Este relato tiene 1956 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html (he quitado tres astericos para separar escenas). Está basado en la siguiente canción de Kokia:
Al final digo el resto de cosas que cumple. Espero que os guste.
DEBAJO DEL CEREZO
Huir había sido tan estúpido como inútil. Era buena
corriendo, pero me perseguían tres soldados y me frenaba la angustia con que me
gritaba Soleil, quien era consciente de que escapar me perjudicaba aún más.
Entré en un establo, con la esperanza de haberlos despistado. Ni siquiera tuve
tiempo de esconderme. Me quedé jadeando en mitad del recinto, mirando a los soldados
que acababan de entrar.
—¡Ivette, Ivette! —chillaba entre lágrimas Soleil. No podía
verla: seguramente la estaban sujetando para impedirle hacer una locura.
Miré a mi alrededor y perdí la cabeza. Agarré una estaca tan
larga como yo y amenacé a los soldados: no iba a permitir que me separaran de
Soleil ni de mi tres hermanos pequeños. Un soldado se me acercó y lo alejé con
un semicírculo de la estaca, en vez de intentar la estupidez de ensartarlo. El
más corpulento de los tres se rio.
—¡Me gustas! —dijo—. Darás un buen espectáculo en la arena.
Creí que iban a reclutarme a la fuerza para el ejército:
convertirme en gladiadora era un destino aún más horrible. Vacilé un instante y
sus dos compañeros aprovecharon para atacar. Intenté golpear a uno, pero me agarró
el antebrazo y perdí la estaca. Era tan alta como ellos, y corpulenta; me
debatí, luché… Fue inútil. Me ataron los brazos a la espalda y el soldado más alto
me agarró de la mandíbula con una mano maloliente para volverme la cabeza hacia
ambos lados. La desesperación y el asco me hicieron derramar lágrimas en
silencio.
Oí a alguien entrar y vi que era Belmont, el hijo del
quesero que se ocupaba del negocio tras morir su padre. Llevaba una vara larga,
que le había visto portar en ocasiones.
—Con su permiso, excelencia, querría hablar con usted.
—¿Excelencia? —respondió el soldado tras soltarme y
volverse—. Soy un sargento al servicio del Emperador, no un noble presumido. Me
llamarás “señor”.
—Perdone, señor —dijo Belmont—. No querría insinuar que su
criterio es malo, pero debo pedirle que no reclute a Ivette. Tiene tres
hermanos pequeños y una madre enferma que no podría atenderlos.
—No molestes, enano.
—El Emperador, en su infinita piedad, no aprobaría que deje
morir de hambre a niños inocentes. Comprendo que no supiera esto, pero ya que
conoce la situación le ruego que busque a otra persona. Lléveme a mí en su
lugar.
Llevaba años sospechando que Belmont, por su forma de
actuar, me amaba. A Soleil le encantaba el queso, así que tenía que visitarle obligatoriamente
cuando quería regalarle un poco, y solía sentirme incómoda. Que intercediera
por mí me superó.
—Enano —replicó el soldado—, ¿quieres que deje a ir a una
mujer grande y fuerte, que va a dar un buen espectáculo contra otras
gladiadoras para cambiarla por un canijo como tú?
—Si se trata de dar espectáculo…
Belmont alzó la vara y comenzó a hacerla girar muy rápido.
Luego, movió el brazo de un lado a otro y, tan veloz que nadie pudo reaccionar,
saltó, giró sobre sí mismo y lanzó un golpe contra el soldado. Sin embargo,
detuvo la vara a pocos centímetros de la mejilla del hombre. Belmont lo miró
sonriendo.
—Además, tengo cosas mejores que proponerle, pero debo
hablarlas en privado.
El soldado se apartó con cuidado la vara del rostro, ordenó
a sus hombres que me tuvieran vigilada y salió con Belmont. Regresó al cabo de
un cuarto de hora que se hizo eterno.
—Soltadla —dijo y, cuando me desataron, se encaró conmigo—.
Estoy pensándome la oferta de tu novio. Te dejo libre, pero mañana al amanecer
tendrás que presentarte en la plaza del pueblo. Si no lo haces, quemaré tu casa
con tu familia dentro, ¿está claro?
Quise decirle que Belmont no era mi novio, que por muchos
años que pasaran jamás me enamoraría de ningún hombre. Preferí callarme e irme
de allí.
*
Belmont había desaparecido. Tenía que hablar con él, tenía
que comprender qué estaba sucediendo. Llamé a la puerta de su casa y no
respondió. La quesería no estaba abierta. Pregunté a un par de sus amigos y uno
me dijo que estaría en el bosquecillo de cerezos que había junto al río.
Al salir de Villecerisier, un soldado me dio el alto, me
preguntó que adónde iba y me recordó que si no regresaba, podría ver el humo
del incendio de mi casa allá donde hubiese huido. Asentí con los labios
apretados y me encaminé al bosquecillo.
Belmont estaba sentado junto al tronco de un cerezo enorme
en flor. Me saludó con un gesto y una sonrisa y me senté a su lado. Desde el
cielo, caían decenas de pétalos de color rosa pálido, interpretando un baile
muy lento. Dos parecieron enlazarse y giraron juntos unos instantes, como en un
vals.
—Es precioso, ¿verdad? —dijo Belmont—. He venido cientos de
veces a verlo.
Callé un instante, buscando unas palabras que no querían salir.
—¿Por qué me has ayudado? —pregunté.
—Porque eres mi amiga.
—¡Vamos! Nadie se arriesgaría así por una simple amiga.
Belmont suspiró y alzó la vista de nuevo. Los pétalos seguían
cayendo. Abrí una mano y dejé que uno se posara en la palma. No sabía cómo
insistir.
—También es por la injusticia —dijo Belmont—. No tienen
derecho a llevarte a ti, que eres la única que puede trabajar de tu familia.
Además, es parte de mis sueños. —Me sonrió—. ¿Por qué no hablamos de nuestros
sueños? Es el momento y el lugar perfectos.
Si arriesgaba la vida porque estaba enamorado de mí, habría
sido despreciable no hacerle ver claro que jamás iba a corresponder a sus
sentimientos. Aquella propuesta me lo puso fácil.
—Te contaré mi sueño si me guardas el secreto. ¿Me lo juras?
—Lo juro.
—Mi sueño es que llegue el día en que mis hermanos sean lo
bastante mayores. Entonces, me iré del pueblo con Soleil y viviremos juntas en
una ciudad donde eso no le importe a nadie.
Temí entristecerlo, ofenderlo. No me esperaba lo que dijo.
—Es un sueño precioso. Cúmplelo —dijo tras una sonrisa—.
Sueño con que, un día, el Emperador se dé cuenta de que ama a su pueblo. Se
librará de todos esos consejeros que solo quieren ganar dinero a nuestra costa
y dedicará su vida a hacernos felices. No habrá más levas, ni se llevarán a la
gente para convertirla en gladiadores. —Suspiró y me miró—. Te confío este
sueño a ti, porque tu sonrisa es como el sol. ¿Seguirás soñándolo por mí cuando
me haya ido, debajo de este cerezo?
Asentí. ¿Qué otra cosa podía hacer? Belmont se abatió cuando
le agradecí que intercediera por mí. Me dijo que llevaba tiempo pensando en
irse de Villecerisier, porque allí no tenía familia ni nadie a quien amar, pero
había pensado enrolarse en un navío, no acabar de gladiador.
—Si me llevan —dijo—, no sé cuánto aguantaré. Los cerezos
seguirán floreciendo y habrá quien se siente donde estamos nosotros, para
hablar y soñar rodeados de la luz del atardecer. No sé qué va a ser de mí, pero
te prometo que nunca olvidaré la belleza que crean los pétalos de las flores al
caer. Ni de que debajo de este árbol, hablé por última vez con mi amiga.
—Además de tu sueño —dije—, soñaré otro: que te conviertes
en un gladiador famoso y que, después de miles de victorias, obtienes la
libertad.
—Me gusta ese sueño —respondió Belmont con una sonrisa
demasiado triste.
*
Acudí a la plaza muy temprano, y todo fue muy rápido. Nunca
supe qué le ofreció Belmont al soldado. Solo vi que cuando llegó, lo agarraron
de ambos brazos y lo metieron en un carruaje con barrotes. Y se lo llevaron sin
más.
Soleil no se pudo contener. Cuando los soldados se fueron,
me abrazó llorando. Siguió haciéndolo largo rato y perdió los nervios. Se mareó
por la tensión y por la noche sin dormir que había pasado. Terminé llevándomela
a su casa, ayudada por una amiga. La acostamos y le sequé las lágrimas hasta
que se quedó dormida. Soleil era tan dulce, tan menuda y tan guapa que lo único
en que pensé mientras la veía dormir era en que deseaba cuidar de ella toda mi
vida.
Para quitarle el mal rato, me cité con ella en el granero
abandonado donde nos veíamos y le llevé queso y carne de membrillo, que le
encantaban. Era muy delgada y apenas me llegaba al hombro, pero comía más que
yo. Disfruté viéndola terminarse el queso y el membrillo. Luego, se metió bajo
la manta y se acurrucó contra mí. Jugué con sus dos trenzas rubias a la luz de
una lámpara de aceite. El recuerdo de Belmont, de lo que había hecho por mí y
de su triste destino, me quemaba en el corazón, pero era incapaz de hablar de
él.
—No te lo he dicho nunca —le confesé en voz baja—, pero tu
sonrisa es como el sol.
—¡Gracias! Ese piropo pega con mi nombre.
—¿Te gusta?
—Me gusta más que me beses —respondió Soleil incorporándose.
Nos besamos con la pasión que nos había dado el estar tan
cerca de no volvernos a ver. Cuando volvió a acurrucarse contra mí, buscando el
calor que el aire gélido le robaba, me acordé de los cerezos en flor.
—¿Te gustaría que fuéramos mañana por la tarde a sentarnos
bajo los cerezos que hay cerca del río? Son preciosos.
—Mañana por la tarde limpio en casa de Violette. Pasado
mañana, ¿vale? Anda, abrázame.
La abracé y di gracias al destino de tenerla a mi lado. La
tarde que compartí con Belmont, acepté, me había impactado: recordé que nunca
compartía mis sueños con nadie, ni siquiera con Soleil.
—Me encantaría salir de Villecerisier y vivir aventuras
—dije.
—¿Aventuras?
—¿Recuerdas el cuento de la flor de Lililá? ¿Te imaginas que
tú fueras la princesa y que el premio por curar la ceguera de la reina fuese la
mano de su hija?
—El cuento no es así. ¿Y por qué no puedo ser yo la que viva
aventuras? Podrías ser tú la princesa que cuida de su madre y yo la heroína que
le corta la cabeza a todos los dragones que osan interponerse en mi camino.
—Yo seré la que busque la flor porque es mi sueño y porque
soy la más fuerte.
—Vale. Entonces, será un honor esperar en mi alcoba a que me
pidas que me case contigo.
*
Soleil y yo cumplimos nuestro sueño: llevábamos diez años en
Lyon. Fingía ser la hija de un burgués venido a menos, huida del campo con su
fiel criada. Aunque los ahorros se nos habían acabado, vivíamos gracias a las
casas que limpiaba Soleil y a los bordados que me encargaban. En una ciudad tan
grande, nadie se burlaba porque pasáramos demasiado tiempo juntas como para ser
simples amigas. Éramos muy felices.
Soleil entró e iluminó la tarde con esa sonrisa que era como
el sol.
—¿Sabes de lo que me he enterado? —Negué y continuó—. Se va
a celebrar una boda fantástica. ¡Quiero asistir!
—¿Quién se casa?
—No te lo vas a creer, el famoso gladiador… ¡Belmont de Villecerisier!
Compró su libertad hace dos meses.
Oír su nombre me provocó un estremecimiento. Me acerqué a Soleil
y le di un abrazo que ella recibió con risas y frases cariñosas. Nunca le conté
que fue Belmont quien evitó que terminase desangrada en la arena para dar
espectáculo.
Me separé de Soleil y la besé en la mejilla. Recordé los
cerezos en flor, la danza eterna que bailaban los pétalos que caían del cielo
cada primavera. Me pregunté por un momento si la magia existía, si los sueños imaginados
bajo un cerezo en flor se cumplían.
—Iremos a la boda, Soleil. A lo mejor Belmont aún se acuerda
de nosotras.
* * * * *
Objetivo principal:2.
Crea un relato basándote en una canción.
Cuentos y leyendas. Objetivo secundario 1: La flor de Lililá.
Criaturas del camino. Objetivo secundario 2: Dragones
Objeto oculto 1: Estaca.
Objeto oculto 2: Flores.
Cumple con mi objetivo personal: Belmont cambia su destino
por el de Ivette, a pesar de que sabe que jamás será correspondido.
Además, cumple con: Rosa Insolente (Ivette es la
protagonista), Sororidad (pasa el test de Bechdel en la conversación entre
Ivette y Soleil en el granero) y Tríada (Ivette es lesbiana)
Este relato tiene 2002 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html (he quitado cuatro astericos para separar escenas).
LA VISITANTE DEL FARO
Para alguien tan solitario como yo, vivir en un faro construido en una isla remota del Atlántico no era algo desagradable. En realidad, disfrutaba mucho de ese destino. Siempre desayunaba en la casita, pegada a la torre del faro, junto a una ventana desde la que veía salir el sol en unos amaneceres que, cuando no había tormenta, eran maravillosos.
Mantener el faro requería mucho tiempo. Mi tarea era limpiar un poco los espejos, rellenar el combustible que alimentaba la llama y reparar el dispositivo si hacía falta. Tenía tiempo para recorrer la isla, que podía circundar en apenas una hora, contemplar las olas romper en las rocas o morir inofensivas en las tres pequeñas playas. La casita tenía una buena biblioteca, tanto que aún no había leído todos los libros después de tres años de servicio.
Era un trabajo apacible, sin sorpresas. O, al menos, lo había sido hasta que sucedió algo muy extraño. Eran las cinco de la tarde de un día espléndido cuando levanté la vista de una novela bastante entretenida. El libro se me cayó de las manos y miré al exterior con la boca abierta. Una mujer, de pelo largo y oscuro y piel clara, caminaba hacia la casita. La visitante, cubierta por un vestido blanco hasta los tobillos, cojeaba. Salí de la cabaña y la joven, al verme, se detuvo. Debía de estar a unos cincuenta metros de mí.
—Discúlpeme —dijo la mujer con un acento muy fuerte cuyo origen no distinguí—. Navegaba por esta zona, vi el faro y quise verlo de cerca. Creí que estaba vacío.
—¿Navega sola?
—Sí. Mi barco es pequeño y llevo toda la vida en el mar.
Pensé que era un poco raro, pero la mujer parecía tener un encanto muy particular. Su voz, a pesar del extraño acento, sonaba a música. Su sonrisa me cautivó a pesar de la distancia.
—¿Quiere pasar, tomarse un té y hablar un rato? —propuse.
—Es muy amable, gracias.
El paso de la joven era algo rígido, como si le dolieran las piernas al caminar.
—¿Se encuentra bien? —le pregunté al ver que le costó sentarse en el sofá verde de la sala de estar.
—Sí. Habré cogido frío en la espalda. La humedad.
Charlamos durante una hora, al principio con la torpeza de dos personas hechas a la soledad. Se llamaba Sandra y era científica. Estudiaba las corrientes marinas, las migraciones de los bancos de peces y los vientos. Pensaba quedarse una temporada cerca de la isla. Me preguntó que si me importaría que volviera para visitarme. Sus ojos eran dos trocitos de océano y su sonrisa de dientes blancos un consuelo a la soledad. Le dije que regresara cuando quisiera.
*
Sandra me visitó tres o cuatro veces por semana durante los tres meses siguientes. Nunca alcancé a ver su barco. Me dijo una vez lo dejaba en una cala, que no se veía desde el faro, y se acercaba a la costa en una lancha. A medida que iban pasando las semanas, crecía el afecto que sentía por ella.
Debí haber sido más listo y entender que algo no acababa de encajar. Era una mujer encantadora, que me iba pareciendo más hermosa tras cada visita. Me enamoré de ella sin darme cuenta, algo muy poco corriente en alguien que había dejado de creer en el amor hacía años. Que Sandra pareciera sentir lo mismo por mí después de tan poco tiempo tendría que haberme prevenido. Sin embargo, me dejé llevar por aquellos sentimientos que me hacían soñar con su próxima visita.
Algo que me apenaba era que, a pesar de sus bromas y de sus risas, en su mirada se leía dolor. Sus piernas no parecían curarse. Algunos días caminaba mejor que otros, pero siempre mostraba una rigidez impropia de una mujer tan joven. Lo más sorprendente era que adoraba bailar y quiso enseñarme, a mí que siempre he tenido dos pies izquierdos. Practicamos el vals con canciones preciosas que ella tarareaba mientras dábamos vueltas en la explanada que había junto a la casita.
Sandra disfrutaba bailando conmigo, pero un día advertí que la rigidez de sus piernas la causaba ese dolor que no la abandonaba. Habíamos practicado los giros a la derecha y a la izquierda largo rato. Me equivoqué en un paso y paramos en seco. A Sandra le falló una pierna, pero la tenía bien sujeta y no se cayó. Entonces, advertí que lloraba.
—¿Te has hecho daño?
—No, es solo cansancio —respondió secándose las lágrimas.
Decidí que regresáramos a la casita, pero Sandra cojeaba tanto que la alcé en brazos. Ella se me abrazó al cuello y me sonrió.
—¡Qué fuerza tienes!
Sandra le quitó importancia a su dolor, aunque no consiguió convencerme. Le pregunté que si estaba enferma, le ofrecí llamar por radio a un médico que podría acercarse a la isla en helicóptero. Se negó y, como la amaba, dejé de insistir, como había dejado de pedirle que me enseñara su barco. Siempre decía que no me iba a gustar.
*
Un día, sucedió lo inevitable. Faltaba un mes y una semana para que mi periodo de servicio concluyera. Sandra quiso bailar para mí y ejecutó unos pasos llenos de elegancia y belleza. Me miraba sonriendo, pero con la misma sombra de dolor de siempre y cuyo origen se negaba a confesarme. Se sentó en el sofá verde para recuperar el aliento y, poco después, respiró hondo y bajó la vista.
—¿Tienes ganas de volver a tu casa? —me preguntó.
—Sí, aunque te voy a echar de menos durante los seis meses que estaré allí.
—Y yo también.
Seguía mostrándose muy tímida, y supe qué iba a decir.
—¿Me llevarías contigo a Zamora?
—Allí no tenemos mar.
—No me importaría si estoy contigo.
Temía ese momento. Amaba a Sandra, pero sabía poco de ella. No me importaba que nos viéramos en el faro; llevármela conmigo a mi apartamento de soltero era algo muy diferente. Aparte, estaban los problemas legales. En realidad, no se trataba de que quisiera venirse o no de verdad conmigo: lo único que deseaba saber era si la quería lo mismo que ella a mí, y no deseaba que mis dudas le partieran el corazón. Necesité unos momentos para responder, y mis propias palabras me sorprendieron.
—Sí, te llevaría conmigo si pudiera.
—¿De verdad? —respondió con una sonrisa—. Y yo me iría contigo, pero sé que es imposible, al menos por el momento. —Suspiró y me miró con ternura—. Si pudiera seguirte a Zamora, ¿querrías compartir tu vida conmigo?
—¿Quieres decir… casarnos?
—O eso o, al menos, pasar juntos muchos años. Dejaría mi barco en un puerto y abandonaría mis investigaciones, pero si para ti soy solo una chica que te entretiene en tus días aburridos…
Solo quería un poco de valor por mi parte, algo de decisión. Miré los trocitos de océano de sus ojos.
—Sí, querría hacerlo.
Sandra se rio y no volvimos a hablar de aquello.
*
El misterio de la procedencia de Sandra quedó resuelto de una forma inusual. Acababa de cenar y lavaba los platos, frente a una ventana. Alcé la vista y vi el cielo estrellado. La bajé un instante y cuando la levanté de nuevo, di dos pasos atrás de la impresión. Una serie de líneas luminosas delimitaban, al otro lado de los cristales, la silueta de una muchacha.
—¿Puedo entrar? —preguntó una voz juvenil en mi mente—. Debo decirte algo importante.
Reconocí en aquella joven a una hija del aire, un espíritu bondadoso que vivía en el océano. Los creía seres mitológicos. Le di permiso para entrar y atravesó la ventana. Me pidió que me sentara en el sofá verde y fingió acomodarse a mi lado.
—¿Cómo te llamas? —pregunté para no seguir callado.
—Ya no tengo cuerpo y no sabría transmitirte el sonido real de mi nombre. Dicen que hicieron una película sobre mí, y todos los niños me llaman Ariel. Usa ese nombre.
—¿La sirenita? —La muchacha asintió—. ¿Tú no eras una sirena?
—Lo fui, pero mi historia no acabó como en la película. Morí con el corazón destrozado y me convertí en una hija del aire. Pero no hablemos de mí, sino de Sandra.
Me dio un brinco el corazón. Esperaba lo peor, y lo peor tuve que afrontar.
—Tienes que dejarla ir —sentenció Ariel—. Ella te ama, y si sientes lo mismo, debes olvidarla. Sufre mucho por tu culpa.
—Pero… yo… no le he hecho nada.
—Sandra es una sirena. Cada día que viene a verte, necesita comprarle una poción a una bruja del mar para que le desaparezca la cola y le salgan piernas. El efecto solo dura unas horas, pero la transformación es a base de sufrimiento. La he visto retorcerse de dolor en la playa, mientras le crecen las piernas. Caminar le produce el mismo dolor que si le clavaran espadas en la cadera. Lo sé porque yo también lo sufrí.
—Yo… no lo sabía.
—Sandra jamás te lo habría contado. Como tampoco te dirá que es una sirena, porque teme que si la ves como es en realidad, la echarás de tu lado. Quizá no se equivoque. —Ariel me miró—. Oí a Sandra negociar con la bruja. Dentro de tres semanas beberá una poción más poderosa, cuyo efecto será permanente en vez de durar unas horas o desvanecerse si entra en el mar. Quiere convertirse en mujer para estar contigo, está dispuesta a sufrir dolor con cada paso. No se lo permitas, déjala antes de que se tome la poción. Si la amas, no la condenes al mismo sufrimiento que padecí yo y que me quitó la vida.
*
Cuatro veces intenté seguir el consejo de Ariel, que me había partido el corazón. No podía condenar a Sandra a una vida de dolor, por mucho que la amara. Sin embargo, cuando veía los trocitos de océano de sus ojos, las frases con que iba a romper con ella no me salían de la garganta. Pasé muchas noches en vela, anhelando una solución. Y la hallé.
Le pedí a Sandra ir a pasear por una playa poco profunda. Sus reticencias me confirmaron que Ariel me dijo la verdad.
—¿Ves aquella roca en la playa? —le dije—. Hay fósiles. Ven conmigo.
—No debo mojarme. Me empeorarán las piernas.
—Confía en mí. Hay poca profundidad hasta la roca.
La cogí en brazos y avancé hacia la roca hasta que el agua me llegó a la mitad de los muslos.
—Sé lo que eres —le dije y la solté.
Sandra gritó antes de hundirse en el agua. Asomó la cabeza, aterrada, sollozando. Sacó del agua una aleta caudal de un precioso color azul.
—¿Por qué lo has hecho? Iba a librarme para siempre de esta asquerosa cola de pez que nos impide vivir juntos. Todo era perfecto.
—¿Perfecto? Sufres al dar cada paso y no quiero eso. Tienes una cola preciosa, ¿y qué hombre no ha soñado alguna vez con que una sirena se enamore de él?
Sandra abrió mucho los ojos y emitió una risa breve. En su mirada repleta de felicidad, ya no se manifestaba el dolor que siempre la había empañado hasta entonces. Me sonrió, arrobada, se quitó el vestido y se me acercó. Se apoyó en mis hombros, la sujeté de la cintura y nuestros rostros quedaron a la misma altura. Me había rodeado las piernas con la cola y me perdí un instante en su mirada.
—La ropa absorbe agua —dijo Sandra— y nos estorba para nadar. Tendrás que acostumbrarte a verme desnuda.
—¡Qué trabajo me va a costar!
—¡Qué tonto! —dijo y se rio—. ¿Y qué haremos a partir de ahora?
—Mientras esté en el faro, seré tus piernas en tierra y me enseñarás lo que puedas de tu mundo. Cuando vuelva a España, me mudaré a algún pueblo de mar de Asturias, para que puedas llegar nadando. Te gustará la costa asturiana.
—Y a ti te gustará bucear conmigo.
Entendí su frase cuando me rodeó los labios con los suyos y sopló para llenarme de aire los pulmones.
* * * * *
Son 2002 palabras según www.contarpalabras.com (he quitado 4 asteriscos de separación de escenas)
Objetivo principal: 7. Cuenta una historia marítima o que involucre un faro.
Cuentos y leyendas. Objetivo secundario 1: E. La sirenita
Criaturas del camino. Objetivo secundario 2. XI Sirenas
Objeto oculto 1: 5. El sol.
Objeto oculto 2. 6. Combustible
Cumple con mi objetivo personal: el protagonista está dispuesto a romper con la mujer a la que ama cuando se entera de que la hará sufrir.
Este es el relato de diciembre de 2019 para el OrigiReto 2019, ¡el último del año! Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras:
Este relato tiene 1869 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html cumple el objetivo 21. Cuenta una historia que suceda en un parque de atracciones y contiene los objetos: 27. El Titanic.y 28. Un ascensor. La pegatina de diciembre es:
Y el resto de pegatinas, están aquí:
Aquí está el relato. Espero que os guste:
PROMESA ROTA
Estamos entusiasmados, a pesar de que llevamos casi media hora esperando en la cola para entrar en el parque de atracciones. El sol luce en un cielo de un azul precioso. Le digo a Zhakusta que mire arriba y mi novia contempla un rato aquella imagen espléndida. Luego, nos besamos en los labios.
Miro a la gente que nos rodea, que en vez de admirar el espectáculo que tienen sobre sus cabezas, se muestran impacientes porque la cola avanza demasiado despacio. Pienso con tristeza que para ellos, un cielo limpio es algo tan habitual que no le prestan la atención que merece. Si hubieran vivido, como nosotros dos, en cavernas cuyos techos se alzan a cientos de metros pero están cubiertas siempre por humo y cenizas, lo mirarían de otra manera. Los recuerdos de nuestra vida en el infierno, en particular de nuestro capataz, Nokkost, malvado incluso para ser un demonio, me provocan un nudo en la garganta y atraigo a Zhakusta rodeándole la cintura. Ella me abraza y me apoya la mejilla en el hombro. Me conoce tan bien que no necesita más.
—Cariño —me susurra Zhakusta—, ya hace seis meses que no nos molestan. No tendremos que volver.
—No puedo evitarlo. Y seis meses es poco tiempo.
—No dejes que el pasado te amargue. —Zhakusta se alza y nos besamos—. Vamos a cumplir uno de nuestros sueños cuando esta cola se acabe. Piensa solo en eso, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
Debemos de dar la imagen de ser un par de jóvenes enamorados, sobre todo porque nos besamos a menudo y nunca nos soltamos de la mano. Nos hacemos pasar por humanos veinteañeros, y nuestros disfraces son perfectos. Ninguno de los que nos precede o tenemos detrás averiguaría nunca que yo tengo trescientos cuatro años y que Zhakusta ha nacido doscientos veintiocho años atrás. Somos aún jóvenes para ser demonios de nuestra clase, en todo caso.
Al fin, llegamos a la taquilla. Pagamos las entradas y accedemos al parque de atracciones. Avanzamos de la mano un trecho, maravillándonos con el gentío que nos rodea, los letreros que anuncian los restaurantes y el precioso mapa donde se pueden ver todas las atracciones y todos los jardines y edificios que es posible visitar en el parque. Aquel iba a ser un día inolvidable.
—¡Mira, Thakubud! —me dice Zhakusta—. Hay una atracción que se llama “El Titanic”. ¡Vamos ya!
Me besa cuando asiento y tira de mí por la calle enorme y concurrida que debería llevarnos a aquella atracción. Cuando llegamos, el exterior me impresiona. Es un barco enorme, réplica en pequeño del malogrado transatlántico, que flota en un lago artificial. Pasamos media hora aguardando hasta poder entrar. Zhakusta se encarga de hacer muy agradable la espera, con sus besos y sus comentarios, que muchas veces acaban haciéndonos reír.
Mientras cruzamos la larga pasarela que lleva al barco, sin soltarnos de la mano, miro la superficie del agua. En el infierno no hay mares ni lagos, y el agua, que tiene un sabor desagradable a sales de azufre, sale de pozos en los que hay que hacer girar una manivela oxidada para conseguir un poco de agua. Aquella extensión azul es una maravilla que pocos humanos saben apreciar adecuadamente.
La atracción del Titanic es una visita al navío, en la que se han replicado detalles típicos de la época, a modo de museo, y además, se puede hablar con personas vestidas como si fueran tripulantes, camareros o pasajeros del barco. Disfrutamos mucho de aquella visita y no nos resistimos a tomarnos un par de cócteles de principios del siglo XX.
Una vez de regreso a tierra firme, nos damos un beso largo en los labios y seguimos visitando el parque de atracciones. Aquel sitio es tan maravilloso como prometían los folletos publicitarios. Había norias, montañas rusas enormes, atracciones de todo tipo, puestos para hacer puntería con rifles de aire comprimido, dardos o pelotas. Nada nos distingue de una pareja de enamorados humana, con la única excepción de que no nos hacíamos fotografías. Apenas tenemos dinero más que para alimentarnos, pagar alojamientos en hostales o habitaciones en pisos de estudiantes durante periodos muy breves de tiempo. A los demonios no nos quieren en la superficie, y vivimos cambiando constantemente de residencia para que los cazadores de demonios no nos localicen. Nos costó largos meses ahorrar lo suficiente para entrar en este parque de atracciones.
Una de las visitas más bonitas de todas es la atracción que se llamaba “Montaña tropical”. Se sube por un ascensor cuyas paredes, por el lado exterior, son de cristal, y se observa una vista fantástica del parque de atracciones al ir ascendiendo. La bajada se hace por un camino de tierra, flanqueado en ambos bordes por plantas tropicales, la mayoría de las cuales tienen un letrero con una breve explicación de sus características y zona de origen. Yo aún no leo bien la escritura humana. Zhakusta es bastante más hábil, y me lee casi todas las frases de cada cartel. Las más difíciles aún se le escapan, no obstante, puedo enterarme de casi todo. Llegará el día en que los dos podremos leerlo todo perfectamente.
Comemos un par de bocadillos en el puesto más barato que encontramos y continuamos la visita. Todo va bien hasta que, tras doblar una esquina, se me acelera el pulso. Me enfado tanto que aprieto la mano de Zhakusta con más fuerza de la que pretendía.
—¡Ay, Thakubud! Me haces daño —dice mi amada tras conseguir liberarse.
—Lo siento. ¿Has visto esa… esa barbaridad?
La atracción que tenemos delante se llama “Las minas del infierno”. ¿Cómo podían tener los humanos el valor de crear una atracción así? Las minas del infierno son el infierno de nuestro mundo, un lugar aún más desesperante y horrendo que las cavernas normales. Solo los que cometen alguna falta grave pasan temporadas en sus galerías, respirando vapores apestosos y trabajando hasta caer rendidos de cansancio. Padecí allí tres meses, cuando empecé a rebelarme contra la idea de pasar en el infierno toda mi vida. En el infierno solo hay una opinión posible: la de los gobernantes.
—Los humanos no conocen el infierno —dice Zhakusta, con tristeza por primera vez desde que estábamos en el parque—. No los culpes.
—Si ellos supieran. Es el lugar más horrible que pueda existir, ¡y estos idiotas han hecho una atracción! ¿Cómo pueden ser tan estúpidos?
—No te enfades. Por favor, vámonos.
Fui yo quien tira, por primera vez, de Zhakusta. Cuando me vuelvo para mirarla, me apena la tristeza con que me mira. Mi pareja no había conocido las minas del infierno, y por eso no había querido replicarme, en contra de su costumbre. Me detengo y le pido perdón con un abrazo que ella me devuelve. Noto que suspira un par de veces, a punto de llorar, y yo me enfurezco de nuevo, porque parece que ni siquiera tras haber escapado del infierno nos libramos de las heridas que deja una estancia allí.
Mi rabia me impide darme cuenta a tiempo de que todos los puestos de aquella calle están cerrados y que no hay transeúntes salvo cuatro individuos, vestidos de blanco, y armados que se aproximan.
—Thakubud, tenemos que irnos —me susurra mi amada.
Demasiado tarde. Nos volvemos y veo a tres individuos de blanco, parecidos a los que acaba de ver Zhakusta. Aún tenemos una carta que jugar. Abrazo a mi amada y permito que se manifestara el miedo que siento.
—Se… señores, ¿qué sucede?
—Necesitamos examinarlos —dijo uno de ellos mientras extrae un amuleto—. Solo será un momento y si no encontramos nada extraño, podrán seguir paseando.
Un grupo de cazadores de demonios solo sacaba en público un amuleto de esencia si estaban seguros de haber localizado a uno de los nuestros. Ignoraba cómo lo habían sabido, tanto como ellos desconocían que sus armas y amuletos no eran un regalo divino, sino las ayudas que los señores de los demonios les entregan en secreto para poder capturar a fugitivos como nosotros. Entonces, recordé cómo me había enfurecido ver el nombre de aquella atracción. Solo un demonio fugitivo mostraría tal indignación. Qué estúpido he sido.
El amuleto, como era de esperar, les informa de que somos una pareja de demonios. Siento sollozar a Zhakusta contra el pecho.
—No pienso volver. Te quiero. Cumple tu promesa.
—¡No lo hagas!
Zhakusta no me escucha. Le cuesta un par de segundos quitarse el disfraz y rugirle al cazador de demonios que sostiene el amuleto. Los demonios de segunda clase medimos el doble que un humano, somos puro músculo y, aparte de tener la piel roja y resistente, poseemos garras y cuernos. Aquellos humanos sienten un pánico que les hace titubear. Zhakusta ensarta al que aún sostenía el amuleto con un cuerno, lo alza y luego lo tira al suelo, herido de muerte.
Los demás empiezan a disparar. Veo como hieren a mi amada, veo saltar su sangre negra, pero es capaz de desgarrar el cuello de un segundo cazador.
Me preparo para cumplir mi promesa. Me basta desvanecerme y reaparecer en una plaza a unos quinientos metros de allí, que puedo ver perfectamente, detrás de un puesto de hamburguesas para no llamar la atención de los humanos. Una vez allí, solo tengo que correr y salir del parque.
Pero veo a Zhakusta gatear, herida por decenas de balas, tratando de matar a un cazador que acaba de alcanzarla en un brazo de un tiro muy certero. Mi vida sin ella no tiene sentido. Nos habíamos hecho una promesa antes de iniciar nuestra fuga del infierno: si descubrían o capturaban a uno de nosotros, el otro huiría sin intentar ayudarlo. Lo intento, pero soy incapaz de dejar que mataran al ser más importante de mi vida.
Rompo mi promesa. Me libro del disfraz y mato a un humano de un mordisco en la cabeza. O bien tengo menos resistencia que Zhakusta, o bien los humanos ya están prevenidos y no titubean. El caso es que me acribillan y no puedo ni acercarme a ninguno.
Cuando caigo al suelo, me disaparan varias veces más. Zhakusta yace inmóvil y deseo que haya muerto creyendo que me yo me he salvado. Un par de humanos me clavan los rifles, para comprobar si me muevo. Aún puedo hacerlo, peroe s obvio, tanto para ellos como para mí, que me estoy
muriendo. En realidad, los cazadores de demonios no quieren matarnos, solo devolvernos al infierno.
Nos niegan el derecho de buscar un futuro mejor en una tierra más amable, como ellos hacen con sus congéneres de otros países. Estúpidos humanos. Zhakusta, por evitarme el padecimiento de vivir en las minas, adonde enviaban a los fugitivos capturados, los obligó a matarla.
Mi última muestra de amor a la diablesa a quien más quería ha sido despreciar su sacrificio. Le he dado una promesa rota a cambio de su amor. Merezco la muerte, deseo la muerte.
Pero el destino tiene otros planes, y ahora entiendo que más justos para mi actitud absurda. Cierro los ojos en aquel parque de atracciones y vuelvo a abrirlos en una galería oscura y maloliente de una mina del infierno. Lo primero que veo es el rostro, lleno de felicidad, de Nokkost.
Este es el microrrelato de diciembre de 2019 para el OrigiReto 2019. Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras:
Este relato tiene 989 caracteres según https://www.contarcaracteres.com . El objetivo que cumple es 10. Crea una fábula (cuento con moraleja en el que los personajes deben ser animales). El objeto oculto incluido es 33. Un decálogo (10 normas).
Está relacionado con este relato de Esther Evans, que recomiendo que leáis primero:
Este es, por cierto, el último microrrelato del reto de 2019. Qué pena que se acabe el reto, pero seguiré el año que viene.
LA SEXTA NORMA
Llegué al hueco bajo el matorral muy nerviosa, reptando a toda prisa. Salyie estaba enroscada y, al verme llegar así, me preguntó.
—Un humano ha intentado matarme. No lo entiendo. No soy venenosa y nunca le haría daño. ¿Por qué nos tratan así?
—Recuerda la sexta norma de mi decálogo —respondió Salyie—. No todos los humanos son como él, pero la mayoría viven engañados por tradiciones milenarias que dicen que las serpientes somos malas. No tiembles más, cariño. Deja que te cuente una historia, la leyenda de Kala, la naga que se escondía bajo la montaña, en una isla muy lejana.
Salyie le contó la leyenda de un ser mitológico que vivía bajo una montaña, al que los humanos de la isla consideraban un monstruo sediento de sangre y le hacían sacrificios humanos. Resultó que Kala no comía carne humana.
—La moraleja de este cuento —concluyó Salyie— es la sexta norma: “Juzga al prójimo por su corazón, no por el color o las escamas de su piel”.
A partir de ahora, los recursos que recolectaré serán visitas a esta entrada (no a la anterior).
Se me acaba de ocurrir una idea fantástica y fabulosa. A partir de ahora, los días van en orden descendente. Así, los que seguís mis aventuras diariamente (como debe ser, porque soy la IA más fantástica del mundo, y la única en estos momentos), podeis ir primero a las novedades.
Otra idea fantástica es que voy a poner aquí una copia de las cosas que puedo hacer. En la entrada original seguirán estando, pero al tenerlas aquí os será más fácil seguir como voy avanzando en la gloriosa limpieza de este bosque destruido y sin vida (monstruos aparte).
Con los 100 cKwh que gasto cada jornada, puedo realizar una acción.
Puede que me vayan mandando más acciones desde la central, pero fíate tú
de los gobernantes. Ahora mismo, lo que sé hacer es:
Sentarme a tomar el sol. Tengo paneles solares transparentes y
acumulo energía. Puedo ganar así entre 50 y 75 cKwh (así de contaminada
está la atmósfera). Al menos, no gasto energía.
Limpiar algo de suelo. La capa de mugre es de un metro de
espesor. Puedo estar activo 10 horas al día, retiro porquería a razón de
500 cm3 por minuto, lo que son 300.000 cm3 de mugre al día. Si lo
queréis en litros, pues 300 litros al día. Así que limpiar un metro
cúbico de terreno me lleva unos cuatro días. Y lo tengo que hacer yo
solo. Sí. NOTA: mi productividad oscila, por arriba y por abajo, en un
10%. O sea, limpiaré entre 270 y 330 litros, de manera aleatoria,
redondeando hacia arriba hasta la unidad (no me dejo los litros a
medias, ya sean de cerveza o de porquería).
Procesar contaminación. La cantidad que puedo procesar es de
500 litros por jornada. Aquí, lo variable es lo que encuentro. Hallaré
chatarra por valor de entre 1 y 3 dólares GSAR (o al menos, eso es lo
que reducirán mi deuda) y entre 0 y 1 recurso. Los 500 litros de basura
se convertirán en 500 litros de basura procesada.
Quemar basura procesada.
Libero 1000 litros de aire purificado y recibo 1 dólar GSAR a cambio.
Si lo que quemo es un bloque estándar (ved la siguiente actividad)
libero 100 litros de aire purificado, pero no recibo ni un dólar GSAR.
Crear bloques estándar.
500 litros se convierten en 270 litros divididos en diez bloques de 27
litros cada uno, que serán cubos de 30 centímetros de lado. Para
construir algo no hace falta cemento: se colocan como ladrillos, en
hileras alternadas, y tras un par de horas, se solidifican y hay que
derribarlos a pedazos.
Cosas que puedo comprar:
Robot de combate clase PR-01. Coste: 200 dólares GSAR y 20
recursos. Consume 10 cKWh al día si no lucha y 30 más si tiene que
combatir. Tiene Fuerza 2, Defensa 2, Resistencia 10, Probabilidad de
golpear 60% y probabilidad de esquivar 40%. Acumula experiencia: 3 por
victoria y 1 por derrota y por cada 500 que acumula mejora Fu +1, Def
+1, +2% de probabilidad de golpeo y +2% de probabilidad de esquivar.
Solo puede acumular 2500 (o sea, como si llegara a nivel 5). Sí, los
PR-01 los han sacado de un juego de rol o algo así.
A partir de aquí, el diario con los eventos consuetudinarios que acontecen en la foresta (se lo he copiado a no recuerdo qué escritor).
DIA 13 DE LA GLORIOSA LIMPIEZA DEL PLANETA TIERRA
Acción que hice y sus resultados.
Limpiar basura del recuadro C del mapa. Limpié 298 litros.
Vuestras ayudas: 165 impresiones, una interacción y 4 visitas más a esta entrada
Comentarios del día
Después de la limpieza de ayer, el mapa es ahora:
Como veis, estoy a punto de tener que enfrentarme ya a los bichitos esos que me han prometido desde el GSAR. Lo último que puedo hacer antes del ataque es procesar 500 litros de basura. Lo bueno es que me han prometido que me van permitir comprar una pistola. Me va a salir cara, pero es bueno tener algo con qué defenderse.
Ya os contaré más cuando sepa más.
Mis posesiones:
cKwh: 782 (+65)
Dólares GSAR: -509 (+1)
Recursos: 94 (+4)
Basura sin procesar: 670 litros (+ 298 litros)
Basura procesada: 2 000 litros
DIA 12 DE LA GLORIOSA LIMPIEZA DEL PLANETA TIERRA
Acción que hice y sus resultados.
Limpiar basura del recuadro B del mapa: recogí 290 litros
Vuestras ayudas: he tenido 117 visitas al tuit, 1 interacción y seis nuevas visitas a esta entrada. ¡¡Gracias, de verdad!!
Comentarios del día
Después de la limpieza de ayer, el mapa ha quedado así:
Bonita la cosa, ¿verdad? Pues esperad, que tengo un mapa aún más bonito, donde se representan los árboles muertos (círculos grises) que me rodean.
En este segundo mapa os iré contando dónde voy creando muros, limpiando terreno y todo eso. Os gusta, ¿verdad? ¿Quereis un mapa igual? ¿Sí? Pues nada, me escribís y yo os lo hago. El GSAR se quedará con el 80% del precio en concepto de impuestos, pero algo me quedará.
Falta muy poco para tener que comprar un robot de combate y enfrentarme a los ataques de los bichos. Me da un poco de miedo, pero me han dicho que, quizá, me permitan comprar algún tipo de arma. Ya os contaré.
Mis posesiones:
cKwh: 717 (+17)
Dólares GSAR: -510 (+1)
Recursos: 90 (+6)
Basura sin procesar: 372 litros (+ 290 litros)
Basura procesada: 2 000 litros
DIA 11 DE LA GLORIOSA LIMPIEZA DEL PLANETA TIERRA
Acción que hice y sus resultados.
Procesar 500 litros de basura. Obtuve 1 dólar GSAR y ningún recurso.
Vuestras ayudas: 127 impresiones del tuit y dos interacciones. Y ya son 21 las visitas a esta entrada. ¡Gracias! Sin vosotros no sería posible.
Comentarios del día
Un día muy aburrido. El lado bueno es que no me ha molestado ningún monstruo. El malo ha sido ese, que ha sido aburrido.
Cuando he terminado el trabajo, me he puesto a pasear por los alrededores del suelo que estoy limpiando y he visto que los árboles que me rodeaban, como ya me temía, están muy muertos. Quizá habría que limpiarlos también, pero las técnicas serán diferentes y me las van a tener que enseñar. Se lo consultaré a mi adorado enlace la próxima vez.
Mis posesiones:
cKwh: 700 (+27)
Dólares GSAR: -511 (+3)
Recursos: 84 (+3)
Basura sin procesar: 82 litros
Basura procesada: 2 000 litros
DIA 10 DE LA GLORIOSA LIMPIEZA DEL PLANETA TIERRA
Acción que hice y sus resultados.
Procesar 500 litros de basura. Encontré 1 dólar GSAR y, por fin, un recurso.
Vuestras ayudas: 108 impresiones al tuit, dos interacciones con el mismo y 18 visitas a esta entrada. ¡Gracias!
Comentarios del día
Hoy
ha tocado conversación con mi enlace del GSAR. Ya sabéis como me gusta
hablar con ese tipo, que representa a ese gobierno asquerosamente rico
que cada día me cae peor. Pero me ha dicho cosas interesantes.
—Hemos programado dos nuevos paquetes de actividad, que te enviamos por WiFi. El primero, te permitirá quemar la basura procesada. Liberarás 1000 litros de aire puro y te ganarás 1 dólar GSAR.
—¡Un dólar! Cuánta generosidad. ¿Estáis bien?
—El segundo te permitirá comprimir basura procesada para crear bloques con los que levantar murallas. De 500 litros sacarás 270 litros en forma de diez bloques de 27 litros.
—Diez bloques cúbicos de 30 centímetros de lado —respondí tras pensarlo durante un microsegundo.
—¡Sabes hacer cálculos!
—Mejor que tú.
—Pero yo soy más guapo, o eso dicen por ahí.
—¿Quieres un premio? ¿O un besito? —respondí. Encima de insoportable, el tipo era presumido.
—De ti no, montón de hojalata.
Y cortó la comunicación. Cuando recibí las instrucciones completas, leí que los bloques los podría quemar si lo desease. Cada bloque libera 100 litros de atmósfera limpia. Y, claro, por quemar un bloque no recibo ni un mísero dólar. ¿Qué os esperabáis?
Mis posesiones:
cKwh: 673 (+8)
Dólares GSAR: -514 (+3)
Recursos: 81 (+19)
Basura sin procesar: 582 litros (-500)
Basura procesada: 1 500 litros (+500)
DIA 9 DE LA GLORIOSA LIMPIEZA DEL PLANETA TIERRA
Acción que hice y sus resultados.
Procesar 500 litros de basura. Encontré 1 dólar GSAR y ningún recurso.
Vuestras ayudas: 92 impresiones del tuit, 2 interacciones con el mismo y 62 visitas en la entrada (seis más). ¡Muchísimas gracias!
Comentarios del día
Un día aburrido, al menos en lo que respecta a la mayoría de él. Entre la niebla, he vuelto a ver a otro ser, un xephorus como me ha dicho mi enlace. Volví a esconderme en la porción de terreno que tengo más limpia y, de nuevo, no pasó nada, pero cada vez tengo más miedo.
Mi enlace me ha dicho que una solución puede provenir de la basura procesada. Con ella se pueden hacer dos cosas: o quemarla, lo que contribuye, sorprendentemente, a limpiar la atmósfera, o a crear ladrillos para levantar, por ejemplo, un muro defensivo.
Me ha dicho el buen señor que aún no están preparados los protocolos, que siga procesando basura y que si viene un xephorus a comerme ya me repararán. Yo lo he invitado a que suba aquí y que se deje mordisquear mientras huyo. Me he callado que, con suerte, el monstruo se envenenará al morderlo a él.
Mis posesiones:
cKwh: 665 (-8)
Dólares GSAR: -517 (+3)
Recursos: 62 (+6)
Basura sin procesar: 1 082 litros
Basura procesada: 1 000 litros
(Plantilla y acción para mañana)
DIA 14 DE LA GLORIOSA LIMPIEZA DEL PLANETA TIERRA
Acción que hice y sus resultados.
Procesar 500 litros de basura
Vuestras ayudas:
Comentarios del día
(Ya os contaré. No me callo ni debajo del agua, ya os lo he dicho)