31 marzo 2021

#EstrellasDeTinta Voy a cambiar de vida

Este es mi microrrelato de marzo para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

En esta ocasión, voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple: 17—Escribe un relato super positivo

Objeto que oculta; 27- Tres monedas de plata

 

El relato recomendado es, nuevamente, de Isefran. Me encantan sus mamodos: 

https://supeingoreson.wordpress.com/2021/03/04/estrellas-de-tinta-marzo-the-prettiest-star-5en-otro-mundo/

Aquí está la pegatina de marzo:


Son 249 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html (he quitado dos asteriscos de separación de escenas), así que cumplo los objetivos de extensión.

Únicamente para Estrellas de Tinta, incluiré TW en los relatos. La lista la pongo al final porque destripan bastante la historia.

Sin  TW


VOY A CAMBIAR DE VIDA

Raúl no se pudo creer quien deseó despedirlo. Tras el baile con la princesa, la justicia tardó un par de semanas en concederle la libertad. En ese tiempo, los otros presos se rieron de él por haber bailado, pero la exhibición se había convertido un momento mágico que no olvidaría. Y fue magia que la princesa y un guardia se detuvieran frente a él. Raúl se arrodilló.

—Levantaos. Tomad.

La princesa le dio un saquillo con monedas. Raúl la miró extrañado.

—Y estas tres monedas de plata son para el cochero. —La princesa sonrió—. No pongáis esa cara. Fuisteis mi profesor de baile y merecéis un pago por vuestro trabajo, aunque os sacase de la cárcel.

—Gracias, vuestra alteza.

—Una pena no teneros cerca. Se me olvidará el vals, pero estaréis mejor en vuestro país. Lo único que me preocupa es que se os olviden los meses de prisión y volváis a estafar allí donde os instaléis. No os he dado la libertad para que sigáis delinquiendo.

—Procuraré volverme honrado, vuestra alteza.

—No lo procuréis: cambiad de vida. Me haréis feliz.

Como pareció que la princesa quería marcharse, Raúl se atrevió a preguntar.

—¿Por qué siempre me habla vuestra alteza en turanés?

—Porque vuestro acento al pronunciar mi lengua es horrible. Adiós, Raúl.

Suspiró al verla alejarse. Dos horas después, se subió en un carro y la caravana, escoltada por soldados debido a los trasgos, partió.

—¿Qué planes tiene, amigo? —le preguntó el conductor.

—Voy a cambiar de vida.

29 marzo 2021

#EstrellasDeTinta Una petición extraña

Este es mi relato de marzo para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html
 

Voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple: 16—Basa tu relato en una tradición familiar.

Objetos:

7- Tormenta

8- Un estornudo

Son 1983 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html (he quitado dos asteriscos de separación de escenas). Me he gastado 5 estrellas para saltarme el límite de 1500 palabras.

Únicamente para Estrellas de Tinta, incluiré TW en los relatos. 

Sin TW. 

Espero que os guste. Rescato otra idea muy antigua, haciendo una especie de presentación de un personaje: una princesa que, de verdad, actuara como una princesa. Esto es: una mujer autoritaria, implicada en acciones de gobierno, que sabe de diplomacia, política e idiomas. Algunas de estas cosas no se ven aquí por falta de espacio, pero eran parte de ese personaje. Otros aspectos de su personalidad (serían un "destripe") tienen que ver con que, a parte de actuar como una princesa de verdad, era una princesa de cuento de hadas a la que siempre le falla un detalle para ser una de ellas. Físicamente, tiene una particularidad. En cuanto a personalidad, Raúl dice algo así como que "en los cuentos de hadas, las princesas eran más..."


UNA PETICIÓN EXTRAÑA


Raúl siguió la música, como habían indicado el guardia, pero se escondió estupefacto tras un seto del jardín real al ver a la intérprete. Desobedecer las órdenes siendo un prisionero en una ciudad de monstruos era estúpido, pero necesitaba reunir fuerzas.

La princesa era una joven de pelo negro que llevaba un vestido azul largo con un escote más generoso que los del país de Raúl. Sentada en el borde de una fuente, interpretaba una melodía suave con una flauta travesera. Su asombro lo causaba su belleza, algo impensable en un monstruo.

—¡Qué haces ahí! —gritó el guardia—. Te ordené que te presentaras ante ella.

Aquellos monstruos eran más fuertes que un hombre corpulento, así que un delincuente tan escuchimizado como Raúl no pudo sino dejarse arrastrar y acabar derribado delante de la princesa, que había dejado de tocar. Raúl se encogió tembloroso para postrarse frente a ella. Entretanto, el guardia le explicaba a la mujer, en la lengua dura de aquella gente, donde lo había encontrado. La princesa le dijo a su interlocutor que podría marcharse. Algo así sería impensable en Turania, pero aquella no era una princesa humana.

—Levantaos —dijo la princesa en un turanés perfecto, sin apenas acento—. Estáis aquí porque decís ser experto en bailes cortesanos. Algo que me resulta extraño, sin ánimo de ofenderos.

—Es cierto, vuestra alteza —respondió Raúl tras levantarse despacio—. En mi país, me colaba en las fiestas de los nobles para comer de gorra y me habrían descubierto si no supiera bailar.

La princesa ladeó un poco la cabeza y le sonrió mientras lo miraba. Llevaba tiempo sin estar cerca de una mujer tan hermosa, y aquello lo inquietaba más.

—Entonces, solo conoceréis unos pocos bailes turaneses. Eso no me sirve.

—Vu… vuestra alteza, yo… yo… conozco un baile que… que toda princesa o reina debería conocer. Se llama vals.

—No he oído nunca esa palabra.

—Es un baile que los príncipes y emperadores de hace muchos siglos practicaban, vuestra alteza.

—Muy bien —dijo la princesa tras ponerse en pie—. Seguidme.

Atravesó el jardín detrás de ella. Cuando pasó junto a dos guardias con coraza y alabarda, estos adoptaron la posición de firmes. La princesa parecía ajena a todo, como si le resultara impensable que Raúl intentara escapar. Abrió una puerta protegida por otro guardia y Raúl entró tras ella.

—Cerrad la puerta —dijo la princesa sin volverse, antes de dejar la flauta sobre una mesa pegada a la pared.

Se hallaban en un salón amplio, iluminado por un ventanal y sin más mobiliario que la mesa, un par de sillas, un armario y un armero cerrado. Debía de tratarse de una sala de esgrima. Raúl se preocupó. ¿Querría encargarle algún asesinato? Cuando volvió a fijarse en ella, lo miraba a unos siete pies.

—Dentro de tres meses —dijo la princesa en turanés—, seremos anfitriones de la asamblea anual de las Quince Ciudades. Es tradición de mi familia abrir el acto con un baile en honor de las otras catorce casas reales y que los reyes y la heredera actúen por separado. Este año quisiera honrarles con un espectáculo que no hayan visto nunca. Enseñadme como es ese… vals.

—S… Vuestra alteza, no sé por dónde empezar.

—Si el baile me gusta y me lo enseñáis bien, os perdonaré y os enviaré de vuelta a Turania, así que averiguad por donde empezar.

—Es un baile en pareja, vuestra alteza.

—¿Me tomáis por idiota? —respondió la princesa, que cruzó los brazos bajo el pecho—. Todos los bailes que conozco son en pareja. ¿Podréis hacer los pasos vos solo, o tendré que buscarme a otro?

Raúl respiró hondo un par de veces: quizá fuese mejor para él volver a la cárcel y cumplir sus dos años de condena por estafa. Adelantó la pierna derecha, luego la izquierda, se alzó de puntillas sobre la izquierda y posó el pie derecho en el suelo. Luego atrasó la izquierda, hizo lo propio con la otra, se alzó sobre la punta derecha y reposó los pies juntos. Lo repitió varias veces mientras contaba “un, dos, tres”, pronunciando más alto el “un”.

—El compás de la música será de tres por cuatro. ¿O es de seis por ocho?

—No lo sé, vuestra alteza.

—¡¿Lo sabéis bailar y no me podéis decir el compás?!

—Sé que la música tiene tres golpes todo el tiempo —dijo Raúl mientras retrocedía porque había cometido el error de mirarle la boca—, pero no sé qué significan esos números que vuestra alteza ha dicho. Habla mejor mi lengua que yo.

—No importa. Y no debería extrañaros: la he estudiado desde niña y soy quien recibe a los extranjeros que desean tratar con la casa real. No, no hace falta que me digáis qué raro os parece y que en vuestro país las nobles no tienen nada en la cabeza.

Raúl había abierto la boca para decirle justo eso. Pensó que, en los cuentos de hadas, las princesas eran más simpáticas, pero que valdría la pena aguantar los gritos si se ganaba la libertad. Era bueno que la princesa supiera de música: captaría los golpes en seguida, pero el vals tenía un problema serio que no había entendido.

—Este baile consiste en girar y girar—dijo Raúl.

Dando un giro cada dos compases, dio una vuelta completa a la habitación que terminó delante de ella. Jadeó por el esfuerzo y le tendió la mano izquierda.

—Dije que es un baile de pareja, vuestra alteza, porque estos giros tenemos que hacerlos juntos.

La princesa le tomó la mano con la diestra y lo miró atónita cuando Raúl le tomó la otra para colocársela sobre el brazo, cerca del hombro. Luego, le posó a su alumna la mano derecha en el omóplato. Temió una reacción airada, pero la princesa se ruborizó y se rio. Reía como cualquier muchacha de Turania, pero el gesto dejó a la vista los cuatro colmillos, tan grandes como los de un lobo.

—Esto es escandaloso —dijo la princesa, sonriendo.

—Es la única forma en que podremos girar juntos, vuestra alteza.

—De acuerdo. Me enseñaréis los pasos y buscaré una canción para crear una coreografía. Pero cuidado con tocarme donde no debáis. No os daré un guantazo como las chicas de vuestro país.

Le enseñó los colmillos sin abrir mucho la boca, con una mirada que le provocó un escalofrío. Aterrorizar a los humanos era una facultad de aquella gente.

Aquel día practicaron una hora entera los pasos básicos. Cuando terminaron, la princesa le ordenó al guardia de la puerta que se le trajeran a Raúl algo de vino. Fue un detalle que le gustó mucho, la primera vez que comprobó lo que había en realidad bajo su mal carácter.

*

Practicaron una hora diaria durante los tres meses que duraron las clases. Raúl se temió que el mal genio de la princesa lo convirtiera en una pesadilla, pero, tras la primera semana, lo disfrutó. Si no se cometían errores graves, era posible soportar su carácter difícil: solía bastar con una disculpa escueta para calmarla.  Además, era una alumna disciplinada a quien no le importaba que la corrigiera.

Aprendió que parte del problema era lo fácil que resultaba herirla o causarle desconfianza. Si había discutido con su padre o había soportado una negociación difícil, una mirada que no le gustara o tardar más de la cuenta en responder la hacía saltar. Solo en una ocasión se marchó enfurecida a mitad de la clase. 

En la cárcel se rumoreaba que la hermana pequeña de la princesa era un ser diabólico. Aquel día, protestó por un desplante en público de su hermana y Raúl cometió el error de decirle que no se lo tomara mal, que se trataría de envidia y maldad. Las frases que la princesa le gritó antes de irse le dejaron claro que, para su desgracia, quería con todo el corazón a una hermana que la odiaba. Esa noche, en la celda, se lamentó de que una frase equivocada hubiera terminado con las clases de baile. Sin embargo, al día siguiente, volvieron a buscarlo y la princesa actuó como si no hubieran discutido.

Le inquietaba lo imprevisible del genio de su alumna. Cuando le explicó que debía ladear la cabeza, como si bailara entregada a él, cerró los ojos y fingió languidez con tanta gracia que Raúl se rio. Cortó rápido la risa, temiendo que se enfadara, pero no lo hizo. Tampoco sucedió nada una vez que estornudó pegado a ella.

—¿Estornudar es parte de la coreografía? —preguntó muy seria.

—No. Perdóneme vuestra alteza.

—Perdonado.

En realidad, como terminó por aprender, su alumna solo bromeaba.

*

El día del baile fue triste para Raúl. No solo por la tormenta que bombardeaba los cristales e iluminaba fugazmente la negrura: se había encariñado de la princesa e iba a echar de menos enseñarle vals.
Lo vistieron de negro, con las ropas más elegantes que había visto en muchos años, y lo llevaron junto a la princesa. Tragó saliva cuando la vio. Llevaba un vestido blanco precioso y el cabello recogido en un tocado que presidía una diadema de plata con brillantes. Era tan hermosa como las princesas de los cuentos de hadas.

Raúl le ofreció el brazo izquierdo, la princesa le tomó la mano con el derecho y se dirigieron a la sala del baile con los antebrazos pegados. Siguiendo la tradición, antes de que la princesa y Raúl se detuvieran en la parte de la sala más alejada del público, se había explicado que el vals requería que los bailarines fueran uno. Aun así, cuando Raúl hizo que la princesa se volviera para que quedasen enfrentados, se oyeron varios murmullos de asombro.

Los ojos de la princesa eran muy expresivos y solían delatarla. Su pareja de baile parecía tranquila, pero su miraba le demostró que estaba muy nerviosa.

—No se preocupe vuestra alteza  —le susurró—. En el baile, la culpa de los errores es siempre del hombre.

—¿Solo en el baile?

La música empezó y comenzaron a bailar. La ejecución fue perfecta. Raúl sintió que volaba junto a la princesa más bella que conocería nunca, al ritmo de una melodía maravillosa. Cuando acabaron, la sala en pleno aplaudió largo rato, mientras los dos jadeaban con el mayor disimulo que podían, sin perder la postura de mantener los antebrazos pegados.

La princesa le presentó a sus padres y se delató de nuevo con una mirada fugaz de tristeza. Raúl sabía que, acabado el baile, el protocolo impediría que un plebeyo turanés y una princesa de las Quince ciudades se dirigieran la palabra el resto de la noche. Lo que ignoraba es que la princesa hubiera deseado que no fuera así.

No estuvo solo poco tiempo. Una mujer igual de atractiva que la princesa, de cabello rubio, ojos azules y vestido muy elegante, le dio una de las dos copas que llevaba. Le dijo que era la mejor amiga de la princesa, la hija de unos duques de otra ciudad, y que esta le había pedido que le hiciera compañía. Resultaba difícil creer que dos mujeres tan diferentes pudieran ser amigas: aquella joven no tenía otro tema de conversación que los vestidos de las asistentes, lo guapos que eran algunos de los presentes y las últimas tendencias en anillos y joyas. 

Aunque solo pudo ver un par de veces a la princesa de lejos, su amiga le hizo disfrutar de aquella fiesta.

17 marzo 2021

Operación pimientos

 Como las cosas están tan tristes, hay tan pocas ganas de hacer cosas y lo estamos pasando tan mal con la pobreza, las prohibiciones, los toques de queda y la soledad, he pensado en hacer ponerle algo de alegría a día a día y compartirlo.

Así que hoy, 17 de marzo de 2021 da inicio oficialmente la OPERACIÓN PIMIENTOS. La idea es criar una o varias matas de pimientos a partir de semillas y, cuando crezcan los pimientos, comérmelos asados o en ensalada. El tiempo estimado para finalizar la operación serían unos cuatro meses.

Como observaréis, el lenguaje de esta operación será militar (¡Hombres! Son todos iguales).



DIARIO ACTUALIZADO DE LA OPERACIÓN


Aquí iré modificando los hitos del proyecto.

1) El domingo 14 de marzo de 2021, se extrae una gran cantidad de semillas de unos pimientos verdes que fueron troceados para formar parte de un plato con arroz y otros ingredientes.

2) Las semillas pasan la noche en un lavadero, hasta la tarde del día 15 de marzo.

3) El jefe de la operación (esto es, yo) obtiene documentación relevante y procede a poner las semillas de pimiento al sol, con el objeto de que se sequen. De no seguir este proceso, las semillas podrían pudrirse en la tierra.

4) Tras el proceso de secado, el día 17 de marzo se procede a realizar la plantación de los pimientos del bote (Ver Documento gráfico 1), acompañados por una palmera y una margarita (ver Documento gráfico 3) en el cuartel general (ver Documento gráfico 4).

(Continuará)


DOCUMENTACIÓN GRÁFICA

Documento gráfico 1: Bote con semillas de pimiento



Documento gráfico 2: Bote con semillas de palmera y margarita


Documento gráfico 3: Las seis semillas guerreras



Documento gráfico 4: El cuartel general, justo tras el final de la operación de plantación.




OTRA INFORMACIÓN DE INTERÉS


(A rellenar en el futuro)



28 febrero 2021

#EstrellasDeTinta Amistad difícil

Este es mi relato de febrero para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

Voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple: 4—Escribe sobre el amor de la amistad (amor no romántico sin lazos familiares).

29- Un molino

30- Un punto cardinal (N, S, NE, SO...)

Son 1389 palabras según www.contarpalabras.com (he quitado dos asteriscos de separación de escenas), así que cumplo los objetivos de extensión.

Mi relato recomendado de este mes es el de Isefran: Relato de Isefran. Me gusta en particular de este relato la manera en que se cuenta una tradición para librarse de "seres molestos" al revés y por el esfuerzo de ir enlazando relatos y microrrelatos en una historia mayor.

La pegatina de febrero está aquí:



Únicamente para Estrellas de Tinta, incluiré TW en los relatos. La lista la pongo al final porque destripan bastante la historia. 


AMISTAD DIFÍCIL


Ser el único amigo de Ayo era duro. No tenía un carácter difícil, ni manías insoportables de anciano: Ayo era muy cortés, sonreía a menudo y resultaba sencillo provocarle carcajadas. El problema era aguantar el desprecio de mis vecinos por juntarme con “un negro”.

Los regidores de Ullebat habían tenido piedad y hacía diez años que habían acogido a un refugiado del sur, de sesenta y pocos años. Se le dio cobijo y alimento y se le permitió ganarse la vida como jardinero. Se le perdonaban excentricidades como haber rodeado la Piedra del Invierno de unos arbustos que ni daban flor, ni fruto, ni eran agradables a la vista y que alcanzaban el metro y medio. Pero tener piedad era una cosa, y hacerse amigo de un negro algo muy diferente.

Saludé a Ayo, que regaba con parsimonia aquellos arbustos. Los cuidaba con esmero porque eran los únicos de su lejana tierra capaces de medrar tan al norte. Lo acompañé mientras remojaba la tierra y retiraba con cariño las escasas hojas muertas que se encontraba. Me había explicado hacía varios años que esas plantas se llamaban qashetti y que solo los jardineros más expertos de su país podían cultivarlas.

—Entonces, eres un jardinero de los buenos —le dije, lo que le causó un ataque de risa que dio inicio a nuestra amistad.

Cuando terminó con su tarea, me llevó al pequeño terreno, protegido por una valla, donde crecían cuatro ejemplares de qashetti. Ayo me repetía que no le quedaban muchos años y deseaba que aprendiera a cultivar aquellas plantas, para que quedara un recuerdo cuando él ya no estuviera. Además, decía, aquellas plantas eran mágicas y traían la felicidad, lo que era divertido: Ayo significaba felicidad en su idioma.

Regresamos a la puerta de las murallas de Ullebat. Decían que antes de las guerras contra los siervos del infierno, solo las grandes ciudades necesitaban murallas. Me apenaban aquellas moles de piedra tan feas que oscurecían las calles.

El guardia aprovechó un instante de descuido por mi parte. Ayo tropezó y acabó tirado en el suelo. No podía levantarse por los aperos de labranza que llevaba a la espalda y por lo anciano que era. Miré al guardia como si quisiera matarlo, pero era consciente de que no podía hacer nada.

—Los negros son muy torpes —afirmó el guardia—. ¿Por qué me miras así?

—No pasa nada, Jaume —me dijo Ayo—. He tropezado solo. Ayúdame, por favor.

Me irritaba la resignación con que Ayo soportaba el maltrato. Más de uno de los soldados aprovechaba para poner por descuido la lanza delante de los pies de mi amigo y hacerlo caer. Hubiera sido un suicidio atacar a un guardia con casco y coraza de metal, y Ayo lo sabía.

Lo levanté y lo acompañé a su casa. Por suerte, tan solo cojeaba un poco. Los soldados eran quienes mostraban mayor desprecio hacia los pueblos originarios de la parte de África que estaba al otro lado del Sáhara. Se reían de su derrota ante los demonios, de haberse enfrentado a ellos con armas de madera. Una vez, mientras esperaba con él cerca del molino mi turno para comprar algo de harina, un grupo de muchachos empezó a reírse de él, de lo inútiles que eran las lanzas de madera en comparación con las espadas de acero cristiano. Ayo rompió su costumbre de aguantar las burlas en silencio.

—A veces, hay buenas razones para hacer las cosas —dijo mi amigo.

Por lo que yo sabía, los pueblos de aquella parte del mundo tenían muchos problemas para extraer metales y lucharon con lo que tenían. Combatieron hasta el exterminio en vez de someterse, algo que los europeos no queríamos recordar.

*


Un mes después, cuando acudí a la Piedra del Invierno, me encontré a Ayo en el suelo, con la regadera tirada a su derecha, cerca de las frondosas matas de qashetti. Corrí hacia él y me arrodillé a su lado. Tenía la vista perdida y se le había torcido la mitad de la boca. No podía hablar, ni apenas se movía. Tampoco reaccionaba. Era muy pesado para mí, así que corrí de vuelta al pueblo. Le pedí auxilio a Miquel, el único médico de Ullebat que no despreciaba a Ayo. El médico solo necesitó verlo un instante.

—A muchos ancianos les pasa —afirmó Miquel—. Le ha fallado algo en la cabeza y ya no puede reaccionar. Lo siento mucho, no hay nada que hacer.

*


Ayo solo aguantó dos días. El único que asistió a su entierro por amistad y cariño fui yo. Los regidores se personaron por política y los cincuenta ciudadanos restantes por hipocresía.

Lamenté que su sabiduría se hubiera perdido para siempre antes de que pudiera enseñarme sus conocimientos. Me empeñé en cuidar de las matas de qashetti, por mantener viva su memoria, y por otro motivo. Varias veces, le había preguntado a Ayo por qué se esforzaba tanto en enseñarme. Un día, después de repetirme que adoraba esas plantas, se me acercó, serio.

—Hay otro motivo, pero no puedo contártelo aún.

Regué a diario las matas de qashetti. Eran plantas muy difíciles de cultivar: un retraso de horas en el riego, o regarlas de más un par de días, y se ponían mustias. Las que Ayo me había plantado para que aprendieran solo duraron tres semanas. La última de las que habían rodeado la Piedra del Invierno, se marchitó tras dos meses de esfuerzos inútiles por mi parte.

Durante unos días, visité la Piedra con la esperanza de alguna mata de qashetti retoñara. Aquella mañana me encontré a un diablillo tirando de uno de los tallos. Los demonios estaban detrás de todos los males del mundo. Habían seducido a reinos enteros y habían devastado países como el de Ayo.

Era la primera vez que veía uno. Sería tan alto como uno de mis pies, tenía alas negras, cuernos y la piel roja. Los musulmanes del sur de la península los contenían a duras penas y se suponía que los condados catalanes estaban libres de ellos. No entendía que hacía uno allí.

Intenté atraparlo, pero el monstruo arrancó una rama seca y desapareció por un hueco que el terreno  dejaba bajo la Piedra del Invierno. Supe, en aquel momento, que la piedra tenía que cubrir una especie de túnel y me temí lo peor. Corrí de vuelta a Ullebat, alerté a los guardias y tras hacerme con una azada, los llevé al punto donde había visto al diablillo.

El espectáculo que vimos al llegar a la Piedra del Invierno fue aterrador. La inmensa roca estaba rota en tres pedazos y un demonio enorme había sacado el brazo y la cabeza. Mientras los soldados formaban una línea y los tres ballesteros tensaban las armas, el monstruo terminó de salir. Se parecía al diablillo que había visto, solo que carecía de alas y nos doblaba en tamaño.

Los ballesteros dispararon y todos hicieron blanco, pero en el antebrazo conque el enemigo se había cubierto el rostro. Los soldados, todos con armadura de metal completa y espadones, anunciaron su carga con gritos marciales.

No pudieron moverse del sitio. El demonio estiró un brazo y le brotaron rayos de una magia aterradora que hizo gritar y temblar a todos los soldados unos instantes espantosos. Cuando los rayos cesaron, ningún guerrero seguía en pie. Olía a carne quemada y ascendía un humo negro de las junturas de las corazas de acero.

Los ballesteros salieron corriendo. El terror me petrificó un instante que pudo ser fatal. El demonio me atacó con su magia maligna y, por instinto, interpuse la azada. Y lo entendí todo.

Los rayos del monstruo morían en la hoja metálica de mi apero, pero no me hicieron daño. Se debía a que el mango era de madera, y aquella magia era inútil contra ese material. Ayo no era un simple refugiado. Intuyó que la Piedra del Invierno conectaba con la dimensión de los demonios, y aquellas matas de qashetti, como siempre me dijo mi amigo, traían la felicidad: impedían que los demonios rompieran la Piedra. Aquel hombre de piel negra del que tanto se habían reído llevaba años protegiendo a Ullebat. Y al haber muerto sin poderme enseñar sus conocimientos, mi pueblo estaba perdido.

Mientras otro gigante trepaba, reaccioné y huí. Había que avisar a todos los condados y a los reinos vecinos: nos invadían.



*  *  *  *  *


TW: Muerte, crueldad, demonios, racismo, ictus, burlas, magia negra.



27 febrero 2021

#EstrellasDeTinta El Beso

Este es mi microrrelato de febrero para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

En esta ocasión, voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple. 15—Basa tu relato en un cuento popular, peli, libro, videojuego o serie que te guste (Fanfic o Retelling). La serie es Record of Lodoss War.

Objeto 5- Un Beso

Cosas extra:

Protagonista femenina única.

Son 245 palabras según www.contarpalabras.com , así que cumplo los objetivos de extensión.

Este micro, como ya he comentado antes, es un "fanfic" de Record of Lodoss War, una serie de animación basada en otra de novelas de fantasía. Si queréis haceros una idea del aspecto de los personajes, la protagonista, Deedlit es la elfa rubia de la izquierda en esta imagen:

https://www.pinterest.es/pin/421297740124115113/

Podeis imaginaros a los humanos como al chico de la derecha, que es Parn, otro personaje de la serie. A los semielfos, imaginaoslos como una mezcla de los dos: cabello castaño, la piel ni tan clara como la de los elfos ni tan oscura como la de los humanos, y las orejas iguales que las de Deedlit, solo que la mitad de largas.

La Deedlit que pongo en este micro es la que ha salido hace muy poco del Bosque sin retorno. Desprecia a los humanos, raza de vida muy corta comparada con la de los altos elfos, que es su pueblo. Así que el tema de este micro (y del relato de febrero) tiene que ver con el racismo.

Sobre los TW, que llevo muy mal, los pongo al final, aunque ya sabéis que hay uno: racismo.

Espero que os guste el microrrelato.



EL BESO 

Deedlit persiguió al humano que se había infiltrado en el campamento. Los humanos eran tan estúpidos que fue fácil impedir que lo advirtiera. El intruso se encontró con una semielfa que aguardaba sentada. Se saludaron y se acomodaron junto a un árbol. Solo a una mestiza se le ocurriría reunirse con un humano en medio de una guerra entre ambos pueblos.

Deedlit permaneció oculta. El humano no tardaría en violar a la semielfa; entonces, saldría, lo mataría antes de que la forzara y la mestiza aprendería una lección. 

La semielfa le había pedido al joven que cerrara los ojos y, entre risas, le daba de comer bayas de una cesta. La séptima vez, se le acercó con cuidado y lo besó en los labios.

Deedlit no pudo soportarlo; salió del escondite y desenvainó. Los dos gritaron.

—Muchacha, cometes un crimen terrible —dijo Deedlit. 

El humano se hizo con el hacha que había dejado cerca y le gritó a su amiga que huyera, mientras desafiaba a Deedlit. La mestiza no obedeció: se arrodilló delante de ella. 

—Señora, deje que se vaya. Le juro que no volveré a verlo.

El humano temblaba, pero ni soltó el arma ni huyó. Era una aberración: se amaban.

Deedlit recordó que había abandonado el Bosque sin retorno para salvar a su pueblo, cuyo aislamiento lo acabaría extinguiendo. Quizá aquel amor no era un acto repulsivo, sino parte de la respuesta que buscaba.

—Os guardaré el secreto —dijo Deedlit antes de marcharse.



*  *  *  *  *

 

TW: Guerra, amenaza de violencia, amor, amor prohibido, racismo, beso, romanticismo, personaje que suplica, persecución

31 enero 2021

#EstrellasDeTinta Me lo pidió

Este es el microrrelato de enero para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

Voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Son 249 palabras según www.contarpalabras.com

Objetivo que cumple: 12—Escribe una historia en la que La salida y/o la puesta del sol tengan relevancia.

Objeto: 18- Un arce

Mi recomendación de enero es el relato de Katty Cool: La huida, porque aparece referenciada una serie de televisión de la que guardo muy buenos recuerdos de otros tiempos muy felices. 

Este relato está ambientado en el mismo universo que mi relato de enero. Mi relato de enero sucede unos 6 o 7 años antes del microrrelato.

Los TW van después del relato porque destripan del todo la trama.

La pegatina va delante del relato, aunque a lo mejor la coloco en Twitter

 



ME LO PIDIÓ

Tyll corría esquivando ramas y obstáculos con la agilidad innata de su pueblo. Fernando era el doble de alto y mucho más pesado, pero las hadas le habían enseñado a moverse por los bosques y casi la alcanza. Tyll se rio y lo dejó atrás de nuevo.

Llegó a la cima de la montaña, examinó la zona y señaló sonriente a Tyll, que se ocultaba en las ramas de un arce común.

—Subid, rápido —dijo Tyll tras reírse.

Fernando trepó y se quedó maravillado. Las dos horas de camino habían valido la pena: no recordaba un atardecer tan hermoso como aquel.

—Mi pueblo dice que estos atardeceres inspiran sabiduría —dijo Tyll—. ¿Me haréis caso?

—No puedo, vuestra Majestad. Me lo pidió.

—Quizá no fuera una petición acertada.

—No puede haber error en salvar a mi madre del demonio que la ha sometido, vuestra Majestad.

—El camino que vuestra madre eligió no podía llevarla a otro sitio. No es algo que podáis cambiar. ¿Por qué no buscáis a una joven dulce, que os dé hijos y os ayude en la granja, y venís de visita con ellos a mi reino? Los humanos no lo apreciáis, pero cualquiera de nosotras lo daría todo por un sueño así.

—Lo lamento, vuestra Majestad, pero no puedo. Fueron las últimas palabras de mi hermana.

No hablaron más, solo miraron al sol que desaparecía. Le dolía hacer desgraciada a Tyll, que había cuidado de él cuando era niño, pero aquella misión desesperada era su destino.

 

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TW: Tristeza, amenaza de peligro, abandono infantil, hacer sufrir a ser querido, nostalgia, tragedia de un pueblo, demonios, maldad, aconsejar casarse, carrera por terreno difícil

29 enero 2021

#EstrellasDeTinta La condesa bruja

Este es mi relato de enero para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html


En esta ocasión, voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple: 

2—Las personas Súper Villanas molan, escribe sobre una de ellas.

Objetos incluidos:

32- Las doce de la noche.
 
33- Un insecto.

Cosas extra:

Protagonista femenina única.

Son 1473 palabras según www.contarpalabras.com (he quitado un asterisco de separación de escenas), así que cumplo los objetivos de extensión.

Este relato recoge pinceladas de algo muy largo que escribí hace ya muchos años, y que sigue acumulando polvo en un cajón (literalmente: la mayoría está en papel). No me suelen salir bien los villanos y casi nunca los incluyo en lo que escribo, pero la villana que aparece es de las pocas que me salieron con algo de carisma.

Únicamente para Estrellas de Tinta, incluiré TW en los relatos. La lista la pongo al final porque destripan bastante la historia. No es muy importante porque es un relato que describe a una villana y no hay sorpresas ni intriga, pero mejor así.

Espero que os guste. Hay una nota para explicar una palabra de la tercera línea. Pongo la nota encima del título

(*) El estrado era una sala, o una parte de la misma, que estaba alfombrada y tapizada. Solía incluir cojines, taburetes y, quizá, una mesa pequeña. Era un recinto usado por las mujeres, sobre todo las de cierta posición, para recibir a las visitas o estar con los niños pequeños.


LA CONDESA BRUJA

Doña Aldara apuró la copa de vino mientras aguardaba a Carlos. Quedarse a solas de noche en aquella habitación la llenaba de amargura, pero debía recordar los sacrificios que había hecho para incrementar su poder. Bebió un sorbo largo y se giró. Ver el estrado (*) lleno de sombras le provocó la punzada en el pecho que, a pesar del paso del tiempo, seguía acudiendo. Hacía muchos años que no pisaba aquella alfombra ni usaba aquellos cojines deslucidos por el tiempo.

Recordó las alfombras y los cojines llenos de color, iluminados por el sol de la mañana. Se vio sentada en el estrado, junto a su primogénita y a su hijo pequeño. Contempló de nuevo a don Enrique acercarse, dejar la capa y la ropera en el respaldo de una silla y comprobar que no había sirvientes. Se quitó de nuevo las botas y se sentó junto a ella en el estrado. Por un instante, volvió a ser joven y feliz.

El sonido de unas botas apagó la luz de sus recuerdos. Carlos entró en la estancia, se detuvo a un par de metros y se quitó el sombrero.

—El animal está listo, vuestra Excelencia. Disculpe el retraso.

—Aún hay tiempo, amigo Carlos. Sentaos y bebed conmigo.

Carlos se sentó, cuidando de que la ropera no le molestase, y se terminaron la jarra. Era el capitán de su guardia y el hombre en quien más confiaba. No solo por su eficiencia, sino porque compartía la visión de doña Aldara, la necesidad de acabar con el régimen, de controlar a los nobles, ignorantes y egoístas, y de que ella ocupara el trono porque no había otra persona con el conocimiento suficiente como para acabar con las penurias del pueblo.

Lo miró mientras le transmitía las noticias de su red de informadores. Le parecía atractivo, pero no estaba dispuesta a rehacer su vida: se lo impedía ser responsable de la muerte de don Enrique, a quien seguía amando a pesar del tiempo y del daño que le hizo. Decían los rumores que eran amantes, pero eran habladurías tan absurdas como las que afirmaban que doña Aldara fornicaba con los demonios. A su esposo lo mató uno de ellos, y odiaba con todas sus fuerzas a esos seres. Sin embargo, eran los demonios los que conservaron el poder y la ciencia de los antiguos. A nadie más podía comprarles aquellos conocimientos vitales para su misión.

Salieron al patio del castillo, tras haber bajado las escaleras sin apresurarse. El ritual tendría lugar a las doce de la noche y aún quedaba más de media hora. Mientras un sirviente y Carlos trataban de obligar al cerdo a moverse, una mariposa blanca se le acercó y ascendió para evitarla. Se preguntó si aquel insecto sería el alma de su hija en busca de perdón. Soñó cientos de veces que su primogénita regresaba al castillo para arrodillarse a sus pies, llorar y lamentarse del error de haber huido.

Al avanzar hacia el sótano, doña Aldara suspiró al oír las frases desabridas de Carlos y al verlo patear al pobre cerdo. Era su mayor defecto. Los hombres de su guardia eran soldados sin escrúpulos y, para ellos, dar una paliza a un prisionero eran solo órdenes, pero Carlos disfrutaba con ello.

Como siempre, Carlos y doña Aldara entraron solos a la sala subterránea, alumbrada por lámparas de aceite, donde llevaba a cabo las invocaciones. Mientras el hombre ataba las patas al cerdo, ella tomó la bolsa de cenizas con la que empezó a dibujar el círculo de invocación y los símbolos mágicos que evitarían que los demonios pudieran abandonarlo. Tantas veces los había dibujado que le sobró tiempo y, tras poner las doce velas sobre la circunferencia, tuvieron que aguardar cinco minutos.

Cuando el reloj marcó las doce de la noche, se materializaron lentamente dos figuras. La más grande parecía un hombre delgado cubierto con una túnica negra de adornos rojos. Lo único que se le veía del rostro eran dos ojos rasgados de color blanco. La más pequeña tenía la talla de una niña de seis años, pero un rostro maligno con rasgos de anciana. Doña Aldara había mantenido la mano izquierda a su espalda y le comunicó a Carlos, en la lengua secreta de signos que solo conocían sus hombres, que se acercara a la figura más alta y estuviera prevenido.

—Traed al animal —dijo doña Aldara mientras dejaba una botella pequeña en el suelo.

Cuando inició el hechizo, el pobre cerdo chilló y no dejó de hacerlo hasta que le fallaron las fuerzas. Era parte del acuerdo que la víctima del sacrificio sufriera. Durante el largo proceso, doña Aldara no pudo evitar acordarse de la primera vez que hizo aquello. Uno de los caballos se había roto una pata y había que sacrificarlo. Como el pobre animal estaba condenado, doña Aldara, a espaldas de don Enrique, intentó hacer aquel mismo ritual en un rincón de la cuadra, pero su marido se enteró y se presentó a mitad de la ceremonia. La discusión que siguió fue la peor que habían tenido. Cualquiera de los dos podría haber cometido una estupidez, pero la hizo ella. Liberó al demonio para que asustara a don Enrique, convencida de poder controlarlo. Cuando el monstruo intentó matar a su marido, entró en su mente, pero no solo se liberó de su control sino que su contraataque la dejó sin sentido.

Al despertar, don Enrique había conseguido matar al demonio, pero agonizaba. Doña Aldara le lavó la sangre del rostro con las lágrimas, mientras lo abrazaba. Él le pidió perdón varias veces antes de morir, y ella no entendió el motivo hasta que una criada la abordó al salir de los establos. Don Enrique había ordenado a sus hombres que se llevaran a sus dos hijos, cada uno por un lado, lo más lejos del castillo que pudieran y los escondieran. Pudo recuperar a su primogénita, pero de su hijo de ocho años no volvió a saber nada. Aunque fue inútil: su hija huyó al cumplir los veinte años y la forma en que perdió el rastro le hizo adivinar que había muerto. Nunca entendió que necesitaba aprender magia negra para continuar su labor cuando doña Aldara ya no estuviera. Pero a su hija la aterrorizaban los demonios y no hubo forma de obligarla a aprender.

Terminado el ritual, doña Aldara, agotada, entregó la botella, que contenía la vida del cerdo que yacía muerto frente a ella, a la diablesa y aceptó el libro polvoriento donde estaba descrita la magia necesaria para curar la peste. Una niña la había contraído y no estaba dispuesta a permitir que una epidemia diezmara el condado.

Cuando los ojos del demonio de la túnica brillaron con un tono rojizo y el monstruo salió del círculo sosteniendo un amuleto hacia Carlos, doña Aldara se alegró de haber sido prudente. Mientras se enzarzaba con la diablesa en un duelo mental, Carlos, con su precisión de siempre, atravesó la garganta del demonio con la espada, un arma bendecida que muy pocos seres del infierno podían soportar. Ella solo requirió un minuto para derrotar a la diablesa quien, sin embargo, logró desvanecerse antes de que Carlos la rematara.

A doña Aldara se le nubló la vista y habría terminado en el suelo de no ser por los reflejos de Carlos.

—Estoy ilesa, amigo Carlos —susurró doña Aldara—. Solo necesito dormir.

*

Ni siquiera las súplicas de Carlos amortiguaron la cólera de doña Aldara. Cuando le informó de que la niña a la que había curado apareció ahogada en el río, con varios amuletos al cuello, torturó a toda su familia. Le confesaron que la habían matado porque doña Aldara le había metido un demonio dentro.

—Le suplico que no lo haga —le había repetido Carlos durante días—. Ejecútelos en las mazmorras. Si los quema en público, los nobles vecinos se volverán contra vuestra Excelencia.

No hizo caso. La gente incapaz de vencer las supersticiones ni siquiera por la vida de una niña de seis años no tenía derecho a existir. Mientras a sus espaldas, el fuego arrancaba aullidos a los reos, doña Aldara se encaró con los cientos de personas que contemplaban la ejecución.

—Lo he sacrificado todo por vosotros —gritó doña Aldara—. ¿Y qué me devolvéis? Solo ingratitud, solo ignorancia. ¡Eso se ha acabado! Todo aquel que me cuestione, todo aquel que no acepte que soy la única capaz de liberaros, acabará consumido por las llamas. ¡Os haré libres, queráis o no!

Su audiencia demostró, con gestos y murmullos, temor e incertidumbre. Si no eran capaces de obedecer por las buenas, obedecerían gracias al miedo. Así lo habían querido, y así sería.

Los gritos de aquella familia que se consumía tras ella le taladraban el alma. Como no se apartó de su lado, el único que advirtió que doña Aldara lloraba fue Carlos.


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TW: Muerte, crueldad, demonios, maltrato animal, sacrificio animal, abandono de niños, enfermedad, nostalgia, ruptura familiar, ejecuciones, luchas, insectos, sótanos, magia, brujería, viudedad, habladurías.