03 julio 2006

(Cuentacuentos) Su sonrisa, congelada, me incitaba a besarle

Su sonrisa, congelada, me incitaba a besarle esa boca que siempre había adorado. Volver a verla, aunque fuera presa del maleficio, era un premio más que suficiente para todas las penalidades que había tenido que soportar.

Fue un año muy largo. No sé bien qué sucedió; dicen que Laura, mi amor, la chica que yacía congelada a unos pasos de mí, había discutido con una bruja horrible porque había intentado quitarle unas hierbas que la hechicera estaba cultivando. Por ello, la bruja le había echado una maldición de lo más retorcido. Un par de días después, un demonio la congeló con su aliento, la secuestró y durante la noche dejó una nota en la plaza del pueblo diciendo que la había encerrado en una cueva y que sólo su amor verdadero podría rescatarla.

Ni me lo pensé. Le pedí prestadas la coraza, el yelmo y la espada de repuesto a un amigo, estuve entrenándome una semana, y me fui hacia la cueva. Como no me las veía todas conmigo, traté de evitar encontrármelo y quise recorrer la cueva a escondidas. Fue inútil. Luchamos, me venció de una forma humillante, y me echó de la cueva a carcajadas. Pero no pensaba rendirme. Viajé hasta la ciudad, con todos mis ahorros, y me apunté en la mejor escuela de esgrima que pude pagar. Cuando regresé, intenté liberarla de nuevo. Esta vez, la lucha fue mucho más igualada, pero perdí por poco. Desesperado, tras curarme las heridas, estuve tres meses trabajando en la vendimia, ahorré más dinero y me apunté en otra escuela de esgrima, mejor que la primera. Y al siguiente intento, derroté al demonio.

Pero todo eso ya no importaba. Lo había conseguido, y podría rescatar a Laura. Lo único que empañaba mi felicidad, era haber perdido en la refriega el anillo de mi padre, que siempre me había estado un poco grande. Pero era un sacrificio que no me importaba hacer con tal de estar con ella. No tenía ni idea de como romper el maleficio, pero sospechaba que, como en los cuentos, un beso de su amor verdadero la despertaría. Y yo había hecho tantísimo por ella que era el mejor candidato. Me dio algo de pena que nuestro primer beso fuera en esas condiciones, pero me agaché sobre su cuerpo congelado y la besé en los labios, con toda la pasión que pude.

Alcé la vista ilusionado, y la vi igual de congelada. "Habrá que esperar un poco", pensé. Y pasó más de media hora, un tiempo en que se me acabaron por crispar los nervios. No dejaba de preguntarme qué estaba haciendo mal, y por más que lo pensaba, no encontraba cómo romper el maleficio.

En eso, oí pasos y desenvainé. ¿Sería el demonio que volvía a por mí? Me asusté un poco, porque tenía un brazo y una pierna heridos y no sabía si iba a poder soportar otra pelea. Afortunadamente, sólo era Julio, un vecino del pueblo arrogante e insoportable. Le espeté, furioso:

- ¿Qué haces aquí?

Y él repuso, con indiferencia.

- Vengo a rescatar a Laura.

Contesté riéndome:

- Si no has hecho nada por ella.

Con una suficiencia que odié, continuó

- Ay, ay, amigo, ¿aún no comprendes que el amor verdadero de toda mujer es el hombre al que ella ama? - y con cara de asco, sacó un pañuelo y limpió la boca de Laura -. Seguro que le has puesto los morros encima.

Sin darme tiempo a otra cosa que enfurecerme, le besó los labios, y ya me acercaba a tener unas palabras con él cuando me estremecí. Julio se levantó y vi que Laura abría los ojos. Estaba tan aturdido que me quedé un rato de pie antes de sentarme. Laura se descongeló, se levantó y tuve que soportar verlos abrazarse y besarse. "No es justo", pensé, "después de todo lo que he hecho por ella...". Cuando se cansaron de hacerse cariñitos, me miraron un poco. Laura se acercó, me besó en la mejilla y me dijo:

- Gracias por haberme reunido con mi amor verdadero.

Y se fue muy contenta. Yo seguía sentado con la misma cara de tonto, sin comprender nada de nada. En esto, Julio me sorprendió al ponerme una mano en el hombro y decirme.

- Si no me hubieras allanado el camino, no habría podido llegar hasta aquí. No te tortures más, que hay muchas chicas solteras por ahí.

Le miré un instante, y protesté:

- Tú no la amas...

Se encogió de hombros y repuso:

- A ella no le importa.

Y se fue a paso largo, para alcanzar a Laura. No recuerdo bien cuanto tiempo pasé allí, solo, con el corazón hecho pedazos. Creo que hasta lloré, pero sólo un poco, que los hombres no lloramos. Al final, reparé en que debía marcharme y me levanté sin ganas, embargado por pensamientos amargos.

Atardecía cuando salí. Estaba tan cojo y molido, que iba a llegar de madrugada al pueblo. Algo se movió a mi izquierda y, de soslayo, vi que un encapcuchado se estaba levantando y se me acercaba. "Encapuchada", pensé, cuando la oí saludarme. Y cuando se bajó la capucha y me miró, me quedé estupefacto. Nunca había visto a una mujer tan guapa. Empezó a buscarse algo entre la ropa y me dijo.

- Tengo algo para ti... Espera.

Como no lo encontraba se quitó la capa de viaje, lo que la favoreció todavía más. Y la observé, embobado, mientras rebuscaba entre sus faltriqueras hasta que localizó algo en la última, me lo depositó con dulzura en la mano y me dijo:

- Siento mucho haberte hecho pasar por todo esto. No era mi intención.

Lo que tenía en la mano era el anillo de mi padre, y la felicidad que me embargó se convirtió, de pronto, en miedo. No fui capaz de contenerme.

- ¡Eres la bruja!

Me miró con un poco de guasa, como si estuviera pensando: "qué listo". Pronto reflexioné un poco y me di cuenta de que no pensaba hacerme ningún daño. No hacía más que mirarme, como esperando a que dijera algo, y yo no acertaba a otra cosa que a devolverle el gesto, preguntándome quién podía llamar horrible a una mujer así. Entonces habló, seria:

- ¿Por qué me miras así?
- Porque... no pensaba que...- repuse a trompicones - una bruja pudiera ser tan...
- Tan... ¿qué?

No fui capaz de seguir; bajé la vista y creo que me ruboricé. Tenía miedo de que si acababa la frase me convirtiese en algo horrible. En eso, cambió de tema.

- La gente no lo sabe, pero lo normal es que una bruja no pueda controlar sus poderes. Yo no puedo, y sólo actúan cuando me enfado muchísimo. Tu amiga Laura se coló en mi huerto y para robarme unas hierbas, destrozó casi todo lo que había sembrado, y cuando fui a impedírselo, me dio dos guantazos... - y bajó la vista - Y mis lágrimas se convirtieron en ese monstruo al que venciste -. Hizo una pausa -. He pasado un año muy malo. Me alegro de que nadie haya muerto.

Retrocedió para buscar su capa y la cogió tras añadir:

- Ah, lo del aviso en la plaza del pueblo fue cosa mía. Más no podía hacer.

La miré mientras buscaba, sin éxito, el broche de su capa, y sentí que tenía que hacer algo para volver a verla. Pareció recordar algo y dijo:

- No puedo compensarte por todo lo que has pasado, pero si puedo hacer algo por ti...

Negué maquinalmente a lo que respondió con una sonrisa, y siguió intentando encontrar el broche. Se me aceleró el pulso, y me costó un rato encontrar las palabras, que parecían no querer salirme de la garganta.

- ¿Volveré a verte?

La bruja dejó lo que estaba haciendo y me miró mortalmente seria, y quizá, algo sorprendida. Se tocó ligeramente el pelo, se me acercó mucho, clavándome los ojos, y me dijo con maldad:

- Podría convertirte en sapo o en algo mucho más repulsivo si me pillas de mal humor. ¿No me tienes miedo?

Repuse que no con seguridad y ella se rió un poco mientras murmuraba "no sé, no sé". Volvió junto a su capa de viaje, y dándome la espalda, se la puso con una lentitud que me pareció deliberada. No sabía qué hacer, sólo ansiaba que aquella no fuera la última vez que la viese. Así que insistí.

- ¿Volveré a verte?

Terminó de ponerse la capa y la capucha, sin responder. Ya pensaba que no diría nada cuando habló, sin volverse.

- Las brujas somos muy solitarias. No sé si sería una buena idea.

Se alejó unos pasos, y me hubiera entristecido mucho de no sentirme tan cansado. La vi alejarse hasta que se detuvo unos instantes, y como si hubiera olvidado algo, se volvió y me dijo:

- Ese corte de la pierna tiene mal aspecto. Ven a verme y te daré algo para que mejores.

Se despidió con un gesto de la mano y se marchó con rapidez. Reparé en que no me había dicho donde encontrarla; no obstante, si había sido capaz de vencer a un demonio por una chica que no lo merecía, podría encontrarla a ella. Pensaréis que es una tontería, después de lo mal que acababa de pasarlo, pero esa ilusión me hizo sentirme muchísimo mejor.



Juan Cuquejo Mira.

5 comentarios:

María dijo...

Joder! siempre agradezco los comentarios y normalmente suelo devolver la visita, pero el tuyo te lo agradezco muchísimo más!
No te puedes hacer una idea de lo que me ha gustado tu relato. Jajaja! te va a parecer increíble, pero hace un rato estaba yo hablando por el messenger con dos amigas y les decía que yo no quería ser la princesita de ningún cuento, que prefería ser la burja malvada, que mola más! :P
Ahora en serio, me ha encantado leerte, la forma en que lo cuentas, la menera en que vas desencadenando los hechos, todo, todo, todo! ¿Habrá continuación? Yo quiero saber si además de curarle la herida de la pierna lo convierte en sapo! jajaja!
Eso sí, te voy a echar la bronca, porque esta frase inducía a personaje masculino "besarLE" (a él) pero bueno, te lo perdono, porque en lo demás no tengo ninguna pega!

Con respecto a mi relato... tengo 23 años, ¿crees que es posible que sea una historia autobiográfica si digo que han pasado 50 años desde la primera foto? jajaja! Bueno... si en verdad soy una bruja como la de tu historia... pues ¿quién sabe, no?

Muchas gracias por leerme y darme la oportunidad de quedarme encantada con tu historia. Un besito muy gordo y un aplauso enorme!

Alba dijo...

Vaya, es el relato más extraño que he leido de este tipo, pero me ha gustado mucho! jajaj La verdad es que las cosas son así, luchamos por quien no lo merece y quedamos en evidencia, aunque ya ves, la vida da muchas vueltas... Y eso de que la brujilla sea solitaria... como que atrae un poco no? :P

En fin, que me gustó mucho :)

Un besazo!!

Mónica dijo...

Me gusta.. Una bruja, no eta mal que acabe con una bruja, seguro que tiene mas caracter que la otra :P y es mas divertida. Besos

Anónimo dijo...

Si ya lo decia mi abuelo, el amor no esta donde lo buscas, sino alla donde lo encuentras.
Txapela grande grande para ti.
Cienes de besitos pal andando.

Shi.

Anita dijo...

Mas larga y romatica de lo normal? Pues chico, a mi se me ha hecho cortisima, y lo de romantoica pues no se, el casoes que me ha encantado...

Entre tu espacio y este blog me vas gustando cada vez mas... me dijiste que te llegaban los comentarios atrasados?? no se, el MSN Spaces esta cada vez peor por lo que se ve...

Hbra continuacion de esta histoira, yo quiero ver que pasa con la bruja! de acuerdo con Maria, yo prefiero ser bruja, a una princesa boba... Cuando el chico que la saco del encantamiento dijo que a ella no le imporataba que el no la amara... te juro que le cogi un odios a ese personaje jeje... es lo que tiene involucrarse tanto en la historia...

Bueno... espero seguir leyendo historias tan buenas como esta

Un besico!