10 octubre 2020

#OrigiReto2020 ¿Están capacitadas las mujeres para la ciencia?

 

Este es mi relato de octubre de 2020 para el OrigiReto 2020. Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras:

http://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html

o en

https://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html

Son 1974 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html  (he quitado 4 asteriscos de separación de escenas).

NOTA: Este relato, originalmente, era más largo, pero se pasaba de palabras así que lo corté justo cuando llegué cerca de las 2000 palabras.


¿ESTÁN CAPACITADAS LAS MUJERES PARA LA CIENCIA?

La vida de Laura cambió cuando tenía trece años. La “gripe española”, que se había llevado a sus tíos y la había condenado al encierro, no había regresado aquel invierno y, aunque siguiera muy asustada, quizá aquel verano pudiera regresar al colegio.

No podía imaginarse que el gesto cotidiano de llevarse el periódico que su padre acababa de leer para hojearlo en la soledad de su habitación fuese a determinar su futuro. Laura quería mucho a sus padres, aunque no compartiera sus ideas. Nunca había entendido que, por haber nacido mujer, tuviera que resignarse a llevar una vida sin alicientes. Soñaba con viajar, explorar y conocer mejor aquel planeta apasionante en el que vivía. Aprendió a ocultar sus sueños, y a leer la prensa a escondidas, desde la primera vez que dijo que deseaba dedicarse a explorar África y dibujar todas las fieras que se encontrara.

—¡Eso no es apropiado para una mujer decente! —gritó su padre—. ¿Quién te ha metido esas ideas en la cabeza?

Su madre se limitaba a secarse las lágrimas y a calmar a su padre con voz queda. Nunca se había sentido tan sola como en aquel instante. Optó por llevar la vida de muchacha modosa que esperaban de ella y rebelarse solo en su imaginación. Se había hablado mucho del Estatuto municipal, del 8 de marzo de 1924 que daba derecho al voto, por primera vez, a las mujeres cabeza de familia en las elecciones municipales. Aquella decisión había provocado debates acerca de si las mujeres tenían la capacidad suficiente para entender la política. Por eso, el artículo de la página 4 del periódico, le llamó la atención.

“¿Están capacitadas las mujeres para la ciencia?

José M. N. Madrid, 24 de marzo de 1924.

La década de 1920 está llamada a cambiar el mundo. La alegría del fin de la Gran Guerra se ha visto empañada por la devastadora epidemia de gripe de 1920-1922, de la que aún no se ha recuperado la humanidad.

Pero hay cambios que, a pesar de la oposición que han afrontado, parecen irreversibles. En el Reino Unido, desde 1918, las mujeres mayores de 30 años pueden votar y ser elegidas. En 1920, los Estados Unidos han establecido que el derecho a voto no se puede limitar por razón del sexo. Incluso en España se ha promulgado el Estatuto Municipal.

Sin embargo, son muchos quienes aseguran que la igualdad de derechos políticos no puede ampliarse al resto de derechos. Hay muchas cosas para las que las mujeres no están capacitadas. Están especialmente preocupados en las facultades de ciencias. Los físicos, los químicos y los matemáticos, entre otros, se sienten horrorizados ante la idea de ver invadidas sus aulas por las mujeres, que son incapaces de comprender las sutilezas de esas ciencias y acabarán haciendo que degeneren en disciplinas vacías.

Por ello, este humilde periodista se ha preguntado si las mujeres están o no capacitadas para la ciencia. Y ha hallado la respuesta en las mujeres mismas.

Desde 1901 se conceden los premios Nobel, que reconocen las contribuciones a las ciencias naturales, la literatura y la paz. La única persona que lo ha recibido dos veces, hasta el momento, es una mujer: Marie Sklodowska Curie (conocida también como María Curie). Y no lo ha ganado en literatura o paz, sino en física y química. ¿Erraron los distinguidos académicos al concedérselo? Posiblemente no, porque María Curie ha recibido tres galardones más y es difícil pensar que todos sean una equivocación.

Tampoco parecen errados David Hilbert y Felix Klein de la Universidad de Gotinga, bien conocida en todo el mundo por la calidad de la investigación matemática realizada allí. Ambos profesores se empeñaron en que una instructora de matemáticas, Emmy Noether, fuera aceptada en la universidad. “Esto es una Universidad, no un balneario”, llegó a decirles Hilbert a los profesores de filología e historia que se negaron a aceptarla. Hace un año, la profesora Noether accedió, al fin, a un puesto docente remunerado (impartía clases sin cobrar desde 1908) y ha regalado a la física un teorema vital que lleva su nombre. No parecían errados los profesores Hilbert y Klein.

Hay muchas personas que siguen opinando que María Curie y Emmy Noether son dos casos muy excepcionales, que muy pocas mujeres nacen con esas capacidades. Y este humilde periodista se pregunta si apenas hay mujeres científicas porque no se les permite estudiar ciencias.

Para acabar estas líneas, unas palabras de María Curie de su discurso de aceptación del premio Nobel de 1911: “La ciencia es bella y es por esa belleza que debemos trabajar en ella, y quizás, algún día, un descubrimiento científico como el radio, puede ser un descubrimiento que beneficie a toda la humanidad” (1)

Las mujeres saben apreciar, por igual, la belleza de las flores y los vestidos y la hermosura de la ciencia. ¿Quiénes somos nosotros para negarles disfrutar de esa belleza?”

Desde entonces, Laura dedicó sus esfuerzos a buscar la belleza que había en la ciencia.

*

Los sueños eran duros de alcanzar. Para complacer a sus padres, estudió materias que consideraban apropiadas para una mujer. Algunas le gustaban, otras la aburrían. Sin embargo, pudo formarse en física y matemáticas sin que ellos lo supieran. Reservó el tiempo suficiente para las relaciones sociales y, para alegría de sus padres, se enamoró de Antonio, un chico de su edad al que auguraban un buen porvenir como aprendiz de zapatero.

Tanto se esforzó en estudiar, tantas noches se quedaba en vela absorbiendo lo que le apasionaba, trabajando en un teorema que, si lograba demostrar, podría resolver varios problemas de los que se quejaban los físicos, que el mundo cambió sin que ella lo advirtiera.

La dictadura de Primo de Rivera cayó. Su padre hablaba con preocupación con sus amigos y su madre de la inestabilidad de España. Laura fingía interés mientras su mente vagaba por el mundo apasionante del álgebra diferencial.

Al anochecer del 14 de abril de 1931, Antonio entró entusiasmado en la habitación de Laura. Levantó la vista de sus cálculos y lo miró intrigada.

—¡Han proclamado la República! —gritó—. ¡Ven, vamos a celebrarlo!

—Pero… ¿cómo? ¿Y el Rey?

—Los monárquicos perdieron las elecciones del domingo. El Rey se ha exiliado.

Laura abrió la boca, estupefacta. Antonio se acercó al escritorio y cogió con cuidado una de las hojas en que trabajaba.

—Claro, como te pasas la vida con las matemáticas… —Antonio giró la hoja y arrugó la boca—. No, del revés tampoco entiendo qué es esto que escribes.

Laura se rio. No se cansaba de esa broma de Antonio, ni de la forma en que arrugaba la boca.

—Lo confesaré. Eso no es una deducción matemática. Es un hechizo.

—¿Un hechizo? No me dirás que eres una bruja.

—Bruja no, hechicera. ¿Recuerdas el cuento de El Flautista de Hamelin? Esos garabatos me ayudan a componer una melodía mágica. En el cuento, el flautista se llevaba a todos los niños gracias a una pieza para flauta. Yo quiero capturar algo mucho más importante, algo que se oculta en los bosques y me dará un poder casi ilimitado.

Antonio la miraba atónito. Le hacía mucha gracia lo inocente que era.

—Me pondré un vestido blanco y una corona de flores. Iré al bosque y tocaré esa melodía con una flauta que habré enterrado bajo la nieve hasta el solsticio de invierno. Tocaré y tocaré hasta que aparezca… ¡un unicornio!

Antonio captó, al fin, la broma y se rieron los dos. Laura le confesó, entre risas, que aquella hoja solo contenía ecuaciones y su prometido se la devolvió junto con un beso en la mejilla.

Supuso que la llegada de la República era algo muy importante para Antonio, así que dejó las matemáticas por una noche y se fue con él a celebrar el cambio de régimen.

*

Laura no se sintió diferente durante el primer año de la República. Tras muchos debates, se aprobó que las mujeres tuvieran derecho al voto, aunque no podrían hacerlo hasta dos años después. Fue en diciembre de 1931 cuando su mundo volvió a cambiar. Durante sus años de preparación para acceder a la universidad, escribió a muchos profesores de física y matemáticas, pidiéndoles ayuda. Solo respondió el profesor Julián Martínez, de la Universidad de Zaragoza.

Cuando leyó su carta, lo primero que hizo fue sentirse la mujer más feliz del mundo. Le ofrecía una beca para estudiar en Zaragoza si aprobaba el examen de ingreso. Dos minutos después, tenía que secarse las lágrimas. Sus padres no aprobarían que se marchara de casa para estudiar y Antonio, que toleraba sus “excentricidades”, no aprobaría tampoco su marcha. Si se iba a Zaragoza, perdería a todas las personas a las que amaba. Pasó dos  noches sin dormir y, por primera vez, no pudo concentrarse en las matemáticas. Pero la decisión estaba clara.

*

Se puso el vestido que más le gustaba a Antonio. Si iba a ser su última cita, quería que la recordara con él y, quizá, esperaba que al verla tan guapa fuese más comprensivo. Su prometido no tenía estudios, pero no era tonto, y supo en seguida que sucedía algo. Se sentaron en un banco, junto al Guadalquivir, y Laura se lo explicó todo.

—Pero… no puedes… Llevo años ahorrando para nuestra boda, para los muebles… Si te vas a Zaragoza…

—Es la oportunidad… de mi vida —respondió Laura, con muchas dificultades porque no podía dejar de llorar—. Te quiero con toda… el alma, pero… no me aceptarán en otra universidad.

Antonio intentó disuadirla sin mucho empeño un par de minutos más. La acompañó a casa sin abrir la boca y se despidió de ella sin mirarla, de una forma que le hizo intuir que su compromiso estaba anulado. Laura sufrió al verlo con el corazón roto, y solo agradeció que no hubiera manifestado ira.

Entró en casa y fue directamente a su habitación. Ya había perdido a su prometido: solo le quedaba perder el afecto de sus padres.

*

Laura decidió esperar un tiempo antes de comunicarles la mala noticia a sus padres. Ya había escrito al profesor para aceptar la beca, pero el curso no empezaba hasta pasados unos meses.

Un día, su madre le pidió que bajara al salón. Sonreía. Dejó sus ecuaciones con un suspiro y bajó. Habían pasado tres semanas desde la última vez que vio a Antonio, así que no se pudo creer que estuviera en el salón, con su mejor traje y una sonrisa radiante.

—Siento no haberte visitado estos días, Laura —dijo Antonio—, pero tenía cosas en que pensar. Tus padres están de acuerdo. Solo queda que aceptes tú.

Laura lo miró intrigada.

—Me ha salido una oportunidad única en Zaragoza. Responsable de una fábrica de zapatos. No puedo rechazarla, pero no quiero perderte a ti. Solo veo una solución. Laura, ¿quieres casarte conmigo?

Su padre parecía el hombre más feliz del mundo. Su madre, sonriente, se tuvo que secar una lágrima. ¿Era tan sencillo? ¿Bastaba una simple palabra, que Laura deseaba pronunciar, para cumplir sus sueños sin perder a ninguno de sus seres queridos? Eso parecía.

—Sí —dijo Laura.

Pasó el resto de la tarde rodeada de felicidad, de planes de futuro, de promesas de visitarla en Zaragoza y de volver a Sevilla siempre que pudiera. A última hora, le propuso a su prometido dar un paseo corto.

—Es mentira, ¿no? —dijo Laura mientras paseaban junto a una fuente decorada con la escultura de un cangrejo realizada con piedra blanca.

—Lo único que tengo es una carta de recomendación de mi jefe, pero en Zaragoza a la gente también se le rompen los zapatos. Encontraré algo. —Antonio se detuvo y la tomó de las manos—. La única forma en que tus padres lo aceptarían era que nos casáramos. Pero… si tú no quieres… dicen que el año que viene el divorcio será legal.

 —No seas idiota.

Y, por primera vez, lo besó en los labios.

 

l     (1) El párrafo del discurso de Marie Curie está extraído de: https://www.ersilias.com/discurso-de-marie-sklodowska-curie-al-recibir-el-premio-nobel-de-quimica-en-1911/

 * * * * *

Objetivo principal:    11    Infórmate bien sobre un suceso revolucionario feminista y basa tu relato en ello.

Cuentos y leyendas. Objetivo secundario 1: J    El flautista de Hamelín.

Criaturas del camino. Objetivo secundario 2: IV   Unicornios.

Objeto oculto 1:  13 Nieve

Objeto oculto 2:  18 Un cangrejo

Cumple con mi objetivo personal: Antonio sacrifica su futuro prometedor para irse con Laura a Zaragoza llevando consigo, únicamente, una carta de recomendación.

Logro el giratiempo (por los pelos)

 

30 septiembre 2020

#OrigiReto2020 Un asteroide llamado CVD-19

Este es mi relato de septiembre de 2020 para el OrigiReto 2020. Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras:

http://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html

o en

https://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html

Este relato tiene 1972 palabras según https://www.contarpalabras.com (he quitado un asterisco para separar escenas).

Es una sátira acerca de la situación que estamos viviendo con ligeros cambios en los nombres. He intentado que sea lo más cómica posible, porque para sufrir ya tenemos la "nueva normalidad". Espero que os guste.

 

UN ASTEROIDE LLAMADO CVD-19

Para Mario, haber entrado en la secta de los asteroidales le había salvado la vida. Antes de que se descubriera que el asteroide CVD-19 iba a chocar con la Tierra, si alguien le hubiera dicho que iba a terminar con la cabeza afeitada, vestido con una túnica blanca y azul, y rezando seis horas al día al Gran Tirachinero, el dios verdadero que lanzaba asteroides en direcciones aleatorias con su tirachinas de tamaño planetario, lo habría tildado de loco peligroso.

Tras terminar sus plegarias, se encaminó al refectorio para desayunar. La penitencia de los asteroidales era ver las noticias sobre el CVD-19 durante cuatro horas al día. Era una prueba tan dura que Mario recordaba con tristeza a tantos compañeros como habían perdido la razón y habían terminado corriendo desnudos por los campos y plazas hasta que la policía los encarcelaba.

Carlos se sentó junto a él, canturreando. Llevaba un sombrero que había hecho con papel de aluminio, rematado por tres púas que parecían cuernos. Mario se lo quedó mirando.

—No creí que llegaras a fabricarte eso. ¿De dónde has sacado el papel de aluminio?

—Me fui a la puerta del colegio —dijo Carlos— y les pedí a los niños el papel donde envolvían los bocadillos.

El mundo había cambiado mucho desde que se descubrió que el asteroide CVD-19 iba a chocar contra la Tierra y mataría al 90% de la población mundial. Para conjurar el problema, los gobiernos habían iniciado la construcción de una nave espacial que, como sucedió 65 años atrás, pudo desviar de su trayectoria al asteroide Polivm. El problema estaba en que la necesidad de que el mundo se embarcara en 500 proyectos de naves espaciales Vacu, para ver si alguna tenía éxito, había destruido la economía. Aparte, los gobiernos imponían restricciones a la movilidad, las fiestas, los videojuegos y los trabajos que cambiaban cada semana. Por supuesto, los juegos de rol habían sido prohibidos y los manuales se quemaban en ceremonias públicas donde las bandas municipales tocaban boleros desafinados y reguetón.

Otra consecuencia extraña del CVD-19 era que los animales se habían adueñado de las ciudades. Hubo una época en que se obligó a la población a encerrarse en los sótanos y los animales aprovecharon para recorrer los jardines, sentarse en las terrazas, aunque sin pedir café ni cerveza, y recorrer las calles. La Iglesia de los asteroidales no se libraba de aquello. Mario y Carlos se volvieron: Marta corría hacia ellos, gritando auxilio, perseguida por un flamenco que quería devorar su desayuno.

El lance terminó de la única manera posible. Marta resbaló y el flamenco empezó a comerse el desayuno. Los tres intentaron ahuyentar al ave, pero solo consiguieron recibir picotazos. El animal solo  respetó el sombrero de papel de aluminio de Carlos, quizá porque era una recomendación de la OMSE (Organización Mundial de la Seguridad Espacial). Satisfecho, el flamenco se marchó y ambos devotos asteroidales compartieron los desayunos con su amiga Marta, quien consiguió controlar sus sollozos.

En la televisión, salió la imagen del director de la OMSE y Mario se temió lo peor. Lo entrevistaron durante cinco minutos. Entonces, una periodista levantó la mano.

—Mr. Random, ¿podría explicar mejor por qué los gorros de aluminio con tres púas son efectivos contra la influencia del CVD-19?

—¿Gorros con tres púas contra el CVD-19? —respondió Mr. Random—. ¿Quién ha recomendado semejante estupidez?

—Usted, ayer —dijo la periodista, atónita.

—¡Echen a esta impresentable de aquí! —gritó Mr. Random—. Siguiente pregunta.

Carlos se quitó el gorro, que con tanto primor había confeccionado, y lo pisoteó con rabia.

—Yo no haría eso —le dijo Mario—. Posiblemente, mañana será obligatorio llevar el gorro que acabas de destruir.

—Pues, ¿sabéis? —dijo Marta—. Me he convertido en una profeta. Mr. Random va a decir dentro de unos minutos que el país más seguro durante el impacto del CVD-19 va a ser Madagascar.

Seis minutos después, el director de la OMSE declaraba que el país más seguro durante el impacto del asteroide sería Madagascar. Carlos y Mario la miraron.

—Es que cada día dice uno diferente —dijo Marta—. Los he ido tachando en un mapamundi y ya solo quedaban Madagascar y Andorra. Mañana será Andorra y pasado volverán a empezar.

En esto, llegó Vlad y se sentó frente a ellos. Las enseñanzas del Gran Tirachinero cambiaban los objetivos vitales de la gente. Vlad había adoptado el vampirismo asteroidal. Iba vestido como un vampiro sacado de las historias de terror y apuraba con tranquilidad su vaso de sangre azul. Se relamía con cuidado de no cortarse la lengua con los colmillos, lo que le tintaba los labios de azul.

Cuando sonaron las bocinas que reproducían el  estribillo de “Paquito el chocolatero”, todos los presentes se dirigieron a la capilla, donde el Padre Tirachinas esperaba a sus fieles. Carlos, Marta y Mario se sentaron juntos. Vlad se colocó detrás, lo que les provocó un escalofrío en el cuello un tanto desagradable. El Padre Tirachinas dedicaba el sermón a la soberbia.

—El Gran Tirachinero, lanzador de asteroides por todo el sistema solar, en su infinita misericordia, nos ha enviado al CVD-19 para que comprendamos cuán maligna es la soberbia. Dicen las Sagradas Crónicas del Gran Tirachinas que, hace muchos siglos, cuando aún no se habían inventado las campañas electorales, una joven fue llevada ante el Gran Tirachinero tras haberse quedado enganchada en un asteroide que rebotó en la superficie de la Tierra. Cuando el Gran Tirachinero le preguntó, ella dijo que era la princesa Isabel y que debía ser devuelta a la Tierra por el bien de la humanidad.

—Otra vez ese sermón —le susurró Carlos.

—El Gran Tirachinero —continuaba el Padre Tirachinas—, en su infinita sabiduría, la invitó a dormir en el cuarto de visitantes, pero  tuvo la precaución de poner un guisante debajo de los diez colchones. A la mañana siguiente, el Gran Tirachinero le preguntó a Isabel que si había dormido bien, y como dijo que de maravilla, nuestra deidad descubrió el engaño y usó el Gran Tirachinas para devolver a la falsa princesa a la Tierra. En los días claros, sigue siendo visible el hoyo con silueta humana que causó al impactar con el Everest. Te alabamos, Gran Tirachinero.

Cuando terminó la ceremonia, fueron los tres juntos a rezar. Marta tenía dos heridas en el cuello, pero no les dieron importancia: lo de Vlad no era contagioso. Durante el camino, la experiencia como ingeniero de Mario lo hizo suspirar al recordar el sermón.

—Si el Gran Tirachinero —dijo Mario— hizo eso, Isabel se habría vaporizado en la atmósfera.

—No dudes de las Sagradas Crónicas —le dijeron Carlos y Marta, en perfecta sincronía.

*

Al día siguiente, Mario llegó al refectorio, tras haber esquivado a dos jabalíes, un águila y un rinoceronte. Se puso a recordar a Felipe, el amor de su vida. Cuando supieron del CVD-19, dedicaron seis largos meses a diseñar un método para crear, de forma rápida y eficiente, búnkeres a quinientos metros de profundidad, que podrían salvar a millones de personas. La solución oficial, la fabricación y lanzamiento de una  nave Vacu, no les parecía adecuada. Lograron que los recibiera el comité de expertos contra el CVD-19, que resultó existir al final, aunque no había ningún experto en asteroides. Suspiró al recordar lo guapo que estaba Felipe, con su traje azul y su corbata.

El comité de expertos lo formaban el ministro de actividades espaciales, la ministra de universidades, la vicepresidenta de asuntos interplanetarios y el director de la Agencia Nacional para Cohetes y Otros Ingenios (ANCOI).

Felipe y Mario tenían preparada una presentación de una hora. Tres minutos después de  empezar, los cuatro oyentes se miraron con los ojos muy abiertos. Dos minutos después, el director del ANCOI, jadeando, se quitó la corbata.

—Un… infarto —masculló el director del ANCOI.

La ministra de universidades se desmayó y fue al suelo. La vicepresidenta de asuntos interplanetarios corrió hacia una papelera y empezó a vomitar. Solo el ministro aguantó el tipo, aunque se tuvo que secar el sudor con una mano temblorosa.

—Tenían que traer algo útil —dijo el ministro—: un nuevo combustible, un nuevo diseño de motor, algo que acelere la contrucción del Vacu…

—Señor ministro —dijo Felipe—. El CVD-19 impactará contra la Tierra dentro de tres años. El Vacu no estará listo hasta dentro de diez, ocho en las previsiones más optimistas. Necesitamos otra solución para salvar vidas.

El corazón debilitado del  director del ANCOI falló en aquel instante. La ministra de universidades, que había logrado encaramarse a la mesa y asomar la cabeza, volvió a caer desmayada.

—El Vacu es la única solución posible —dijo el ministro—. Es la que salvó a la humanidad del asteroide Polivm.

—Señor ministro —insistió Felipe—, el asteroide Polivm fue detectado con veinte años de antelación. Entonces nos dio tiempo, pero el CVD-19 se detectó solo hace cuatro. No hay tiempo.

Pasaron un año en la cárcel. Mario se sintió tan traicionado por la política y la ciencia que lo dejó todo para unirse a la Iglesia del Gran Tirachinero, la única institución que le ofreció algo de consuelo. Le partió el corazón que Felipe se empeñara en continuar con su proyecto, a pesar de la oposición. Rompió con Mario para protegerlo y se dedicó a recaudar fondos y dirigir obras, mientras la policía intentaba detenerlo con las excusas más absurdas que se podía uno imaginar. Pero consiguió los fondos y los permisos para salvar a diez millones de personas en todo el mundo. Perdió la salud y lo perdió a él, pero había hecho más por la humanidad que todos los ingenieros que se afanaban en construir 500 cohetes Vacu a la vez. Los más prometedores no estarían operativos hasta dentro de siete años, un tiempo muy corto que enorgullecía a políticos e ingenieros, un hito histórico. El Vacu iba a ser inútil si tardaba tanto, pero solo la Iglesia del Gran Tirachinero estaba de acuerdo, y preparaba a sus fieles para el impacto.

Mario recordó el rostro de Felipe y, en medio del refectorio, empezó a llorar.

 

EPÍLOGO

Mr. Aleatory, el nuevo director de la OMSE, estaba emocionado. De los quinientos proyectos Vacu, solo dos pudieron terminarse. El resto fue barrido de la superficie de la Tierra por el impacto del CVD-19, junto con el 90% de la población mundial. Mr. Aleatory había pronunciado un discurso emocionante, que culminó ilusionado.

—Con este lanzamiento, la humanidad estará a salvo del CVD-19, que tantos daños ha causado. Hoy es un día histórico. ¡Que repiquen las campanas! ¡Vamos, Vacu, despega!

Solo aplaudieron los políticos y los que se habían hecho millonarios con el desarrollo de los cohetes Vacu, que veían el lanzamiento desde la seguridad de los búnkeres que se habían construido. Los pocos ciudadanos que asistieron parecían disgustados. Pensaban que el ingeniero díscolo, un tal Felipe, había hecho más por ellos que los ingenieros del Vacu. Y solo por el pequeño detalle de que los búnkeres construidos gracias a Felipe habían salvado a diez millones de personas y el proyecto Vacu a cero. Aunque debía haber algo de sensiblería, ya que Felipe había muerto dirigiendo la última obra. Ese tipo de tragedias atraían al populacho.

Se oyó el tañido triste de una triste campana y, a lo lejos, el cohete Vacu despegó hacia el espacio, liberando una columna de humo enorme. La televisión transmitió a los pocos que aún tenían televisores, las diez horas completas en las que la nave Vacu operó en órbita. Disparó sus misiles al vacío, porque el CVD-19 había impactado con el lecho del Atlántico hacía tres años y no había ni siquiera un asteroide inofensivo con el que lucir la potencia de fuego del Vacu.

Los políticos y los responsables de las compañías aeronáuticas lloraron de emoción: habían salvado de nuevo a la humanidad.

 

  *  *  *  *  *

Objetivo principal:    3    Escribe una historia centrada en la religión.

Cuentos y leyendas. Objetivo secundario 1: H    La princesa y el guisante.

Criaturas del camino. Objetivo secundario 2: VII   Vampiros/licantropos.

Objeto oculto 1: 16   Un flamenco

Objeto oculto 2: 21   Sangre Azul

Cumple con mi objetivo personal: Felipe es un héroe que llega a perder la vida en su lucha por salvar a todas las personas posibles de la inacción de… digo del CVD-19

Cumple con Triada: tanto Mario como Felipe son homosexuales.