana será Andorra y pasado volverán a empezar.

En esto, llegó Vlad y se sentó frente a ellos. Las enseñanzas del Gran Tirachinero cambiaban los objetivos vitales de la gente. Vlad había adoptado el vampirismo asteroidal. Iba vestido como un vampiro sacado de las historias de terror y apuraba con tranquilidad su vaso de sangre azul. Se relamía con cuidado de no cortarse la lengua con los colmillos, lo que le tintaba los labios de azul.

Cuando sonaron las bocinas que reproducían el  estribillo de “Paquito el chocolatero”, todos los presentes se dirigieron a la capilla, donde el Padre Tirachinas esperaba a sus fieles. Carlos, Marta y Mario se sentaron juntos. Vlad se colocó detrás, lo que les provocó un escalofrío en el cuello un tanto desagradable. El Padre Tirachinas dedicaba el sermón a la soberbia.

—El Gran Tirachinero, lanzador de asteroides por todo el sistema solar, en su infinita misericordia, nos ha enviado al CVD-19 para que comprendamos cuán maligna es la soberbia. Dicen las Sagradas Crónicas del Gran Tirachinas que, hace muchos siglos, cuando aún no se habían inventado las campañas electorales, una joven fue llevada ante el Gran Tirachinero tras haberse quedado enganchada en un asteroide que rebotó en la superficie de la Tierra. Cuando el Gran Tirachinero le preguntó, ella dijo que era la princesa Isabel y que debía ser devuelta a la Tierra por el bien de la humanidad.

—Otra vez ese sermón —le susurró Carlos.

—El Gran Tirachinero —continuaba el Padre Tirachinas—, en su infinita sabiduría, la invitó a dormir en el cuarto de visitantes, pero  tuvo la precaución de poner un guisante debajo de los diez colchones. A la mañana siguiente, el Gran Tirachinero le preguntó a Isabel que si había dormido bien, y como dijo que de maravilla, nuestra deidad descubrió el engaño y usó el Gran Tirachinas para devolver a la falsa princesa a la Tierra. En los días claros, sigue siendo visible el hoyo con silueta humana que causó al impactar con el Everest. Te alabamos, Gran Tirachinero.

Cuando terminó la ceremonia, fueron los tres juntos a rezar. Marta tenía dos heridas en el cuello, pero no les dieron importancia: lo de Vlad no era contagioso. Durante el camino, la experiencia como ingeniero de Mario lo hizo suspirar al recordar el sermón.

—Si el Gran Tirachinero —dijo Mario— hizo eso, Isabel se habría vaporizado en la atmósfera.

—No dudes de las Sagradas Crónicas —le dijeron Carlos y Marta, en perfecta sincronía.

*

Al día siguiente, Mario llegó al refectorio, tras haber esquivado a dos jabalíes, un águila y un rinoceronte. Se puso a recordar a Felipe, el amor de su vida. Cuando supieron del CVD-19, dedicaron seis largos meses a diseñar un método para crear, de forma rápida y eficiente, búnkeres a quinientos metros de profundidad, que podrían salvar a millones de personas. La solución oficial, la fabricación y lanzamiento de una  nave Vacu, no les parecía adecuada. Lograron que los recibiera el comité de expertos contra el CVD-19, que resultó existir al final, aunque no había ningún experto en asteroides. Suspiró al recordar lo guapo que estaba Felipe, con su traje azul y su corbata.

El comité de expertos lo formaban el ministro de actividades espaciales, la ministra de universidades, la vicepresidenta de asuntos interplanetarios y el director de la Agencia Nacional para Cohetes y Otros Ingenios (ANCOI).

Felipe y Mario tenían preparada una presentación de una hora. Tres minutos después de  empezar, los cuatro oyentes se miraron con los ojos muy abiertos. Dos minutos después, el director del ANCOI, jadeando, se quitó la corbata.

—Un… infarto —masculló el director del ANCOI.

La ministra de universidades se desmayó y fue al suelo. La vicepresidenta de asuntos interplanetarios corrió hacia una papelera y empezó a vomitar. Solo el ministro aguantó el tipo, aunque se tuvo que secar el sudor con una mano temblorosa.

—Tenían que traer algo útil —dijo el ministro—: un nuevo combustible, un nuevo diseño de motor, algo que acelere la contrucción del Vacu…

—Señor ministro —dijo Felipe—. El CVD-19 impactará contra la Tierra dentro de tres años. El Vacu no estará listo hasta dentro de diez, ocho en las previsiones más optimistas. Necesitamos otra solución para salvar vidas.

El corazón debilitado del  director del ANCOI falló en aquel instante. La ministra de universidades, que había logrado encaramarse a la mesa y asomar la cabeza, volvió a caer desmayada.

—El Vacu es la única solución posible —dijo el ministro—. Es la que salvó a la humanidad del asteroide Polivm.

—Señor ministro —insistió Felipe—, el asteroide Polivm fue detectado con veinte años de antelación. Entonces nos dio tiempo, pero el CVD-19 se detectó solo hace cuatro. No hay tiempo.

Pasaron un año en la cárcel. Mario se sintió tan traicionado por la política y la ciencia que lo dejó todo para unirse a la Iglesia del Gran Tirachinero, la única institución que le ofreció algo de consuelo. Le partió el corazón que Felipe se empeñara en continuar con su proyecto, a pesar de la oposición. Rompió con Mario para protegerlo y se dedicó a recaudar fondos y dirigir obras, mientras la policía intentaba detenerlo con las excusas más absurdas que se podía uno imaginar. Pero consiguió los fondos y los permisos para salvar a diez millones de personas en todo el mundo. Perdió la salud y lo perdió a él, pero había hecho más por la humanidad que todos los ingenieros que se afanaban en construir 500 cohetes Vacu a la vez. Los más prometedores no estarían operativos hasta dentro de siete años, un tiempo muy corto que enorgullecía a políticos e ingenieros, un hito histórico. El Vacu iba a ser inútil si tardaba tanto, pero solo la Iglesia del Gran Tirachinero estaba de acuerdo, y preparaba a sus fieles para el impacto.

Mario recordó el rostro de Felipe y, en medio del refectorio, empezó a llorar.

 

EPÍLOGO

Mr. Aleatory, el nuevo director de la OMSE, estaba emocionado. De los quinientos proyectos Vacu, solo dos pudieron terminarse. El resto fue barrido de la superficie de la Tierra por el impacto del CVD-19, junto con el 90% de la población mundial. Mr. Aleatory había pronunciado un discurso emocionante, que culminó ilusionado.

—Con este lanzamiento, la humanidad estará a salvo del CVD-19, que tantos daños ha causado. Hoy es un día histórico. ¡Que repiquen las campanas! ¡Vamos, Vacu, despega!

Solo aplaudieron los políticos y los que se habían hecho millonarios con el desarrollo de los cohetes Vacu, que veían el lanzamiento desde la seguridad de los búnkeres que se habían construido. Los pocos ciudadanos que asistieron parecían disgustados. Pensaban que el ingeniero díscolo, un tal Felipe, había hecho más por ellos que los ingenieros del Vacu. Y solo por el pequeño detalle de que los búnkeres construidos gracias a Felipe habían salvado a diez millones de personas y el proyecto Vacu a cero. Aunque debía haber algo de sensiblería, ya que Felipe había muerto dirigiendo la última obra. Ese tipo de tragedias atraían al populacho.

Se oyó el tañido triste de una triste campana y, a lo lejos, el cohete Vacu despegó hacia el espacio, liberando una columna de humo enorme. La televisión transmitió a los pocos que aún tenían televisores, las diez horas completas en las que la nave Vacu operó en órbita. Disparó sus misiles al vacío, porque el CVD-19 había impactado con el lecho del Atlántico hacía tres años y no había ni siquiera un asteroide inofensivo con el que lucir la potencia de fuego del Vacu.

Los políticos y los responsables de las compañías aeronáuticas lloraron de emoción: habían salvado de nuevo a la humanidad.

 

  *  *  *  *  *

Objetivo principal:    3    Escribe una historia centrada en la religión.

Cuentos y leyendas. Objetivo secundario 1: H    La princesa y el guisante.

Criaturas del camino. Objetivo secundario 2: VII   Vampiros/licantropos.

Objeto oculto 1: 16   Un flamenco

Objeto oculto 2: 21   Sangre Azul

Cumple con mi objetivo personal: Felipe es un héroe que llega a perder la vida en su lucha por salvar a todas las personas posibles de la inacción de… digo del CVD-19

Cumple con Triada: tanto Mario como Felipe son homosexuales.