(Cuentacuentos) Y a pesar de todo sigues sin creerme...
Entrada retirada temporalmente (más información en: http://sinciforma.blogspot.com/2012/03/retirada-temporal-de-varias-entradas.html ).
Una bitácora empresarial en la que, apenas, el 5% del contenido es de corte empresarial. Contradicciones de la vida moderna.
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Juan
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Volvemos a hablar de errores de programación por tercera vez. Lo raro es que trabajando en desarrollo de aplicaciones sólo sea la tercera vez.
El siguiente código, de Visual Basic .NET, donde Rs y Rs2 son dos recordset abiertos casi a la par:
ReDim Preserve EstrDatos(i)
With EstrDatos(i)
.NombreCli = Rs.Fields("Nombre").Value & " " & Rs.Fields("Apellidos").Value
.Codigo = Rs.Fields("Codigo").Value
.Total = PuntosSep(Rs2.Fields("Debe").Value)
.Bloque = CStrAv(Rs.Fields("Bloque").Value)
.Esc = CStrAv(Rs.Fields("Escalera").Value)
.Piso = CStrAv(Rs.Fields("Piso").Value)
.Letra = CStrAv(Rs.Fields("Letra").Value)
.CP = CStrAv(Rs.Fields("CP").Value)
.Poblacion = CStrAv(Rs.Fields("Poblacion").Value)
.Provincia = CStrAv(Rs.Fields("Provincia").Value)
.Saldo = PuntosSep(Rs2.Fields("Saldo").Value)
.Sello = PuntosSep(Rs2.Fields("Sello").Value)
(...)
End With
da el siguiente fallo:
Excepción no controlada del tipo System.Runtime.InteropServices.COMException en adodb.dll. Información adicional: El valor BOF o EOF es True, o el actual registro se eliminó; la operación solicitada requiere un registro actual.
Ahora bien, basta cambiar una sola línea de sitio, concretamente la quinta, y dejar el fragmento de código así:
ReDim Preserve EstrDatos(i)
With EstrDatos(i)
.NombreCli = Rs.Fields("Nombre").Value & " " & Rs.Fields("Apellidos").Value
.Codigo = Rs.Fields("Codigo").Value
.Bloque = CStrAv(Rs.Fields("Bloque").Value)
.Esc = CStrAv(Rs.Fields("Escalera").Value)
.Piso = CStrAv(Rs.Fields("Piso").Value)
.Letra = CStrAv(Rs.Fields("Letra").Value)
.CP = CStrAv(Rs.Fields("CP").Value)
.Poblacion = CStrAv(Rs.Fields("Poblacion").Value)
.Provincia = CStrAv(Rs.Fields("Provincia").Value)
.Total = PuntosSep(Rs2.Fields("Debe").Value)
.Saldo = PuntosSep(Rs2.Fields("Saldo").Value)
.Sello = PuntosSep(Rs2.Fields("Sello").Value)
(...)
End With
y se resuelve el problema.
Quizá sea alguna operación extraña del compilador que, para optimizar la velocidad, eliminaba Rs2 después de haber, teóricamente, terminado de trabajar con él, o un simple fallo de programación del propio compilador.
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La semana pasada hablaba de que parecía probable que se ampliase a 12 el número de planetas del sistema solar (ver la entrada anterior). Pues bien, me ha pasado algo bastante común cuando intentas dar las noticias demasiado rápido sobre asuntos relativos a la ciencia. Ahora parece ser que, como defendían muchos astrónomos con razones bastante buenas, Plutón va a ser "degradado". Se comenta que Plutón y otros cuerpos de tamaño similar podrían agruparse en un nuevo tipo de objeto celeste.
Estos cambios de la clasificación ya han sucedido antes, así que no sería nada grave. De cualquier manera, aunque se le ha dado bastante publicidad, la cosa, pienso, no es tan grave, y no es más que un cambio de definiciones y el final de una larga controversia acerca de lo que es o no un planeta.
Hay mucha y buena información en Microsiervos, y, en un tono más periodístico aquí. De cualquier manera, la cosa no está nada decidida, y hasta que la votación no sea firme, mejor andarse con cautela.
La ciencia es una actividad muy compleja y es sencillo que los descubrimientos deban dar muchas vueltas antes de que se acepten. Esta necesidad de replantearse al máximo cualquier teoría y de establecerse debates que acaban cambiando las explicaciones de hechos observados, son la muestra más patente de que el método científico está funcionando correctamente. Malo sería que un grupo de científicos emitiera dogmas que los demás tuvieramos que seguir... Bueno, más que malo, no sería ciencia sino otra cosa.
Tampoco hay que pensar que los periodistas divulgan las cosas demasiado rápidamente. Este tipo de marchas atrás son habituales en ciencia. El último de los ejemplos es el caso del famosísimo "Homo floresiensis". Después del revuelo que ha causado el descubrimiento de una rama evolutiva humana nueva, algunos periódicos se han hecho eco de que se ha confirmado que no es una nueva especie, sino restos de individuos de la nuestra aquejados de algún tipo de anomalía. En realidad, ambas concepciones han sido mantenidas por científicos diferentes desde el principio, y mientras no surjan pruebas suficientes para ratificar una u otra opción, no podremos estar seguros de qué opción será la que acabe aceptándose.
Seguiremos atentos para ver en qué acaba Plutón.
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- No desesperes, yo estoy aquí, a tu lado.
Su voz me llegaba débil a través de la fiebre que me consumía, pero sonaba decidida. Creo que era Lourdes la me cogía de la mano, mientras sudaba y susurraba incoherencias, perdiendo y recuperando la consciencia continuamente. Habíamos conseguido rechazar al Khruujt, a un precio muy alto pero inferior al que habríamos pagado si hubiera llegado hasta las casas. Al menos, no estaba muerto, aunque el veneno que me había transmitido al herirme en el antebrazo con un colmillo, quizá acabara conmigo. Sí, reparé mientras perdía el sentido, era Lourdes la que cuidaba de mí.
* * * * *
Cuando me desperté, reinaba a mi alrededor un silencio completo. Lourdes me había dejado solo. Muy despacio, miré a mi alrededor y descubrí que la luz de la estancia parecía extrañamente mortecina. Los ruidos que provoqué al levantarme sonaron apagados. Era como si mis sentidos estuvieran embotados, lo que tenía que deberse a los efectos del veneno. Al quedar de pie, el mundo se movió y tuve que sentarme. Me sentía pesado y dolorido. Pero, al menos, había sobrevivido a una herida de Khruujt.
Me costó casi un cuarto de hora reunir las fuerzas suficientes para levantarme y abandonar el cuarto. La puerta daba directamente a la calle. Atardecía, pero con un tono rojizo inusual que se mezclaba con los colores normales y lo teñía todo: el suelo, las paredes, el cielo... la gente. Había pocos transeuntes, pero, sin excepción, llevaban capas y capuchas y un semblante apenado. Nada de eso era habitual, salvo que tuvieras que hacer algo fuera de las murallas de la ciudad y quisieras no llamar mucho la atención de Khruujts o Ghruyns. Y la melancolía de una gente acostumbrada a la guerra y las penalidades resultaba muy llamativa.
Paseé sin rumbo fijo y tardé en darme cuenta que la gente me miraba más de lo normal. Debía tener un aspecto bastante desmejorado, pero... Pero no me merecía aquellas miradas cargadas de lástima... ¡Había luchado con coraje contra un Khruujt y lo que merecía de verdad era respeto! Una parte de mi mente parecía sorprendida por mi ataque de cólera, y poco a poco, consiguió calmarme, aunque hubo momentos en que me dieron ganas de pegarle a los que se cruzaban conmigo.
El corazón empezó a latirme con más fuerza, lo que me provocó el inicio de una jaqueca. Traté de contenerme pensando en que había salido sólo para despejarme un poco, pero todo parecía estar en mi contra: mis oídos embotados, mis piernas torpes y aquel velo rojizo casi invisible que volvía mortecino el atardecer. Incluso el aire parecía entrar desganado en mis pulmones. Empecé a considerar en serio regresar a mi cama y pasar dos días durmiendo, pero no sabía demasiado bien en qué calle estaba.
En esto, algo empezó a armar un gran revuelo, que hizo que la gente que estaba a mi alrededor corriera en todas direcciones, con pasos ahogados y exclamaciones que mis oídos apenas captaban. Y una visión espantosa me cortó el aliento: había cuatro Khruujts avanzando por la calle, repicando con sus pezuñas en los adoquines, abriendo sus hocicos largos y peludos y mirándome con sus ojos saltones. Apenas tuve tiempo de echarme a correr tras descubrir me habían visto. Quise huir despavorido, pero mis piernas torpes sólo me permitían avanzar a trompicones, haciendo eses. Mi única opción era recorrer las callejuelas más tortuosas, para impedirles galopar con comodidad, pero algo me decía que estaba perdido. ¿Cómo podían haberse
colado tantos khruujts en la ciudad?
Entonces, sucedió lo inevitable. Me acorralaron en una esquina y lo único que tuve para defenderme fue lanzarles gritos y amenazas vacías. Cuando se lanzaron a por mí, me acurruqué chillando y debatiendome con desesperación. Sentí un pinchazo y un dolor agudo en un brazo y seguí luchando durante un rato. Finalmente, creo, me desmayé.
* * * * *
- No desesperes, yo estoy aquí, a tu lado.
La voz de Lourdes me sacó de un sueño negro y profundo. Había tres hombres más en la habitación, algunos de los cuales me eran familiares. La confusión que sentía se empezaba a esfumar como la niebla cuando avanza la mañana. Lourdes, con los ojos brillantes, guardaba en su regazo mi mano y me acariciaba el pelo. La lucidez que me había invadido lo aclaró todo. Como me temía, el brazo que tenía apoyado por encima de las sábanas estaba hinchado y deformado. Debía tener un aspecto monstruoso, repulsivo. Pero a Lourdes no parecía importarle; había prometido permanecer a mi lado, y lo había cumplido. El veneno del khruujt había destrozado mi cuerpo y mi mente, y en mi delirio había confundido a los khruujts con los que no tenían más
remedio que darme muerte. Me habría convertido en un monstruo furioso que habría perecido entre dolores horribles, si mis compañeros no me hubieran inyectado una droga letal, que acabaría conmigo con dulzura.
Quise despedirme de Lourdes, pero no podía hablar. Sólo pude apretar un poco la mano que me sostenía. Y ella me entendió.
Estaba allí, a mi lado.
Juan Cuquejo Mira
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La televisión y la prensa se hicieron eco, hace un par de días, del borrador de una resolución de la Unión Astronómica Internacional acerca de promover al rango de planetas a tres cuerpos celestes más. Si bien es cierto que aún debe aprobarse en una votación que se celebrará el 24 de agosto de este año, se rumorea que hay muchas posibilidades de que salga adelante.
Si la resolución se aprueba, tendremos tres planetas más: Ceres, Caronte y 2003 UB313 (este último por conocido por el nombre no oficial de Xena, inspirado en la serie Xena: La princesa guerrera - nombre de la serie en España -).
Ceres es un viejo conocido. Se descubrió en 1801, lo que implica que se localizó mucho antes que Neptuno (1849). Al principio, se lo consideró un planeta, pero luego fue degradado. Se halla entre Marte y Júpiter y roza los 1 000 Km de diámetro. Se le considera incluido en el Cinturón de Asteroides, aunque es, con diferencia, el mayor objeto del cinturón. Un argumento a favor de su carácter planetario es que es, aproximadamente, redondo.
Caronte es el mayor satélite de Plutón (los otros dos son diminutos y se llaman Nix e Hidra), pero es tan grande en comparación con éste que se pretende considerar al sistema Plutón-Caronte como un planeta doble. Si el diámetro de Plutón ronda los 2 500Km, el de Caronte es aproximadamente la mitad, lo que es demasiado para un satélite "normal".
Por último, está 2003 UB313 que es un cuerpo un poco más grande que Plutón y que, normalmente está más lejos del Sol que éste. Digo normalmente porque su órbita es muy excéntrica - esto es, muy elíptica y no como la de la Tierra y otros planetas que es, casi, circular -. Se sabe que tiene un satélite, S/2005 (2003 UB313), que, inspirados en la misma serie televisiva, tiene el nombre no oficial de "Gabrielle".
En los próximos días se espera que la Unión Astronómica Internacional se decida a modificar la definición de planeta, de donde saldrá el nuevo número de planetas del Sistema Solar.
Para acabar, os recomiendo dos vínculos relacionados, ambos, si no me equivoco, de la página de Michael Brown (uno de los descubridores del planeta). El primero habla bastante del descubrimento, y tiene vínculos hacia el artículo científico en que se ha publicado el descubrimiento. El segundo se extiende hablando de las discusiones acerca de cuántos planetas hay en el sistema solar. Según las recomendaciones de la Unión Astronómica Internacional, podrían ser hasta 53...
Más información en los próximos días.
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El sisear del aire rompió el silencio, murmurando frases olvidadas entre las hojas de los árboles. El viento leve me acariciaba la espalda, en dirección a la extraña y letal región luminosa que tenía delante. Al menos, aquello tenía sentido, ya que la región expulsaba aire caliente hacia arriba, que era sustituido por el aire de los alrededores. En un mundo en que las leyes de la física se habían trastocado, era un alivio poder explicarse parte de un fenómeno incomprensible.
Y allí estaba Marta, indecisa y triste. Habíamos llegado a un punto muerto; ni yo me podía acercar por más luchara por llegar, ni ella era capaz de dormirme u obligarme a marchar. El paraje era muy hermoso; un bosque mecido por la brisa. Ya apenas quedaban sitios así, por culpa de los demonios del fuego, que habían arrasado casi todo el mundo. Con la voz repleta de nostalgia, Marta me sacó de mis pensamientos:
- ¿Recuerdas cuando nos conocimos?
Claro que me acordaba. Había sido en los primeros tiempos de aquel horror, cuando aún había ciudades enormes, tecnología y éramos los dueños del planeta. Cuando las leyes de la física siempre se cumplían, y ninguna clase de magia era capaz de retorcerlas. Estudiaba, precisamente, física en la Universidad, en Granada. Una tarde en que estaba aburrido se me ocurrió ir a una tienda de artículos esotéricos, y paseando entre los estantes, descubrí que una chica se reía en voz baja mientras leía un libro sobre hechizos para atraer la buena suerte. Ya no recuerdo bien cómo logré entablar conversación con ella, cosa que deseaba porque siempre fui un escéptico convencido; el caso es que descubrí que no se reía, como pensé al principio, porque
lo que dijera el libro fuese ridículo, sino porque las técnicas eran absurdas: aquello se hacía de otra manera.
Al principio, pensé que se refería a que, históricamente, aquellos libros no tenían fundamentos. Debí caerle bien, porque se acordó de mí varias veces que nos vimos por la Universidad y acabamos haciéndonos amigos. Un día lejano, me quedó claro que Marta creía realmente en la magia y estuvimos debatiendo bastante rato, hasta que me sorprendió diciéndome que podía demostrarme que era una hechicera. Me sorprendió porque, generalmente, los que fingen tener poderes siempre eluden la demostración directa. Lo que no sabía, ni yo ni casi nadie, era que el mundo había cambiado y que, por obra de seres de un origen que se desconoce, las leyes de la física se habían retorcido.
Cuando estuvimos en su casa, me pidió una moneda y me dijo que la sostuviese en una mano. Y la alzó sentada en un sillón, a tres metros de mí. Era una moneda normal, en mi mano... cualquier truco era imposible. Aún así, incapaz de aceptarlo, se me ocurrió la idea desesperada de que se tratara de un truco con imanes, así que le pedí que alzara una tarjeta de visita. Al verla flotar a la altura de mis ojos, no tuve más remedio que aceptarlo. Me obligó a mantenerlo en secreto, de todos modos, prometió, no repetiría la demostración ante el público y me haría quedar como un farsante.
Le sonreí con el afecto que da haber compartido muchos años de peligros y aventuras. La nostalgia también se mezcló con mis palabras.
- Claro que sí... Fue en los buenos tiempos.
Durante varios años, algunos laboratorios habían ido registrando medidas sin sentido, que casi siempre se achacaban a fallos de los montajes o de las teorías. Salvo algunas, que carecían de explicación razonable tras haberse descartado otros motivos. Nadie estaba preparado para lo que sucedió. Tres años después de conocer a Marta, comenzaron los incendios. Había habido oleadas de incendios provocados por seres humanos, con propósitos absurdos, pero esto fue mil veces peor. Los bosques ardieron sin control y, a pesar de todos los medios que se dedicaron, luego, ardieron muchas ciudades: Madrid, Oviedo, Alicante... Al fin se descubrió a los demonios del fuego, y el ejército los combatió y derrotó, aunque los daños habían sido
tan graves que las sociedades se desmoronaron. Desgraciadamente, el fuego sólo era el comienzo. De las cenizas surgieron monstruos que invadieron la tierra y la Humanidad, dividida y hambrienta, sólo resistió 73 días.
En la actualidad, sólo la voluntad por sobrevivir mantiene vivos, arrinconados en montañas y lugares inaccesibles, a los restos de una raza que poseyó, antaño, todo el planeta.
Marta me miró con cariño y aquella mirada me angustió, por primera vez. Le dije:
- Tiene que haber otra manera.
Repuso muy apenada.
- No la hay... ¿crees que lo haría si conociera otra salida?
Cuando las defensas de Granada se vinieron abajo, y los supervivientes huimos hacia las montañas, Marta me buscó. Decía que nuestro error había sido no haber combinado la magia y la ciencia. Las armas eran efectivas, pero si no comprendíamos la magia que movía a nuestros enemigos, jamás les venceríamos. Y tenía razón. Combinamos nuestros conocimientos; ella estudió la magia, mientras que yo aprendí a estimar y analizar mentalmente fuerzas, volúmenes, características de materiales... Luchamos por organizar y proteger a los refugiados y siempre logramos rechazar a los demonios. La magia manipula la naturaleza de forma incomprensible, pero la materia modificada sigue siendo materia que se rige por las leyes que la ciencia había ido descubriendo, así que conocer sus características nos daba una ventaja decisiva.
Marta era una mujer luchadora, así que era incapaz de entender aquello. Habíamos sido lo que en las novelas de aventuras se llamarían héroes, los que combatíamos el mal y siempre, con más o menos trabajo, vencíamos. Y ahora nos veíamos allí, yo con mi mente protegida por un talisman y ella manteniendo una barrera que me impedía acercarme. Vi como sus cabellos blancos se mecían con la brisa. Y entonces, se explicó:
- Esta vez lo han conseguido. Siempre han querido acabar con nosotros, pero esta vez es diferente... Me han vencido donde soy más fuerte -. Tragó saliva antes de seguir -. Estoy poseída, a punto de que me dominen.
Hubiera preguntado si no habría funcionado un exorcismo, pero me callé porque de esas cosas entendía ella mucho más. Con amargura, empezaba a comprender.
- Cada día me cuesta más trabajo resistir. ¿Te imaginas lo que podría pasarnos si me vuelvo contra vosotros? - Creí oírla suspirar, y continuó -. La única solución es la que usaban los almirantes de las flotas capturadas: hundirlas para no dejarlas en manos del enemigo.
Tenía razón. Si se volviera contra nosotros, con todos sus conocimientos y su experiencia, estaríamos perdidos. Los únicos capaces de usar la magia son aquellos que tienen unas características mentales que nunca hemos llegado a comprender. Después vienen largos meses de entrenamiento para aprender como usar esos poderes. Es verdad que en nuestro pueblo tenemos a varias promesas, pero, ahora mismo, no hay nadie capaz de oponerse a Marta. Me rendí al tiempo que me veía obligado a secarme los ojos.
A Marta le brilló la mirada cuando, consciente de que me había convencido, dijo:
- ¿Sabes lo que más he echado de menos? - Y tras una pausa, concluyó -: El café de la facultad.
Fueron tantas las tardes que nos veíamos en la cafetería de mi facultad... Lo que añoraba era el mundo de entonces, donde vivíamos sin preocupaciones ni miedo, nuestra vida de estudiantes y nuestra juventud. Soñábamos con un mundo que se había perdido para siempre. Estaba de acuerdo con ella... siempre lo habíamos estado.
Me miraba esperando algo, pero entre nosotros había poco que decirse, porque nos conocíamos tan bien después de tantísimos años... Supe lo que esperaba, así que, tratando de que mi voz no resultara amarga, me despedí:
- Adiós, Marta.
Se volvió y se despidió con la mano. Odiaba que la vieran llorar; pero yo no pude contenerme. ¿Qué iba a hacer ahora, tan viejo, tan cansado y ahora, además, solo?
Y, sin pensárselo más, Marta avanzó y se perdió entre el resplandor.
Juan Cuquejo Mira.
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He vuelto a encontrar un vínculo que creía perdido:
Valientes platillos
Es una de las páginas web con las que más me he tenido que reír. Encontraréis artículos que parodian las afirmaciones de la ufología, con artículos como "El coliseo de Roma pudo haber sido construido por los romanos".
La única lástima es que haya quedado un poco abandonada, pero merece la pena visitarla y reírse un poco.
Pongo el vínculo también en el menú de la derecha, para que no se olvide.
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21:03
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Por motivos profesionales, estoy manejando últimamente una PDA. El propósito de tanto juguetear es, finalmente, aprender a programarlas porque cada vez están más de moda.
Después de un poco de tarea, configuramos adecuadamente nuestra PDA para navegar por Internet a través de un punto de acceso inalámbrico. El único problema que había para configurar, porque la cosa es trivial, era que nuestro punto de acceso tenía habilitada la restricción de acceso por MAC, y resulta que la dirección física que nos daba el aparato en las propiedades del adaptador era incorrecta (esto lo dejamos para la sección de "errores estúpidos de configuración").
El caso es que para probar como iba Internet nos dio por visitar nuestra propia bitácora y... Bueno, estas son nuestras conclusiones, que espero sirvan de algo a los aficionados a estos ordenadores de bolsillo. Vamos a hablar en esta entradas de los dos proveedores que conocemos mejor: Blogger y los Espacios de Microsoft. Antes de nada, una advertencia. Conocemos un poco los debates acerca de lo que es una bitácora o deja de serlo, pero no solemos ser "puristas" de ninguna clase. Para nosotros, los espacios son bitácoras ampliadas con fotos, listas y otros detallitos, así que como tales los tratamos en esta entrada.
Navegando por Blogger con PDA
Las bitácoras de Blogger parecen perfectamente adaptadas para la navegación. Si uno teclea en el Explorer de Windows Mobile la dirección de su bitácora tal cual, le aparece casi de la misma forma en que la ve desde un ordenador de sobremesa, con la única excepción de que los menús laterales se muestran debajo de las entradas. La cabecera se reajusta para caber en la pantalla de la PDA. Por último, los comentarios se pueden hacer de manera idéntica, dejando todos tus datos, o no.
La adaptación, en nuestra opinión, es sobresaliente.
Navegando por los espacios en PDA
En cuanto a los espacios, la adaptación no es tan directa. En primer lugar, hay que cambiar de subdominio. Así, un espacio al que se acceda desde un ordenador de sobremesa tecleando:
http://solemastelo.spaces.live.com/
no se ve desde una PDA. Para ello, hay que cambiar el URL así:
http://solemastelo.mobile.spaces.live.com/
Tras hacerlo, accedemos a una versión modificada del espacio, en la que predomina el texto y se pierde buena parte de los menús. La lectura de los textos es posible, aunque con ciertas restricciones. Las entradas largas se muestran a trozos; para ver el próximo hay que puntear un "siguiente". Los comentarios se ven, pero resulta imposible visitar los espacios de los comentaristas porque no hay vínculos sobre sus nombres. A la hora de publicar un comentario, no puedes indicar el nombre de tu propio espacio.
Con respecto a los gráficos incluidos en entradas, para verlos hay que puntear sobre vínculos. Aunque lo que más gracia hace son las fotos. Aparecen, sí, pero muy reducidas. Tiene su gracia ver a la gente tan pequeñita.
Espero que estos comentarios le resulten de interés a los usuarios de ordenadores de bolsillo. Al menos, ya sabemos que esto lo leerán muy bien.
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Juan
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- De acuerdo, te diré la verdad...
La muchacha interrumpió la frase, al parecer, buscando fuerzas para continuar. Mantuvo unos instantes la cabeza gacha mientras cinco soldados y un sacerdote la miraban en tensión; unos protegidos por corazas y espadas, el otro por su fé. La chica se secó las lágrimas, y con voz dura, completamente opuesta a la de antes, mientras suplicaba piedad, concluyó:
- Soy un demonio, y de los peores -. Miró directamente al sacerdote -. Tuviste razón desde el principio.
El sacerdote abrió mucho los ojos y musitó fragmentos de oraciones mientras la joven echaba un vistazo a todos los soldados, con una sonrisa torcida. No se le escapó que se fijó especialmente en el que el clérigo tenía a su derecha, un muchacho de aspecto delicado que, como los otros, blandía su espada hacia la diablesa. El religioso alzó su icono y declamó:
- ¡Arrepiéntete de tus pecados y acepta la purificación si quieres salvar tu alma!
Lo que más intranquilizó al sacerdote fue la ausencia de miedo de la joven cuando pareció suspirar y mirarle a los ojos. Mientras la tensión a la que se veían sometidos los seis hombres no dejaba de crecer, aquel monstruo parecía relajado. Con mucha calma, la muchacha dijo:
- ¿Qué motivos tenéis para matarme? Nunca le he hecho daño a nadie, al menos, a propósito. Yo...- y pareció emocionarse -, sólo quiero cuidar niños, ya que no puedo tenerlos, y vivir en paz. Dejadme marchar... por favor.
Resultaba tan convincente que incluso él, a quien habían inculcado que la única forma de salvar el mundo era exterminar a los demonios, dudó unos instantes. Algo en su corazón le decía que algo no funcionaba bien, pero aferró su icono y murmuró versos de una de sus plegarias. El mal siempre intenta engañar, porque esa es su naturaleza. No podía dejarse influir por sus mentiras. Así que gritó:
- ¡Cállate, monstruo del infierno! ¡Arrepiéntete y acepta tu destino y salvarás tu alma!
Los ojos de la joven se endurecieron al responder:
- No he hecho nada de qué arrepentirme -, y ante la nueva letanía del sacerdote, furiosa, concluyó -: ¡y no me avergüenzo de ser como soy!
El sacerdote no pudo contenerse más ante aquel desafío, y tras gritar una fórmula sagrada, ordenó a los soldados que atacasen.
Todo fue muy rápido. Una oleada de terror provocada por sentir una maldad infinita invadió el corazón del sacerdote. Retrocedió dos pasos y, con manos temblorosas, alzó su icono. A su alrededor, vio como los soldados caían al suelo, como títeres a los que cortasen las cuerdas, con rostros desencajados por el horror. Cayeron muertos todos, salvo el muchacho delicado de su derecha. Miró atónito a la diablesa y sintió en toda su fuerza la maldad que emanaba de ella. No pudo soportarlo y se arrodilló, medio asfixiado, buscando la protección de su icono, suplicando auxilio a Dios. Lo único que no acababa de comprender era por qué el monstruo tenía los ojos arrasados, ni por qué le corría una lágrima por la mejilla. La oyó hablar con tristeza, mientras boqueaba desesperado.
- Aún no has muerto gracias a tu fé. A pesar de tus errores, acabarás en el Cielo.
Mientras el clérigo se derrumbaba, pudo oírla dirigirse, más animada, al único soldado sobreviviente.
- En cambio tú... ¿Qué hace por aquí un ángel? Pensaba que el Cielo no quería saber nada de mí.
El aludido repuso con una voz musical.
- Estoy aquí para vigilarte, y para exigirte que vuelvas al infierno, o tendremos que intervenir.
El sacerdote apenas podía moverse, salvo para intentar respirar, cosa que cada vez le resultaba más difícil. Pudo dirigir su mirada hacia los dos seres. La diablesa parecía tan relajada como antes, a pesar de todo. Dentro de su agonía, se angustió al pensar que andaba suelto por la tierra un demonio tan poderoso como para no temer ni a los ángeles. La falsa muchacha repuso indignada:
- ¿Vosotros también? Creía que los seres humanos me perseguían porque interpretaban mal vuestras leyes... No soy peligrosa y lo sabéis perfectamente. Y haz el favor de soltar eso, sabes que no te sirve de nada contra mí.
Se refería a la espada. El ángel soltó el arma, que hizo mucho ruido, y se acercó a la joven que, desafiante, no se movió. Mientras se clavaban los ojos con odio, éste dijo:
- Es el mejor disfraz que he visto nunca. Si ocultas tu auténtica naturaleza, pareces una mujer corriente.
- No es un disfraz. Soy así, y si no eres capaz de darte cuenta ni de eso, es que eres muy estúpido.
El ángel, desoyendo el insulto, siguió acercándose sonriente, mientras la joven se mantenía firme, sin más cambio que demostrar con el gesto lo poco que le gustaba tenerle cerca. Quedaron casi pegados. El ángel era bastante más alto que la joven, pero ésta no parecía intidimidada, y se fulminaron con la mirada un buen rato.
El clérigo sentía que las fuerzas le abandonaban. Y con ellas, la angustia por respirar. Daba por cierta su muerte, así que se relajó. Echó una última mirada a la pareja y observó como la tensión entre ellos, repentinamente, se aflojó cuando el ángel dijo:
- Dime una cosa. ¿Lo que dijiste sobre los niños era cierto? ¿A pesar de tu poder vives escondida porque quieres tener niños cerca?
- Sí. A veces querría ser una niña y no lo que soy.
De haberle dejado su agonía, el sacerdote se habría asombrado al presenciar que el ángel, con suavidad, posó una mano sobre el hombro de la joven quien, a pesar de la cara de asco e incomodidad que puso, se limitó a bajar suavemente la cabeza. Y se asombró, a pesar de todo, cuando velozmente, apareció un cuchillo en la otra mano del ángel, y en un instante, apuñaló varias veces a la joven, cuyo rostro pasó de la sorpresa al dolor. La muchacha cayó al suelo con las manos en el vientre y se encogió mientras se quejaba débilmente.
El sacerdote tuvo la sensación de que el ángel se despojaba de un disfraz. Y lo que había debajo era maligno. Otra oleada de maldad, más leve, terminó de hacer trizas su corazón maltrecho. Supo que, ahora, compartía su lecho de muerte con dos demonios. La muchacha se arrastró, agarrándose las heridas con una mano, para alejarse de su verdugo, que besó, burlón, el cuchillo. Se detuvo junto a una pared, y antes de desvanecerse para morir, el sacerdote la oyó quejarse de lo estúpida que había sido por dejarse engañar de esa manera.
El demonio miró a su presa herida con satisfacción. Ella le devolvió la mirada con una mezcla de tristeza y dolor. Al fin la tenían a su merced. Avanzó un par de pasos y dijo, con sorna, con una voz completamente distinta:
- Es una hoja maldita, querida. Duele muchísimo, ¿verdad? - Y sin esperar una respuesta, habló -. He venido a matarte, pero también a ofrecerte una última oportunidad. Únete a nosotros de una vez y vivirás. No es la primera vez que te lo pedimos, pero te aseguro que será la última.
La respuesta sonó firme, a pesar de venir entrecortada por el dolor:
- Nunca me uniré a vosotros.
El demonio suspiró teatralmente y dijo, con lástima fingida en parte:
- El infierno podría haber hecho grandes cosas con tu ayuda. Es una lástima... Muere.
Apuñalar con una hoja maldita habría terminado, posiblemente, con alguno de los ángeles menores, pero no con ella. Sin embargo, el dolor y toda la sangre que perdería tras ese ataque la dejarían debilitada y vulnerable. El demonio ni se lo pensó y atacó su mente, dispuesto a destrozarla. Y se encontró una resistencia tan feroz que era lo mismo que intentar echar abajo un muro con las manos desnudas. Redobló sus esfuerzos, sin éxito, y cuando descubrió que su víctima se había sentado, con las manos cubriéndose las heridas, y le miraba sonriéndole con desprecio, sintió pánico por primera vez en su existencia. Levantó todas las defensas que tenía, pero fue inútil. Algo las hizo añicos, le vació la mente y le arrebató la vida.
Cuando la muchacha se vio sola, se dobló sin soltarse el vientre, rabiando de dolor, y se echó a llorar. ¿Por qué nadie la dejaba en paz? ¿Por qué ninguno de aquellos sacerdotes se daba cuenta de que sus súplicas no se debían al miedo sino a que no le gustaba matar? Si aquel acoso seguía, tenía miedo de volverse loca y, entonces, nadie podría considerarse a salvo. Siguió llorando un buen rato, sabiendo que nadie iba a consolarla nunca. Poco a poco se fue calmando y decidió esperar a que las heridas dolieran menos antes de irse de allí. Miró el cadáver del sacerdote y le dio pena pensar en lo ciegos que estaban todos los miembros de su orden. Si a su Dios no le importaba que estuviera viva, ¿por qué tenía que molestarles a ellos? ¿Cómo se sentirían los regidores de la orden si supieran que lo que salvaba al mundo de ella eran los niños, y no sus poderes o la habilidad con la espada de sus caballeros?
Se fue relajando lentamente, a la vez que el dolor se amortiguaba. Aún tardaría bastante en curar, pero se recobraría del todo. Lo que más le apenaba era no haber descubierto a tiempo el disfraz de ángel y ahorrarse tantísimo dolor.
Los únicos capaces de leer en su corazón eran los niños. Por eso los adoraba.
Juan Cuquejo Mira
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Cuando se desarrolla una aplicación informática, están definidos tres bloques fundamentales:
* Análisis y diseño, cuyos resultados son una serie de diagramas de proceso, de datos y de flujo.
* Construcción, que consiste en la programación efectiva de los módulos diseñados.
* Implantación y pruebas, donde se monta el nuevo sistema y se depuran los errores.
Un fallo bastante habitual que cometemos los desarrolladores es no dedicarle el tiempo suficiente a la primera fase. Puede ser por diversas razones: necesidad de terminar rápidamente un desarrollo y entregar cuanto antes un prototipo, creencia de que el programa es muy sencillo como para hacer un diseño exhaustivo, cambio de los requisitos del sistema iniciada la fase de construcción, etc... Por lo general, descargamos el peso de la verificación de la adecuación y la calidad en la tercera parte, lo que lleva a ir arreglando errores parcheando, de manera que un diseño inicialmente robusto, se va complicando y complicando de forma que termina siendo, en el mejor de los casos, escasamente reutilizable, y en el peor, inestable. El método de corrección de errores suele ser ejecutar el programa cientos de veces, en muy diversas condiciones, para asegurarse de que lo construido funciona.
Sin embargo, todos sabemos que la parte crítica de la construcción de un programa de ordenador es el diseño previo, porque un diseño adecuado acorta mucho las fases posteriores, con los consiguientes ahorros de tiempo y dinero. No obstante, los errores de la fase de análisis son muy sutiles y difíciles de ver. Por ello, existen diferentes herramientas de análisis del diseño de sistemas informáticos. La única de la que he leído un poco es Alloy:
http://alloy.mit.edu/index.php
desarrollada por el Grupo de Diseño del Software del MIT (Massachusetts Institute of Technology). En la revista Investigación y Ciencia de este mes de agosto, aparece un artículo de Daniel Jackson sobre el control de calidad de los programas, gracias al cual he conocido esta curiosa herramienta.
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Aquella tarde de julio era sorprendentemente calurosa. No era el mejor momento para iniciar una travesía de varios meses en un velero. O al menos, eso me parecía. En el fondo, creo que ningún momento me resultaría adecuado para irme de allí. Dejaba momentos tan queridos allí... Dejaba a Julia.
Me había ido un rato a una playa cercana al puerto, porque no me atrevía a pasar allí las largas horas que tardarían los preparativos finales. Habría sido incapaz de resistir la angustia de saber si, a pesar de todas las veces que me había rechazado, Julia vendría, al menos, a despedirme. Como temía que no iba a aparecer, me sentía más a gusto en aquella playa preciosa, de arena fina y dorada.
El sol abrasaba. Ni siquiera la cercanía del mar, cuyas olas eran lo único que rompía el silencio, refrescaba un poco el ambiente. Estaba agotado, supongo que por el calor asfixiante. Se me ocurrió una idea extraña: quedarme allí y contemplar como el barco partía sin mí; ansiaba quedarme en aquel pueblo de aquella isla. Me hubiera gustado olvidarme de mi investigación, de mi Universidad y de mi casa, enclavada en una urbe del interior. Pero sabía que era imposible.
De todos modos, me acosté. Me prometí a mí mismo que sería sólo un rato y que después regresaría al puerto. Pero me invadía un sopor tan agradable...
En esto, noté que desde el pueblo venía alguien hacia mí. No la veía demasiado bien porque mi sopor me nublaba la vista, pero algo me dijo que era Julia. Y al poco, comprobé que había acertado. Por mucho que mi corazón quisiera salírseme del pecho, no tuve fuerzas para levantarme, aunque ella me evitó el esfuerzo al sentarse a mi lado y preguntarme qué hacía allí. Como no supe qué decirle, repliqué:
- Estoy viendo los barcos pasar.
No era una frase con mucho sentido, pero tenía miedo de confesarle que estaba en aquella playa porque no quería marcharme y poner un océano entre ella y yo. Julia continuó con voz alegre:
- Pues si te quedas mucho más, el barco se irá sin ti.
Cuánto me habría gustado que pasara, me dije. Estuve unos instantes mirándola, mientras ella me sonreía y continuaba jovialmente:
- Tenías que haberte traído un sombrero. Con este calor...
Apenas la oí. Dudaba entre si sería mejor confesarle mis sentimientos, o callarme para no hacerle daño. La verdad es que no podía quedarme en la isla, y no estaba seguro de que para ella fuese agradable abandonarlo todo para venirse conmigo a la polvorienta estepa castellana. Sin embargo, decidí que lo mejor era darle la oportunidad de elegir. Así que, con las pocas fuerzas que tenía, a sabiendas de que iba a rechazarme, le abrí mi corazón; le confesé todo lo que sentía sin guardarme nada, mientras ella me miraba divertida, riéndose de vez en cuando y tratando de convencerme de que no era tan maravillosa como yo le decía.
No sé si fue el calor, o el cansancio de haber pasado la noche en vela, o mis emociones, pero me fui desvaneciendo lentamente...
Las olas seguían rompiendo en la playa, y sonando a paz. Me sentía muy cansada, casi incapaz de moverme. Pude mirarme un antebrazo y descubrí que lo tenía abrasado por el sol. Estaba muerta de sed. Creo que oí a alguien correr sobre la arena y decir algo, pero sólo prestaba atención al rugir dulce de las olas.
Estaba tan cansada...
Abrí los ojos. Dejé que la paz que nos invade a todos justo después de despertar me reconfortara. Me dolían los brazos y la espalda, quemados por el sol. Estaba convencida de que había pasado durmiendo bastante tiempo. Y recordé el barco, y a Claudio. Me levanté angustiada, pero no estaba en condiciones de levantarme. La paz que me había reconfortado desapareció. Se me arrasaron los ojos y terminé por acostarme, resignada.
Claudio había partido, y ni siquiera había ido a verlo al puerto. Y, poco a poco, lo fui comprendiendo todo. Había pasado la noche casi sin dormir, pensando en si debía o no intentar irme con él. Era un científico que había venido al pueblo desde Europa para investigar algo que nunca comprendí, y le quise desde que le vi. Pero nunca me hizo caso. Así que el día de su regreso, decidí que, por mucho miedo que tuviera a considerarme demasiado atrevida, le propondría irme con él a trabajar de criada.
Para reunir el valor suficiente y dejarlo todo, me fui a la playa que hay junto al puerto, por donde se van los barcos con destino a Europa. Me quedé dormida y soñé con que todo era al revés y era Claudio el que deseaba quedarse... quedarse por mí. Había sido un sueño tan hermoso... Me dormí en la playa, en una tarde de julio sorprendentemente calurosa, y mi mente se confundió. Me podía haber muerto, con lo malo que es dormirse a pleno sol...
Claudio se había ido.
Juan Cuquejo Mira
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Hace un par de días estuve leyendo un artículo de un libro de 1984, acerca de como sería la medicina en el, entonces, tan lejano año 2000. Supongo que la mayoría de lectores se acordará de que, en los años ochenta, el 2000 era una fecha del futuro remoto en la que sólo las cosas demasiado lentas no se habrían cumplido. Por ejemplo: "esta obra no se acaba ni en el año 2000".
Durante los años 80, el 2000 era una fecha mágica, un futuro en el cual la Humanidad estaría muchísimo más adelantada que en el instante presente, un año que sonaba a modernidad.
Según ese artículo del que hablo, en el año 2000 se habrían erradicado muchísimas enfermedades, debido a que los procesos de fabricación de vacunas se habrían abaratado tanto que se podrían repartir masivamente, países del Tercer Mundo incluidos. Resultaba curioso que dijeran que la gripe y el catarro habrían desaparecido gracias a las nuevas vacunas. Y sobre todo, y esto es lo más triste, las familias del 2000 vivirían en plena felicidad: sin enfermedades y con mayores niveles de vida. En otros artículos, se hablaba de que los coches que volasen serían una cosa común en el año 2000. Quizá no hubieran sustituido aún a los automóviles terrestres, pero ya se verían por las calles.
Es verdad que, en el fondo, lo que sucede es que extrapolamos tendencias cuando intentamos adivinar el futuro. La tecnología automovilística avanzaba vertiginosamente durante aquellos años, y parecía que el futuro eran automóviles de mucha mayor potencia, así que coches voladores eran plausibles. Lo que ocurrió es que las innovaciones, por razones de tipo social o económico, cambiaron su dirección a mejoras de seguridad, de mejora de rendimiento y de respeto por el medio ambiente. La industria quizá tuviera, potencialmente, la capacidad de comercializar coches que volasen, pero ahora el mercado va por otros derroteros. Lo que poca gente se podía imaginar eran cosas como Internet o la potencia que tienen los ordenadores domésticos actuales. Sobre todo en una época en que 92 kb de memoria estaban bastante bien para un ordenador.
Me invade la nostalgia cuando comparo como eran las cosas en los años ochenta y como son ahora. Y es triste ver como todo esas maravillas médicas no se han cumplido. Ni siquiera, haciendo algo de memoria, considero que ahora vivamos mejor que entonces. Es más, pienso que hemos empeorado. La vivienda, por las nubes, los precios altísimos, el empleo muy difícil y mal pagado. ¿Quién iba a decirnos en aquella época que la mejor opción para los recién licenciados llegarían a ser las prácticas en empresas sin remunerar?
Aunque, viéndolo positivamente, tampoco se han cumplido las predicciones apocalípticas para ese año que nos mostraban multitud de novelas y películas.
Es que adivinar el futuro es muy complicado.
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Pienso que una de las actividades intelectuales menos valoradas económicamente es la propia creación, ya sea literaria, artística, musical o, incluso, científica. Nadie discute que si, por nombrar alguna profesión, un asesor fiscal pasa ocho horas al día haciendo declaraciones de impuestos realiza un trabajo que merece un sueldo. En cambio, eso no está tan claro si se trata de un escritor o un científico. El caso más curioso es el de la investigación universitaria; un profesor universitario no recibe apenas nada por generar conocimiento, su sueldo proviene, casi por entero, de difundir parte de él a sus alumnos. Y me pregunto, ¿si nadie generara conocimiento, qué ibamos a enseñar?
A veces, los creadores se toman a guasa esta mentalidad. Se cuenta que, a finales del siglo XIX, Marcos Zapata, un poeta español que pasó algunos años en Argentina, tuvo conocimiento de que una bodega organizaba un concurso poético. El premio era único y, según las bases, todos los originales no premiados pasarían a ser propiedad de la bodega. Ni corto ni perezoso, el escritor puso un anuncio en el periódico parecido a este: "Se concede un premio a la mejor marca de vino. El premio será único y cada bodega deberá enviar al jurado una caja de doce botellas. Las cajas de vino, premiadas o no, quedarán en poder el organizador del concurso".
Y digo yo, si un poeta puede regalar el fruto de su esfuerzo por presentarse a un simple concurso, ¿por qué no aplicar ese mismo criterio a otras cosas? La verdad es que resultaría interesante organizar un concurso parecido de portátiles de última generación...
Que buena arma es el humor.
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En una entrada anterior, hablábamos de cuatro programas gratuitos que nuestra empresa distribuye, y preguntábamos a los visitantes, cuáles de ellos creían que se descargarían más los visitantes de la página de la empresa. La respuesta la damos en esta entrada.
Aunque cada programa se colgó en la red en una fecha diferente, ponemos las descargas totales hasta la fecha de esta entrada. Las descargas han sido:
1) Método hamburgués un programa que calcula intereses de cuentas corrientes utilizando el método hamburgués. Descargas: 86.
2) Juego de las imágenes una versión más del conocidísimo juego de emparejar imágenes. Descargas: 32.
3) Proyecto Siveace un simulador biológico sencillo que representa el crecimiento de una población de plantas en un terreno. Descargas: 13.
4) Euroconversor un euroconversor, que hoy en día sólo tiene valor sentimental. Descargas: 1
No deja de llamarnos la atención los resultados. Liquidar intereses de cuentas mediante el método hamburgués es un procedimiento muy sencillo basado, esencialmente, en aplicar la tasa de interés día a día. Son matemáticas financieras elementales y, sin embargo, los visitantes la descargan con asiduidad. De hecho, muchas personas encuentran la página en el buscador sólo porque quieren un programa de liquidación de cuentas.
Con respecto a la simulación biológica, tiene más descargas desde que hablamos de ella en bitácoras, lo que dice algo sobre la difusión que alcanza lo que se escribe en ellas.
P.D.: para el que quiera bajarse alguno: necesitará descargar también:
.NET Framework 1.1
pero basta instalarlo una vez. Son las librerías de .NET Framework 1.1, que tienen la gracia de que la versión 2.0 es incompatible con esta o, al menos, no compatible de manera directa.
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Las cooperativas son, en cierto modo, las hermanas mayores dentro de la economía social, ya que representan de la forma más pura la idea de asociación de trabajadores que se ayudan mutuamente para lograr sus objetivos. Las cooperativas no son, únicamente, un tipo especial de sociedad mercantil. Su actividad aspira a regirse por una serie de principios, que podemos resumir así:
Primero: Adhesión voluntaria y abierta.
Toda persona capaz de trabajar en tareas asociadas al objeto social de la cooperativa, y que desee aceptar las responsabilidades derivadas de ser miembro, podrá hacerse socio de la misma, sin que quepan discriminaciones de ningún tipo (raciales, políticas, religiosas...).
Segundo: Control democrático por parte de sus miembros.
Las cooperativas son organizaciones democráticas controladas por sus miembros, los cuales deben participar activamente en la toma de decisiones. Ello significa que en las cooperativas de primer grado (las formadas por personas físicas), cada miembro tiene un voto; la organización de cooperativas de mayor grado (las formadas por otras cooperativas o, incluso, otro tipo de sociedades mercantiles) también será democrática.
Tercero: Participación económica de los miembros.
Los socios contribuirán equitativamente al capital de su cooperativa. Una parte, al menos, de ese capital, pasará a formar parte del patrimonio común de la cooperativa. Los miembros, o bien no reciben ninguna compensación por el capital aportado, o bien, reciben únicamente un tipo de interés limitado. El retorno de los excedentes cooperativos a los socios se hará en función de sus actividades con la misma. Existirá la posibilidad de crear reservas, una parte de las cuales deberá ser indivisible.
Cuarto: Autonomía.
Las cooperativas son organizaciones autónomas, controladas por sus miembros. En caso de que cierren acuerdos con otras organizaciones, gubernamentales o no, o se financien a costa de terceras partes, lo harán de manera que se preserve su autonomía y el control democrático de la misma por parte de sus socios.
Quinto: Educación, formación e información.
Las cooperativas prestan especial atención a estos aspectos. Deben proporcionar formación a sus miembros y empleados con el objetivo de que puedan cumplir sus tareas adecuadamente y contribuir al desarrollo de la empresa. Asimismo, las cooperativas realizarán actividades de promoción y difusión de los principios cooperativos.
Sexto: Cooperación entre cooperativas.
Las cooperativas deben colaborar entre sí, con el propósito de fortalecer el movimiento cooperativo y de prestar mejores servicios a sus socios. Dado que las cooperativas son asociaciones de personas que colaboran, es bastante lógico que estén abiertas a la colaboración con otras empresas de su misma clase y se integren en organismos de cualquier ámbito (locales, nacionales, internacionales...).
Séptimo: Preocupación por la comunidad.
Dentro de su actividad, las cooperativas trabajarán por el desarrollo sostenible de las ciudades o regiones donde habiten. Esto se hace a través de líneas de actuación que los miembros aprueben.
Una vez establecidos estos principios, la legislación de cada país los desarrolla de una forma diferente. Para el próximo día, las cooperativas en España.
Fuentes: Los siete principios cooperativos están basados en la Declaración de la Alianza Cooperativa Internacional sobre la Identidad Cooperativa. (Manchester, 1995). Los he adaptado de http://www.coop.org/coop/principles.html
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Los principios esenciales de la economía social son:
1) Democratización y gran importancia de las decisiones tomadas por los trabajadores: en una cooperativa, cada miembro tiene un voto, independientemente de los bienes que haya aportado. El que aporta más bienes tiene derecho a recibir más intereses, pero no tiene más votos. En una sociedad laboral, es algo diferente, pero el papel de los trabajadores sigue siendo fundamental.
2) Priman las personas frente al capital en el reparto de los beneficios: cada socio trabajador debe recibir su salario. De lo que sobre, una parte queda obligatoriamente en la empresa y el resto se reparte según la dedicación laboral de cada socio (cooperativas) o según la participación de cada uno en el capital social (sociedades laborales), pero, como ya he dicho antes, el objetivo es pagar los sueldos o generar recursos para poder crecer. Las empresas de economía social no suelen pagar dividendos.
3) Es más importante prestar servicios a los propios socios o a la sociedad en conjunto que obtener el máximo beneficio. Un buen ejemplo: las cooperativas de vivienda. Otro, las fundaciones o asociaciones. Otro caso, una cooperativa o una sociedad laboral que acoge a personas que, de otro modo, no podrían trabajar (edad avanzada, falta de estudios...). De hecho, y esto es lo importante, el objetivo primordial de una empresa de economía social es proporcionar a sus trabajadores un puesto de trabajo estable y en buenas condiciones. Es salir del desempleo creando tu propio puesto.
4) Y, sobre todo, y lo señalo en negrita: autonomía. Una empresa de economía social pertenece a sus socios que, en su mayor parte, desempeñan su actividad laboral en la misma, y no al Estado u otras entidades.
En resumen: una empresa de economía social la fundan los trabajadores para crear y mantener su empleo, mientras que una empresa "normal" la forman un grupo de personas con dinero, que, en principio, si trabajan en la empresa, lo harán como directivos o jefes con empleados a su cargo.
Para el próximo día, me centraré en cómo son las cooperativas y en los principios por los cuales se rigen.
Fuentes: Economía social en Wikipedia y elaboración propia.
NOTA: Hay muy buena información sobre economía social en: Unidad de investigación en economía social y cooperativa
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Su sonrisa, congelada, me incitaba a besarle esa boca que siempre había adorado. Volver a verla, aunque fuera presa del maleficio, era un premio más que suficiente para todas las penalidades que había tenido que soportar.
Fue un año muy largo. No sé bien qué sucedió; dicen que Laura, mi amor, la chica que yacía congelada a unos pasos de mí, había discutido con una bruja horrible porque había intentado quitarle unas hierbas que la hechicera estaba cultivando. Por ello, la bruja le había echado una maldición de lo más retorcido. Un par de días después, un demonio la congeló con su aliento, la secuestró y durante la noche dejó una nota en la plaza del pueblo diciendo que la había encerrado en una cueva y que sólo su amor verdadero podría rescatarla.
Ni me lo pensé. Le pedí prestadas la coraza, el yelmo y la espada de repuesto a un amigo, estuve entrenándome una semana, y me fui hacia la cueva. Como no me las veía todas conmigo, traté de evitar encontrármelo y quise recorrer la cueva a escondidas. Fue inútil. Luchamos, me venció de una forma humillante, y me echó de la cueva a carcajadas. Pero no pensaba rendirme. Viajé hasta la ciudad, con todos mis ahorros, y me apunté en la mejor escuela de esgrima que pude pagar. Cuando regresé, intenté liberarla de nuevo. Esta vez, la lucha fue mucho más igualada, pero perdí por poco. Desesperado, tras curarme las heridas, estuve tres meses trabajando en la vendimia, ahorré más dinero y me apunté en otra escuela de esgrima, mejor que la primera. Y al siguiente intento, derroté al demonio.
Pero todo eso ya no importaba. Lo había conseguido, y podría rescatar a Laura. Lo único que empañaba mi felicidad, era haber perdido en la refriega el anillo de mi padre, que siempre me había estado un poco grande. Pero era un sacrificio que no me importaba hacer con tal de estar con ella. No tenía ni idea de como romper el maleficio, pero sospechaba que, como en los cuentos, un beso de su amor verdadero la despertaría. Y yo había hecho tantísimo por ella que era el mejor candidato. Me dio algo de pena que nuestro primer beso fuera en esas condiciones, pero me agaché sobre su cuerpo congelado y la besé en los labios, con toda la pasión que pude.
Alcé la vista ilusionado, y la vi igual de congelada. "Habrá que esperar un poco", pensé. Y pasó más de media hora, un tiempo en que se me acabaron por crispar los nervios. No dejaba de preguntarme qué estaba haciendo mal, y por más que lo pensaba, no encontraba cómo romper el maleficio.
En eso, oí pasos y desenvainé. ¿Sería el demonio que volvía a por mí? Me asusté un poco, porque tenía un brazo y una pierna heridos y no sabía si iba a poder soportar otra pelea. Afortunadamente, sólo era Julio, un vecino del pueblo arrogante e insoportable. Le espeté, furioso:
- ¿Qué haces aquí?
Y él repuso, con indiferencia.
- Vengo a rescatar a Laura.
Contesté riéndome:
- Si no has hecho nada por ella.
Con una suficiencia que odié, continuó
- Ay, ay, amigo, ¿aún no comprendes que el amor verdadero de toda mujer es el hombre al que ella ama? - y con cara de asco, sacó un pañuelo y limpió la boca de Laura -. Seguro que le has puesto los morros encima.
Sin darme tiempo a otra cosa que enfurecerme, le besó los labios, y ya me acercaba a tener unas palabras con él cuando me estremecí. Julio se levantó y vi que Laura abría los ojos. Estaba tan aturdido que me quedé un rato de pie antes de sentarme. Laura se descongeló, se levantó y tuve que soportar verlos abrazarse y besarse. "No es justo", pensé, "después de todo lo que he hecho por ella...". Cuando se cansaron de hacerse cariñitos, me miraron un poco. Laura se acercó, me besó en la mejilla y me dijo:
- Gracias por haberme reunido con mi amor verdadero.
Y se fue muy contenta. Yo seguía sentado con la misma cara de tonto, sin comprender nada de nada. En esto, Julio me sorprendió al ponerme una mano en el hombro y decirme.
- Si no me hubieras allanado el camino, no habría podido llegar hasta aquí. No te tortures más, que hay muchas chicas solteras por ahí.
Le miré un instante, y protesté:
- Tú no la amas...
Se encogió de hombros y repuso:
- A ella no le importa.
Y se fue a paso largo, para alcanzar a Laura. No recuerdo bien cuanto tiempo pasé allí, solo, con el corazón hecho pedazos. Creo que hasta lloré, pero sólo un poco, que los hombres no lloramos. Al final, reparé en que debía marcharme y me levanté sin ganas, embargado por pensamientos amargos.
Atardecía cuando salí. Estaba tan cojo y molido, que iba a llegar de madrugada al pueblo. Algo se movió a mi izquierda y, de soslayo, vi que un encapcuchado se estaba levantando y se me acercaba. "Encapuchada", pensé, cuando la oí saludarme. Y cuando se bajó la capucha y me miró, me quedé estupefacto. Nunca había visto a una mujer tan guapa. Empezó a buscarse algo entre la ropa y me dijo.
- Tengo algo para ti... Espera.
Como no lo encontraba se quitó la capa de viaje, lo que la favoreció todavía más. Y la observé, embobado, mientras rebuscaba entre sus faltriqueras hasta que localizó algo en la última, me lo depositó con dulzura en la mano y me dijo:
- Siento mucho haberte hecho pasar por todo esto. No era mi intención.
Lo que tenía en la mano era el anillo de mi padre, y la felicidad que me embargó se convirtió, de pronto, en miedo. No fui capaz de contenerme.
- ¡Eres la bruja!
Me miró con un poco de guasa, como si estuviera pensando: "qué listo". Pronto reflexioné un poco y me di cuenta de que no pensaba hacerme ningún daño. No hacía más que mirarme, como esperando a que dijera algo, y yo no acertaba a otra cosa que a devolverle el gesto, preguntándome quién podía llamar horrible a una mujer así. Entonces habló, seria:
- ¿Por qué me miras así?
- Porque... no pensaba que...- repuse a trompicones - una bruja pudiera ser tan...
- Tan... ¿qué?
No fui capaz de seguir; bajé la vista y creo que me ruboricé. Tenía miedo de que si acababa la frase me convirtiese en algo horrible. En eso, cambió de tema.
- La gente no lo sabe, pero lo normal es que una bruja no pueda controlar sus poderes. Yo no puedo, y sólo actúan cuando me enfado muchísimo. Tu amiga Laura se coló en mi huerto y para robarme unas hierbas, destrozó casi todo lo que había sembrado, y cuando fui a impedírselo, me dio dos guantazos... - y bajó la vista - Y mis lágrimas se convirtieron en ese monstruo al que venciste -. Hizo una pausa -. He pasado un año muy malo. Me alegro de que nadie haya muerto.
Retrocedió para buscar su capa y la cogió tras añadir:
- Ah, lo del aviso en la plaza del pueblo fue cosa mía. Más no podía hacer.
La miré mientras buscaba, sin éxito, el broche de su capa, y sentí que tenía que hacer algo para volver a verla. Pareció recordar algo y dijo:
- No puedo compensarte por todo lo que has pasado, pero si puedo hacer algo por ti...
Negué maquinalmente a lo que respondió con una sonrisa, y siguió intentando encontrar el broche. Se me aceleró el pulso, y me costó un rato encontrar las palabras, que parecían no querer salirme de la garganta.
- ¿Volveré a verte?
La bruja dejó lo que estaba haciendo y me miró mortalmente seria, y quizá, algo sorprendida. Se tocó ligeramente el pelo, se me acercó mucho, clavándome los ojos, y me dijo con maldad:
- Podría convertirte en sapo o en algo mucho más repulsivo si me pillas de mal humor. ¿No me tienes miedo?
Repuse que no con seguridad y ella se rió un poco mientras murmuraba "no sé, no sé". Volvió junto a su capa de viaje, y dándome la espalda, se la puso con una lentitud que me pareció deliberada. No sabía qué hacer, sólo ansiaba que aquella no fuera la última vez que la viese. Así que insistí.
- ¿Volveré a verte?
Terminó de ponerse la capa y la capucha, sin responder. Ya pensaba que no diría nada cuando habló, sin volverse.
- Las brujas somos muy solitarias. No sé si sería una buena idea.
Se alejó unos pasos, y me hubiera entristecido mucho de no sentirme tan cansado. La vi alejarse hasta que se detuvo unos instantes, y como si hubiera olvidado algo, se volvió y me dijo:
- Ese corte de la pierna tiene mal aspecto. Ven a verme y te daré algo para que mejores.
Se despidió con un gesto de la mano y se marchó con rapidez. Reparé en que no me había dicho donde encontrarla; no obstante, si había sido capaz de vencer a un demonio por una chica que no lo merecía, podría encontrarla a ella. Pensaréis que es una tontería, después de lo mal que acababa de pasarlo, pero esa ilusión me hizo sentirme muchísimo mejor.
Juan Cuquejo Mira.
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