03 enero 2012

(Cuentacuentos) Ese gato tiene razón

ESE GATO TIENE RAZÓN

-Ese gato tiene razón, mi señora.

La bruja se enfureció cuando oyó de labios de Gwêr, al que tenía por su consejero más fiel, aquella réplica abierta a sus planes. Parecían no entender que había que expulsar a los humanos del valle a cualquier precio. Si se les dejaba seguir colonizando la zona, reducirían los bosques y el resto de espacios naturales al mínimo y todos los animales, los propios gatos monteses incluidos, tendrían que huir.

Gwêr prosiguió:

-No es propio de nosotros emplear esas tácticas, mi señora. No seríamos mejores que los humanos si empezáramos con ese tipo de cosas.

El emisario de los gatos monteses esperó la respuesta de la bruja, que intentaba tragarse la cólera por la insubordinación de Gwêr, que tenía el agravante de haberse producido en una reunión celebrada en su propia cabaña. Dejó que pasaran unos instantes, y con calma, le dijo al gato, pero pensando más que nada en su consejero:

-Cuando cualquiera de vosotros descubre un nido de pájaros, ¿no os coméis a los polluelos? ¿Y se atreve tu señor a insultarme diciendo que mi propuesta es horrible cuando vosotros hacéis lo mismo?

El gato repuso mentalmente, de la forma en que sólo seres como Gwêr o la bruja pueden comprender:

-Eso no es lo mismo, mi señora. Los gatos hacemos eso para comer. Pero somos incapaces de comer carne de bebé humano, así que les mataríamos para dejar que sus cadáveres se pudrieran, para conseguir un objetivo. Eso es lo que hacen ellos. Nosotros no somos así, y por eso mi señor se niega a seguir ayudándola.

-Sólo he pedido que acabéis con cinco de ellos. Sólo cinco de los cientos que viven en su ciudad infernal. Ya lo hemos intentado todo, pero no atienden a razones, así que tenemos que atacarles en lo que más les duela. ¿Es incapaz tu señor de entenderlo?

-Mi señor sólo sabe que romperá la alianza con usted si pretende llevar a cabo un plan así.

La bruja no fue capaz de ocultar su frustración. Muy molesta, dio fin a la reunión, pidiéndole al emisario que le dijera a su señor que la alianza con él había terminado. Cuando el gato montés se hubo marchado, la emprendió con Gwêr. Le echó una reprimenda dura y amarga, que el duende afrontó en completo silencio, sin levantar la vista ni una vez.


* * * * *

Al día siguiente, puesto que no había tiempo que perder, la bruja partió de su cabaña acompañado de Gwêr. Todos los señores de las fieras tenían la deferencia de enviar emisarios a su cabaña. Todos con la excepción del señor de los lobos, tan orgulloso e independiente como el resto de su especie. Tan solo media hora después de haber partido, la bruja empezó a sentirse mal, así que su aspecto cuando llegó al punto de reunión con el señor de los lobos, cuatro horas de trayecto después, era lamentable. Tras los saludos, la bruja dijo:

-Vengo a solicitar la ayuda de su pueblo para combatir a los humanos que están invadiendo el valle.

El lobo repuso, con seriedad:

-Sabía que iba a pedirme eso, señora, cuando llegó a mis oídos la ruptura de la alianza con la ralea de los gatos. Como ya sabrá, está hablando de combatir contra un enemigo formidable. La Tierra es muy grande, hay cientos de valles vírgenes mejores que el suyo. ¿No ha considerado nunca la posibilidad de dejarle este a los humanos y buscarse usted otro? Es algo que siempre me he preguntado.

Aquel animal astuto había dado en el clavo. A pesar de sentirse muy mal, la bruja había captado la forma en que le había mirado cuando, incapaz de seguir de pie sin descansar, se había sentado con la ayuda de Gwêr. Y había notado con curiosidad cómo el duende no le soltaba la mano izquierda. No creyó que supiera que Gwêr utilizaba su magia para darle fuerzas. Y sabía que ignoraba que la bruja estaba ligada a un roble centenario junto a cuyas raíces, bien disimulada, había edificado su cabaña. Dos días alejada de aquel árbol la matarían.

La bruja supo que hacía mal confesando su debilidad, pero entre que su mente estaba nublada por la distancia que la separaba de su árbol madre, y por la desesperación que sentía a causa del avance cada vez más rápido de los humanos, no ocultó nada:

-Mi madre me vinculó, al nacer, a un roble del valle, como es natural en mi especie. Si me separo de él, enfermaré y terminaré por morir. Cerca de mi roble soy invencible, como saben bien los humanos, pero si destrozan el valle, matarán a todos los animales, construirán un muro alrededor de mi árbol y me quedaré encerrada en su ciudad infecta toda mi vida. Por eso lucho. Por eso suplico la ayuda de su pueblo.

-Eso no es bueno, señora. Para mí es preferible la muerte a vivir encadenado. Siendo así, comprendo su necesidad de luchar, y estoy dispuesto a ayudarla si me complacen las condiciones. ¿Qué tendríamos que hacer?

La bruja sintió un gran alivio, pero se cuidó mucho de manifestarlo. Repuso en tono neutro:

-Lo primero que le pido a su pueblo es fácil. Deberán colarse en las casas de los humanos y matar, al menos, a cinco bebés para que...

Una oleada de cólera la hizo callarse. Los lobos y su señor rugieron enseñando los colmillos, y la ferocidad que había en la respuesta la impresionaron:

-¿Por qué clase de cobardes nos ha tomado? Somos un pueblo de cazadores que no conoce el miedo. Envíenos a luchar contra los humanos, o a destruir sus máquinas, pero matar a seres indefensos, como si nos diera miedo combatir... Pídale eso a las ratas y no se le ocurra volver por aquí jamás.

Los lobos desaparecieron de inmediato, y la bruja, sorprendida y desesperada, emprendió el camino de vuelta. No comprendió por qué algo tan natural como matar cachorros humanos les resultara tan repulsivo a los animales.


* * * * *

La bruja tardó tres días en recuperarse de su excursión inútil a las tierras de los lobos. Una vez repuesta, envió un mensajero a convocar a una de las pocas especies que le quedaban por intentar atraerse a su bando: las ratas. Y, al fin, encontró unos aliados que quisieran poner en marcha su plan contra la invasión humana, si bien, fue a costa de un precio más alto del que había pagado anteriormente a los gatos.

El ataque contra los niños humanos fue un éxito rotundo. Lo único que aprendió por las malas la bruja fue que las ratas no eran tan obedientes, o prácticas si se prefiere, como los gatos. Cuando a los gatos se les ordenaba hacer un número de cosas, hacían ese número exactamente. Las ratas se dejaron llevar por el entusiasmo y, en vez de matar a cinco bebés, acabaron con diez veces más. Y le exigieron un pago en consecuencia.

Lo peor, sin embargo, vino una semana después. La respuesta de los humanos fue brutal y se dedicaron a echar abajo áreas enormes de bosque, en una destrucción que dejaba, en comparación, a sus expolios anteriores en talas testimoniales. Le llegaron a la bruja tantas peticiones de auxilio, que se vio obligada a intervenir en persona. Nuevamente, Gwêr la irritó diciéndole:

-Mi señora, las máquinas de los humanos tienen cualidades que se nos escapan. Sería mejor que no se dejara ver y sólo acudiese al campo de batalla si la situación fuera desesperada.

La bruja no se contuvo, y ante la comitiva de refugiados, le gritó al duende:

-¡Cállate de una vez! Las máquinas son herramientas que utilizan los hombres. Y yo puedo destruir el cerebro de cualquier ser humano con un simple acto de voluntad. Para ellos, soy invencible, soy una pesadilla, y no dejaré que tu miedo se me contagie.

Como siempre, Gwêr agachó la cabeza y se hizo la voluntad de la bruja. Sin más preámbulos, fueron hacia el grupo de humanos y máquinas más activo. El duende se escondió tras unos matorrales y contempló la batalla. El combate fue muy breve. La bruja era capaz de percibir la posición y presencia de los humanos a cientos de metros a su alrededor. Allí había exactamente diez. Comenzó a matarlos uno a uno, empezando por los que iban armados, y cuando los supervivientes quisieron subirse a sus vehículos, se dejó ver y sembró el pánico entre los humanos. La última en morir fue una hembra joven, que pereció acurrucada contra un árbol mientras la bruja se le aproximaba. Cuando todo hubo terminado, Gwêr salió de su escondite y se quedó mirando las máquinas abandonadas fijamente. Y dijo:

-No me fío de esas máquinas. Regresemos por otro camino.

-¿Que no te fías de esas máquinas? Sin humanos que las manejen no son más que trozos de metal. No les tengo ningún miedo.


* * * * *

Dos días después, los humanos atacaban la zona donde se erguía la cabaña de la bruja. Fue un ataque tan extraño y tan repentino, que le pareció que quizá Gwêr hubiera tenido razón. Dejó al duende bien escondido y salió a combatir. Y sintió una pizca de miedo cuando sus sentidos le dijeron que había cientos de humanos en las inmediaciones. A escondidas, consiguió ver a varios de ellos y observó que todos eran soldados.

Con toda precaución, empezó a atacarles, pero tras haber abatido a solamente dos de ellos, el resto comenzó a disparar en todas direcciones, destrozando matorrales y troncos de árboles. La bruja no tuvo más remedio que correr escondida e ir matando a alguno que otro en los breves respiros que les daban sus disparos. Llegó a tener la sensación de que siempre que mataba a un humano, el fuego se concentraba hacia sus alrededores, lo que no era posible, ya que no les oía gritar.

Estaba agotada de tanto correr, pero como la bruja les percibía de lejos, los humanos no podían verla, ya que al notar que alguno se acercaba sabía por donde venía y se ocultaba de inmediato. Se sentó un rato a descansar y fue consciente de que, aunque la victoria estaba de su lado, iba a ser un día difícil.

Y, de pronto, oyó a algo enorme caminar, y se llevó la sorpresa de ver un monstruo de metal que corría directamente hacia ella. Se levantó de un salto y le llevó un instante fatal darse cuenta de que aquella cosa le había sorprendido porque no había ningún humano dentro. Era imposible que una máquina se moviera sola. El monstruo tenía seis patas y un cuerpo de acero rectangular. Quiso huir, pero aquello la alcanzó, la derribó y volvió a alzarla sujetándola con las dos patas delanteras. Empezó a apretar con tal fuerza, que la bruja gritó mientras golpeaba inútilmente aquellas patas. No tenía poder sobre el metal... estaba perdida. Otra máquina, por la espalda, la rodeó con sus patas y apretó a su vez.

Lo último que oyó la bruja antes de perecer fue el ruido de sus huesos al quebrarse.


* * * * *


Cuando los humanos se retiraron a celebrar su gran victoria, Gwêr no tuvo ninguna dificultad para encontrar el cadaver de la bruja. Y ver su cuerpo destrozado le hizo llorar. Se acurrucó a su lado y quiso tomarle la mano izquierda, pero tan dañada la tenía, que prefirió asirle la derecha.

Había querido a aquella bruja con toda su alma, y no halló ningún consuelo en aceptar que para ella no cabía otro final. Llevaba largos años advirtiéndola, tratando de convencerla de que no debía enfrentarse a los humanos. Él les conocía bien, porque era un duende urbano, un pueblo que medraba en sus ciudades y al que le interesaba la derrota de la naturaleza. Por eso, Gwêr se había infiltrado en el bosque y había conseguido el puesto de consejero ayudado por los aliados de su pueblo que vivían en el bosque.

Y tuvo la desgracia de enamorarse. Aquella bruja, tan alta como un humano, a la que él le llegaba, apenas, a las rodillas, tan bella, tan valiente, de carácter indómito... aquella bruja le había robado su corazón de habitante de las ciudades. Un corazón tan gris como la piedra y las losas de las aceras, hecho a una vida que transcurría entre paredes y luz artificial. Del todo opuesto al de aquella bruja que yacía ante él.

Su misión había sido aconsejarla mal, asegurarse de que aceptase cuanto antes un combate abierto contra los humanos. Una batalla que el presidente de los duendes urbanos y sus servicios de información sabían que la bruja no podía ganar. Pero si el plan había tenido éxito había sido porque la bruja no había hecho caso de ninguno de sus consejos. Sólo aceptaba los consejos repletos de peligro, de valor... Despreció los suyos, que hablaban de evitar el conflicto, de resistir pasivamente, de entorpecer el avance de los humanos sin que estos se dieran cuenta para que el bosque se mantuviera virgen muchos años más... Pero, ese proceder no era el que iba con su naturaleza.

Pasó algún tiempo allí, despidiéndose de ella, recordándola. Y, entonces, vibró su teléfono. Era el mismísimo presidente, que tras los saludos de rigor, le dijo:

-Les hemos oído a los humanos que la bruja del bosque ha caído. ¿Puedes confirmarlo, Gwêr?

Con el tono más neutro que pudo usar, repuso:

-Sí, señor. De hecho, estoy junto a su cadáver.

-Entonces, recibe mi enhorabuena. Cuando vuelvas a la ciudad recibirás el dinero suficiente para que no tengas que trabajar el resto de tu vida.

No pudo reprimir cierta pena cuando dijo:

-Gracias, señor presidente.

El presidente no debió de haberlo advertido, ya que dijo:

-Nuevamente, queda demostrado que el progreso es imparable. Sin el terror causado por esa bruja, los humanos conquistarán el bosque entero en pocos años. Los señores de la naturaleza no tienen cabida en el mundo del progreso. Su tiempo ha pasado, lo quieran comprender o no y la naturaleza pervivirá, pero gobernada por los humanos... y por nosotros. Vuelve de inmediato al punto de reunión, Gwêr. Hasta pronto.

Y colgó sin más. Gwêr halló las fuerzas para levantarse y se despidió de la bruja dándole un beso en la mejilla ensangrentada.

Y pensó en que su presidente tenía razón. No había forma de detener a los humanos, y los señores de la naturaleza, tarde o temprano, tendrían que someterse o morir. La naturaleza no podía defenderse de la humanidad yendo a la guerra.

Simplemente, porque la guerra es un invento humano.

8 comentarios:

atenea dijo...

Te ha quedado genial, Juan. Criaturas como una bruja y un duende negociando con animales mientras los humanos arrasan todo lo que encuentran a su paso en la naturaleza.

Buena historia que nos invita a reflexionar un poquito. Me han encantado las frases finales: "La naturaleza no podía defenderse de la humanidad yendo a la guerra. Simplemente, porque la guerra es un invento humano." Cuánta razón!!

Besos!! :)

El mundo de Yas (Andrés) dijo...

Un cuento genial, me esperaba que la bruja hiciera más daño, pensaba que era más bien la mala, pero visto lo visto, aquí son todos malos y quien paga son los inocentes.
Felicidades.
Mundoyás

wannea dijo...

wau.... cada semana que me paso por aqui a leer me voy igual, que pedazo de historia, en el fondo la bruja me da un montón de penita porque ya no quedan demasiadas brujas en el mundo y porque pienso que el hombre ya se podía estar quieto con tanta máquina de destrucción... ains, salió mi vena bióloga pero tan real como la vida misma

volveré a por más historias

bessos!

Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄ƷSechatƸ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ dijo...

Siempre consigues que tus relatos den giros y más giros y que uno no sepa deducir en las primeras líneas qué va a acontecer un poco más abajo. Veo que te gusta el género fantástico y además se te da muy bien.

Besotes.

P.D.: ¿una bruja más o menos buena? Eso sí que es nuevo.

Hell dijo...

Impresionante, la historia y la velocidad con la que se puede leer todo el relato, haciéndose corto cuando estás metido en él.
Muy buena idea, y muy buena reflexión sobre a dónde llegaremos si no nos paramos a pensar un poco en todo lo demás; no solo en nosotros.
El final de tu historia me ha recordado a las imágenes que vi sobre la tala y devastación de una parte del Amazonas.
Impresionante.
Verdadera y vergonzosamente impresionante.
Enhorabuena por tu relato. Me ha encantado.
Un abrazo.

Hell.

Carlos dijo...

Muy buena historia Juan, escrita con tal fluidéz que no hubiera importado el nº de páginas de que constara porque la lectura (otro invento humano,que contraste) no se hubiera detenido hasta el final.
Y precisamente la sentencia final con que la terminas dicta una cruda verdad que no tiene desgraciadamente atisbos de terminarse.

Saludos

Malena dijo...

Me encantó!!

Jan (Niobiña) dijo...

Qué más decir que no hayan dicho ya? Que no sé como lo haces para escribir algo tan largo y que enganche desde el primer párrafo. Que consigues que al final todo salga redondo y no sobre nada. Un relato perfecto en todos los sentidos. Eso sí, por qué siempre hay que acabar con las brujas? jajajaja

Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.