23 febrero 2018

#OrigiReto2018 El monstruo del bosque de Borogrisa

Relato para el Reto de escritura de #OrigiReto2018 - Ejercicio 19 - Narra un día cualquiera en la vida de un monstruo.

Bases en:
http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com.es/2017/12/reto-de-escritura-2018-origireto.html
o en
http://plumakatty.blogspot.com.es/2017/12/origireto-creativo-2018-juguemos.html

Son 1036 palabras (he quitado los 5 asteriscos de división de escenas).

Esta es la pegatina para febrero.


Y aquí está el segundo relato


EL MONSTRUO DEL BOSQUE DE BOROGRISA

La forma de cuervo era una de mis favoritas. Eran aves los bastante pequeñas como para volar entre las ramas y posarse en la mayoría, pero lo bastante grandes como para pelear si hacía falta. Aunque no solía ser necesario.

Aquella pareja a la que perseguía era de esas que despreciaba con más fuerza. Jóvenes, sin maldad, muy enamorados, siempre haciéndose carantoñas, diciéndose frases dulces, soñando con su boda, su futuro, sus hijos. Volé por encima de las copas de los árboles y me posé en otra rama, a unos cincuenta metros por delante de ellos. Continuaban paseando de la mano. Iba a disfrutar mucho destruyendo todos sus sueños. Aunque ese era mi trabajo, hacer sufrir, al menos, a una persona por día, no por haberse vuelto una actividad rutinaria lo disfrutaba menos.

Como ya suponía, torcieron a su izquierda, cerca del punto donde estaba, y se dirigieron al lago. Se sentaron en unas piedras, donde la visión del paisaje era espléndida, y se dijeron más frases románticas. Y, por fortuna, las que más me interesaban. La joven, Greta, vivía en una cabaña próxima al bosque y su prometido, Wilfred, iba a acompañarla y volvería a su casa, por un sendero que sabía solitario. Todo era perfecto.

Mientras les seguía, recordé cuánto odiaba aquella tierra, gélida y boscosa, en el límite septentrional del Imperio. Provenía de una región del sur, con mucha más luz y calor, pero mi querida madre tuvo a bien abandonarme y hacer que me llevaran a la otra punta del Imperio. Esa era su idea de querer a una hija. Siempre me he lamentado de no recordarla: me haría muy feliz visitarla y demostrarle mi agradecimiento matándola muy despacio. Y luego, matar a unos cuantos de sus vecinos. Pero ni siquiera sabía en qué pueblo vivía.

Después de unos besitos y unas frases románticas, Wilfred regresó a su casa. Me adelanté, me posé en el suelo y cobré forma humana, pero no aquella con la que había nacido. Me convertí en una mujer muy hermosa, de piel muy blanca, pelo muy negro y ojos azules. Cuando salí de detrás de un árbol, el humano me miró estupefacto. Avancé hacia él desnuda, cubriéndome los pechos y el sexo, y advertí que Wilfred me miraba con interés el resto de la piel.

—Perdóneme, señor. Me caí a un arroyo y tuve que quitarme la ropa. Tengo mucho frío. Ayúdeme.

Como correspondía a un idiota bondadoso, se quitó la capa apestosa que llevaba y me la dio. Aproveché su oferta para cubrirme muy despacio, de manera que Wilfred pudo disfrutar del cuerpo perfecto que lucía en ese instante. Le di las gracias y él me preguntó mi nombre. Como siempre, usé el que mi querida madre me había puesto.

—Soy Alys. Eres muy amable, y muy guapo.

Le abracé los hombros, enseñándole el cuerpo de nuevo, e intenté besarle. Fue muy placentero que rechazara el beso.

—Lo siento, Alys, pero mi corazón pertenece a otra.

¡Cómo estaba disfrutando! Aquella respuesta parecía copiada de cualquiera de las historias románticas que cantaban los juglares o que los ricos leían en sus mansiones.

—¿Te atreves a rechazarme, insecto? —le grité mientras le agarraba de la garganta y le obligaba a retroceder hasta el tronco de un árbol.

La capa de Wilfred cayó al suelo cuando empecé a empujarle. A pesar del viento gélido, no la necesitaba. El joven solo intentó respirar y liberarse la garganta; de todas formas, no le habría servido de nada golpearme. Nunca necesité años de lecciones aburridas impartidas por profesores ignorantes: dominaba la magia de manera innata. Además de cambiar de forma a voluntad, me podía proteger del frío y los golpes sin más que desearlo.

Antes de que perdiera el sentido, lo tiré al suelo y le arranqué la ropa a pedazos. Desoí sus súplicas y le golpeé el rostro hasta le que sangraron los labios. Luego, le violé dos veces. Me excitaba mancillar a gente bondadosa y casta como él. Cuando terminé, se quedó encogido en el suelo, llorando, y no me resistí a patearlo con saña. Me detuve antes de matarlo. Mi plan era que acabaran con él sus propios vecinos: sería más divertido. Fue la única razón por la cual recogí la capa y le cubrí con ella.

Me convertí en una paloma y volé hacia la casa de su amada Greta. Adopté la forma de Wilfred y llamé a la puerta de su prometida. El siguiente paso era violarla a ella también. Fue Greta quien abrió la puerta, sorprendida.

                                                                                        * * * * *

La provincia de Farunq era una de las más aisladas del Imperio. Los regidores de las ciudades tenían libertad para juzgar a los criminales: no era prudente trasladar a un reo a alguna ciudad con tribunales ordinarios en pleno invierno. Y había tantos forajidos en la región que los regidores eran implacables. Les llevó un solo día condenar a Wilfred a muerte.

Había tomado la forma de un jovenzuelo rubio y pecoso. Wilfred estaba en el cadalso y el regidor leía la sentencia. Me tuve que tapar la boca para silenciar mis risas: iban a colgar al muchacho por violar a su querida Greta. Lo más divertido de todo era que no podían creerse que una mujer desnuda le hubiera golpeado y forzado dos veces. La estupidez humana no tenía límites: no le creían, a pesar de la paliza que le había dado, porque a los hombres no se los puede violar. Iban a colgarle por haber mancillado a Greta y, no solo era inocente, sino que de quien habían abusado era de él.

Cuando lo colgaron y dejó de retorcerse, empecé a reírme. Y me descuidé. Percibí la invocación mágica en el último instante. Me desvanecí y aparecí a diez metros, con mi forma humana normal. Perdí unos segundos en transformarme en una loba blanca y le di al mago de combate del pueblo una oportunidad. Su proyectil me hizo un rasguño en una pata y alertó a los soldados. Tres de ellos acudieron en su ayuda y no quise quedarme a luchar.

Me volví y esquivé flechas y hechizos hasta que salí del pueblo y me adentré en el bosque de Borogrisa, mi hogar, donde nadie podía derrotarme.


22 febrero 2018

#OrigiReto2018 Alys

Relato para el Reto de escritura de #OrigiReto2018 - Ejercicio: 23. Escribe los pensamientos de una embarazada que tenga miedo a que su hijo salga violador o psicópata.

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Incluiré la pegatina en el siguiente ejercicio, que publicaré mañana como muy tarde. Como comenté en Twitter, le he dado una vuelta al ejercicio.Me salen 1029 palabras descontando títulos y los cinco asteriscos.


ALYS

Me desperté muy contenta. Aún me duraba la alegría por lo que me había dicho Svala tres días atrás. Ningún embarazo es bueno durante los seis primeros meses, por culpa de la incertidumbre. Svala es una buena hechicera, pero no hay magia capaz de adivinar el sexo de un feto antes de los seis meses. Y no quería dar a luz a otro varón.

Mientras aseaba a Ferdinand, que ya tenía dos años, pensaba en la suerte que había tenido. Cuidar de él era duro, pero era un niño bueno. Los hombres son dados a la maldad y mientras estuve embarazada de Ferdinand, sufría pensando en si acabaría convertido en un monstruo asesino y enloquecido. Quizá estuviera llevando en el vientre a un ser desalmado, que inundaría el mundo de más dolor y tristeza. Por fortuna, las pruebas de Svala indicaron que Ferdinand tenía un alma pura.
 
Esperaba impaciente visitar a la hechicera para conocer el resultado de las pruebas. Saber que iba a dar a luz a una niña era maravilloso. Recordé el miedo con que acudí a recoger los resultados de Ferdinand. Al ser una niña no había nada que temer: el mal no anida en el corazón de las mujeres.

                                                                         * * * * *
 
Le llevé una cesta llena de verduras de nuestra huerta a Svala. Llamé a la puerta, encima de la cual había un escudo del cuerpo de hechicería imperial, y la hechicera del pueblo abrió y me sonrió:
 
—¡Ellianne! ¿Cómo estás? —dijo y me besó las mejillas.
 
—Con ganas de tener a Alys en los brazos.
 
—¿Ya le has puesto nombre?
 
Me invitó a pasar y charlamos un rato, mientras preparaba té de Sinibulast para las dos. Aún faltaba una hora para que la poción de alineamiento se estabilizara, pero la de afinidad ya estaba lista, y Svala la trajo mientras tomábamos la segunda taza de té.
 
—Tiene una afinidad muy buena con la magia —dijo Svala.
 
La composición del líquido que había en la botella redonda y de cuello largo era un secreto de estado. El único ingrediente que conocía era un mechón de mis cabellos. El recipiente de cristal contenía un líquido blanco, lo que simbolizaba la claridad con la que Alys percibiría la magia.
 
—¿Podría convertirse en hechicera?
 
—Si le gusta la magia y tiene la paciencia para estudiar… El blanco es casi puro. Mi poción de afinidad fue gris clara y fui una de las mejores de mi clase, así que imagínate.
 
Me alegré mucho por mi hija. Si Alys conseguía un puesto de hechicera, el Imperio quizá la mandara a la otra punta de sus dominios, pero tendría uno de los trabajos mejor pagados. Charlamos durante hora y media más, al cabo de la cual, Svala me invitó a acompañarla al laboratorio, la habitación de al lado.
 
—Así sabrás los resultados antes —me dijo la hechicera con una sonrisa.
 
El laboratorio, en cuyo centro había una mesa con pociones, tarros y utensilios desordenados, estaba lleno de estanterías con libros, otras con vasijas llenas de ingredientes, o vacías, y armarios con llave. En el centro de la mesa había una especie de baúl que Svala abrió con una llave de su llavero.
 
—Es mágico —me dijo mientras sacaba del baúl algo envuelto en un paño grueso y lo dejaba en la mesa—. Acelera la estabilización de la muestra.
 
Y cuando lo desenvolvió, inspiró fuerte, estupefacta. Retrocedió dos pasos, se tapó la boca con las manos temblorosas y me miró con los ojos muy abiertos. Sentí como si el corazón quisiera salírseme del pecho. Los colores de la poción de alineamiento asociaban bondad con el azul del día y maldad con la negrura de la noche. Aquella poción era tan oscura como una caverna de madrugada.
 
—Alys… Alys es un monstruo —dijo Svala y me partió el corazón—. ¡Es igual de maligna que un demonio! Y su poder mágico es enorme. ¡Es una pesadilla!
 
No pude soportarlo: empecé a llorar. Svala me abrazó y me dejó sollozar contra su hombro.
 
—Tiene que ser un error… Es una niña, no puede… —dije entre lágrimas.
 
—No hay error, y sí que puede. Es una superstición pensar que solo los hombres pueden ser muy malos. Solo lo exteriorizan más y por eso la gente se lo cree, pero el mal anida igual de fuerte en hombres que en mujeres.
 
Slava me separó con suavidad, me secó las lágrimas y me miró muy seria.
 
—No podemos permitir que crezca un monstruo entre nosotros. Tendrás que encargarte tú.
 
Callamos un instante en el que solo pude mirar a la hechicera.
 
—Darás a luz a Alys y tendrás siete semanas para matarla. Es terrible, pero salvarás muchas vidas. No tiene por qué sufrir; ahógala con una almohada. Júrame que lo harás.
 
Retrocedí horrorizada, hasta que el contacto con la mesa me detuvo. Tenía la mano sobre el vientre abultado. Recordé a Ferdinand recién nacido. Era una cosita tan pequeña, tan bonita… De pronto, me volvieron a correr lágrimas por las mejillas.
 
—¡No puedo! No me pidas eso… tiene que haber… otra solución.
 
Tuve miedo de que Slava, por hacerle un bien a la Humanidad, me arrancara a Alys de las entrañas. Quise salir del laboratorio sin darle la espalda a la hechicera.
 
—¡No te me acerques! —le grité.
 
—Espera… perdóname —dijo Svala —. Era una prueba. Nadie va a hacerle daño a tu hija. Nadie debe hacerlo.
 
Svala se acercó despacio y volvió a secarme las lágrimas acariciándome las mejillas.
 
—No se puede combatir el mal con el mal. Si matáramos a Alys mientras sea una niña, caería sobre el pueblo la peor de las maldiciones. Moriría aún más gente.
 
La hechicera me llevó de la mano hasta el salón. Nos sentamos frente a la tetera y las tazas vacías.
 
—Lo único que podemos hacer con un mal tan poderoso es transferirlo. Darás a luz a Alys y la cuidarás un par de años como mucho. Luego la enviaremos al norte del Imperio, a Iorusuca, a Boruharis o, incluso, a Farunq. Ya veremos.
 
Al principio me resistí, pero las razones de Svala eran buenas. Y al final, juré que daría en adopción a Alys cuando cumpliera dos años.

31 enero 2018

#OrigiReto2018 La noche del amor

Relato para el Reto de escritura de #OrigiReto2018 - Ejercicio: 01 - Crea una historia que esté centrada en un ritual.

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Aquí la pegatina:



Y a partir de aquí, el relato.

LA NOCHE DEL AMOR



No soportaba aquel ritual ni el nombre que le habían dado: la noche del amor. El amor no era aquello. No llegué a conocerlo, pero leí sobre él, lo vi en los ojos de mis familiares y de mis amigos… Y aquella aberración no merecía tal nombre.

Aunque ya estaba acostumbrado, lo peor de todo era ser el encargado de preparar la ceremonia y tener que responsabilizarme de presidir su celebración. La guerra nuclear no solo se había llevado miles de millones de vidas, también había terminado con costumbres y sentimientos que, antes del fin del viejo mundo, se creían inseparables de nuestra especie.

Cuando salí de mi habitación rumbo a la sala donde me esperaban las cuatro chicas, vestía el traje ceremonial: la túnica roja con cinturón negro. Vestían prendas del mismo color las cuatro niñas: María, Paula, Rosa y Julia. Ellas llevaban el cabello recogido. Sus futuras parejas también vestirían túnicas, azules en su caso. Aquella vestimenta arcaica trataba de representar una vuelta a la Naturaleza perdida, a pesar de que emparejar a seres humanos de tal forma era del todo artificial.
Aquel ritual no fue como los demás. A mitad de camino del salón donde esperaban todos, Marcos salió de algún sitio y se abrazó a Julia.

—No vayas —le dijo a la chica.

—¡Suéltame! ¿Aún no entiendes que no me importas, que solo jugué contigo?

Pero a Julia se le habían arrasado los ojos y a pesar de que Marcos solo le llegaba a la cintura, no se libró de él.

—Marcos —le dije mientras le obligaba a soltarla—, es su obligación.

Julia y Marcos eran una pareja extraña. Decían los rumores que se amaban, aunque se educaba a todo el mundo para que rechazara tal sentimiento. En otros tiempos, su amor habría tenido futuro. En el nuevo mundo, un hombre estéril no podía exigirle a una mujer fértil que renunciara a la noche del amor, ni siquiera aunque su esterilidad se debiera a mutaciones causadas por la radiación.

Aquella noche del amor apenas pudo empezar. Pronuncié la primera frase del ritual y una explosión, que llenó de humo parte del salón, nos hizo agacharnos o intentar huir. Ya no soy joven: me quedé sentado en el suelo, atónito. Y cuando vi a Marcos correr hacia Julia, tomarla de la mano y huir con ella, supe que la explosión fue parte de su plan.

* * * * *

Al principio no entendí el plan de Marcos. Atraparon a los dos chicos tras una persecución a través de un par de kilómetros de galerías. Encarcelaron a Marcos y la noche del amor que había interrumpido se celebró dos días después. Reunido con los otros dos miembros del Consejo, intercedí por Marcos, pero José Enrique y Paloma fueron inflexibles. Con mi voto en contra, decidimos ejecutar al muchacho. Pedí a mis compañeros ser quien le comunicara la sentencia.

Marcos escuchó mis palabras sin manifestar emociones. Se esperaría tal decisión. Le pregunté por qué había intentado aquello.

—Porque amo a Julia, y ella no quería acostarse con otro.

—Es su obligación.

—Y Julia la acepta, pero le parte el corazón. Lo sé, y no quiero ese futuro para ella.

No respondí. No tenía sentido reiterar que las mujeres debían tener todos los hijos posibles, para que las poblaciones menguaran más despacio. Cuando la atmósfera estuviera limpia y las comunidades dispersas pudieran reunirse, ya no sería tan necesario.

—Antes de morir —dijo Marcos—, quiero enseñarle algo. Por favor.

Llamé a dos hombres, que abrieron la celda y le ataron los brazos. Marcos nos condujo por una ruta muy larga y sinuosa. Y me quedé atónito cuando abrió una puerta muy bien disimulada. En un salón de la caverna, Marcos había construido campos de cultivo y muebles. Tenía que haberle llevado meses crear aquello, tiempo robado al sueño. Era un trabajo hecho tras las jornadas agotadoras en los cultivos de la comunidad. Me sorprendió la ingenuidad del joven, que creía que podría vivir allí con Julia sin que, tarde o temprano, alguien les descubriera.

—Que la comunidad aproveche todo esto. A Julia y a mí ya no nos hará falta —dijo Marcos con tristeza.

Avancé hacia el dormitorio que el chico había creado en una esquina. Había pinturas rupestres. Y, hecho a lápiz, un retrato de Julia, que me sonreía. No sabía que Marcos supiera dibujar, ni que alguien pudiese amar con tanta pasión en un mundo donde los sentimientos eran algo lejano y olvidado. 

* * * * *

Pensé que no volvería a sentir tanta tristeza como la que me atormentó los primeros años tras la guerra nuclear. El día de la ejecución de Marcos descubrí que me equivocaba. En nuestra comunidad no se toleraba la violencia, así que nadie heriría a Marcos. Le haríamos salir al exterior sin traje: moriría en pocas horas.

Estábamos a punto de matar al mejor de nosotros, al más valiente, al que aún podía amar y soñar con una vida cuyo único propósito no fuera mantener la especie. En el viejo mundo habría sido un ejemplo, un héroe de los que siempre se andaba escaso. En el nuevo mundo, no había sitio para él.

—¡Marcos! Todo lo que te dije era mentira. ¡Te quiero!

El muchacho se volvió, pero era tan pequeño que no pudo ver a Julia. Marcos le declaró su amor por última vez, la joven empezó a llorar y recordé aquellas novelas románticas de antes de la guerra. La diferencia era que el galán era demasiado pequeño y feo, y que el amor había perdido. Empujaron al chico hasta la exclusa y Paloma, que abrió la puerta, le sonrió.

—Haznos un favor. Aléjate todo lo que puedas y ahórranos ver tu cadáver la próxima vez que salgamos.

Aquella muestra de crueldad estuvo a punto de conseguir que me rebelara. Habría impedido que le metieran en la exclusa, habría gritado que aquello era monstruoso, que no teníamos derecho a matar a nadie por escuchar a su corazón, que él no había intentado hacerle daño a nadie. Pero yo no era como Marcos. Cerraron la exclusa y la única protesta fueron los sollozos de Julia.

La puerta exterior se abrió y Marcos se alejó, sin volver la vista atrás ni una sola vez.

24 enero 2018

#OrigiReto2018 Llueve ceniza

Relato para el Reto de escritura de #OrigiReto2018 - Ejercicio: 01 - Elige un momento histórico importante y describe como sería la vida hoy si hubiera sucedido de otra forma.

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Aquí la pegatina:




Y a partir de aquí, el relato.

LLUEVE CENIZA 



Cuando la lluvia me obligaba a quedarme en la entrada de la cueva, viendo las gotas de ceniza húmeda envenenar un poco más la tierra, al otro lado del muro de cristal, me acordaba del arte del pasado. Antes, la lluvia inspiraba melancolía, romanticismo; la pintaban, salía en las películas. Verla caer desde el otro lado de una ventana era hermoso, decían. Ojalá hubiera crecido en esa época. En aquel instante, la impotencia me causaba una opresión en el pecho. No estaba segura de si había cubierto bien el brote que era mi última esperanza de ver un mundo diferente algún día. Si la lluvia lo abrasaba…

El ruido de unos pasos me hizo volverme. Era Francisco quien, desde hacía dos semanas, era la persona de mayor edad de la cueva. El hombre se acercó al cristal y se quedó mirando al exterior.

—¿Cuánto tiempo ha estado lloviendo?

—Llevo aquí un par de horas y ya llovía. No ha parado —dije.

Francisco observó un rato los caminos que las gotas de ceniza describían en el cristal que nos protegía del exterior.

—Paula y yo creímos tener mala suerte en nuestra luna de miel porque llovió durante tres días y no pudimos recorrer todas las calles de Nueva York que nos habíamos propuesto. —Suspiró—. ¿Cómo íbamos a saber que la lluvia se convertiría en eso?

—Así son las cosas.

—Sí, son así, pero… las cosas no tenían que ser así. Nos decían que el viaje de novios de nuestros hijos sería a la Luna. Y le decía a mi mujer que iríamos al puerto espacial a despedirles, dos veces.

No habría sabido qué decirle. Por suerte, no volvió a hablar. Francisco era el único habitante de la Cueva de la Pileta que aún recordaba el viejo mundo. Y a pesar de los años transcurridos, aún añoraba a su mujer y a sus dos hijos, de tres y dos años cuando sucedió todo. Fantaseaba con lo que podrían haber sido: médicos, abogados, ingenieros… Soñaba con ellos para olvidar que estaban en Madrid, la capital de lo que había sido España, cuando estalló la guerra. La ciudad debía de ser un montón de cascotes y cenizas, formado por los restos de sus edificios y de los cadáveres.

Nadie había sobrevivido al bombardeo. Francisco se salvó porque realizaba excavaciones en aquella misma cueva. Y en nuestra comunidad, sabíamos que Francisco habría preferido morir con ellos.

* * * * * 

Mi brote había sobrevivido a la lluvia, aunque se le habían quemado varias hojas. Agoté mis dos horas de uso de uno de los trajes de la comunidad en regar, echar un poco de abono y reforzar la protección que una pared de roca natural proporcionaba al brote de algarrobo del que cuidaba. Francisco decía que la tierra daría muestras de empezar a curarse cuando los árboles volvieran a crecer. Mi esperanza era acelerar el proceso, que el algarrobo creciera. Quizá, cuando pasaran muchos años, podría salir al exterior sin protección, con ropa corriente.

* * * * * 

Mis esperanzas se fueron marchitando a medida que mi brote perdía las hojas una tras otra. Solo le quedaban dos, y una empezaba a ponerse marrón. Si el brote moría, esperaría un año y volvería a intentarlo, pero ignoraba cuántas veces sería capaz de insistir.

Un rumor constante de pasos y voces me hizo levantarme de la cama. Y cuando supe qué sucedía, se me olvidó la preocupación por mi brote. Me dirigí lo más rápido que pude a la entrada de la cueva, ocupada ya por la mitad de los habitantes de la cueva. Y les vi. Los viajeros fueron saliendo uno a uno de la sala de esterilización.

Seis meses atrás, cinco personas habían abandonado la cueva. Su misión era medir los niveles de radiación lo más cerca posible de la cima del Mulhacén. Ese valor permitiría ajustar los modelos que había desarrollado Francisco y aclarar cuánto tiempo tendría que pasar para que el aire libre dejara de ser peligroso. Además, queríamos averiguar si había otras cuevas habitadas en la región.

Las había. De los cinco que habían regresado, tres eran desconocidos. Habíamos intercambiado gente con una de las cuevas que habían encontrado. La noticia maravillosa era que en la zona del Mulhacén vivían casi doscientas personas. Entre nuestra cueva y la del gato, sumábamos ochenta y dos habitantes. Éramos tan pocos que, en pocas generaciones, todos seríamos parientes y el futuro de la comunidad estaría en peligro. Si manteníamos el contacto con esas otras cuevas, tendríamos una oportunidad.

Los nuevos eran dos chicos y una chica. Quizá me fertilizara uno de ellos, cuando me hiciera mayor de edad. Una de las cosas que más entristecían a Francisco era que la familia formada en torno a una pareja fuera un concepto obsoleto. Mi obligación era tener hijos con todos los hombres que pudiera. Nuestra población tenía que dejar de menguar.

* * * * * 

—¿Cómo va tu brote? —me preguntó Francisco en su lecho de muerte.

—Mal.

Francisco me dijo que lo sentía y un ataque de tos le hizo callar. Cuando se recobró me pidió que le diera la mano.

—Anoche tuve un sueño. Soñé que EE.UU. y la U.R.S.S. iniciaban conversaciones secretas. Que los americanos retiraban sus misiles de Turquía y se comprometían a no invadir Cuba, y que los soviéticos se llevaban sus misiles de la isla. Y la guerra no estallaba. Y Paula te invitaba a cenar a casa, porque eras amiga de mis hijos.

Era un sueño precioso. Así tuvo que suceder todo. En la realidad, un grupo de militares cubanos fanáticos se hizo con el control de varias cabezas nucleares rusas. Fidel Castro no pudo detenerlos y arrasaron Florida y el sur de Louisiana. Estados Unidos destruyó Cuba, la Unión Soviética bombardeó EE.UU., estos lanzaron todos sus misiles contra la U.R.S.S…. La Tierra entera quedó destruida por aquella estúpida rivalidad.

* * * * *

Hice la última visita a mi brote, que ya era una ramita seca. No pude evitarlo; me senté junto al brote seco y lloré como si fuera una niña pequeña. Cuando me calmé, examiné el brote: quizá pudiera devolverle a la comunidad parte del abono.

Y cuando recogía con cuidado la tierra fértil, se me escaparon unas risas. En la base de la ramita seca, estaba naciendo una nueva hoja.

04 enero 2018

Turno 2 Completo - España



TURNO 2: ESPAÑA

ACCIONES

GOBIERNO

La situación actual de cada cubo es (donde en rojo está el territorio ocupado por el gobierno y en azul los estados que se han creado en la zona no controlada):

Cubo 1

Todos los ataques se producen hacia la cara este del cubo, en horizontal. Se desplazan todos los nanorrobots excepto los de la casilla más al sur, en el que solo  se desplazan 500.



Cubo 2
Todos los ataques se producen hacia la cara este del cubo, en horizontal. Se desplazan todos los nanorrobots excepto los de la casilla más al sur, en el que solo  se desplazan 500.



El estado tenía 254 nanorrobots en reserva. Tras la producción de este turno (169), el total asciende a 423.

ENTIDADES PÚBLICAS LOCALES

En el segundo turno ya hay ocho entidades públicas locales. Las unidades que van acumulando provienen de dos fuentes:

1) Se asignaron 13 nanorrobots (o unidades) aleatoriamiente a cada una de las ocho entidades establecidas. El total repartido fue 169.

2) Aquellas unidades producidas por los usuarios que responden a las encuestas en la cuenta de Twitter @sinciforma. 

En este segundo turno, un usuario concedió 50 unidades a Asturias. El número de nanorrobots que posee cada entidad pública local es:

Entidad
Nanorrobots
Galicia
152
Asturias
63
Madrid
63
Andalucía
39
Cataluña
26
Castilla y León
25
Murcia
13
Valencia
13

Hasta que ninguna de ellas consiga reunir las 5000 unidades necesarias para iniciar el ataque a un cubo, la única actuación de estas entidades será la acumulación de unidades o, como novedad, el préstamo de unidades al estado, en condiciones que se fijarán en nuevas reglas.

En el siguiente turno, se completará el número de entidades públicas locales.

ENTIDADES PRIVADAS

Se han creado las cuatro siguientes:

  • Sinciforma: reunirá milésimas de nanorrobots prestando “servicios” sobre el mundo empresarial.
  • Tecnos: reúne milésimas con cuestiones relacionadas con la tecnología.
  • Cieyma: acumula milésimas con contenidos relativos a la ciencia.
  • Liter: acumula milésimas gracias a contenido relacionado con la literatura.

Comienzan su actividad en el siguiente turno.
NOTA: La sección de tiradas queda eliminada a partir de este turno, dado su escaso interés. Seguiré guardando los resultados de las mismas, pero no los publicaré.