30 septiembre 2021

#EstrellasDeTinta Churchill ya tiene preparado el discurso sobre el fracaso del desembarco de Normandía

Este es mi microrrelato de septiembre para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

Objetivo que cumple

21—Escribe un artículo periodístico.

Objeto

9- La velocidad de la luz

Son 454 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html Me he gastado tres estrellas para ampliar la extensión en 250 palabras más.

La pegatina del mes está aquí:

 


 

Este artículo periodístico es una sátira a los medios de comunicación modernos, en particular a los medios de comunicación online. Es importante que leais las notas que hay al final del artículo periodístico y de los artículos relacionados y el enlace patrocinado. Las notas están marcadas con (*) y están separadas del cuerpo del microrrelato.

 

CHURCHILL YA TIENE PREPARADO EL DISCURSO SOBRE EL FRACASO DEL DESEMBARCO DE NORMANDÍA

“Pido valor y esperanza al pueblo británico en la hora más oscura imaginable” dice el Primer Ministro.

LONDRES. A pesar de la esperanza que el gobierno británico ha querido inspirar ante la inminente invasión de la Francia ocupada, Churchill ha escrito un discurso demoledor pidiendo perdón al pueblo británico por el fracaso del desembarco y solicitando valor y esperanza en estos momentos tan difíciles.

Los analistas consultados por este periódico afirman que un fracaso del desembarco de Normandía obligaría a los Aliados a pedir la paz con los nazis. “La destrucción de los ejércitos aliados en Inglaterra dejaría indefenso al Reino Unido frente al contrataque alemán. La rendición incondicional y pactar una ocupación pacífica del Reino Unido sería la única alternativa”, afirma Sir J. Wellinigton, analista del ejército. “Lo mejor que pueden hacer los judíos y los polacos refugiados en Inglaterra es salir del país a la velocidad de la luz”, aconseja M. W. Tooth, coronel del ejército británico.

Según la mayoría de los estrategas, la apertura de un segundo frente en Europa habría sido decisiva para detener a la Alemania Nazi. El anunciado fracaso del desembarco de Normandía, posiblemente, indica que la guerra ya está perdida.

Tras conocer la noticia, miles de manifestantes han salido a las calles para pedir la firma de un tratado de paz con los nazis. Las llamadas de Churchill de esperar, al menos, a que se produzca el desembarco no han calado en la población.

La derrota de los Aliados frente a la Alemania Nazi conllevaría el control efectivo del planeta por parte de Alemania y de sus aliados, Japón e Italia. Algunos analistas creen que la independencia del Reino Unido y de los EEUU podría respetarse siempre y cuando estos países lleven a cabo políticas de limpieza étnica bajo supervisión nazi y sigan una política exterior compaible con los planes del Eje para una nueva ordenación del mundo.

El fracaso del desembarco de Normandía supondría la reducción de la democracia a un papel mínimo en el devenir del mundo y, quizá, en unas décadas veamos su desaparición, arrollada por la pujanza de los regímenes autoritarios nazis y fascistas. Nunca en la historia, el fracaso de una operación militar habría cambiado de manera tan decisiva el mundo.

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* * * * *


(*) NOTAS. Es cierto que Winston Churchill escribió un discurso que debería pronunciar en el caso de que el desembarco de Normandía hubiera fracasado. Pero escribió tal discurso a la vez que redactaba el que finalmente se leyó, el pensado para el caso en que el desembarco fuera un éxito. Ante la incertidumbre lógica acerca del éxito de la operación, se hicieron preparativos para ambas eventualidades.

La prensa moderna habría hecho lo que describo en esta sátira. Habrían publicado artículos catastrofistas hablando del “discurso de la derrota” y habrían olvidado “casualmente” darle importancia a la noticia completa, que también había un discurso para celebrar el éxito del desembarco. Y en estos tiempos que corren, para páginas de noticias en internet, se sigue dirigiendo la opinión del público con artículos relacionados y publicidad que, leídos de manera independiente son inofensivos, pero al asociarlos a la noticia principal logran crear una sensación de pánico en el público. Por supuesto, se aterroriza al pueblo con verbos en condicional, con “expertos” que dicen que “creen que”. No se miente, no se hacen afirmaciones de las que no se tienen pruebas (en mi sátira, aún no ha habido rendición alguna), pero solo se recogen opiniones de quienes dan la guerra por perdida.

No hace falta que recuerde que el desembarco de Normandía tuvo éxito y que fue clave en la derrota de los nazis.

Los motivos que pueden tener los medios de comunicación modernos para tener al pueblo aterrorizado se me escapan. La pandemia nos ha demostrado que ese es el objetivo, incomprensible para mí.

29 septiembre 2021

#EstrellasDeTinta La niña que cerraba los ojos al sonreír

Este es mi relato de septiembre para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

El objetivo y los objetos son:

10—Cuenta una historia sobre los Dioses que viven entre nosotros. Si quieres, puedes usar a la Gran Diosa Gamba Sagrada Cósmica Intergaláctica, patrona del reto.

Objetos 

16- Una quincena

26- Un incendio

Son 1491 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html 

Sin TW 


LA NIÑA QUE CERRABA LOS OJOS AL SONREÍR

Madrid. Diciembre de 2021.

A Pedro le gustaban los domingos de invierno. Su madre y él salían temprano para tomar el metro y bajarse en la Estación de Atocha. Entraban en El Retiro y daban un largo paseo. Pedro disfrutaba de ir abrigado y, a la vez, sentir el viento frío en el rostro.

Algunas veces, su padre también los acompañaba, pero la mayoría de domingos iban los dos solos, aunque solían encontrarse con alguna amiga de su madre. Una de ellas, Eloísa, siempre le preguntaba que cuántos años tenía, y Pedro siempre respondía que cuatro.

Aquella mañana, Pedro estaba jugando con un camión amarillo de juguete, que hacía rodar sobre la hierba. Su madre y Eloísa charlaban sentadas sobre una manta a unos veinte metros de él, aunque Pedro sabía que su madre lo miraba cada medio minuto.

Entonces, la vio. Una niña de su edad, vestida de blanco y con el pelo muy negro, sentada junto al tronco de un árbol, cerca de él. Tenía la cabeza inclinada y se frotaba los ojos para secarse las lágrimas. A Pedro le dio mucha pena verla llorar. Cogió su camión y se sentó frente a ella.

—¿Quieres jugar con mi camión?

—¿Me lo prestas? —respondió la niña, con los ojos castaños muy abiertos.

Pedro asintió y la niña cogió el camión con ambas manos. Lo hizo rodar imitando el sonido de un motor. Él se rio y ella, que ya no lloraba, también lo hizo. Siguió jugando un poco más y lo miró sonriente. Cerraba los ojos al sonreír.

Estuvieron jugando un cuarto de hora. Pedro le contó que había venido al parque con su madre y que le gustaba mucho dibujar en el colegio. Ella le dijo que se lo pasaba muy bien en el campo, pero que le daba pena que los árboles estuvieran tan tristes. Cuando su madre fue a buscarlo, Pedro le dijo adiós a su nueva amiga y esta respondió cerrando los ojos para sonreír.

Mientras regresaban al metro, Pedro le contó entusiasmado a su madre todo lo que había hecho con su nueva amiga. Como casi siempre, bajaron por la Cuesta de Moyano y su madre le regaló un cuento de hojas grandes y dibujos muy bonitos.

Deseó reencontrarse con la niña que cerraba los ojos al sonreír, pero no volvió a verla.

Gijón. Mayo de 2057.

Pedro aprovechaba la quincena de vacaciones que le concedían cada año para pasar todo el tiempo posible con Paulina, su única hija. Algo que llevaba tiempo atormentándolo era la poca atención que podían dedicarle su esposa y él. Pero la vida en la segunda mitad del siglo XXI era dura: precios muy altos y salarios muy bajos. Había que trabajar de lunes a domingo para subsistir.

Paulina correteaba delante de él, pero se trataba de una niña muy bien educada y nunca se alejaba demasiado, ni molestaba a los viandantes. Solo se acercaba a los perros, a los que adoraba aunque algunos le ladrasen.

La niña se mostró entusiasmada cuando llegaron al portón en el muro que protegía la ciudad de la subida del nivel del mar. Como la marea estaba baja, era posible pasar a la arena y Paulina, impaciente, ya se estaba quitando los zapatos. Pedro pagó la tasa, mediante su chip bancario implantado, para acceder a la playa y pasaron.

Pedro también se había quitado los zapatos. Como era temprano, aún no había mucha gente y era posible caminar sin tropezarse con alguien a cada rato. Paulina y él jugaron a chapotear a la orilla del mar y a desafiarse a carreras en la arena. Se rieron mucho. 

Entonces, Paulina corrió hacia una niña vestida de blanco que levantaba un castillo de arena más grande que ella. Su hija lo miró embelesada y mantuvo una breve conversación con la constructora. Aquella niña de pelo oscuro lo miró al decirle su hija que era su padre. Cuando sonrió con los ojos cerrados, a Pedro le vino a la mente otra niña que había conocido en el Parque de El Retiro, que también cerraba los ojos al sonreír.

Se sentó junto a las niñas, que no paraban de hablar y dejó que Paulina pasara media hora ayudando a su nueva amiga a agrandar aún más el castillo de arena. Pedro consultó las noticias con el móvil, pero dejó de hacerlo, cansado de las crónicas sobre el incendio que había destruido ya la mitad de la Sierra de las Nieves, y que los bomberos y el ejército parecían incapaces de detener.

Siempre que la niña de blanco sonreía, lo hacía con los ojos cerrados. Pedro se acordó de su madre, que había muerto hacía seis años en un absurdo accidente laboral. Evocó, sobre todo, los tiempos felices en los que paseaban por El Retiro.

Cuando le dijo a Paulina y a su amiga que tenían que irse, la niña que cerraba los ojos al sonreír le dedicó una sonrisa y se despidió agitando una mano.

Afueras de Sevilla, Campo de jubilados número 4. Febrero de 2095.
 
Pedro sufrió un ataque de tos tan fuerte que pensó que se moría. Hacía mucho frío y su manta raída era inútil contra él. No quería ni pensar en cómo iba a pasar aquella noche. Ningún responsable del campo de jubilados había considerado proteger a los residentes con nada más que unos tejados de plástico para evitarles el sol del verano.

De todos modos, ¿para qué molestarse? Los campos de jubilados estaban pensados para sacar de las calles a aquellos que ya no podían trabajar y, por tanto, no eran útiles. Pedro llevaba allí dos años: había tenido que pedir la jubilación anticipada a los 76 años debido a la artritis. Si hubiera tenido pensión, habría podido alquilar una cama en algún albergue gestionado por una ONG, pero aunque la Seguridad Social seguía cobrando unas cuotas muy altas, ya no había dinero para pagar las pensiones y solo unos pocos privilegiados las cobraban.

Lo que peor llevaba era saber que no vería a Paulina, su hija, una última vez. Como tantos jóvenes sin futuro, se había ido de España y vivía en Marruecos, donde era más fácil trabajar y vivir que en una Europa con gobiernos y multinacionales opulentas y un pueblo que, a menudo, pasaba hambre. Solo a los cooperantes les daban permiso para entrar en los campos de jubilados, y ningún residente podía salir de allí.

Pedro vio que alguien se acercaba y su corazón cansado se llenó de alegría. Era Zaira, una cooperante marroquí. Tras muchas negociaciones, a Marruecos se le permitió enviar ayuda humanitaria a los campos de jubilados. Aquellos veinteañeros marroquíes eran ángeles que trataban a los jubilados con un cariño que la sociedad les negaba.

Zaira se sentó a su lado. Le traía un emparedado de jamón y queso y una botella de agua. Pedro se incorporó para tomarse su almuerzo y, cuando hubo terminado, la chica le ayudó a tumbarse, lo arropó y se llevó la botella vacía. Un instante después, abrió mucho los ojos. Una niña vestida de blanco se detuvo junto a él. Cerró los ojos al sonreír.

—¿Quieres un poco?

Pedro se incorporó y cogió un recipiente de plástico que tenía una cuchara clavada en lo que parecía fruta triturada. Sabía a manzana, la favorita de Pedro.

—¿Qué haces aquí? ¿No eres muy pequeña?

—Tú eres el joven —dijo la niña, con una voz infantil, pero palabras de adulta—. Yo existo desde hace millones de años. Soy una diosa de la naturaleza.

A Pedro se le cayó el recipiente con la fruta. La niña lo recogió y cerró de nuevo los ojos para sonreír. Aunque fuera imposible, conocía a aquella niña desde hacía mucho tiempo.

—Claro que me conoces, Pedro. ¿Recuerdas aquel día en el Parque de El Retiro, hace ya muchos años? Estaba buscando a personas como tú. Me puse a llorar para conmover a la gente y te acercaste. Me diste un camión amarillo para que jugara. Desde ese día supe que podría contar contigo.

Pedro recordó aquellos tiempos tan felices y le corrieron las lágrimas por las mejillas.

—No llores, por favor. Estoy aquí porque mi poder es limitado y necesito ayuda. Si aceptas mi propuesta, dentro de dos días recogeré tu alma y te convertiré en un espíritu de los bosques. Te llevaré a uno de los pocos que aún quedan en la Península, que es la zona que yo protejo, para que cuides de él. No es un trabajo difícil, solo tienes que recorrerlo todos los días, soplar sobre las plantas que veas débiles y dar aliento a los animales que estén enfermos. Disfrutarás del aire limpio, del sol y también del frío. A ti te gustan los días de invierno, ¿verdad?

—Me gustaban mucho.

—Volverás a adorarlos. Si no quieres que te lleve, simplemente, te dejaré marchar. ¿Quieres volver a verme?

Pedro asintió y la niña que cerraba los ojos al sonreír le dedicó una sonrisa.

21 septiembre 2021

#EstrellasDeTinta Canción del verano

Casi al límite, como a mí me gusta... Esta es la canción del verano, dedicada a la creadora del reto Estrellas de Tinta, cuya bitácora os invito a visitar: https://plumakatty.blogspot.com/

La canción original es esta:

Y la letra "adaptada":

Ka - tty
Ka - tty
Ka - tty
Ka - tty

Cientos de cuentos ya están protegidos
Por el poder de Inkstars
Con sagrados teclados, se crean palabras
Katty escribirá sin cesar.

Ka - tty
Ka - tty
Ka - tty
Ka - tty

Teniendo a su lado la cósmica gamba
Y amigos que no fallarán
La página en blanco, querrá dominarla
Y nunca descansará.

El mágico Inkstars nos da fortaleza
e inspiración brindará
junto a grandes amigos, siempre escribiendo
las letras triunfarán

Ka - tty
Ka - tty
Ka - tty
Ka - tty

Cientos de cuentos ya están protegidos
Por el poder de Inkstars
Con sagrados teclados, se crean palabras
Katty escribirá sin cesar.

Teniendo a su lado la mágica pluma
Y amigos que no fallarán
La oscura tristeza querrá liquidarla
Pero Katty vencerá

Ka - tty
Ka - tty
Ka - tty

31 agosto 2021

#EstrellasDeTinta Doppelgänger

Este es mi microrrelato de agosto para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

En esta ocasión, voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple: 19—Escribe sobre algo sobrenatural.

Objeto oculto:

12- Una Libreta

Son 248 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html

Por cierto, supongo que se captará el humor absurdo de la situación planteada, que está en el método de trabajo de la protagonista del microrrelato.

Aquí está la etiqueta del mes:





Y mi recomendación de este mes es para el relato de agostode Katty Cool, que podéis leer aquí: https://plumakatty.blogspot.com/2021/08/traigo-para-el-reto-de-escritura.html

Aqui el micro. Esta basado en una pesadilla recurrente que tenía cuando era niño. Espero que os guste.


DOPPELGÄNGER


Le di un beso en la mejilla a Natalia, que veía un documental.

—Voy a afeitarme —le dije.

Ella se giró y me dio un beso breve en los labios. Me fui al cuarto de baño de aquella bonita casa rural.
Me quedé helado. El corazón se me desbocó. La puerta estaba cerrada y alguien se duchaba. Retrocedí muy despacio, agarrotado. Dos minutos después, se abrió la puerta. Salió una mujer idéntica a Natalia, con una toalla anudada al pecho y otra liada a la cabeza. Se acercó, me dio otro de sus besos breves en los labios y salió al salón.

Temí por mi novia. Regresé al salón, pero ella se limitaba a tomar notas en una libreta.

—Tenemos que irnos —le dije tirando de ella.

Natalia miró detrás de mí y abrió mucho los ojos. La otra estaba en la puerta de la cocina, con la misma expresión atónita. La Natalia que tenía delante blandió un atizador y se me acercó con expresión enloquecida. La de la toalla tiró de mí. Cerré la puerta y la otra Natalia la golpeó, gritando cosas terribles.

La otra Natalia se me abrazó, llorando. La puerta cedió y mi novia quiso golpear a su doble, pero me alcanzó a mí.

Cuando desperté, tenía sangre seca en el rostro. Natalia, sentada en el suelo, me abrazaba. Lloraba y me pedía perdón. A mi lado había dos toallas y ni rastro del doble de mi novia.

Nunca comprendí que sucedió aquel día.


30 agosto 2021

#EstrellasDeTinta Qué solo estas

Este es mi relato de agosto para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

En esta ocasión, voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple: 

24R—Haz el Objetivo de otra participante. --> Básate en una canción que no hable de amor romántico. (Erica)

Objetos: 

21- Un escaparate 

22- Un cambio meteorológico

Me he basado en el objetivo de Erica (https://ericafortuny.com/) y he elegido una canción de una banda fantástica: Los Secretos. El título de la canción es Qué solo estás, y es esta de aquí:


Este relato es una adaptación muy libre de la letra de la canción. Se me ocurrió una historia de soledad y olvido en la que un espejo cumple un papel importante. Las frases de la letra están marcadas en negrita en el relato.

Son 1305 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html (he quitado cuatro asteriscos de separación de escenas), así que cumplo los objetivos de extensión.

Sin TW.


QUE SOLO ESTÁS

Si pudiera recordar qué estoy buscando, pararía a descansar. Pero mi memoria, que nunca fue buena, ahora parece ausente. A veces, cuando intenta resucitar, tengo algo parecido a un chispazo, o un fogonazo. Miré un escaparate cuyo cristal protegía cientos de juguetes: cochecitos, trenes y peluches, una multitud de peluches de todas formas y colores, y percibí un susurro que no provenía de ninguna de las personas que se cruzaban conmigo sin mirarme la espalda. Ese susurro nacía en el interior de mis recuerdos.

Una voz me decía que, una vez, tuve familia. Tenía una mujer y una hija muy guapas que siempre sonreían. Mis pensamientos se mezclaron con recuerdos extraños y mi mente se convirtió en un torrente confuso de imágenes y sentimientos. Se me cortó la respiración: buscar pistas de aquello que no paraba de buscar hizo que me olvidara de inspirar aire. Si supiera en realidad que estoy pensando, ya podría respirar, pero no lo sé. ¿Cómo voy a saberlo? Me desmayé.

Recuperé el conocimiento en plena calle. Un grupo de curiosos nos rodeaban, a mí y a dos sanitarios que me atendían. Me incorporé y se ofrecieron a llevarme a Urgencias a hacerme unas pruebas. No tuve fuerzas para negarme.

* 

Una vez en casa, me miré al espejo del cuarto de baño. Tenía buen aspecto, y las pruebas que me hicieron en el hospital no reflejaron nada más aparte de la tensión algo baja. Si mirará más hacia el espejo, y menos a la ciudad, quizá encontrara qué es lo que estoy buscando, que está escondido dentro de mi cabeza. No lo voy a encontrar en los parques, las jugueterías o esas cafeterías que visito una y otra vez esperando oír las voces de las dos mujeres de mi vida en mis recuerdos. He de saber qué les pasó, por qué, hace diez años, dejé de tener recuerdos de ellas, como si se hubieran desvanecido.

Después de una cena muy ligera, me acosté y empecé a darle vueltas en la cama a mi problema. A veces, pensaba que la solución sería olvidarme de mi mujer y mi hija, en vez de alejarme cada día más de mi casa buscando recuerdos. Si alguien me llevara aún más lejos, a otra ciudad, a otro país, quizás pudiera olvidar que una vez fui feliz, que una vez amé y fui amado. Me dormí repitiéndome la frase que me destrozaba el alma: qué solo estás. 

*

Si escuchara atentamente tus consejos, cuando intentas explicar por qué empeñarme en seguirte a ti y a nuestra hija solo logra hacerme daño, quizá sería más feliz. Pero los recuerdos de tus palabras, las que me dedicabas antes de que desaparecieras, esposa mía cuyo nombre he olvidado, solo consiguen alejarme de tu recuerdo. Empiezas a contarme que me equivoco, que si sigo empeñado en no cambiar, solo conseguiré perderte, a ti y a nuestra hija. Entones es cuando ya estoy tan lejos de ti que solo escucho soledad. La mente se me nubla y los recuerdos de menos de diez años de antigüedad se me escapan.

Aquel jueves, tan triste y gris como cualquier otro, paseé largo tiempo por un barrio del extrarradio. Me bajé del autobús delante de un colegio. Cuando paso cerca de un colegio y me pongo a recordar, veo a mi hija a caminar a mi lado, con su cabello largo y rizado por la espalda, tocando la mochila roja que siempre llevaba a clase. Tenía nueve años el día que desapareció, así que ahora tendría diecinueve, si es que continúa existiendo, si es que ha existido alguna vez. Porque, llegados a este punto, ignoro si es un sueño. Además, cuando veo a los padres saliendo del colegio con sus niños de la mano, siento que hoy estoy mucho más viejo, y mi mente empieza a hablar.

Mi mente me repite siempre lo mismo, siempre algo que me atormenta: qué solo estás, Julián, qué solo estas, contigo no cuenta nadie ya. Y es verdad. Nadie cuenta conmigo, nadie me necesita. Mis padres murieron, no tengo  hermanos y mi mujer y mi hija se esfumaron. Nadie necesita que le explique como es el mundo. Nadie necesita algo de apoyo cuando llega a casa después de trabajar.

Lo que era un medio día con nubes y claros se convirtió en un chaparrón. Busqué refugio ante tan inesperado cambio meteorológico bajo un árbol enorme que había en el parque que había al lado del colegio.

Cuando la lluvia cesó, las nubes se fueron espaciando, dejando entre ellas trozos de cielo azul. Volví a casa y no salí el resto del día.

*

Si mirará más hacia el espejo, y menos a la ciudad, encontraría qué es lo que estoy buscando. Siempre lo supe, lo que ignoraba era que no miraba el espejo correcto. Cuando aquellas palabras me venían a la mente, me iba al cuarto de baño y me quedaba un buen rato mirando el reflejo de mi rostro. Me empeñaba en dejar la mente libre y que mis recuerdos fluyeran, pero no lo hacían.

Aquel día fui afortunado. Iba a salir a mirar de nuevo a la ciudad, a perderme una vez más en calles que solo evocaban recuerdos inútiles, cuando se me olvidó si me había peinado o no. Así que me miré en el enorme espejo que tenía en el recibidor. Y ese espejo me trajo a la memoria algo terrible. En realidad, aquello que me empeñaba en buscar era algo que ya sabía, algo que había preferido olvidar.

Bajo el espejo había un mueble de madera oscura, con un gran cajón en la parte de arriba. La vista se me fue a una carpeta azul. La abrí con el corazón en un puño y leí el documento que había dentro. Era una sentencia de divorcio. Mi exmujer, que se llamaba Paula, se quedaba con la casa y la custodia de María, mi preciosa hija. Aquellos folios me hicieron recordar los últimos meses de matrimonio, las peleas constantes porque ella ya no me quería, porque llegaba tarde a casa y bebido. Recordé el día que tuve que irme a una pensión mientras encontraba un nuevo hogar. Me rompió el corazón rememorar la última llamada de Paula, en la que me informaba de que se iba a vivir a Noruega con mi hija porque ya había logrado vender la casa que había sido nuestra.

No me dejó ver a María. Mi niña dejó España sin que pudiera despedirme. Fue tanto el dolor por haber perdido a mi familia y todas mis posesiones materiales, que me olvidé del divorcio. Convertí su marcha en una desaparición misteriosa que no recordaba. No podía sobreponerme al dolor, a la pérdida. Nunca lo logré. Ni creo que pueda sobreponerme jamás.

Derrotado, hundido, pero con la memoria restablecida, me senté en el sofá del salón. Miré una vez a la ciudad, a través de la puerta de cristal de la terraza, y se me escaparon unas lágrimas.

Y me dormí.

*

Desperté en el sofá de mi casa. Si alguien me llevara aún más lejos, quizás pudiera olvidar, pero no hay nadie que quiera llevarme a ningún sitio. No olvido que, una vez, tuve una familia. Una mujer y una hija muy guapas que siempre sonreían. Un día, desparecieron, y mi vida se ha convertido en una búsqueda permanente. Quiero saber qué pasó con ellas, por qué hace diez años que no tengo recuerdos de ellas.

Recuerdo que, un día, acompañaba a mi hija al colegio y que, de pronto, ya no podía llevarla a clase porque no sabía dónde estaba. A veces, recuerdo que mi memoria reside en un espejo. Me levanté y me miré en el espejo del cuarto de baño, pero mi memoria siguió muerta.

Mi mente me atormentó con esas frases que me destrozaban: qué solo estás, qué solo  estás. Contigo no cuenta nadie ya.

31 julio 2021

#EstrellasDeTinta Un trozo de pastel

Este es mi microrrelato de julio para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

En esta ocasión, voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple: 14—Infórmate sobre la asexualidad y haz un relato sobre ello.

Objeto oculto:

3- Gazpacho

Son 245 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html 

Por cierto, supongo que se captará el humor absurdo de la situación planteada, que está en el método de trabajo de la protagonista del microrrelato.

Aquí está la etiqueta del mes:

 

Y mi recomendación de este mes es para el relato de julio de Katty Cool, que podéis leer aquí: https://plumakatty.blogspot.com/2021/07/relato-micro-y-recomendacion-prediccion.html

Aqui el micro. Espero que os guste.


UN TROZO DE PASTEL

El robo iba a ser sencillo. El vigilante era un tipo feo con cara de infeliz, la clase de hombre al que distraería con facilidad mientras mis compañeros rompían una ventana del tercer piso. Entré en el vestíbulo y me apoyé en el mostrador tras el que estaban los monitores de videovigilancia. 

Saludé al hombre y le conté que me habían dado plantón. Quiso consolarme mientras tomaba sorbos de un vaso de gazpacho.

—Hace calor, ¿no? —dije y empecé a quitarme la chaqueta.

Aquel truco siempre me había funcionado. El vigilante, al que habíamos investigado y sabíamos que no era homosexual, se embobaría con mi cuerpo perfecto y dejaría de prestar atención a las pantallas.

El vigilante me miraba mientras me quitaba prendas, pero no parecía entusiasmado. Miraba los monitores cada pocos segundos y pasó lo inevitable. Dio un respingo y pulsó el botón de alarma. Otros dos guardias salieron corriendo de una sala y me atraparon. Cuando le contaron que yo era la famosa Sandra, la ladrona sexy, el vigilante se rio.

—¿Querías engatusarme? ¡Si soy asexual! —El vigilante se rio un poco más y me miró—. No pongas esa cara. Eres atractiva, pero, para mí, el sexo es como comerme un pastel. Si ceno en un restaurante y veo en la carta de postres un pastel de chocolate, me lo como y lo disfruto, pero nunca dejaría mi puesto por ir a comerme una tarta.

Resoplé mientras aquellos brutos me sacaban de allí.

27 julio 2021

#EstrellasDeTinta Dientes

Este es mi relato de julio para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

El objetivo y los objetos, a continuación:

Objetivo que cumple: 3—Escribe un relato que suceda bajo tierra.

Objetos:

17- Constelaciones

35- Algo luminiscente.

Son 1270 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html (he quitado un asterisco de separación de escenas), así que cumplo los objetivos de extensión.

Este es un relato que llevaba mucho tiempo deseando escribir. Lo ideé de muchas maneras, pero no llegaba a darle una forma definida. La historia de Lidia, que vive en una ciudad subterránea, me ayudó a expresar la idea principal. Puede ser que, en historias más largas, retome la idea central de este relato.

Sin TW

DIENTES


Dientes era un recuerdo de un pasado perdido. Se trataba de un conejito blanco de peluche que sonreía mostrando dos dientes, uno de tantos que se fabricaban cuando la gente podía vivir en la superficie. Lidia ignoraba cómo había sobrevivido intacto al cataclismo. Tampoco era algo que, a una niña de cuatro años que nunca había salido de la ciudad subterránea, le importara. Era su juguete preferido y lo había adorado desde que su padre se lo había regalado tras regresar de una incursión al exterior.

Lidia llevaba toda la tarde jugando a tomar el té con Dientes. Servía la bebida invisible en un par de tazas y jugaba a tomársela mientras charlaba con su peluche. En su mente, hablaban de la vida de Lidia en la ciudad subterránea, excavada en la roca e iluminada por bombillas, focos eléctricos y minerales luminiscentes. Le contaba cuánto se aburría en el colegio, como traía agua gracias a una caja con ruedas en la que la muchacha que giraba la manivela del pozo le ponía un cubo. Dientes le contaba lo bonito que era corretear entre la hierba y las flores y tumbarse de noche para ver las estrellas e identificar las constelaciones. Solo Dientes y los más ancianos de la ciudad subterránea habían visto las estrellas.

—Cariño —le dijo su madre con ternura, tras haber abierto la puerta—, los conejitos no saben usar las tazas. Comen hierba y hay que ponerles un plato en el suelo para que beban.

—Dientes sabe. Le he enseñado.

—Sírvele más y dile que luego vuelves, que tienes que cenar.

Lidia asintió, llenó la taza de Dientes y se despidió de él. Recorrió de la mano de su madre el largo e irregular pasillo que conectaba el comedor y su dormitorio. Los constructores de la ciudad, le habían explicado sus padres, no podían crear habitaciones donde querían. Por eso, vivían en una población laberíntica.

Su padre terminaba de poner los platos y las miró disgustado. Se sentaron los tres a la mesa y sus padres apenas hablaron. Lidia se sentía muy triste, porque sabía lo que significaba aquello. Sus padres se llevaron la mitad de los platos cada uno y se fueron a la cocina. Creían que ella no podía oírles, pero Lidia tenía el oído muy fino.

Discutieron otra vez. En aquella ocasión, su padre se arrepentía de haberle regalado a Dientes. Perdía mucho tiempo jugando con aquel muñeco inútil, decía él. Su madre la defendía apenada.

—Tendría que estar aprendiendo a cargar un arma, no perdiendo el tiempo con juegos idiotas —dijo su padre.

—Solo tiene cuatro años. Deja que siga siendo una niña un poco más. Ya tendrá que enfrentarse al mundo cuando sea mayor.

—Tiene que aprender a defenderse. No la trates como si viviera antes del cataclismo. Tendría que quemar a ese maldito conejo.

Lidia sabía que su padre no haría algo tan horrible, pero pensar en Dientes ardiendo la hizo llorar. Seguía haciéndolo cuando sus padres regresaron.

*

Una semana después, su madre la despertó con suavidad. Lidia dormía cubierta por las mantas que intentaban defenderla de la humedad y la frialdad eternas de las habitaciones de la ciudad subterránea. Había amanecido abrazada a Dientes, que era el único que le daba el calor suficiente como para dormir en una habitación lóbrega y fría.

—Cariño, no tengo más remedio que salir. Volveré dentro de tres horas. Tienes el desayuno en la cocina y te dejo aquí la lámpara.

La besó en la frente y se marchó. Lidia suspiró y apretó con fuerza a Dientes. Las niñas tenían que ser valientes, pero a ella le daba miedo quedarse sola tanto tiempo. Nunca lo decía, pero soñaba con que sus padres estuvieran más tiempo con ella. Solo los veía juntos en las breves cenas, y la mitad de las veces, discutían.

Lidia se levantó, arropó a Dientes, dejó encendida una luz tenue, porque a su peluche no le gustaba la oscuridad, y recorrió con cuidado el pasillo mal iluminado por la lámpara. Se tomó con desgana las gachas de siempre y se entretuvo en regar las pocas plantas que tenían en la sala de techo transparente, que era tan pequeña que solo cabían tres macetas. Lidia había visitado un par de veces las granjas, situadas muy alto, cerca de la superficie. Eran extensiones enormes llenas de plantas iluminadas por una bóveda de un material transparente y con tanta resistencia como el acero. Recordaba haber mirado hacia arriba, pero el material distorsionaba la luz y solo era visible una luz azulada difusa.

Tras una hora de aburrimiento, Lidia iba a subir a por Dientes cuando notó que algo arañaba la puerta principal. Al oír golpes terribles corrió a esconderse en una esquina, temblando. Parecía que iban a echar la puerta abajo. Entonces, se acordó: Dientes estaba en su cama. Si los atacantes entraban, lo descubrirían y se lo comerían.

Aterrorizada, se levantó y cruzó corriendo el salón. A medio camino, la puerta se desplomó y dos craugs le rugieron. Chillando, a oscuras, Lidia atravesó el pasillo que llevaba a su dormitorio. Se cayó dos veces y se hizo un pequeño desollón en una rodilla. Las garras de los craugs arañaban el suelo cada vez más cerca.

Dientes seguía sonriendo y mostrando los dientes, como si no ocurriera nada. Le tiró de un brazo, se escondió bajo la cama y se abrazó a su peluche. Vio los pies de los monstruos mientras la buscaban. Tras demasiado poco tiempo, apareció el rostro de un craug pegado al suelo, que le sonrió enseñando los colmillos. Lidia chilló mientras el monstruo le tiraba de un tobillo. Logró zafarse y acabó acurrucada en una esquina, temblando abrazada a Dientes, desecha en lágrimas.

Los craugs habían sido personas antes del cataclismo. Costaba creerlo. Eran monstruos carnívoros cubiertos de pelo marrón, con garras y colmillos y unos ojos blancos que causaban terror.

De pronto, Dientes empezó a brillar. La luz que despedía se hizo tan intensa que inundó el dormitorio. A Lidia, el resplandor no le hacía daño, pero los craugs aullaron de dolor y se retorcieron hasta que sus siluetas se difuminaron en el resplandor que creaba Dientes.

Cuando la luz del peluche se apagó, los craugs habían desparecido, igual que una pesadilla al abrir el durmiente los ojos. Dientes estaba carbonizado: se había vuelto negro y diminutas columnas de humo ascendían hasta el techo.

Se quedó allí largo tiempo, suspirando con el corazón encogido, abrazada a los restos de Dientes. Permaneció callada cuando oyó a su madre gritar desesperada su nombre desde el salón. Ni siquiera pudo hablar al verla aparecer por la puerta de la habitación.

—¡Cariño! —le dijo su madre entre  lágrimas—. ¿Qué te ha pasado, que le ha pasado a Dientes?

Lidia no pudo responder. Se pasó tres días sin hablar. Cuando pudo contar lo sucedido, no la creyeron. No encontraron ni rastro de los craugs, pero Lidia sabía que no había sido una alucinación. No se resistió cuando sus padres la quisieron convencer para tirar los restos de Dientes. Su conejito de peluche era un juguete mágico que se había perdido en una superficie devastada y que su padre tuvo la suerte de hallar. Se había sacrificado para salvarla y la magia que le había dado vida se había consumido para acabar con los craugs. Dientes ya no estaba en aquellos restos carbonizados. 

Lidia no le contó a nadie más qué sucedió aquel día, pero se guardó en el corazón el recuerdo de Dientes. Su conejito de peluche le enseñó que, a veces, la magia se escondía en los sitios más inocentes. Lidia no volvió a encontrarla.

30 junio 2021

#EstrellasDeTinta Código de colores

Este es mi microrrelato de junio para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

En esta ocasión, voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple: 6—Haz que tu relato tenga protagonista femenina y un personaje “Lampara sexy” masculino.

Objeto que oculta: 19- Hielo.

El relato recomendado es el de Isefran. Me encantan sus mamodos.

https://supeingoreson.wordpress.com/2021/06/10/estrellas-de-tinta-junio-un-mundo-nuevo/

Aquí está la pegatina de junio:

 

Son 243 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html, (quité un asterisco que separa escenas) así que cumplo los objetivos de extensión.

Sin  TW

 

CÓDIGO DE COLORES

Nadie que me viera usar mi portátil en una cafetería, todas las tardes, sospecharía que una vida dependía de ello. Aquel local estaba en una zona céntrica y bastaba un simple dispositivo de ocultación para impedir que rastrearan mi equipo.

El camarero de siempre me trajo un café solo con hielo. Era el hombre más guapo que había visto en mucho tiempo. Me dio las gracias con su sonrisa divina cuando le pagué.
Fue un alivio recibir el correo de Sandra. Habíamos establecido un código de colores, los siete colores tradicionales del arcoíris, para indicar que todo iba bien. “El cielo parecía verde”, leí en un punto al azar del texto.

Encontrar el zafiro del mar, una joya mística, era prioritario. Se necesitaba una exploración peligrosa de una caverna defendida por horrores del pasado. Sandra era una hechicera experta, pero necesitaba un enlace externo, alguien que consultara los grimorios, la ayudara y la mantuviera ligada al mundo: yo, su mejor amiga.

 *

Aquel viernes tocaba el color violeta. El camarero guapísimo me dedicó otra de sus sonrisas tras cobrar. Leí el correo de Sandra y me angustió que hubiera mandado una imagen. En el texto no apareció el color violeta. Cuando vi la foto, apagué el portátil y hui. Tenía que destruir el ordenador y volar aquella misma noche a cualquier ciudad del mundo.

La foto era, según el correo, un “selfie” de Sandra. Aquello que vi ni siquiera se parecía a un ser humano.

26 junio 2021

#EstrellasDeTinta ¿Qué eres?

Este es mi relato de junio para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

En esta ocasión, voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple: 1—Escribe un relato sobre un alpinista en una helada o sobre un rescate en el hielo.

Objetos

2- Unos Alicates

4- Un Chupito


Son 1449 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html (he quitado cuatro asteriscos de separación de escenas), así que cumplo los objetivos de extensión. 

Sin TW.


¿QUÉ ERES?


Arne había nacido tan al norte que para él era normal que el sol no se pusiera durante el verano. Sin embargo, el frío de aquel atardecer le parecía insoportable. Fustigó al caballo, pero su montura, agotada, ya no podía imprimirle más velocidad al trineo. Insistió un par de veces, no por crueldad: si caía la noche, montura y tripulante amanecerían convertidos en témpanos de hielo.

Unas huellas en la nieve lo obligaron a detener el trineo, atónito. Las siguió, con una soga enrollada a la espalda, un pico en una mano y la otra preparada para desenvainar la daga, hasta el borde de un río congelado. Cerca la mitad del cauce, había un bulto. Aunque el hielo parecía firme, Arne no se arriesgó. Ató la soga a un tronco, luego se la anudó a la cintura y se arrastró sobre el hielo hasta el bulto.

No se lo podía creer: era un niño, muy bien abrigado pero cubierto de cristales de hielo. No fue capaz de dejarlo allí. Con cuidado, se las arregló para subírselo a la espada y retrocedió arrastrándose hasta que volvió a pisar la nieve. Regresó al trineo con el niño, que tendría unos diez años. Si estaba vivo, intentaría curarle de la congelación que, seguramente, sufría. Si estaba muerto, le daría un entierro digno.

El trayecto fue largo y complicado. Empezó a nevar y llegó a creer que no iba a regresar a tiempo. Había caído la noche cuando las luces de Svalla le dieron esperanzas. Muerto de frío, dejó el trineo junto a su casa, introdujo al niño en el salón y encerró al caballo en el establo lo  más rápido que pudo.

*


El niño estaba vivo, lo que era un milagro. El hecho de que siguiera inconsciente, no obstante, le hizo pensar que no sobreviviría más de aquella noche. Encendió la chimenea, pero dejó al niño lo más lejos que pudo: no era bueno calentarlo demasiado deprisa. Se enfrentó al temporal de nieve para llenar una tina con varios cubos de agua sacados del pozo de Svalla, tan profundo que nunca se congelaba.

Tras tomarse un chupito de licor para espantar el frío, calentó al fuego parte del agua para crear un baño tibio. Desnudó al niño inconsciente y lo sumergió con cuidado. Cuando el infeliz despertó, hubiera sido mejor que siguiera dormido. Se pasó gritando de dolor largas horas, hasta que la congelación de sus miembros se amortiguó. Arne apenas pudo descansar: solo cuando los primeros rayos del sol disiparon la negrura se quedó dormido.

*

Arne se despertó y lo primero que hizo fue a ver al niño. La temperatura era agradable y el sol lucía de tal forma que intuyó que, en el exterior, la mañana sería soportable. Lo destapó y no entendió lo que estaba viendo. Un niño tan pequeño, que debería llevar perdido horas en el hielo, debería tener la piel abrasada por la congelación. La piel pálida del muchacho estaba limpia.

Lo cubrió de nuevo y mientras Arne desayunaba, el niño despertó. Tenía el cabello rubio típico de los habitantes del reino de Kmaal, pero los ojos del niño parecían dos trozos de carbón. Arne le trajo la ropa y le pidió que se vistiera. El muchacho obedeció en silencio.

—¿Te encuentras bien, muchacho? ¿Cómo te llamas? —preguntó Arne.

El niño lo miró sonriendo. Descartó que fuera mudo, porque lo había oído gritar, así que no debía de hablar su lengua. Quizá se tratara de un esclavo recién comprado en el sur que decidió, en el peor momento, escapar de sus amos. Con gestos, lo invitó a desayunar con él. Le alegró, a la vez que lo sorprendió, que tuviera buen apetito. Lo había rescatado del hielo y actuaba como si nunca hubiera estado a la intemperie en medio de un río helado.

*


El niño resultó ser un huésped agradable. No molestaba, no se metía en problemas y ayudaba en las labores del hogar en cuanto le era posible. Una vez, encontró unos alicates que Arne llevaba meses buscando. A Folke, el Borgermester de Svalla, le cayó muy bien, tanto que le dio permiso a Arne para ser su tutor mientras averiguaban de dónde provenía.

Arne se esforzaba en comunicarse con él. Le hablaba, le hacía preguntas y le recitaba antiguos poemas antes de dormir. Intentó enseñarle smaalés y, aunque el muchacho nunca pronunció palabra, tuvo la impresión que entendía algunas de las frases. Por ello, perseveró durante las tres semanas que convivieron en paz.

*


Los designios de los dioses son incomprensibles, tanto que parecen burlas crueles. Un día, sonaron los cuernos para convocar a los guerreros de Svalla. Arne, con la ayuda del niño, vistió la coraza, se colocó el casco, se ciñó el cinturón del que pendía la espada de su familia y embrazó el escudo redondo. Le pidió al niño que se escondiera en el sótano y que no saliese hasta que él u otro habitante de la aldea viniera a buscarlo.

Atacó Svalla un batallón de svartalfar. Se cantaban historias acerca de ataques de aquel pueblo de herreros ancestrales, de piel manchada permanentemente de hollín. El metal se les agotaba y asaltaban los pueblos humanos para robar armas, aperos de labranza y todo lo que les sirviera de alimento a sus fraguas.

Los svartalfar son guerreros temibles. Además, un ser de pesadilla, un monstruo oscuro recién llegado que volaba tan alto como un águila, parecía darles brío. La línea de defensa de los habitantes de Svalla se rompió tras cinco minutos de combate. Arne huyó, junto a los restos del ejército humano, de vuelta a la ciudad, con la esperanza de atrincherarse en la fortaleza. Aquellas esperanzas se disiparon cuando el monstruo negro, que tenía el aspecto de un dragón, aterrizó en los muros de la fortaleza.

Arne regresó a su casa. Solo le quedaba ir a por el niño e intentar huir. Mató a un svartalfar que lo atacó, pero otros tres lo persiguieron. Intentó despistarles para que no lo vieran entrar en su casa, y lo habría conseguido de no ser porque se topó con el dragón, que lo inmovilizó con una simple mirada. El monstruo tenía unos ojos rojos aterradores. Sin embargo, en vez de la muerte, lo que experimentó fue una voz que sonaba en su interior.

—Arne, no temas. Soy yo.

El monstruo se difuminó para cambiar de forma y volvió a ser el niño al que había salvado, que le pidió que se acercara. Arne estaba demasiado confundido como para moverse: se limitó a caer de rodillas. El ser al que había salvado, miró con rabia a su derecha.

—Espera —dijo el ente.

Se difuminó para convertirse en una mujer muy alta, con dos trenzas rubias, vestida con una piel de oso y que blandía un hacha a dos manos. Cuando los tres svartalfar aparecieron, cargó contra ellos profiriendo aullidos terribles. Destrozó de un hachazo el escudo de metal de un enemigo y quebró la espada de un segundo. Aterrorizados tras tal exhibición de fuerza, los tres huyeron.

Arne temblaba, de miedo y de frío. La mujer se le acercó. Habría pasado por smaalense si no fuera tan alta y no tuviera los ojos negros. El ser le tendió una mano, sonriendo.

—Cuidaste de mí cuando lo necesité —dijo la mujer—, aunque ahora te arrepientas de haberme salvado, y voy a devolverte el favor. No temas.

—¿Qué eres? ¿Un dragón, una guerrera, un niño?

—No tengo forma. Adquiero aquella que más me conviene. Soy dragón cuando quiero que  me sigan los svartalfar. Soy niño cuando me siento vulnerable y necesito que me cuiden. Soy una guerrera hermosa cuando quiero salvar y agradar al hombre que me protegió.

Arne dejó que la guerrera lo ayudara a ponerse en pie.

—Nací de la sangre negra de diez héroes que malgastaron su vida intentando robar el tesoro de un dragón. No soy ni hombre, ni mujer, ni bestia. Soy un espíritu que necesita la guerra y la muerte para sobrevivir. La paz me estaba consumiendo, pero tú me salvaste y me trajiste a un pueblo que se alzaba junto a una ciudad subterránea de los svartalfar.

—Tú los trajiste —dijo Arne con lágrimas en los ojos—. Te salvé a ti y maté a mi gente al hacerlo.

—Si los dioses siguieran la justicia humana, tu bondad no debería haber provocado esto, pero los dioses tienen sus propias razones. Piensa que si no mato, muero, y eso tampoco es justo.
 
La guerrera tomó la mano derecha de Arne, que hacía tiempo que no blandía la espada.

—Ven. Te dejaré a salvo en Novorna y te prometo que jamás atacaré esa ciudad mientras vivas en ella.
Arne soltó el  escudo y se dejó llevar.

31 mayo 2021

#EstrellasDeTinta Un mensaje esperado

Este es mi microrrelato de mayo para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

En esta ocasión, voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple: 8—Haz protagonista a una abuela o a una embarazada sin que ser abuela o embarazada tenga relevancia en el relato.

Objeto que oculta: 36- Un elemento de la tabla periódica.

El relato recomendado es el de Isefran. El encuentro entre Lucky y Zeon no decepciona e incrementa la tensión por lo que podría pasar después.

https://supeingoreson.wordpress.com/2021/05/25/estrellas-de-tinta-2021-the-prettiest-star-9-zeon/

Aquí está la pegatina de mayo:

 

Son 237palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html, así que cumplo los objetivos de extensión.

NOTA: Este microrrelato, en la práctica, es una continuación del relato de mayo. La princesa es la misma.

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UN MENSAJE ESPERADO


A sus setenta y un años, Beatry había conocido a muchas princesas y mujeres de la nobleza. La hija de su majestad, su sobrino, las deslumbraría a todas, exceptuando a Any. La amistad tan profunda que tenían aquella princesa que le preguntaba con cariño por sus familiares y Any no debería haber existido, según los prejuicios estúpidos. Dicen que dos mujeres guapas solo podían odiarse. Era aún más difícil de creer que una princesa que parecía salida de un cuento de hadas fuese fuerte, valiente y tuviera muy mal genio.

Beatry le estaba hablando de unas sales de baño con potasio cuando llamaron a la puerta. Era un mensajero que se ofreció a volver luego, a lo que la princesa se negó. Se puso en pie y el mensajero la miró cohibido.

—Me envía Bortane, vuestra alteza. Dice que vuestra alteza y él han terminado, y dice que le quede claro que ha sido él quien la ha dejado.

—Gracias. Podéis retiraros.

La princesa se sentó, se cubrió la mano con la boca y entrecerró los ojos. Beatry se sintió muy triste. Se acomodó a su lado, le pasó un brazo por los hombros y quiso confortarla. Y, de pronto, la princesa se rio a carcajadas.

—Estaba harta de ese tipo —respondió entre risas—. ¡Eso era lo que yo quería, que me dejara de una vez!

Beatry reprimió las risas. No había quien entendiera a las jóvenes.

30 mayo 2021

#EstrellasDeTinta Amores del pasado

Este es mi relato de mayo para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

Voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple: 13—Escribe sobre una fiesta de cumpleaños que sale realmente mal.

Objetos

20- Zapatos de tacón

25- Césped


Son 1685 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html , así que cumplo los objetivos de extensión tras haberme gastado tres estrellas.

Este relato es de rodaje para la protagonista del relato. Es de una historia muy vieja y es el mismo personaje de mi relato de marzo. Espero que os guste.

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AMORES DEL PASADO

Desde hace tiempo, el día de mi cumpleaños es un acontecimiento triste. No me importa envejecer, es que echo de menos los aniversarios de mi infancia. No me gustaba todo: era aburrido sentarme en un sillón tan enorme que las piernas me colgaban y pasar cerca de una hora recibiendo las felicitaciones de un montón de nobles y cargos públicos. El vestido que debía llevar era bonito, pero picaba mucho y si no hubiera sido la heredera del trono, habría salido corriendo. Lo mejor del día era cuando terminaba el protocolo, mis padres me regalaban juguetes y me pasaba el resto de la tarde disfrutando de ellos con mi hermana.

Esta mañana soporté el acto protocolario que me corresponde como adulta. Los nobles ya no vienen a darme las felicidades inclinándose ante el sillón. Lo que tocó fue reunirlos en una sala, esperar a que varios sirvientes llenaran decenas de copas de vino dispuestas sobre una mesa, también enorme incluso para una adulta, y hacer un brindis por mi aniversario. En tales actos, cuando los nobles y funcionarios se me acercan, me felicitan con gran cortesía y me aburren aún más que de niña. Si me dejaran escoger como pasar mi cumpleaños, elegiría irme a la biblioteca, practicar con la flauta o ver las flores del jardín de palacio.

Sin embargo, lo más triste es que mis padres beban con todos los asistentes, pero que mi hermana no esté. Y es mejor así: sería capaz de intoxicar a alguien o provocar una pelea. No ha intentado matarme porque quiere verme sufrir tras quitármelo todo, pero me hace la vida imposible. Me odia, y es cierto que tengo la culpa. Lo peor es que la quiero, la quiero tanto como cuando éramos niñas y siempre estábamos juntas.

La tarde era preciosa. A pesar de la capucha con que ocultaba mi identidad, percibía bien los trinos de los pájaros en los árboles, olía el aroma de las flores y disfrutaba del cuadro que parecían pintar sus colores. Si Claude, el soldado que me protegía sin dejarse ver, no estuviera por allí, me habría quitado los zapatos para pasear descalza por el césped, pero tal diversión no sería propia de una princesa. Y aunque Bortane no osaría llamarme la atención, estoy segura de que lo vería como una extravagancia. Lo que más me entristecía era tener que verlo a escondidas, para protegerlo de las intrigas de mi hermana.

Bortane llegó con media hora de retraso. Por la ropa que vestía y por lo bien que lo conocía, intuí que la causa del retraso fue el tiempo dedicado a acicalarse y a decidir qué ponerse. Sí, dicen los prejuicios que somos las mujeres quienes hacemos esperar a nuestras parejas por ese motivo, pero yo jamás lo he hecho: me parece una falta de respeto y la pérdida de un tiempo que podría aprovechar en leer documentos o estudiar. Ese es uno de los varios motivos por los que estoy cansada de él.

Cuando se acercó y me sonrió, recordé por qué seguía con aquel tipo presumido y sin cerebro: era tan guapo que, por un momento, solo pude verlo a él. Me sacaba un palmo, tenía unos ojos azules divinos y una sonrisa que derretiría a cualquiera. Me apartó un poco la capucha y me besó en los labios. Sabía besar tan bien que le habría perdonado un retraso aún mayor.

Nos alejamos de allí cogidos de la mano. Me dijo que tenía una sorpresa para mí, aunque yo sabía que iba a tratarse de una fiesta de cumpleaños. De todos modos, estaba muy contenta.

—Antes del acto oficial —empecé a decirle—, recibí a dos comerciantes ghwaríes. Quisieron utilizar el truco de fingir que uno no hablaba nuestro idioma y que debían usar entre ellos el amanaurí.

—¿Y vos no habláis eso, alteza?

—¡Claro que sí! Fueron astutos: dijeron en amanaurí que yo tenía pinta de ser tonta y débil, para comprobar si los entendía. Me limité a sonreír con inocencia, y esbozaba una sonrisa estúpida siempre que los oía hablar en amanaurí y decir barbaridades.

—¡Es indignante!

—Cuando me hicieron la propuesta final, les dije en amanaurí: “me temo que no haremos negocio. Me halaga todo lo que han dicho sobre mi cuerpo y mi belleza, pero decirle a la cara a una princesa todas las porquerías que harían con ella en la cama, en nuestro país, es un insulto grave a la Corona que se paga con la horca. Sin embargo, estoy de buen humor: como lo han dicho en amanaurí voy a dejar que se vayan, pero dense prisa, no sea que cambie de opinión”. —Me reí—. Tendrías que haber visto las caras que pusieron y lo rápido que se marcharon.

Bortane no respondió: solía mostrar poco interés en cosas como aquella. Por eso no podía curar la herida que me dejó Carle en el corazón. Él se habría reído conmigo y habría sentido orgulloso de mí. Jamás encontraría a otro como él, nunca sentiría por otro ni la mitad del amor que me hizo feliz mientras estuvimos juntos. Por eso quería terminar con Bortane, porque no sentía que tuviéramos futuro.

Tras un largo paseo, entramos en un palacio pequeño situado en una calle ancha. Dejamos la puerta entornada para que Claude pudiera entrar un tiempo después. Como ya me temía, me encontré allí con ocho de sus amigos, otras cuatro parejas. Íbamos a celebrar una fiesta de cumpleaños, pero el objetivo de Bortane era presumir de ser, según él, el novio de la princesa más bella de las Quince Ciudades, como si yo fuese un trofeo o algo parecido. Al menos, Bortane era tan descerebrado que si nos casáramos, no intentaría gobernar el reino por mí: pavonearse por ser el príncipe consorte le ocuparía todo el tiempo. Pero no quería compartir mi vida con un hombre así. Quería a alguien inteligente, al que pudiera confiarle un puesto que aliviara mis obligaciones, pero que aceptara de buen grado que la reina iba a ser solamente yo. Alguien como Carle.

La fiesta no fue muy divertida. Por el bien de la discreción, fueron dos de las amigas de Bortane quienes nos sirvieron unos tés y unos dulces que, reconozco, estaban deliciosos. Una de ellas, Leny, se sentía tan impresionada por tener delante a una princesa que apenas era capaz de mirarme. Le pedí que se sentara a mi lado e intenté que se sintiera más cómoda. Creo que lo conseguí, aunque solo fuese un poco.

Me aburrí. Bortane solo se preocupaba de presumir ante sus amigos y las conversaciones de las otras mujeres eran insulsas. Lo único que saqué en claro de sus parloteos era que los zapatos de tacón que llevaban les tenían los pies destrozados.

Sin embargo, todo iba a empeorar. Bortane anunció que saliéramos al patio, que venía el plato fuerte de la fiesta. Si no estuviera tan acostumbrada a su actitud, me habría sentido ofendida. Se suponía que aquello era mi fiesta de cumpleaños, no una reunión para que él se luciera. 

El patio era espléndido y las sillas donde nos sentamos, muy cómodas. La sorpresa fue lo más aburrido que me podía imaginar. Bortane se pasó cerca de una hora practicando esgrima con quien se suponía que era un maestro de la espada ropera. Su oponente estaba bien instruido, pero yo había presenciado bastantes duelos de entrenamiento y no se trataba de un maestro. Bortane era muy malo: se preocupaba más de la espectacularidad de sus golpes que de su eficacia, y si no quedó en ridículo fue porque el “maestro” no quiso sacar partido de sus errores. Sus amigos estaban entusiasmados con su pericia. O bien no tenían ni idea de esgrima, o bien lo adulaban. Terminada la sesión, Bortane se volvió hacia mí.

—¿Qué os ha parecido, alteza?

—Os gusta usar guardias altas —dije tras contener un suspiro, incapaz de quedar como una tonta delante del rival de Bortane—, pero el ángulo de la espada es excesivo. Si paráis en tercera alta tendríais que alzar más el brazo y vuestros tajos son algo lentos, pero no está mal y, con más práctica, corregiréis todo eso.

No me esperé la expresión de ira contenida con que me miró.

—Ya tengo práctica —respondió—. ¿Para qué os pregunto? ¿Qué sabrá una princesita que nunca ha sostenido una espada del arte de la guerra?

Abrí mucho los ojos y la boca. ¿Cómo se atrevía a hablarme así en público? No necesito practicar esgrima, pero tengo instrucción militar: he leído los tratados de esgrima más importantes y pasé varios meses en un campamento. ¿Cómo iba a ser una buena reina si lo ignorase todo sobre la guerra?

Me levanté y me fui hacia él, a punto de echarme a temblar por lo furiosa que estaba. Y le solté de golpe, a gritos, todo lo que deseaba decirle desde hacía tiempo. Lo llamé de todo. Sus amigos no osaron interponerse, solo dos de las amigas me susurraron algo un par de veces, con el rostro descompuesto. Claude se aproximó, pero Bortane, a pesar de sus defectos, jamás habría golpeado a su pareja en una discusión. Ni siquiera tuvo valor para replicar: me miraba atónito, pálido. 

No conseguí calmarme. Harta de gritarle, me di media vuelta y abandoné el patio, que quedó en un silencio roto solo por mis pasos. Tiré del pomo de la puerta de la calle y el lienzo no se movió. Grité con todas mis fuerzas que abrieran la puerta.

—Cálmese vuestra alteza —dijo Claude, sin alzar la voz—. Tengo las llaves. Y póngase esto, se lo suplico.

Me tendió la capa y la capucha y me las puse lo más rápido que pude. Agradecí la prudencia de mi guardián: solo habría faltado que algún esbirro de mi hermana me viera sola en aquel barrio y atara cabos.

Al principio caminé a toda prisa, pero Claude, un guardia que siempre me había tenido un cariño especial, no se merecía aquel trato. Aflojé el paso, le agradecí su celo y regresamos juntos a palacio. Había sido la peor fiesta de cumpleaños de mi vida.

30 abril 2021

#EstrellasDeTinta La horma de su zapato

 

Este es mi microrrelato de abril para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

En esta ocasión, voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple: 20—Haz un relato basado en el Karma.

Objeto que oculta: 1- Pizza

 

El relato recomendado es el de Erica. Bonito uso de una escena en un molino: 

https://ericafortuny.com/2021/04/estrellasdetinta-molino-de-recuerdos/30/

Aquí está la pegatina de abril:


 

Son 248 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html, así que cumplo los objetivos de extensión.


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LA HORMA DE SU ZAPATO

Angustias celebró el fin de la obra de aquella piscina con forma de huevo tan ridícula tomándose una pizza enorme y una buena botella de Lambrusco. Aunque se había divertido burlándose de la dueña, se alegraba de perderla de vista. La parte positiva era que le habían pagado muy bien, y decidió usar parte del dinero para un viaje de una semana al Peloponeso. Se sentó ilusionada frente a la chica de la agencia de viajes, una joven pelirroja de piel pálida, que le recordó a la propietaria de la piscina ovalada. Angustias no se esperó la respuesta de la chica.

—Así que ha visto uno de esos programas de la tele para gente sin cerebro y se ha dicho: voy a viajar al Peloponeso que no doy para más.

—Pues… las islas griegas son muy bonitas. No tiene por qué…

—¡Huy, sí! Son bonitas, sí, sobre todo si eres una borreguita. Ande, elija uno de estos paquetes —ordenó tendiéndole un folleto—. No se apure, tiene muchos dibujitos: seguro que lo entiende.

Angustias se sentía furiosa. Tras un par de minutos, lo dejó sobre la mesa y señaló una página.

—Buena elección para una turista sin cerebro. Hay un museo, pero no se asuste: se ve desde muy lejos. En cambio, hay un acuario en el que podrá pasar horas interactuando con seres de su nivel intelectual.

—¡Basta ya! —gritó Angustias al ponerse de pie para marcharse.

—¿Qué le pasa? ¿Es que echa de menos a su novio?

#EstrellasDeTinta El Santuario

Este es mi relato de abril para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

En esta ocasión, voy a poner objetivos y objetos detrás, pero el número de palabras delante.

Lo que sí digo aquí es que tiene protagonista femenina única y está narrada en presente y en primera persona.

Son 1454 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html (he quitado tres asteriscos de separación de escenas), así que cumplo los objetivos de extensión.

Sin TW

Espero que os guste.



EL SANTUARIO


Dicen que estoy loca, pero los que están locos son los demás. Preservar la naturaleza jamás será una locura. Lo que acepto es que piensen que no estoy en mis cabales porque para conservar la naturaleza vaya a construir una piscina, pero es que si digo para qué quiero hacerla, seguro que me encierran.

Me ha costado seis meses encontrar un terreno rústico con el tamaño suficiente y al precio que me puedo permitir. He tenido que refinanciar mi hipoteca, que tengo pagada a la mitad, y ahora debo de nuevo lo mismo que hace quince años, pero el terreno, los impuestos y la obra van a ser demasiado para mi sueldo de vendedora de seguros con mala suerte.

*


Mi proyecto va muy lento, pero es que para cualquier cosa que intentes hacer no encuentras más que problemas y papeleo. Los mismos que no hacen nada por cuidar de la naturaleza, salvo convocar reuniones internacionales llenas de compromisos que no se cumplen y cobrar impuestos “ecológicos”, son los que impiden proyectos como el mío. Y el motivo principal, aparte de la incompetencia, es porque quieren cobrar más tasas e impuestos.

Me da igual. No me importan los impedimentos que me pongan: haré la piscina y la cabaña donde guardaré los útiles para mantener la piscina limpia todo el año. Además, me compraré un fogón, una nevera y un sofá para descansar.

Una vez derrotada la burocracia, llega el momento de enfrentarme al arquitecto y a los albañiles. El primero se empeña en que la piscina sea rectangular, aunque le repito una y otra vez que la necesito ovalada.

—Las piscinas ovaladas —repite el buen hombre— son más difíciles de hacer y desaprovechan el terreno. Es mejor una piscina rectangular con refuerzos de hormigón en las cuatro esquinas.

—Una piscina rectangular no me sirve. Además, voy a pagarla yo, no me importa el sobrecoste. ¿Quiere diseñar de una vez una piscina ovalada con una escalera grande en uno de los extremos estrechos, por favor?

Los albañiles se ríen de mi piscina ovalada. Los dos varones son más respetuosos y, después de los primeros días, solo se burlan cuando creen que no me doy cuenta. La mujer no para de meterse conmigo.

—Señora —me dice por las mañanas—, ¿está bien así de ovalada o la ahuevo más para que no se le rompan las uñas?

—Señora —me dice por las tardes—, ¿lo de hacer una piscina con forma de huevo es porque echa de menos a su novio?

A mí me dan ganas de coger una pala y darle en la cabeza, pero bastantes problemas tengo ya como para incrementarlos con un homicidio por hartazgo.

Aún queda algo importante. Siguiendo las instrucciones, la piscina está diseñada para tener el suelo a dos profundidades. Las partes más profundas están llenas de una mezcla de arena y tierra apropiada para cultivar algas de varias especies.

—Una piscina en forma de huevo con medio fondo lleno de arena —comenta la “albañila” guasona, ansiosa de burlarse de mí de formas novedosas—. Señora, que la arena para tomar el sol se pone fuera, no dentro.

—Si se me acaba la paciencia —respondo sin poder contenerme—, puede que use la arena para enterrar cierto cadáver.

—¡Joder con la pelirroja! —responde mi torturadora—. ¿Va a darle matarile a su novio?

Por suerte, aquello sucede casi al final de la obra, así que logro mantener a raya mis instintos asesinos el tiempo suficiente y la historia acaba bien.

*


Cuando veo la piscina terminada, mientras la lleno de agua, me siento tan feliz que se me olvidan todos los malos ratos, los retrasos y la ruina económica que me ha supuesto. Pero estoy convencida de que merecerá la pena.

El penúltimo paso de mi plan es  ir a buscar las algas. Las necesito de cinco especies concretas, que encuentro sin problemas salvo la última. No me rindo: recorro quinientos kilómetros de costa buscando un vivero marino que la tenga. La encuentro finalmente y regreso a mi piscina. Me veo obligada a alquilar una bombona de oxígeno y me lleva una semana plantar todas las algas. La impaciencia me consume durante el mes que tardan en crecer hasta el tamaño que preciso.

Y al fin, cuando ya está acabando agosto, está todo listo. Salvo lo más importante.

*


Aparco la camioneta lo más cerca posible de la playa. Bajo los cinco escalones de madera que comunican la acera solitaria con la arena y nado bajo la luz de las farolas y de las luces lejanas de la ciudad hacia la cueva que tan bien conozco. Dentro necesito la linterna.

Es un alivio y, a la vez, me llena de tristeza, encontrarme allí a Astrid, encogida sobre una roca de superficie lisa. Si fuera la de antes, estaría nadando bajo la luz de las estrellas. Tiene la cola roja muy cerca del cuerpo, con las aletas cubriéndole el rostro. La luz de la linterna la despierta y me sonríe con tristeza tras bajar la cola para descubrirse el rostro.

—Lidia —dice en tono débil, propio de quien ya no tiene fuerzas—, ¡cuánto tiempo! Me alegro de verte.

Me apena verla. Ha cambiado mucho en los últimos cinco años. Antes, tenía la cara redonda,  las mejillas sonrosadas y el color de sus cabellos y su cola eran intensos. El torso de las sirenas es atlético, pero se les marcan muy poco los músculos porque necesitan algo de grasa que las aisle del frío del mar. Ahora, Astrid está escuálida, tanto que se le pueden contar las costillas y le han adelgazado tanto los brazos  que no sé si seguirá pudiendo usarlos para nadar. Tiene las mejillas hundidas y los ojos sin brillo.

El mar se muere porque lo estamos matando. Astrid necesita vivir en costas limpias, pero aquella está cada día más contaminada. Las algas que come están tan sucias que, no solo se ha ido envenenando lentamente, sino que le ha tomado asco a la comida y se está consumiendo. Me siento a su lado y le retiro el cabello del rostro. Se esfuerza por incorporarse, pero tengo que ayudarla, pedirle que me pase el brazo por el hombro y sujetarla de la cintura. Está tan delgada que casi le rodeo la mitad con la mano.

—Tengo una sorpresa para ti —le digo—. Tírate al agua.

—Ayúdame, por favor.

Entro en el agua y le sirvo de apoyo. Nadamos hacia la costa y no le suelto la mano ni un momento. Cerca de la orilla le pido que se me agarre al cuello y salimos del agua. Está tan delgada y enfermiza que no me cuesta trabajo sostenerla. Es una sombra de la sirena fuerte y llena de energía que me acompañaba en mis vacaciones de verano cuando era una niña. No puedo soportarlo y se me escapan las lágrimas. Me pide que deje de llorar y me seca las mejillas con suavidad.

Me resulta fácil abrir la puerta de la furgoneta y ayudar a Astrid a entrar en una piscina hinchable para niños llena de agua hasta la mitad. La sirena me mira sonriente.

—¿Esta es la sorpresa? —me dice con una sonrisa—. Es un agua muy limpia.

Niego y cierro la puerta. Conduzco despacio hasta la piscina, casi tres cuartos de hora por un camino entre los árboles, oscuro y desierto. Detengo la camioneta y lo primero que hago es encender las luces que rodean a la piscina. Luego saco a Astrid del vehículo y, mientras la acerco a la piscina, la veo abrir mucho los ojos y mirarla embelesada. No me importa mojarme los pantalones para poder dejarla con suavidad en el agua. Se sumerge y saca la cabeza, maravillada.

—¡Huele igual que el mar cuando era niña! —me dice, arrobada.

—Me esforzado mucho en disolver las sales precisas.

Se zambulle y la veo arrancar un trozo de alga y comérselo. Luego otro, y otro más. Cuando vuelve a sacar la cabeza del agua, aún mastica.

—Las algas están riquísimas. No saben ni a gasolina ni a suciedad.

—Claro. No pretendo que pases aquí el resto de tu vida. Este será tu santuario. Aquí podrás recuperarte del daño que te hace la contaminación. Volverás a ser la misma que cuando jugábamos en el mar de niñas.

—Tú eras una niña. Yo ya tenía veinte años.

Mientras se vuelve a sumergir, pienso en que Astrid ya tendrá cincuenta años largos, pero aparenta la mitad, porque las sirenas suelen vivir el doble que los humanos.

Cuando saca la cabeza de nuevo, come con ganas otro trozo de alga. Me mira y, no sé si es la luz artificial, pero los ojos de Astrid tienen un brillo precioso, lleno de vida. Y comprendo que todos mis sacrificios han merecido la pena.

**************


Objetivo que cumple: 

9—Busca un motivo original por el que construir una piscina y haz un relato sobre ello.

Objetos incluidos.

6- Una Sirena

28- Un sofá

31 marzo 2021

#EstrellasDeTinta Voy a cambiar de vida

Este es mi microrrelato de marzo para el reto de escritura Estrellas de tinta, organizado por Katty Cool. Puedes leer las instrucciones del reto (y solictar apuntarte) en la bitácora de la organizadora:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html

En esta ocasión, voy a poner objetivos y objetos delante, asi como número de palabras.

Objetivo que cumple: 17—Escribe un relato super positivo

Objeto que oculta; 27- Tres monedas de plata

 

El relato recomendado es, nuevamente, de Isefran. Me encantan sus mamodos: 

https://supeingoreson.wordpress.com/2021/03/04/estrellas-de-tinta-marzo-the-prettiest-star-5en-otro-mundo/

Aquí está la pegatina de marzo:


Son 249 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html (he quitado dos asteriscos de separación de escenas), así que cumplo los objetivos de extensión.

Únicamente para Estrellas de Tinta, incluiré TW en los relatos. La lista la pongo al final porque destripan bastante la historia.

Sin  TW


VOY A CAMBIAR DE VIDA

Raúl no se pudo creer quien deseó despedirlo. Tras el baile con la princesa, la justicia tardó un par de semanas en concederle la libertad. En ese tiempo, los otros presos se rieron de él por haber bailado, pero la exhibición se había convertido un momento mágico que no olvidaría. Y fue magia que la princesa y un guardia se detuvieran frente a él. Raúl se arrodilló.

—Levantaos. Tomad.

La princesa le dio un saquillo con monedas. Raúl la miró extrañado.

—Y estas tres monedas de plata son para el cochero. —La princesa sonrió—. No pongáis esa cara. Fuisteis mi profesor de baile y merecéis un pago por vuestro trabajo, aunque os sacase de la cárcel.

—Gracias, vuestra alteza.

—Una pena no teneros cerca. Se me olvidará el vals, pero estaréis mejor en vuestro país. Lo único que me preocupa es que se os olviden los meses de prisión y volváis a estafar allí donde os instaléis. No os he dado la libertad para que sigáis delinquiendo.

—Procuraré volverme honrado, vuestra alteza.

—No lo procuréis: cambiad de vida. Me haréis feliz.

Como pareció que la princesa quería marcharse, Raúl se atrevió a preguntar.

—¿Por qué siempre me habla vuestra alteza en turanés?

—Porque vuestro acento al pronunciar mi lengua es horrible. Adiós, Raúl.

Suspiró al verla alejarse. Dos horas después, se subió en un carro y la caravana, escoltada por soldados debido a los trasgos, partió.

—¿Qué planes tiene, amigo? —le preguntó el conductor.

—Voy a cambiar de vida.