28 junio 2020

#OrigiReto2020 Sálvame, por favor

Este es mi relato de junio de 2020 para el OrigiReto 2020. Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras:

http://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html

o en

https://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html

Este relato tiene 2008 palabras según https://www.contarcaracteres.com/palabras.html (he quitado un asterico para separar escenas). Espero que os guste.


SÁLVAME, POR FAVOR

Contemplaba la prueba del error más absurdo cometido jamás por la Unión Espacial Internacional. El planeta IB-2477-C (cuerpo inerte, descubierto en 2477 y tercer mundo del sistema) que orbitaba en torno a la estrella Sphynx estaba lleno de vida. Alguna vez, habían considerado inerte a un mundo con solo especies microbianas, pero era la primera vez que se hacía lo propio con un planeta cuya biosfera era tan diversa como la terrestre.

Aun peor. Cuando dejé la Borlon, la nave, en órbita alrededor de IB-2477-X, al sobrevolar la parte nocturna del mundo, descubrí iluminación claramente artificial. Aquello era un problema gravísimo y debatí durante horas con Nadine, el ordenador de la Borlon, el procedimiento a seguir. Los protocolos ordenaban que no se debía alertar a una civilización alienígena más avanzada que la humana de la existencia de la Tierra sin haberlo sometido a debate en todo el planeta. Tampoco se debía mostrar tecnología terrestre a una especie alienígena que tuviera menor desarrollo, para no perturbarla.

Lo más llamativo era la ausencia de intentos de contacto y de emisiones electromagnéticas, de lo cual deduje que su tecnología debía de ser bastante primitiva. Con el suficiente avance como para crear ciudades iluminadas, pero sin transmisiones por radio o láser. Terminamos optando por anular la misión, que consistía en un estudio para evaluar las posibilidades de terraformación y abandonar el sistema antes de que aquella civilización pudiera detectar la Borlon. Era evidente que no íbamos a exterminar a una especie inteligente para colonizar un mundo. Lo que más rabia me daba era la inutilidad de aquel viaje, por culpa del cual volvería a una Tierra en la que habrían transcurrido casi cuarenta años y con las manos vacías. Habría podido mentir, hacer las pruebas de terraformación sin decir que había detectado  vida inteligente, regresar como un héroe y dejar que la siguiente misión fuera un fracaso estrepitoso, pero no me sentí capaz algo tan cruel.

Nadine inició los cálculos para salir de la órbita y regresar a la Tierra y yo me dediqué a estudiar aquel mundo. Los puntos de luz que se veían a simple vista se descomponían, gracias al telescopio, en agrupaciones de miles de rectángulos iluminados débilmente: escapes de luz quizá indeseados de los edificios.

De pronto, empezaron a sonar las alarmas. Nadine habló a través de los altavoces.

—Se aproximan decenas de objetos. No son mecánicos: parecen aves.

—No puede ser. Estamos a cincuenta kilómetros de la superficie —respondí cuando los sensores indicaban que aquellas cosas estaban a apenas cinco kilómetros de la nave.

Pensé en cómo podrían habernos localizado y me di cuenta de que la Borlon tenía los paneles solares desplegados y que los soportes reflejarían la luz solar. Ordené a Nadine que los plegase y que saliéramos de inmediato. No pudo ser. Había que cerrar los paneles y calentar los motores antes de salir de la órbita: le llevaría una hora.

Sucedió lo que más temía. Las alarmas sonaron con fuerza redoblada y Nadine anunció que aquellas aves espaciales estaban pegadas al casco e intentaban entrar. Su voz desapasionada contrastó con el pánico que me invadía. La Borlon no tenía ni un arma. El único armamento era una ballesta y una docena de saetas de metal que serían capaces de atravesar a una persona, pero no de dañar el casco de la nave. Me hice con esas armas inútiles y esperé.

Al fin, Nadine me pidió que me sentara en la cabina de mando y encendió todos los propulsores de la Borlon. También funcionaron los impulsores de gas que regulaban la orientación de la nave. El ordenador informaba que las aves alienígenas se estaban desprendiendo, quizá porque les molestaban los gases de propulsores e impulsores. Diez minutos después, Nadine informaba de que el casco estaba limpio y las alarmas se apagaron.

El disco de IB-2477-C ya se había empequeñecido cuando decidí irme a dormir. Me costó trabajo conciliar el sueño y tuve pesadillas muy extrañas. Cuando desperté, quise estirarme y descubrí que tenía un brazo sobre las clavículas. Había una mujer pegada a mí, con un pecho encima de mí, la cabeza cubierta por una capucha roja y vestida con una capa del mismo color. Alzó la cabeza y me miró con unos ojos que irradiaban la misma luz blanca que una lámpara LED.

—Sálvame, por favor. Hay un lobo.

Me debatí con tal violencia, dando gritos, que me caí de la cama. Al mirar hacia donde estaba la muchacha, solo vi la capa roja desaparecer por la puerta.

—¡Hay una intrusa en la nave! —le grité a Nadine.

—No he detectado nada. Espera… escaneando… —Pasó un minuto—. Sí, hay un ser… un animal cuadrúpedo en la bodega cuatro.

—¿Un lobo? ¿Y la chica que estaba acurrucada contra mí en la cama?

—No he detectado ninguna mujer.

—Cierra la bodega cuatro —dije mientras me hacía con la ballesta y la cargaba.

—No puedo. El animal está en el pasillo principal.

Salí al pasillo y apunté. Tendría que ver muy bien al monstruo, porque el pasillo  estaba bien iluminado. Sin embargo, lo que vi fue a la muchacha vestida de rojo correr hacia mí, aterrorizada.

—Me persigue. Sálvame, por favor —lloriqueaba la joven.

Algo me impidió dispararle. Dejé que me rebasara y examiné el pasillo vacío. Me volví y apunté a la chica de la caperuza roja, que se encogió en el suelo y suplicó que no la matara.

—¿Dónde está el lobo? —le grité a Nadine—. Solo hay una muchacha.

—Hay un lobo al fondo del pasillo. No detecto ninguna muchacha —dijo Nadine, con su voz carente de emociones—. Iluminaré la zona.

En el fondo del pasillo se iluminaron dos focos. Entonces, vi la sombra grisácea de un ser de cuatro patas. Sin darle la espalda al monstruo, tiré de la muchacha y retrocedimos hasta la cabina. Lo siguiente fue muy confuso. La sombra se materializó en un lobo negro, enorme, que corrió hacia nosotros. La chica de rojo chilló, salió de la cabina y trepó para colarse por un conducto de circulación del aire. El lobo no hizo caso de la joven y saltó hacia la cabina. Logré cerrarla y me quedé de pie, apuntándola con la ballesta, mientras el lobo golpeaba la puerta profiriendo gruñidos que me hacían tragar saliva.

Después de un buen rato, se hizo el silencio. Me senté en la silla de la cabina, jadeando y con el corazón desbocado. Aquel monstruo me aterrorizaba, pero me veía obligado a darle caza. Si me quedaba encerrado en la cabina me moriría de hambre: las provisiones estaban en las bodegas una y dos.

—Dime la posición del lobo.

—No detecto ningún lobo. Hay un ser antropomorfo acurrucado muy cerca del sistema de reciclaje de aire. No puedo saber si es humano o no por su posición y la cercanía a la maquinaria.

—Es imposible que sea una mujer.

—Es antropomórfica.

Nada de aquello tenía sentido. No podía haber en la nave ni una muchacha ni un lobo. También era imposible la presencia de un alienígena, porque no podrían conocer ni como eran los lobos terrestres ni detalle alguno del cuento de Caperucita Roja. Se me ocurrió que todo fuera una alucinación. Adoraba el cuento de Caperucita Roja y, quizá, la tensión del viaje y la soledad me habían hecho crear una fantasía.

Guiado por esa idea, me coloqué el casco neuronal y me dirigí a Nadine.

—Evalúa el estado de mi mente.

El análisis duró largo rato. No saltó ninguna alarma durante el proceso y Nadine se limitó a indicar que el ser antropomórfico seguía acurrucado en el mismo sitio.

—Análisis finalizado. Tu estado mental es correcto, salvo por el hecho de que has sufrido intrusiones repetidas por parte de una fuente desconocida en las últimas horas. —Nadine calló un instante—. Inicio de la autoevaluación.

Era el protocolo habitual si se detectaban ataques psicológicos o mentales contra la tripulación. Tres minutos después, sonaron las alarmas de nuevo y el corazón se me quiso salir del pecho.

—Me están atacando —dijo Nadine con mucha calma—. Bloqueando las subrutinas de control de la nave. Paso a navegación manual.

Tras dos minutos agónicos, Nadine volvió a hablar.

—Intrusión imposible de superar. Suspensión de Nadine para evitar su control externo.

Y la nave quedó en silencio. Se encendió la iluminación de emergencia y los paneles de la cabina empezaron a mostrar información, algo que no se hacía cuando Nadine estaba activa.

Pasé un día entero encerrado en la cabina. Las cámaras de la nave no registraron el menor movimiento. Comprendí que, por mucho miedo que me diese, tenía que salir. Abrí con cautela la puerta y, al ver el pasillo vacío, la cerré. Mi plan era recoger provisiones en la bodega uno y volver al centro de mando lo antes posible.

Fue imposible. Un par de metros por delante de mí, cayó destrozada una reja de ventilación y la muchacha de la caperuza roja saltó. Era la misma de antes, con la única diferencia de que era mucho más alta. Algo rugió a mis espaldas. Me volví para disparar, pero la joven agarró la ballesta y lobo y muchacha cayeron sobre mí. La mujer me golpeó, el lobo me mordió por todo el cuerpo. De pronto, ambos seres se fundieron y solo quedó el lobo. Luché, grité, di patadas y puñetazos. Aullaba de dolor y de desesperación.

Y todo se volvió negro y silencioso.

* * * * *


Abrí los ojos y me invadió un dolor terrible. No me podía mover y veía borroso. La vista se me aclaró despacio y descubrí que estaba en brazos de un hombre el doble de grande que yo, sentado junto a mi cabina de hibernación. Los ojos del alienígena brillaban de la misma forma que antes, y el cabello, plateado y largo, parecía estar formado de hebras de metal fino.

—Grábate todo lo que voy a decirte —dijo el alienígena por telepatía—, porque de ello depende el futuro de tu especie. Pertenezco a un pueblo mucho más antiguo que la humanidad. Somos seres con dos esencias que, a falta de conceptos más precisos, llamaré masculina y femenina. Podemos reunirlas en un único cuerpo y dejar que predomine la masculina, como hago ahora, o la femenina, o dividirlas en dos cuerpos y darles a esos cuerpos, o al unificado, la forma que deseemos. ¿Entiendes lo que te digo?

Asentí jadeando por el dolor.

—Para reproducirnos, tenemos que causar dolor y pánico en seres de otras especies. Tu miedo y tu lucha desesperada me han fertilizado. También nos comemos a nuestros fertilizadores tras terminar. Mis gobernantes me recomendaron devorarte, pero he preferido perdonarte la vida.

El alienígena se incorporó. Era tan enorme que tenía que agacharse para no tocar el techo. Me dejó con suavidad en la cabina de hibernación y me miró con sus ojos de luz artificial.

—Dominamos las mentes de otros seres y sus máquinas. Tal es nuestra tecnología. Si decidiéramos atacaros, como has comprobado, no tendríais la menor oportunidad. Si quieres una demostración, leí tu mente antes de atacarte y cobré la forma de Caperucita Roja porque leí en tu alma que adoras ese extraño cuento humano. Lo sé todo sobre ti; cualquier intento de resistencia es inútil.

Miré al alienígena con un nudo en la garganta. Quise contarle que todo había sido un error, que no sabíamos que el planeta estaba habitado.

—No te disculpes. Limítate a transmitirle a tu especie lo siguiente: si enviáis más naves a este sistema solar, invadiremos vuestro planeta y el destino de tu especie será fertilizar a los nuestros hasta que acabéis extinguidos. ¿Me has entendido?

Asentí con debilidad. El alienígena cerró la cabina de hibernación y se marchó. Un par de minutos después, sonó una explosión y la puerta de la sala de la cabina de hibernación se cerró. A pesar de mi dolor, casi lloro de felicidad cuando oí de nuevo a Nadine.

—Agujero en el casco. Restaurando la navegación automática y reactivando las subrutinas de inteligencia artificial. Iniciando el proceso de hibernación del pasajero Michael.


* * * * *


Objetivo principal:  6   Narra una historia que suceda en el espacio.

Cuentos y leyendas. Objetivo secundario 1: F    Caperucita roja.

Criaturas del camino. Objetivo secundario 2: VIII   Alienígenas.

Objeto oculto 1: 7   Una docena

Objeto oculto 2: 12   Placas solares

Cumple con mi objetivo personal: El alienígena, en su forma masculina, perdona la vida del protagonista y, como lo introduce en la cabina de hibernación, se asegura de que vuelva sano y salvo a la tierra. También valdría la actitud de Michael, que ante el fracaso de su misión, decide abandonar el sistema en vez de buscar una forma de seguir adelante aunque dañe a una especie inteligente o cause el fracaso de misiones posteriores.

Además, cumple con: Doble dragón (este es el relato de ciencia-ficción del doble dragón).

15 junio 2020

#campwithJ Ejercicio 1: Virtudes y defectos de los personajes

Esta entrada es respuesta al proyecto de Julia De la Fuente con el hashtag #campwithJ. Se trata de mi respuesta (larga y soporífera) al Ejercicio 1, pero a veces me pongo a escribir... Por cierto, no me considero escritor, pero me ha gustado mucho la idea y pienso que podría responder a la pregunta de Julia sobre si mis protagonistas están equilibrados en cuanto a defectos y virtudes.

En general, procuro que los personajes me salgan equilibrados en lo que respecta a sus virtudes y defectos, ya que suele ser lo más divertido. Lo que sucede es que eso solo luce, o lo cuido más, si la historia es larga. Si la historia es corta (2000 o 3000 palabras) a menudo no hay espacio o no es lo que me interesa contar.

Con respecto al físico, no me gusta ponerles defectos explícitos a los personajes salvo que eso sea importante en la trama. Si son atractivos porque me interese por algún motivo, marco esa cualidad en las descripciones de los demás. Busco el equilibrio en cosas como que las opiniones sobre la belleza de un personaje difieran. Para algunos, una chica puede ser muy atractiva y para otros una chica del montón o incluso fea. Esto segundo indicará que algún punto débil tiene su belleza, pero no lo cuento. En todo caso, siempre serán opiniones subjetivas. Entiendo que si todo el mundo piensa que un personaje es un "supergalán", entonces es que no está equilibrado (salvo que haya razones mágicas de por medio, que a veces pasa ;) ).

Con respecto a la personalidad, ahí sí que me gusta mucho jugar con que tengan sus rarezas, aunque son frecuentes dos tendencias: que los personajes tengan buen corazón y que sean perdedores o, a veces, víctimas (esto último es algo que intento evitar, que se me escapa siempre). No suelo tener protagonistas crueles.

Me pongo a hablar de lo último que estoy escribiendo, para hacer bien el ejercicio número 1. El protagonista 1 tiene como puntos positivos que es valiente, sabe controlar la tensión y el medio y se adapta con facilidad a situaciones inusuales. Como punto negativo, no controla su corazón y aunque las parejas no le duran más de seis meses, hay ciertas cosas en una mujer que hacen que se enamore cuando menos falta hace. Consigue reprimir sus impulsos, algo del estilo de que no se dedica a acosar a las mujeres cuando siente atracción, pero sí que puede perder la cabeza y arriesgarse de manera estúpida para poder ver de nuevo a una chica despampanante. Lo malo es que pensará: "me están tendiendo una trampa, pero es que tengo que volver a ver a ese monumento". Bastante estúpido.

El protagonista 2 es bastante atractivo (eso tiene su motivo, pero no puedo explicarlo), muy sociable y sabe muy bien como tratar a la gente. Muy simpático y de buen corazón. Inteligente y con muy buena capacidad para aprender idiomas (tiene el trabajo que tiene porque es poliglota). Puntos débiles: confiado en exceso. No concibe que un colaborador o un amigo puedan mentirle o traicionarle, así que si le caes bien, nunca pensará que puedas tener malas intenciones. Desconfiará de las intenciones del enemigo y será cuidadoso, pero le resulta inconcebible que ese oficinista tan simpático pueda ser un canalla. Si le caes bien y descubre que le estás mintiendo, se siente muy dolido y te lo hace saber, cuando lo más inteligente sería reaccionar de otra manera. En una novela de espías, el protagonista 2 sería ese trabajador inocente y confiado de la agencia de inteligencia de un gobierno que le abre la puerta de la sala donde están los archivos al tipo gracioso con el que se ha ido de copas porque "es de confianza". Y luego pasa lo que pasa. Ese perfil lo tienen secundarios: en esta historia se lo he puesto a un protagonista.

Finalmente, lo que pasa es que en realidad no hay malos, sino antagonistas. Los dos protagonistas están en medio de un conflicto entre dos bloques. No es nada personal, a los "malos" no les importan los protagonistas, es solo que se han puesto en medio por accidente. Una cosa que me pasa siempre es que casi nunca hay "malos" en mis historias. No hay "señores oscuros", ni "señores del mal". Solo una vez, en un monstruo de 180.000 palabras que me salió, había una auténtica "villana", lo que pasaba era que cuando se desvelaba su historia, no quedaba tan claro que fuera malvada. Así que supongo que mis "villanos" saldrían equilibrados, porque si no me resultan aburridos.

30 mayo 2020

#OrigiReto2020 El caso de Antonio. Drama en siete actos

Este es mi relato de mayo de 2020 para el OrigiReto 2020. Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras:

http://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html

o en

https://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html

Este relato tiene 1967 palabras según https://www.contarpalabras.com

A diferencia de otros de mis relatos, en este hay plasmadas bastantes experiencias personales, algunas vividas directamente y otras que provienen de proyectos sobre seguridad informática en los que participé. Lo único que es inventado, porque es mi objetivo anual del OrigiReto (que un personaje masculino se presente de forma positiva o se preocupe por los demás), es la actitud del mafioso en el acto 5. El resto está basado en hechos reales. Por ejemplo, que la clave de un servidor sea "sésamo" se basa en los resultados de un estudio sobre ciberseguridad acerca de la elección (errónea) de claves. Si hay cosas que os parecen extrañas, podéis preguntar en comentarios. Aunque es cierto que las estafas de esta clase por internet no llegan a los extremos que cuento aquí, son cosas que han pasado alguna vez.



EL CASO DE ANTONIO. DRAMA EN SIETE ACTOS


ACTO 1. LO QUE PASÓ EN REALIDAD

—¿Me queda bien el bikini? No sé si este color me favorece —dijo Ana, acariciándose el cabello en la pantalla de su portátil.

—Estás guapísima —respondió Antonio y suspiró, incapaz de apartar los ojos.

—Gracias, mi amor. ¿Qué te gustaría que hiciera ahora?

—Me gustaría —dijo, bajando la vista con tristeza— que dejáramos de vernos a través de una pantalla. Quiero tenerte a mi lado.

—Mi amor, ya sabes que lo intento, sabes que estoy ahorrando para el pasaje, pero tengo que ayudar a mis padres y gano muy poco.

—Te lo podría pagar.

—¿Harías eso, amor mío?

—Lo he hecho antes —respondió Antonio, cada vez más triste. 

Le había enviado a Ana pequeñas cantidades, pero siempre seguía faltándole lo mismo para reunir el dinero necesario. Sentía que aquella relación no iba a ninguna parte, incluso, llegó a pensar que Ana era una estafadora, aunque lo descartaba rápido. De pronto, la mujer de su vida empezó a llorar.

—No llores, ¿qué te pasa?

—¡Ay, mi amor! —dijo entre sollozos—. Ayer iba al banco a ingresar lo último que ahorré y dos encapuchados me metieron en un portal y me dijeron que me cortarían la cara si no les daba el dinero. Era todo lo que tenía para el pasaje y para ayudar a mi mamá. ¿Qué voy a hacer?

A Antonio se le rompió el corazón. Todos sus sueños se hicieron trizas en un instante. Se sintió estúpido.

—¿Otra vez vas a pedirme dinero para darle de comer a tu mamá? No puedo creerlo.

—¡Ay, no! —dijo Ana, con las mejillas coloradas—. Yo no… Mi amor.

Le había contado la misma historia tres semanas atrás. Debía de estar estafando a tantos pardillos como él que le había contado la misma historia dos veces. Estaba destrozado.

—¿Cómo has podido engañarme así? —dijo Antonio y cortó la videoconferencia.


ACTO 2. EL MAFIOSO.

La historia de Igor era como la del cuento de Alibabá. Pasó años haciendo el trabajo más duro e ingrato de su vida como mafioso: amenazar y golpear a las prostitutas que explotaba el clan de los cuarenta. Un día, dos de sus jefes dejaron abierta la puerta de la sala de servidores e Igor vio la oportunidad de acabar con la red. Probó “sésamo” como contraseña y funcionó. Desarticuló la organización y reclutó a muchas de las prostitutas para crear su negocio de estafadoras por Internet. Todas las chicas agradecieron el cambio.

—Lo siento tanto, señor —dijo Tanya, o Ana para diez solterones gordos y feos repartidos por medio mundo—. Habría podido sacarle 400 euros más a Antonio, pero me descubrió.

—A veces pasa —respondió Igor—. Grabarías la conversación, supongo.

—Claro, señor.

—Pásamela. Vamos a hacer un montaje, se lo enviarás y dile que si no te ingresa 1000 euros, lo difundirás entre sus amistades.


ACTO 3. EL VÍDEO QUE SE DIFUNDIÓ

Anita era una niña de trece años. Muy rubia, con dos coletas. Adorable para ciertos hombres mayores, gordos y feos. Anita lloraba, por las insinuaciones de Antonio.

—Estás guapísima —dijo el hombre.

—Me siento muy mal. Esto no está bien. ¿Qué le gustaría que hiciera ahora?

—Me gustaría —dijo, bajando la vista con tristeza— que dejáramos de vernos a través de una pantalla. Quiero tenerte a mi lado.

—No puedo. Soy muy pequeña para salir con un hombre tan mayor. Por favor —suplicó entre sollozos.

—Te lo podría pagar.

—Por favor, no me diga esas cosas: solo soy una niña. Yo creí que quería comprar el dibujo de la ballena que tanto le gustó, no pagar para verme.

—Lo he hecho antes. 

Ana lloraba amargamente.

—No llores, ¿qué te pasa? —preguntó el hombre.

—Puedo venderte uno de mis dibujos firmados, pero nada más. Por favor, mi mamá no tiene qué comer.

—¿Otra vez vas a pedirme dinero para darle de comer a tu mamá? No puedo creerlo.

—Te lo dije desde el principio. Soy muy pequeña para salir con hombres. 

—¿Cómo has podido engañarme así? —dijo Antonio y cortó la videoconferencia.


ACTO 4. LA ABOGADA DEFENSORA

Marta había aceptado aquella defensa porque necesitaba algo de dinero. Odió a Antonio, el pederasta, hasta que lo trató por primera vez, en la cárcel. Aquellos pervertidos reaccionaban de diferentes maneras: pedían perdón, mostraban ira, acusaban a las niñas de haberlos provocado… Aquel hombre se veía derrotado. Aunque tenía sus declaraciones por escrito, le pidió que le contara lo sucedido. Las palabras eran las típicas: él hablaba con una mujer mayor de edad, y nunca había visto a Ana. No era típico su tono resignado. Marta intentó provocarlo para comprobar su sinceridad.

—Es ridículo. ¿Cómo pueden ser tan ilusos los hombres? Si una mujer espectacular se interesara por usted en una discoteca, ¿no sospecharía? Entonces, ¿cómo se creyó las mentiras de una mujer que solo conocía por Internet?

Marta no pudo evitar una risita, de la que se arrepintió, pero Antonio no se enfadó. Solo alzó la vista.

—Usted no puede entenderlo. Está acostumbrada a ir a una discoteca, recibir miradas de interés y que se la quieran ligar. —Bajó la vista de nuevo—. Cuando me bajo del escenario, soy un tipo gordo y bajito, de esos que dan risa e inspiran asco cuando se acercan a una mujer. De pronto, aparece una mujer preciosa, que asegura que te ama. Claro que sospechas, pero es un sueño tan bonito que ansías creer que, por una vez en la vida, le interesas a alguien. Normal que se ría: no puede entenderlo.

—No quería ofenderle.

—No lo ha hecho.

Lo más inesperado fue que tras media hora de hablar sobre su caso, pasaron a una charla banal y descubrió que Antonio tenía una cultura y un sentido del humor difíciles de encontrar. Fue el inicio de una amistad muy profunda. Salió de aquella entrevista sin un ápice de la seguridad de estar defendiendo a un culpable con la que había entrado. El grupo de manifestantes que protestaban contra Antonio seguía a las puertas de la penitenciaría. La insultaron de nuevo. 

—¿Es que no piensas en sus víctimas, puta? —le soltó un individuo que sostenía una pancarta donde exigía que Antonio no volviera a trabajar en el cine y en la que había una foto del actor atravesada por un clavo.

Marta se limitó a alejarse muy rápido.


ACTO 5. LA CONFESIÓN

El nuevo vídeo se había hecho famoso, pero no tanto como el que condenó a Antonio a veinte años de cárcel. La defensa de Antonio casi la arruinó, pero jamás pensó en dejar tirado a su mejor amigo. Ni siquiera tras la condena se había rendido, aunque no logró nada. Hasta entonces.

El juez, el fiscal, una intérprete de ruso y Marta veían el vídeo gracias a un proyector. El primero en hablar era un enmascarado. La intérprete traducía y todo concordaba con los subtítulos en inglés del vídeo.

—No negaré que dirijo una red de estafadores que le saca dinero a tipos solitarios, pero tengo mis principios. Nadie de mi organización difundió el vídeo que incriminó a Antonio: fue un “hacker”. Nunca quise que se difundiera, pero lo que no entiendo es que las autoridades españolas hicieran caso de un montaje tan burdo. Permítanme mostrarles el “making of” del vídeo.

Apareció Anita. Muy rubia, con dos coletas. Vestía una camiseta negra que tenía dibujada la cabeza de un monstruo, de rostro cadavérico y enormes cuernos de alce. En alfabeto latino, encima de la ilustración, se leía la palabra “Wendigo”. Lloraba por unas insinuaciones de Antonio. Después, sonreía, se secaba las lágrimas y una mujer le daba un helado que Anita se comió entre risas. Luego, más lágrimas y más frases angustiadas. Entre cada una, risas y bromas. Finalmente, salió Anita. Dos años mayor, igual de rubia, con dos coletas, pero con el rostro vencido y sin un wendigo en la camiseta.

—Lo siento mucho —decía Anita en ruso, entre sollozos auténticos—. Me dijeron que grabara un vídeo para sacarle dinero a un señor de España, que solo lo vería él y que no pasaría nada. No sabía ni como se llamaba ese señor. Me invitaron a helados y me regalaron videojuegos. No quería hacerle daño a nadie.

Anita se deshizo en lágrimas y el video terminó. Cuando la intérprete calló, todos guardaron silencio.

—Era tan convincente —dijo el juez—. Ojalá hubiera recibido este informe antes.

Cuando el vídeo que exculpaba a Antonio acabó en Youtube, la empresa encargada de verificar si era un montaje, tardó tres días escasos en enviar al juzgado el informe en que calificaban el vídeo incriminatorio como “un montaje hecho por un incompetente”. Mientras duró el juicio, siempre decían tener mucho trabajo y como, de todas formas, Antonio tenía que ser culpable, no se consideró relevante comprobar la veracidad del vídeo.

Marta salió de la sala exultante, ansiosa por decirse a su amigo que lo habían logrado, que sería libre. Probablemente pasaría un año más en la cárcel, por la saturación de la justicia, pero por fin podrían disfrutar de su amistad sin barrotes de por medio.

Al salir del juzgado se topó con cuatro personas. Uno era el tipo que la insultó dos años atrás. Ahora llevaba otra pancarta que decía: “#AntonioVuelveAlCine. Antonio, te queremos”. Marta tragó saliva cuando el tipo se le acercó.

—Ojalá hubiera más abogadas como usted —dijo el hombre—. Gracias por haber creído siempre en Antonio.

—Pero ¿yo no era una puta por defenderlo?

—Eso era antes. Creíamos que era culpable, pero ahora se ha demostrado su inocencia y que usted es maravillosa.

—Esto no debería funcionar así —respondió Marta, mirándolo con rabia—. Nos ha costado siglos crear un sistema judicial donde exista la presunción de inocencia. Nadie tiene que demostrar que es inocente, es el sistema quien tiene que demostrar la culpa.

—¡Bah! Es lo mismo.

—No es ni parecido —concluyó Marta—. Las redes sociales hundieron la carrera de Antonio. ¿Crees que la recuperará gracias a un “hashtag” de Twitter?


ACTO 6. AMISTAD INFINITA

Marta compartía muchas cosas con Antonio, como que ambos adoraban el whisky escocés. Por eso había insistido durante semanas para llevarle al Scottish Sky, donde solo servían el mejor. Disfrutaron de una cena agradable y lo único que la empañó fue la tristeza que Antonio intentaba esconder.

—Nunca podré pagarte todo lo que has hecho por mí —dijo Antonio tras terminarse el último whisky.

—Es vocación. Desde niña quise luchar contra la injusticia.

—Aguantaste insultos, perdiste clientes, te amenazaron de muerte… Casi te arruinas. Y yo no he podido pagarte ni la décima parte de lo que mereces.

—Cuando cobres la indemnización que te voy a conseguir, hablaremos —respondió Marta, sonriente—. Mientras tanto, invito yo.


ACTO 7. BAJAR EL TELÓN

Antonio había recibido esa mañana la indemnización por el error judicial, y por la tarde dispuso el papeleo para que Marta la recibiera íntegramente. En algunos momentos, había pensado en disfrutar parte del dinero en un viaje, pero ya había perdido la ilusión por todo. Solo tenía ganas de hacer una cosa.

Entró en el cuchitril que era su nuevo hogar. Recordó que, cuando llegó a Madrid hacía veinte años, vivió en sitios parecidos mientras luchaba por labrarse una carrera. Ahora estaba en el punto de partida, con la diferencia de carecer de ilusión. Solo recibía rechazos: nadie contrataba a un actor que se vio envuelto en un juicio tan turbio. Muchos afirmaban que el video exculpatorio era falso, que estaba en la calle no porque fuera inocente, sino porque no se había podido demostrar su culpabilidad.

Se tomó media botella de whisky, tan rápido que sentía la garganta arderle, y sacó el frasco de pastillas. Se las tragó todas y se tumbó en la cama, a esperar a la oscuridad eterna.

La interpretación había sido su vida; solo tenía ganas de hacer una cosa: bajar el telón.


* * * * *

Objetivo principal:  4  Cuenta una historia de amistad infinita.

Cuentos y leyendas. Objetivo secundario 1: G    Alibabá y los 40 ladrones.

Criaturas del camino. Objetivo secundario 2:  III  Wendigos.

Objeto oculto 1: 4   Una ballena

Objeto oculto 2: 11   Un clavo.

Cumple con mi objetivo personal: El mafioso, en el fondo, tiene principios y se arriesga a ser descubierto contactando con las autoridades españolas para exculpar a Antonio. También se arriesgó a que el clan de los cuarenta lo liquidara por haber destruido su red de prostitución. Desgraciadamente, este personaje es el menos realista del relato.

Tambien cumple con el objetivo anual Inconformista. Las estafas amorosas por internet son una de las formas de ciberdelincuencia por "ingeniería social" más frecuentes, pero es un problema que los medios de comunicación ocultan. De vez en cuando salta alguna noticia, pero solo cuando el caso ha terminado en pérdidas millonarias y solo cuando las víctimas son mujeres. La realidad es que el 90% de los casos los padecen hombres y que, habitualmente, las cantidades estafadas son pequeñas porque el estafador (a veces son hombres) comete algún error o desaparece cuando ha estafado cierta cantidad, entre otras cosas porque si la cantidad estafada no es muy grande, es mucho menos probable que la víctima los persiga en otro país.

20 abril 2020

Dulce venganza

Este relato es para el evento de abril organizado por la autora del blog https://plumakatty.blogspot.com/ para el OrigiReto2020. Me tocó elegir dos o tres de las siguientes condiciones de umagah:

1. Transcurre cuarenta años a lo largo del relato.
2. El protagonista es un elefante.
3. Aparece un homosexual (puede ser el propio elefante, pero no es obligatorio).

Y usar una o dos de las mías:

1 - Que suceda en una estación espacial o en una nave espacial durante un viaje de varios años.
2 - Que exista un contacto con seres alienígenas.
3 - Que un ordenador o un robot con Inteligencia Artificial tenga un fallo puntual (que diga que dos más dos son cinco, o algo así)

Al final, elegí dos y dos:

1. Transcurre cuarenta años a lo largo del relato.
2. El protagonista es un elefante.
3 - Que exista un contacto con seres alienígenas.
4 - Que un ordenador o un robot con Inteligencia Artificial tenga un fallo puntual (que diga que dos más dos son cinco, o algo así).

Y este es el relato que me ha quedado, de 472 palabras sin contar el título. Espero que os guste:



DULCE VENGANZA

Odio a los humanos. Me caían mal cuando era un elefante normal, que se limitaba a recorrer la sabana comiendo plantas. Ahora que me han insertado un cerebro electrónico que complementa al mío, en el que reside una inteligencia artificial, conozco bien todo de lo que es capaz el ser humano. Y, claro, aprendí a odiarlos todavía más.

El problema se agravó hasta convertirse en personal cuando descubrí que lo de implantarme una Inteligencia Artificial se debió a que iban a mandarme en una misión a un sistema solar lejano, tanto que mi viaje iba a durar cuarenta años a pesar de que la nave iba a alcanzar unas velocidades fabulosas. Le pregunté a mi Inteligencia Artificial, llamada Rosalía, el motivo de que me eligieran a mí.

—Porque consumo mucha energía —respondió Rosalía—. Solo un organismo tan enorme como tú puede nutrirme.

—¡Ah! Tenía que haberle hecho caso a mi madre y haberme puesto a dieta.

El viaje fue mejor de lo que esperaba, porque me sedaron y no me enteré de nada. Además, debido a algo que Rosalía llamaba dilatación del tiempo relativista, solo envejecí dos años.

Así que, cuarenta años después para los repugnantes humanos, Rosalía me instruía para manejar los controles con la trompa y terminar orbitando un planeta lleno de agua, con tierra y nubes blancas, que quizá tuviera vida.

—Vamos a frenar para estabilizar la órbita —dijo Rosalía—. Tira de esa palanca hacia arriba.
Así lo hice y la nave dio un acelerón tan grande que, a pesar de mi tonelaje, me quedé pegado a la especie de sillón que me habían construido los humanos.

—¡Lo siento! —gritó Rosalía—. Te lo he dicho al revés, había que tirar hacia abajo.

Accioné la palanca hacia abajo y logré una leve desaceleración, pero el combustible se había terminado por culpa del error de Rosalía. Caímos al planeta que, por suerte, estaba habitado por una especie de alienígenas con cuerpo de pulpo y cabeza de gamba. No, no estoy loco, es la mejor descripción que puedo hacer de unos seres tan extraños. Rosalía intentó comunicarse con ellos, pero no la entendían. Sin embargo, supieron hablarle a mi cerebro de elefante, porque, como me dijeron, era mucho más simple. Me enfadé mucho, pero aquellos alienígenas se disculparon tantas veces que los perdoné. Creo que les caí en gracia. Me preguntaron que por qué estaba siempre de mal humor.

—Es por culpa de los humanos —le dije a Gambix IV, el alienígena que más hablaba conmigo—. Me han tratado fatal a mí y a mí especie. No sé si quedarán elefantes en la Tierra cuando regrese.

—Eso es terrible. Dímelo y reuniré un ejército. Iremos contigo a la Tierra y liberaremos a tu especie.

Con un solo pensamiento, comencé mi dulce venganza.

—Reúne a tus tropas, amigo —dije.


03 abril 2020

#OrigiReto2020 El egoísmo de los ancianos

Este es mi relato de abril de 2020 para el OrigiReto 2020. Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras:

http://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html

o en

https://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html

Este relato tiene 1949 palabras según https://www.contarpalabras.com (he quitado dos astericos para separar escenas).

Este es un relato un tanto especial. Lo escribí pensando en aquellos imbéciles que han dicho, o han sugerido, que debido a la pandemia del Covid-19, los ancianos deberían dejar de ser egoístas y morirse para no dañar la economía. Porque todo lo que hicieron por la humanidad cuando eran jóvenes, al parecer, carece de importancia. Creo que su memoria y su experiencia siempre tendrán un valor incalculable. A ellos va dedicado este relato.


EL EGOÍSMO DE LOS ANCIANOS

Isabel llevaba dos meses muy preocupada, desde el día en que llegó al pueblo un emisario del marqués. Las noticias que leyó eran espantosas: el horror que había asolado el continente medio siglo atrás regresaba con la misma fuerza. Tras aniquilar a las tropas de Bámbernal, un ejército enorme de demonios iniciaba el avance hacia las fronteras del reino. Las tres cuartas partes de los varones sanos del pueblo habían partido al castillo del marqués para unirse al mayor ejército reclutado jamás en el reino de Carsival. El resto de los hombres y las mujeres tenían asignadas las tareas de cuidar del campo, de los niños y ancianos y de defender el pueblo de partidas de forrajeo de los demonios.

Lo que peor llevaba Isabel era la escasez de comida. Aún no se pasaba hambre, pero solo disponían de los víveres justos e ir al mercado era una tarea ingrata, sobre todo para ella. Cuando Raúl, el tendero, al que siempre había considerado un amigo, la miró con mala cara, se le hizo un nudo en la garganta. Aunque la muerte prematura de sus padres y su abuela había sido difícil de superar, se alegraba de que no estuvieran viviendo aquella desgracia. De su abuelo, Fernando, no podía decir lo mismo.

—Con todo lo que estamos viviendo —dijo Raúl— y tu abuelo no renuncia a las fresas.

—Él no me las pide, pero le encantan y no puedo…

—Tu abuelo es tan egoísta como los demás viejos. Debería irse al bosque a dejarse morir, como hicieron algunos en Jasbipur. La comida y los cuidados que reciben deberían darse a los soldados que son los únicos que pueden vencer a los demonios.

Isabel estaba muy cansada de oír aquello, expresado de distintas maneras, a diario. Tan agotada se sentía que no pudo más y se echó a llorar. Raúl se disculpó, le guardó la compra en la cesta y le hizo un descuento; aun así, el daño estaba hecho e Isabel, que se había logrado contener, una vez lejos de la tienda tuvo que sentarse junto a la fuente para sollozar de nuevo hasta poder calmarse. No se creía que nadie recordara que su abuelo perdió su juventud luchando contra la primera invasión de demonios y le partía el corazón que algunos fueran lo bastante crueles para asegurarle que, a pesar de eso, debería mostrarse generoso y dejar de ser una carga. De pronto, alzó la vista y el corazón se le quiso salir del pecho. Pedro llegó corriendo y gritando y se arrodilló en el centro del pueblo.

—¡Los demonios, vienen los demonios!

Se armó un gran revuelo en la plaza, llena de tenderetes. Todo el mundo empezó a recoger, los compradores huyeron y tres soldados de la milicia corrieron hacia él. Pedro se puso en pie y empezó a reírse:

—¡Seréis idiotas! ¡Es una broma!

Con buen criterio, Pedro salió corriendo perseguido por los tres soldados. Un par de zapatos volaron hacia él, aunque no lo alcanzaron. Aquel pastor era el auténtico idiota, porque no escarmentaba. Tres años atrás, había gastado la misma broma con los lobos. De cuando en cuando, venía corriendo al pueblo, asegurando haber visto un lobo enorme, y suplicaba ayuda para encerrar a sus ovejas. La gente acudía en su auxilio y al llegar junto al rebaño, no había lobo. Hasta que un día lo atacó una manada entera y se quedó sin rebaño.

Isabel regresó a casa pensando en su abuelo. Para una mujer sola era una carga difícil: únicamente podía trabajar de jornalera la mitad del tiempo y, con eso, no les llegaba. Un par de vecinas la seguían ayudando, pero cada vez menos porque a medida que escaseaban los víveres, la idea de que Fernando era un egoísta cobraba fuerza.

La sonrisa inocente de su abuelo al verla llegar fue el regalo que, como de costumbre, disipó sus dudas acerca de seguir cuidándolo.

—¿Has traído fresas? —le preguntó con su voz cascada por los años.

Isabel asintió. Dejó el cesto en el suelo y bebió agua del botijo, hasta recuperar lo que había perdido en su ataque de llanto. Fue a la cocina, se hizo con un cuenco y le dio las fresas a su abuelo, quien las devoró y le agradeció que se las hubiera comprado.

Aquello la hizo feliz el resto del día.

*


Isabel se había tragado las lágrimas para no desmoralizar a su abuelo, pero Fernando conservaba la lucidez y supo que estaba sucediendo algo. Le dijo que se quedara en casa, a donde los demonios solo llegarían si aniquilaban a los defensores, que ella debía ayudar.

—No deberías ir a luchar —le dijo su abuelo sin levantarse del sillón donde pasaba los días.

Las campanas de la iglesia tañían sin pausa. Los milicianos habían ido puerta por puerta convocando a toda persona capaz de combatir. Un batallón de demonios se acercaba al pueblo  e Isabel sabía tirar con arco. Solo le quedaban diez flechas en la aljaba, pero estaba dispuesta a combatir mientras tuviera fuerzas. Dejó el arco apoyado en la pared y se volvió para ver, quizá por última vez, a su abuelo. Fernando se había puesto en pie y se mantenía erguido sujeto a su cayado.

—Siéntate, por favor.

—No tienes experiencia militar —respondió Fernando—, pero yo sí. Si tú peleas, yo también.

—Por favor, abuelito. Quédate aquí, no hagas que sufra pensando en ti.

Fernando suspiró y volvió a sentarse. Isabel no pudo contenerse: abrazó a su abuelo, lo besó varias veces y, antes de salir, suspiró, se despidió de él y abandonó su hogar.

*


Los demonios eran monstruos un poco más altos y de mayor corpulencia que los guerreros humanos. Iban a la batalla con armaduras negras, escudos de ese color decorados con símbolos rojos y armas también negras. Los ojos de aquellos monstruos fulguraban en el mismo tono que la sangre. Eran adversarios temibles y, además, traían consigo a un hechicero que había causado muchas bajas.

Los defensores habían levantado barricadas en muchas de las calles, pero solo lograron contenerlos poco tiempo en cada una. Isabel conservaba dos flechas: las otras ocho se habían clavado inútilmente en los escudos enemigos o habían fallado. En aquel instante, los últimos defensores habían rechazado al enemigo, que formaba al otro extremo de la plaza de la iglesia, creando un muro con los escudos. En el sótano del templo se escondían los fugitivos que no podían pelear. Ya no era posible seguir retrocediendo.

Isabel intentaba contener la hemorragia del brazo de Julio. El muchacho, de pronto, dejó de gritar y, un par de minutos después, de respirar. Isabel agachó la cabeza, se pasó una mano por la frente y sintió que se le llenaba de sangre del joven muerto.

Oyó pronunciar el nombre de su abuelo y lo vio bajando por la calle hacia la barricada ayudándose del báculo, con mucha dificultad. Isabel se desesperó.

—¡Vuelve a casa! ¡Te dije que no salieras!

—Prefiero que no me atrapen dentro —respondió.

Isabel no pudo regañarle más. Le apoyó la frente en el hombro y se abrazó a él. Ahogó en el jubón de Fernando los suspiros que iban a hacerla llorar.

—No resistiréis otro ataque —le dijo su abuelo al único soldado profesional de la barricada, el que los comandaba—. La iglesia es, ahora mismo, una trampa.

—¿Y qué otra cosa podía hacer? —respondió con amargura el soldado.

—Si hubierais sido el doble y todos fuerais soldados regulares, podríais haber resistido. Demasiado habéis aguantado.

El soldado se volvió murmurando algo. Isabel se separó para pedirle que no siguiera hablando y se llevó la sorpresa de que los ojos de su abuelo estaban llenos de lágrimas.

—Mi nietecita… ¿Sabes cuántas veces te tuve en brazos cuando eras un bebé? Recuerdo que, cuando me descuidaba, intentabas morderme la cara. Aunque yo me dejaba, lo reconozco.

Isabel se rio, aunque se le llenaron los ojos de lágrimas. Su abuelo avanzó dos pasos y se sacó un colgante de debajo del jubón, uno que siempre llevaba consigo y tenía engarzada una joya transparente como el vidrio.

—Mi memoria ya no es lo que fue, amigos —dijo Fernando—, pero la vejez solo borra los recuerdos nuevos. Los viejos y todo lo que fui y aprendí sigue en mi interior. Os he mentido a todos, incluso a ti, Isabel, pero era necesario para protegeros. No serví en la infantería; fui un hécoba. Sigo siéndolo.
Isabel abrió mucho los ojos. ¿Su abuelito fue un mago de batalla en su juventud? Fernando la miró con una sonrisa triste.

—Ya no importa que lo sepáis: todo está perdido.

Su abuelo apretó el colgante y una luz blanca se escurrió entre los dedos cerrados. Y, de pronto, se alzó en el aire y rebasó la barricada volando.

—¡Eh, vosotros! —gritó Fernando a los demonios—. ¿Os lo estáis pasando bien?

El jefe de los demonios, que tenía dos cuernos enormes en el casco, gruñó una orden y sus ballesteros atacaron a Fernando. Todas las saetas fallaron. Mientras el enemigo recargaba, Isabel tomó el arco y se subió a la barricada. Varios de sus vecinos siguieron su ejemplo y lograron evitar una segunda andanada de saetas. El hechicero de los demonios alzó los brazos y Fernando se vio envuelto en llamas. Isabel gritó y se encogió hasta que oyó que alguien aplaudía. Era su abuelo.

—¡Muy bien! —dijo su abuelo mientras las llamas se disipaban—. Tu técnica es muy buena, pero se podría hacer mejor.

Isabel nunca había visto a su abuelo demostrar tanto sarcasmo y arrogancia. Lo vio alzar una mano y el hechicero de los demonios levitó, quedó envuelto en llamas y estalló convertido en brasas humeantes que llovieron sobre los demás demonios.

De pronto, Fernando desapareció y volvió a aparecer detrás del jefe enemigo. La cabeza del monstruo salió despedida y rebotó varias veces ante las miradas aterradas de los demonios. Su abuelo se había vuelto a desvanecer y se materializó sobre un techo, sentado.

—¡Vaya! Parece que vuestro jefe ha perdido la cabeza.

Isabel contempló, admirada, cómo la tropa de demonios salió huyendo, y no era para menos. Los hécobas eran los hechiceros de batalla más poderosos del reino; por desgracia, una vez derrotados los demonios, quedaron olvidados. Fernando apareció junto a ella y le sonrió.

—Echaba de menos la magia —dijo, y se desplomó.

Isabel se arrodilló a su lado. No necesitó preguntarle qué le sucedía: leyó la muerte en su mirada. Su abuelo le acarició la mejilla con debilidad.

—Recordadlo —le dijo Fernando con esfuerzo—. Los demonios son buenos soldados, pero las unidades pequeñas se desbandan si pierden a su jefe. —Sostuvo la mirada de Isabel—. La magia te consume y el cuerpo solo lo aguanta si eres joven, por eso no invoqué mis poderes hasta que todo estuvo perdido. En fin, ya he hecho caso a tantos como querían que me dejara morir para no seguir alimentando a un viejo inútil. Solo he tardado unos meses más.

—Si hubieras hecho caso a esos imbéciles —respondió Isabel—, ahora estaríamos muertos.

Fernando suspiró.

—Quítame el colgante y póntelo.

Isabel así lo hizo y, cuando cerró la cadena de la joya, la piedra refulgió.

—Ya te ha aceptado —dijo Fernando en un susurro—. Desde hoy eres una hécoba, pero tienes que formarte. Ve a casa y coge el libro negro: ahí aprenderás lo básico. Llévate a todos de aquí: los demonios volverán. Y cuando los hayas dejado en un lugar seguro, viaja hasta Canteila: allí te entrenarán. Cuídate mucho.

Fernando murió con un último suspiro. Isabel le cerró los ojos al último familiar que había tenido. Se encogió y se secó las lágrimas, pero se levantó apenas un minuto después. Tenía mucho trabajo que hacer.

*  *  *  *  *


Son 1949 palabras según www.contarpalabras.com (he quitado 2 asteriscos de separación de escenas).

Objetivo principal:  9. Cuenta un relato en el que la magia tenga un papel importante.

Cuentos y leyendas. Objetivo secundario 1: C   Pedro y el lobo.

Criaturas del camino. Objetivo secundario 2: VI   Ángeles/demonios.

Objeto oculto 1: 20   Un botijo.

Objeto oculto 2: 24   Un arco.

Cumple con mi objetivo personal: Fernando da la vida para salvar a su nieta y al resto de sus vecinos.
Además, cumple con: Giratiempo (publiqué el día 3 de abril. Inconcebible). Rosa Insolente (Isabel es la protagonista y quien hereda la magia: es su relato de presentación) y Doble dragón (este es el relato de fantasía del doble dragón).